Me encontraba sentado en el dintel de la casona vieja, con olor a campo,
adornada de verdes ramas, flores y cantos de avecillas que deambulaban en
círculos, entre los rayos del sol y el viento de la mañana. Buscaba en el
costal de los sueños, uno de aquellos tesoros que te hacen pensar en las
cosas que te llevan a sobrevivir en esta campiña, historias de espíritus y
aparecidos, que son la comidilla, la plática vespertina que entretiene en las
fogatas, las fumadas de cigarrillo y reacciones sonrientes o bien morbosas, que
se charlan en los corredores y permiten arar en las cúpulas de la inspiración,
nacido de los cuentos que vienen de las narraciones, de boca en boca.
Allí donde el paisaje de los potreros se enseñaban frente a la vista, donde
jugueteaban los caballos, bayos, negros, tordillos, blancos, que se entretenían
lanzado patadas, para mostrar el señorío, fortaleza sobre las yeguas recostadas
en el pesebre de zacate.
La pilona rebalsada de agua, con los lavaderos llenos de trapos enjabonados,
listos para ser tendidos después del enjuague. Donde las mujeres se juntaban
para cuchichear, a contar el chisme del día y ha mostrar su picardía, cuando
después de lavar su cabello largo, negro, lo entorchan en su cuello, mientras
la humedad recorría sus güipiles, donde mostraban jubilosas los senos al
adherirse por el agua fácilmente a su cuerpo.
En uno de los ranchos, como parte del casco de la finca, se apreciaba a la
distancia, que se envolvía en el humo, que escapaba por el techo, mientras en
su interior, se escuchaban los aplausos que se volvían tortillas, que saltaban
en el comal caliente de barro. El fuego que se escapaba entre los leños, era
signo del caliente bucul de aromático café, que sonaba a desayuno.
En la pequeña mesa de lepa, se acomodaban los pocillos y platos blancos de
orilla azul de peltre, el muñeco de tortillas cubierto con hojas de tamal para
mantenerlo caliente, se mostraba al centro invitando a la comilona matinal.
--- La comida está
servida…..--- gritó la mujer, mientras con una paleta le daba golpes a la
figura de triángulo de metal, usado de campana.--- El desayuno! --- Insistió a
gritos.
Sentado en el banco, con el sombrero de petate a la diestra, acudí por el
insistente llamado de las tripas. Al inicio levanté el pocillo, en señal de
solicitar el elíxir del cafeto, que me levanta el espíritu y da fuerza para el
trabajo. Las tortillas empezaron a desaparecen de una en una, mientras las
embadurnaba con los frijoles en pepita que le da cuerpo al bocado.
Manejaba el silencio, entretenido con el cuscum, los sonidos del golpe de las
ollas peltre que bamboleaba junto al sonido de la leña que ardía tostando los
pishtones grandes de masa. Junto a las chispas que brincaban hacia el suelo,
como juego de luces, del fuegarón.
Los
chuchos se pasean alrededor del comedero, buscando captar alguna que otra
sobra, que caiga desapercibida del consumo, latiendo para espantar los asomos
de apetito del resto de los animales, con los pollos haciendo la competencia,
además del pato y los chompipes.
---Provecho…!!!--- me levanté,
después de la santiguada, recogí los atavíos, para iniciar el viaje de jornada
diaria.
Enfilándome
con machete al cinto, me dirigí para internarme en los senderos que marcan las
talanqueras del casco de la finca, coronados con las cercas hechas de piedra
volcánica, adornadas de las mutas. Un burro a lo lejos se despereza y se deja
escuchar para que le pongan atención, sacudiéndose con su clásico grito:
--Ji-jau, Ji-jau, Ji-jau---
Mientras
tanto el sol inicia su ascenso al Cenit, para apuntar con el máximo calor sobre
las tierras donde come el ganado, pastizales crecidos y abundantes que ocultan
a las crías que se hacen acompañar de amamantadoras vacas.
Caminaba
diligentemente al pie del peñasco, que se interpone en el camino, hasta los
sembradíos que crecen junto al río, montaña de historias fantásticas, que contadas
por los grupos de campesinos lugareños, rezaban con temor de la aparición de
espíritus chocarreros que deambulaban a toda hora en el paso de la Piedra Partida, lugar
que a todos hacía temer, tanto por lo escabroso del recorrido, como por la
vivencia de aparición de fenómenos extraños en el lugar.
Pisé
unas piedras que se encontraban sueltas y en menos de un segundo, sin haber
podido terminar el Padre nuestro, rodé como bulto hacia el fondo del
desfiladero, pasando por cuanto chirivisco, rama, raíz, tronco, hasta
desplomarme pesadamente hasta el fondo, donde perdí el conocimiento.
Cuanto
tiempo había pasado, cuando precedido de un fuerte dolor de cabeza logré abrir
los ojos, Huy me encontraba molido, el cuerpo ensangrentado y cuando quise
incorporarme mi pierna izquierda se encontraba amarrada con algunas ramas y
hojas, sin embargo había sido acomodado en un petate de hojas grandes como de
Xate,
Estaba
en una caverna, como había llegado allí, no lo se, el olor a sangre ya reseca
me incomodaba y la lengua de perico que me hacía duplicar el deseo de tragar
líquidos, el ambiente estaba oscuro por lo que imaginé que ya era tarde. El
silencio, la soledad me incomodaban, así como la imposibilidad de movilizarme,
además el dolor me causaba ansiedad, esto me hizo perder nuevamente el
conocimiento. Percibí que alguien se acercaba hacia mi, por medio de un tazón
me vertió agua en la boca, que luego me provocó tos, estaba tan mal que ni
siquiera pude abrir los ojos.
Mas
tarde al recuperar la conciencia, al traté de incorporarme, se hizo presente el
dolor, ahora en la pierna izquierda, con ambas manos me levanté recostándome en
los codos, que me daba una panorámica mejor del lugar, de paredes de loza
sudada que goteaba constantemente haciendo formaciones raras en al suelo a mi
alrededor. Alcancé la taza y tomé una buena cantidad de líquido, que me refrescó
la garganta y me dio algunos ánimos:
--- Oiga!....hay alguien aquí….!---
Solamente
el eco producido por la concavidad de la caverna se dejó escuchar, mas el
sonido del agua que salpicaba y se dejaba correr por los rincones.
--- Hola….!, alguien me escucha…!---
así como tratando de mantener semi sentado.
Logré
apreciar un escaso asomo de luz, que venía de la parte derecha de mi
localización, de donde se dejaba sentir una pequeña ráfaga de viento que
transitaba al interior de la cueva. El tiempo pasó, se escurrió en el tiempo,
la luminosidad empezó a desaparecer hasta quedar en la más rotunda oscuridad,
aunado al cambio de temperatura, que se tornó fría y un poco mas húmeda, por
momentos me daba la impresión de que el olor a leña y hojas que se quemaban, se
dejaba venir de algún lugar del sitio.
Una
cantidad de animales voladores, murciélagos, se movilizó hacia el interior de
la cueva, lo que me hizo ponerme alerta, un pequeño haz de sol se enseño sobre
mi derecha y se proyectó en una de las paredes, hice por levantarme pero no lo
logré. Note además que junto al lecho, sobre unas hojas de sal, habían unos
cuantos bananos manzanos, unas raíces de malanga y un hongo de los llamados
Ocosh, los que devoré inmediatamente, cuantos días tendría de no probar alimento,
agua había en el tazón, que hizo saciar mi sed.
Conforme
pasaba el tiempo, me había acostumbrado a la soledad, aunque cuando dormía,
alguien se presentaba a dejar líquidos y alimento. No había logrado
identificarle y en ocasiones presentía que se encontraba allí, en algún lugar
cerca oculto en las sombras o en las formaciones de arena y roca de los
pasadizos. Se llegó el día, hice el máximo esfuerzo y logré ponerme de pie,
tambaleando, tomé de ayuda las salientes de las piedras, dí un par de pasos,
trastrabié y caí sentado en una roca, con lo que la curación de la pierna se desató,
dejando al descubierto, la herida parcialmente cicatrizada.
--- Agghhh!!!.--- Que dolor entonces opté por regresar
arrastrado hasta el lecho de descanso. Si alcancé a escuchar y ver un leve movimiento de una sombra que
eclipsó por unos segundos la entrada de luz.
--- Quien anda allí --- grité, pero
todo volvió a la normalidad, silencio, con la entrada de la oscuridad me quedé
con la armonía, si había alguien, pero que era…. Un animal, alguna persona o un
espanto, me persigné y cerré los ojos.
Estaba
tan entretenido y con la idea fija de ponerme a caminar y explorar mis
alrededores, que cuando mas tiempo pasaba, lograba avances significativos en la
curación, en agarrar fuerza y poner en orden mis ideas, pensamientos que en
ocasiones me traicionaban cuando me entraba el frío del miedo, terminaba
balbuceando algunas oraciones que había aprendido en la iglesia.
--- Salga lo malo de aquí, entre su
gran Majestad, los ángeles me acompañan y al Santísima Trinidad!!!--- repetía y
repetía el estribillo hasta encontrar consuelo con el sueño.
Volví
de un sueño tumultuoso de pesadilla, que me hizo despertar sudoroso y asustado,
casi como por instinto, busqué el tazón del agua y no la encontré, me incorporé
intrigado, para buscarlo, no estaba!, incluso la acostumbrada ración. Me puse
de pie y con la escasa luz de la mañana, acomodé la vista, restregando los ojos
para ver mejor. Poco a poco conforme la luz del sol se hacía presente, busque
por los rincones sin lograr encontrar los restos, haciéndole ganas y con algún
esfuerzo me dirigí hacia la entrada, que se conformaba por una pequeña caverna
que terminaba en una abertura de unos metros de donde provenían los rayos
solares, que conforme a la ascensión del astro se proyectaba hacia el piso
hasta desaparecer, su calor era escaso, reconfortante si.
Allí
encontré unas cáscaras de plátano y algunas
de chico zapote, lo que me dio más armonía, encontré señas, trozos de
leña que se habían vuelto tizones, ya apagados. Encontré unas rajas de ocote,
que me dieron la idea de en algún momento iniciar una fogata que me
proporcionara luz, calor y de pronto para cocinar algo. Siempre la sensación de
no estar solo, de una mirada penetrante que me intrigaba, que la sentía como
carisma en mi cuerpo dentro de aquel cubículo de tierra y piedra.
Volví
por donde vine, presto a investigar en los interiores, en las paredes de la
cueva, incierto caminar por el fondo, donde a través de agujeros se lograba escuchar
la corriente de agua, mas abajo o a los lados de los paredones, donde a tientas
exploré orificios que dejaban pasar con cierta dificulta a una persona. Allí me
tope en el suelo, con formaciones de piedra caliza que se habían formado por el
goteo constante de la cúpula, haciendo gala de orientación, caminé en línea
recta hasta llegar a la pared del oriente, donde aun se lograba visualizar el lugar
donde pasaba la mayor parte del tiempo para dormir.
El
olfato me hacía presuponer de una entidad que permanecía oculta en las sombras,
que se movía sigilosamente, escondiéndose. Usando algunas pequeñas pajas, el
ocote y frotando unas piedras, inicie un pequeño fuego usando hojas y ramas
semi secas, que produjeron mas humo que llama, pero en fin era un logro y en la
oscurana interior me servía para ver mejor y tratar de localizar la presencia
que me acompañaba. Como la danza de las llamas y tras haber escuchado un ruido,
volteé y me dio la impresión de ver una sombra que se escabullía en el fondo.
Me detuve por un instante y caminé hacia donde había observado el fenómeno si
resultado.
Mientras
atizaba el fuego, me dio la impresión de ver una mancha que se estampaba en uno
de los pilares de formaciones estalactititas, tal vez un cuerpo delgado, que se
confundí con el color amarillento del reflejo de las llamas en el paredón. Al
volver a dirigir la mirada después de un momento, la sombra desapareció. E armé
de valor y me dirigí al lugar, con un leño en la mano, al bordear la columna
sobre lado donde proyectaba la oscuridad, percibí el frote de algo que me hizo erizarme,
alargué mi mano y alcance a palpar un bulto, tela o quizás pellejos de piel.
--- Oiga, regrese……!---
Pero
se dejó escuchar como una ráfaga de viento, que viajó rápidamente por el
espacio. En ocasiones me producía, miedo, resaca y carne de gallina, pero me
reconfortaba que no me hubiera confrontado, pues de pronto no tenía idea de
cual sería mi reacción a eso. En otra ocasión, ya entrada la tarde, después
haber prendido la fogata, para coser lo que iba a ingerir, escuchó un golpe,
que le hizo voltear a ver. Allí estaba un ser con características femeninas,
que se atravesaba de un punto a otro con un vestido blanco manchado. Se detuvo
por un instante y se me quedó viendo, su cara aunque delgada de mujer de piel
cobriza, cuya cabellera le caía abundantemente sobre los hombros, desapareció
en la oscuridad del punto. Hice por seguirla pero fue en vano. Se la tragó la
tierra. Deje la curiosidad por un lado y tomé asiento en lo mas cómodo del
solar, que era lo que había visto?, ahora estaba mas que seguro que se trataba
de una persona, una mujer….ya no era solo la idea, la había sentido y también
visto..
Bien
era tiempo de buscar la salida de aquel cautiverio, me hice de coraje y tomando
algunas cosas como recipiente para acarrear agua, me sacudí la melena y con un
ímpetu muy grande busqué la salida, los rayos del sol se hacían imponentes y el
olor del aire se refrescaba cuando llegué al fondo del zanjón, las urracas
saltaban de rama en rama, con su característica gritos, la bulla que se
trasladaba a la copa de los árboles, mientras avanzaba por una vereda hacía
arriba, escalando por los desfiladeros de tierra barrosa, en uno de los
descansos, alcancé a escuchar un lamento que venía del fondo de la caverna,
pero no quise hacer caso, me había propuesto salir y en ese camino estaba.
Haciendo
un verdadero esfuerzo y tomado de las raíces salientes escale el último tramo
hasta asomarme al pico de la vereda que me hizo desembocar en el camino viejo
de la Piedra Partida,
allí había empezado la trama, me relajé por un momento y después de tomar un
segundo aire, crucé el estrecho. Que alivio, a pesar de que el sol apuntaba en
el centro del cielo y el calor me hacía sofocar, me sentía caminar en tierra
firme, rumbo a la Finca
de donde saber cuanto tiempo antes había iniciado el trayecto.
Por
fin me encontraba de nuevo en la puerta de la casona, aun pensando en la
aventura, me había recuperado plenamente después de unos meses de buen alimento
y curación de heridas. Ya había hecho montón de las contadas de mi episodio,
que ya nadie me hacía caso, pensando que eran fantasías, babosadas decía la
muchachada, hasta se reían y se mofaban.
--- Contanos del espanto,.. vos…!---
-- Y lograste verlo?--- eran las socarronas
preguntas que soportaba de diario.
Sin embargo, las domésticas en algún
momento se cuchicheaban para mencionar un tanto en voz baja, sobre las
historias antiguas que mencionaban muy en secreto la presencia de la leyenda de
la Patrona
Se
hastió de las bromas y de las burlas que un día mientras almorzaban en cocina
de la finca, se puso de pié y argumentó.
--- Miren muchá!--- dijo --- Si
alguien no cree lo que conté, bueno, hagamos un grupo y bajamos ese zanjón y así
todos, incluso yo salimos de la duda de quien se encuentra habitando el
lugar.---
--- Ah!...--- fue la expresión de
varios, que se miraban los unos a los otros.
--- No me vayan a decir que les da
miedo…. o que? ---
--- Será como dice doña Chila, que
se trata de la leyenda de la
Patrona.---
--- Derepente, haber quien se anima
pues?---
--- Machitos para molestar son.
Quien se anima a bajar hasta allí?---
Del
grupo, tan solo dos compañeros aceptaron de iniciar la caravana, que muy de
mañana penetraron a la montaña grande, la de la Piedra Partida, apenas
conversando y en voz baja los compañeros se acompañaban unos cuantos pasos por
detrás del protagonista. Utilizando los lazos y guindándose de las ramas
iniciaron el descenso al fondo del zanjón, las chicharras chirreaban y los
mosquitos le aguijoneaban las orejas, Hubo resbalones y caídas, acompañados del
sentimiento de temor a lo desconocido, pero así continuaron no con muchas
ganas. Uno de los jóvenes se pasó llevando a los otros dos y cayeron
pesadamente hasta el fondo.
---Llegamos --- dijo --- aquí caminamos
unos minutos y encontramos la
Gruta---
Justo
en la entrada del agujero, se encontraba una caída de agua cristalina que venía
de adentro y se escurría entre las piedras formando un abrevadero. Entre de
rodillas, por el tamaño de la entrada seguido de los otros dos, hasta llegar
donde la cúpula se hacía mayor y permitía la estancia de pie.
--- Saquen el candil y preparen la
antorcha--- indiqué
Escuchamos
entonces, el constante goteo y el correr de las aguas en las profundidades de
la caverna, a pesar de la hora del día la oscuridad era profunda e impedía ver
a más de dos metros de distancia. Ya con la antorcha de guía se empezaron a ver
las figuras fantasmagóricas que se reflejaban en las paredes, mientras
avanzábamos al interior. Con forme se caminaba empezamos a experimentar el frío,
que nos hacía tiritar y que nos juntáramos para darnos valor.
Las
formaciones de piedra y las formas espectrales que se proyectaban de la luz de
la antorcha, nos conducía al fondo, área que nunca había explorado en mi anterior
estancia, las grandes rocas a nuestro paso, permitían escasamente, el paso de
una persona, entramos a un espacio de enormes dimensiones, donde en una de las
paredes se observaban señas de hollín que marcaban en el cielo de la cúpula,
por debajo se dejaba ver un altar que en alguna oportunidad se había poblado de
flores, las que con la humedad y el tiempo quedaban solo restos, unos cabos de
candela a medio quemar y unas vasijas de barro que adornaban la mesa.
El
aire se hacía mas fuerte y penetrante, que circundaba el lugar y los candiles
amenazaban con apagarse, nos aculamos en la pared y el viento cumplió su
cometido, se extinguió el fuego, lo que nos hizo ponernos mas nerviosos.
Mientras uno se entretenía encendiendo los cerillos para devolvernos la luz,
tope con una saliente del altar, que hizo que este se moviera, a tientas me
acerqué al frente de la mesa. Y se hizo la luz nuevamente, la tapadera del
altar que servía de mesa se había movido y dejaba ver un depósito, con la ayuda
de los muchachos movimos la loza.
--- Ayyyyyy! --- Fue el grito ---
Para
sorpresa nuestra, al retir la loza había despojos humanos, era una tumba. Con toda la curiosidad y a pesar del miedo me
acerque con el mechero. Efectivamente se trataba de un esqueleto con rasgos de
mujer, cubierto con un vestido blanco manchado.
--- Si ella es…..!, ella es la que
ví. --- les dije
Con
un escalofrío que me sacudió en todo el espinazo, me alejé de espaldas al
féretro. Un rosario de pétalos de rosa con
el crucifijo de plata, incrustado de piedras preciosas permanecía en la mano de
la difunta.
Mucho tiempo antes.
--- JA!, JA!, JA! – Resonó en el
gran salón. La sarcástica carcajada que rebotó en las paredes y se deslizó como
en eco, por toda la finca.
---¡Tráiganme a la patrona!.--- exclamó
el hacendado.
Los
candelabros empujaban las llamas danzantes, que se entorchaban, mientras
doblaban la cintura con un hilo de humo que señalaba hacia el cielo. El cuarto
se había congestionado con la presencia de campesinos, jornaleros, que acompañaban
asustados y curiosos a los caporales que había conducido a dos aldeanos,
cuerpos revolcados con múltiples golpes sangrantes.
Una
señora vestida de blanco elegante hizo su ingreso, todos le hicieron valla, sin
decir palabra alguna se acercó a los heridos y ordenó colocarlos sobre la mesa.
-- Como te atrevés a poner este par
de desgraciados sobre este valioso mueble.--- grito el patrón.
Ella.
La de los grandes ojos negros y piel morena, solamente le dirigió la mirada y
haciendo caso omiso del reclamo, procedió entonces a examinar a los heridos.
El
filo de un machete había abierto un surco profundo en el pecho, que surcaba
desde el hombro hasta la cadera. Los signos vitales ya se habían escapado, por
lo que inmediatamente se dirigió al otro:
-- Este pobre está muerto --- dijo
--- Si…--- insistió en ver signos de vida pero fue en vano.
--- Amortájenlo y se lo llevan….---
---Ya no podremos hacer nada por
él.---
El
otro aun respiraba. Se arremango los brazuelos de su vestido e intervino. El
agua caliente, los lienzos de manta, los ungüentos y las plantas medicinales se
hicieron presentes. Con el procedimiento, e inmersa en su actividad, terminó de
hacer la curación. Tomó asiento y se limpió la frente. Después y en ausencia de
todo el público, oró y le ofreció su labor a Dios. Luego indicó:
-- Llévenle al cuarto de huéspedes y
le dan el brebaje que preparamos, hasta que responda……
Afuera
los grupos de campesinos se aglomeraban inquietos en saber lo que había
sucedido, mientras los caporales apostados en lugares estratégicos,
disimuladamente hacían presencia con el fin de intimidarlos. Las ordenes eran
si alguien protestaba, era pasado por las armas.
La Patrona se hizo presente y
con la templanza que la caracterizaba se dirigió al grupo para calmar los ánimos.
-- Esta noche se dió una tragedia…
al menos uno de los heridos está vivo y ya está en mis manos, pronto sabremos
como responde a los cuidados. No estamos en posición de discutir en este
instante sobre lo sucedido, es tarde, todos estamos cansados y hay que
averiguar el suceso. Les pido que se vayan a sus casas, boten su ira,
relájense, mañana estaremos en mejor disposición de ver que fue lo que
pasó…..---
Con
algunas voces de protesta y con la sumisión que les provocaba la personalidad
de la dama, de uno en uno iniciaron la retirada mientras la procesión del
amortajado se dio lugar para llevarle a la capilla de la finca. El sonido
peculiar del filo de los machetes se dejó intuir en el cortejo, como muestra de
inconformidad
Ella
se santiguó, desapareciendo en el
interior de la casona, mientras sus empleados se distribuían entre los
asistentes, para acompañar el cadáver amortajado hacia su destino.
La
mañana se hizo presente con los matices naturales junto a la presencia del
astro, que iluminaba el solar donde los hombres se hacía en pequeños grupos,
frente al frontispicio de la capilla, algunos compartiendo tamales rojos
envueltos en hojas verdes, pocillos de café, mientras comentaban en voz baja el
acontecimiento.
Llegó
el cura. le dio los santos oleos y la bendición final al cadáver, encajonado en
tablas de pino recién cortado, le rezaron unos cuantos rosarios, le dieron el
pésame a la familia y luego fue llevado al camposanto, los retazos de papel de
china y una corona de ciprés marcaron el agujero previamente preparado como sitio
del entierro. El comentario generalizado era la no presencia de la señora, que
acostumbraba a participar en los actos de la familia comunal.
Con
los días, el otro herido fue sacado sin haberse recuperando y aun sin tener la
capacidad de caminar, fue obligado por los caporales a abandonar su lugar de
curación. Como reguero de pólvora se dio a conocer la noticia que la Señora había desaparecido,
sin dejar rastro.
La
noticia se hizo insistente, que la noche del día del entierro, La Patrona había sido
secuestrada, prisionera y amordazada, se le había sacado en horas de la
madrugada en un carruaje misterioso que se la había llevado a con rumbo
desconocido. Los sirvientes presos de miedo había huido, quien sabe a donde,
mientras su mucama personal, había sufrido flagelación y enviada a las cárceles
del pueblo sindicada de varios delitos. Dijeron las malas lenguas que tras un
intento de fuga se le había muerto en manos de los gendarmes de la capitanía
del lugar.
Esto
provocó una revuelta de colonos y el rico hacendado fue muerto después de haber
sido juzgado por la población, condenado en un juicio comunitario que terminó
con él y los hombres a su mando, la escoria de ese lugar, fue exterminada.
A
pesar de los esfuerzos de la población y
los habitantes de la finca nunca mas se supo de La Patrona, mujer que por sus
dotes de caridad y amor a su prójimo, se había ganado la venia de los
pobladores de la finca sino también de los alrededores, a quienes había servido
y ayudado en la medida de sus posibilidades.
Se
desvaneció en el aire la historia se hizo vieja y entró en el olvido. La vida
en la comunidad siguió su curso y con el tiempo se convirtió en cuento y en
leyenda con el paso de los años.
Sentado
en el dintel de la casona, comentaba con los compañeros campesinos de la Finca, sobre final de las
leyendas de la villa. La experiencia vivida dentro de la cueva, dió respuestas, al encontrar la tumba secreta de la Patrona entonces, no solo los recuerdos se tornaron en relidades, para representar esto se hicieron romerias de la población hacia el lugar, para pedir justicia para quien les
había servido no solo en vida..
La Dama se llevó a la tumba su
vocación de servicio y su don de bondad desde el mas allá, lo había hecho una
vez mas siempre habían sido verdaderas y que había en el fondo de la tierra una
señal de un ángel de protección para toda la comunidad.