sábado, 10 de marzo de 2012

LA PATRONA DE LA FINCA




          Me encontraba sentado en el dintel de la casona vieja, con olor a campo, adornada de verdes ramas, flores y cantos de avecillas que deambulaban en círculos, entre los rayos del sol y el viento de la mañana. Buscaba en el costal de los sueños, uno de aquellos tesoros  que te hacen pensar en las cosas que te llevan a sobrevivir en esta campiña, historias de espíritus y aparecidos, que son la comidilla, la plática vespertina que entretiene en las fogatas, las fumadas de cigarrillo y reacciones sonrientes o bien morbosas, que se charlan en los corredores y permiten arar en las cúpulas de la inspiración, nacido de los cuentos que vienen de las narraciones, de boca en boca.
         Allí donde el paisaje de los potreros se enseñaban frente a la vista, donde jugueteaban los caballos, bayos, negros, tordillos, blancos, que se entretenían lanzado patadas, para mostrar el señorío, fortaleza sobre las yeguas recostadas en el pesebre de zacate.
          La pilona rebalsada de agua, con los lavaderos llenos de trapos enjabonados, listos para ser tendidos después del enjuague. Donde las mujeres se juntaban para cuchichear, a contar el chisme del día y ha mostrar su picardía, cuando después de lavar su cabello largo, negro, lo entorchan en su cuello, mientras la humedad recorría sus güipiles, donde mostraban jubilosas los senos al adherirse por el agua  fácilmente a su cuerpo.
          En uno de los ranchos, como parte del casco de la finca, se apreciaba a la distancia, que se envolvía en el humo, que escapaba por el techo, mientras en su interior, se escuchaban los aplausos que se volvían tortillas, que saltaban en el comal caliente de barro. El fuego que se escapaba entre los leños, era signo del caliente bucul de aromático café, que sonaba a desayuno.
          En la pequeña mesa de lepa, se acomodaban los pocillos y platos blancos de orilla azul de peltre, el muñeco de tortillas cubierto con hojas de tamal para mantenerlo caliente, se mostraba al centro invitando a la comilona matinal.
--- La comida está servida…..--- gritó la mujer, mientras con una paleta le daba golpes a la figura de triángulo de metal, usado de campana.--- El desayuno! --- Insistió a gritos.
          Sentado en el banco, con el sombrero de petate a la diestra, acudí  por el insistente llamado de las tripas. Al inicio levanté el pocillo, en señal de solicitar el elíxir del cafeto, que me levanta el espíritu y da fuerza para el trabajo. Las tortillas empezaron a desaparecen de una en una, mientras las embadurnaba con los frijoles en pepita que le da cuerpo al bocado.
          Manejaba el silencio, entretenido con el cuscum, los sonidos del golpe de las ollas peltre que bamboleaba junto al sonido de la leña que ardía tostando los pishtones grandes de masa. Junto a las chispas que brincaban hacia el suelo, como juego de luces, del fuegarón.

          Los chuchos se pasean alrededor del comedero, buscando captar alguna que otra sobra, que caiga desapercibida del consumo, latiendo para espantar los asomos de apetito del resto de los animales, con los pollos haciendo la competencia, además del pato y los chompipes.
---Provecho…!!!--- me levanté, después de la santiguada, recogí los atavíos, para iniciar el viaje de jornada diaria.
          Enfilándome con machete al cinto, me dirigí para internarme en los senderos que marcan las talanqueras del casco de la finca, coronados con las cercas hechas de piedra volcánica, adornadas de las mutas. Un burro a lo lejos se despereza y se deja escuchar para que le pongan atención, sacudiéndose con su clásico grito:
--Ji-jau, Ji-jau, Ji-jau---
          Mientras tanto el sol inicia su ascenso al Cenit, para apuntar con el máximo calor sobre las tierras donde come el ganado, pastizales crecidos y abundantes que ocultan a las crías que se hacen acompañar de amamantadoras vacas.
 

          Caminaba diligentemente al pie del peñasco, que se interpone en el camino, hasta los sembradíos que crecen junto al río, montaña de historias fantásticas, que contadas por los grupos de campesinos lugareños, rezaban con temor de la aparición de espíritus chocarreros que deambulaban a toda hora en el paso de la Piedra Partida, lugar que a todos hacía temer, tanto por lo escabroso del recorrido, como por la vivencia de aparición de fenómenos extraños en el lugar.
          Pisé unas piedras que se encontraban sueltas y en menos de un segundo, sin haber podido terminar el Padre nuestro, rodé como bulto hacia el fondo del desfiladero, pasando por cuanto chirivisco, rama, raíz, tronco, hasta desplomarme pesadamente hasta el fondo, donde perdí el conocimiento.
          Cuanto tiempo había pasado, cuando precedido de un fuerte dolor de cabeza logré abrir los ojos, Huy me encontraba molido, el cuerpo ensangrentado y cuando quise incorporarme mi pierna izquierda se encontraba amarrada con algunas ramas y hojas, sin embargo había sido acomodado en un petate de hojas grandes como de Xate,  
          Estaba en una caverna, como había llegado allí, no lo se, el olor a sangre ya reseca me incomodaba y la lengua de perico que me hacía duplicar el deseo de tragar líquidos, el ambiente estaba oscuro por lo que imaginé que ya era tarde. El silencio, la soledad me incomodaban, así como la imposibilidad de movilizarme, además el dolor me causaba ansiedad, esto me hizo perder nuevamente el conocimiento. Percibí que alguien se acercaba hacia mi, por medio de un tazón me vertió agua en la boca, que luego me provocó tos, estaba tan mal que ni siquiera pude abrir los ojos.
          Mas tarde al recuperar la conciencia, al traté de incorporarme, se hizo presente el dolor, ahora en la pierna izquierda, con ambas manos me levanté recostándome en los codos, que me daba una panorámica mejor del lugar, de paredes de loza sudada que goteaba constantemente haciendo formaciones raras en al suelo a mi alrededor. Alcancé la taza y tomé una buena cantidad de líquido, que me refrescó la garganta y me dio algunos ánimos:
--- Oiga!....hay alguien aquí….!---
          Solamente el eco producido por la concavidad de la caverna se dejó escuchar, mas el sonido del agua que salpicaba y se dejaba correr por los rincones.
--- Hola….!, alguien me escucha…!--- así como tratando de mantener semi sentado.
          Logré apreciar un escaso asomo de luz, que venía de la parte derecha de mi localización, de donde se dejaba sentir una pequeña ráfaga de viento que transitaba al interior de la cueva. El tiempo pasó, se escurrió en el tiempo, la luminosidad empezó a desaparecer hasta quedar en la más rotunda oscuridad, aunado al cambio de temperatura, que se tornó fría y un poco mas húmeda, por momentos me daba la impresión de que el olor a leña y hojas que se quemaban, se dejaba venir de algún lugar del sitio.
          Una cantidad de animales voladores, murciélagos, se movilizó hacia el interior de la cueva, lo que me hizo ponerme alerta, un pequeño haz de sol se enseño sobre mi derecha y se proyectó en una de las paredes, hice por levantarme pero no lo logré. Note además que junto al lecho, sobre unas hojas de sal, habían unos cuantos bananos manzanos, unas raíces de malanga y un hongo de los llamados Ocosh, los que devoré inmediatamente, cuantos días tendría de no probar alimento, agua había en el tazón, que hizo saciar mi sed.
          Conforme pasaba el tiempo, me había acostumbrado a la soledad, aunque cuando dormía, alguien se presentaba a dejar líquidos y alimento. No había logrado identificarle y en ocasiones presentía que se encontraba allí, en algún lugar cerca oculto en las sombras o en las formaciones de arena y roca de los pasadizos. Se llegó el día, hice el máximo esfuerzo y logré ponerme de pie, tambaleando, tomé de ayuda las salientes de las piedras, dí un par de pasos, trastrabié y caí sentado en una roca, con lo que la curación de la pierna se desató, dejando al descubierto, la herida parcialmente cicatrizada.
--- Agghhh!!!.---  Que dolor entonces opté por regresar arrastrado hasta el lecho de descanso. Si alcancé a escuchar  y ver un leve movimiento de una sombra que eclipsó por unos segundos la entrada de luz.
--- Quien anda allí --- grité, pero todo volvió a la normalidad, silencio, con la entrada de la oscuridad me quedé con la armonía, si había alguien, pero que era…. Un animal, alguna persona o un espanto, me persigné y cerré los ojos.
          Estaba tan entretenido y con la idea fija de ponerme a caminar y explorar mis alrededores, que cuando mas tiempo pasaba, lograba avances significativos en la curación, en agarrar fuerza y poner en orden mis ideas, pensamientos que en ocasiones me traicionaban cuando me entraba el frío del miedo, terminaba balbuceando algunas oraciones que había aprendido en la iglesia.
--- Salga lo malo de aquí, entre su gran Majestad, los ángeles me acompañan y al Santísima Trinidad!!!--- repetía y repetía el estribillo hasta encontrar consuelo con el sueño.
          Volví de un sueño tumultuoso de pesadilla, que me hizo despertar sudoroso y asustado, casi como por instinto, busqué el tazón del agua y no la encontré, me incorporé intrigado, para buscarlo, no estaba!, incluso la acostumbrada ración. Me puse de pie y con la escasa luz de la mañana, acomodé la vista, restregando los ojos para ver mejor. Poco a poco conforme la luz del sol se hacía presente, busque por los rincones sin lograr encontrar los restos, haciéndole ganas y con algún esfuerzo me dirigí hacia la entrada, que se conformaba por una pequeña caverna que terminaba en una abertura de unos metros de donde provenían los rayos solares, que conforme a la ascensión del astro se proyectaba hacia el piso hasta desaparecer, su calor era escaso, reconfortante si.
          Allí encontré unas cáscaras de plátano y algunas  de chico zapote, lo que me dio más armonía, encontré señas, trozos de leña que se habían vuelto tizones, ya apagados. Encontré unas rajas de ocote, que me dieron la idea de en algún momento iniciar una fogata que me proporcionara luz, calor y de pronto para cocinar algo. Siempre la sensación de no estar solo, de una mirada penetrante que me intrigaba, que la sentía como carisma en mi cuerpo dentro de aquel cubículo de tierra y piedra.
          Volví por donde vine, presto a investigar en los interiores, en las paredes de la cueva, incierto caminar por el fondo, donde a través de agujeros se lograba escuchar la corriente de agua, mas abajo o a los lados de los paredones, donde a tientas exploré orificios que dejaban pasar con cierta dificulta a una persona. Allí me tope en el suelo, con formaciones de piedra caliza que se habían formado por el goteo constante de la cúpula, haciendo gala de orientación, caminé en línea recta hasta llegar a la pared del oriente, donde aun se lograba visualizar el lugar donde pasaba la mayor parte del tiempo para dormir.
          El olfato me hacía presuponer de una entidad que permanecía oculta en las sombras, que se movía sigilosamente, escondiéndose. Usando algunas pequeñas pajas, el ocote y frotando unas piedras, inicie un pequeño fuego usando hojas y ramas semi secas, que produjeron mas humo que llama, pero en fin era un logro y en la oscurana interior me servía para ver mejor y tratar de localizar la presencia que me acompañaba. Como la danza de las llamas y tras haber escuchado un ruido, volteé y me dio la impresión de ver una sombra que se escabullía en el fondo. Me detuve por un instante y caminé hacia donde había observado el fenómeno si resultado.
          Mientras atizaba el fuego, me dio la impresión de ver una mancha que se estampaba en uno de los pilares de formaciones estalactititas, tal vez un cuerpo delgado, que se confundí con el color amarillento del reflejo de las llamas en el paredón. Al volver a dirigir la mirada después de un momento, la sombra desapareció. E armé de valor y me dirigí al lugar, con un leño en la mano, al bordear la columna sobre lado donde proyectaba la oscuridad, percibí el frote de algo que me hizo erizarme, alargué mi mano y alcance a palpar un bulto, tela o quizás pellejos de piel.
--- Oiga, regrese……!---
          Pero se dejó escuchar como una ráfaga de viento, que viajó rápidamente por el espacio. En ocasiones me producía, miedo, resaca y carne de gallina, pero me reconfortaba que no me hubiera confrontado, pues de pronto no tenía idea de cual sería mi reacción a eso. En otra ocasión, ya entrada la tarde, después haber prendido la fogata, para coser lo que iba a ingerir, escuchó un golpe, que le hizo voltear a ver. Allí estaba un ser con características femeninas, que se atravesaba de un punto a otro con un vestido blanco manchado. Se detuvo por un instante y se me quedó viendo, su cara aunque delgada de mujer de piel cobriza, cuya cabellera le caía abundantemente sobre los hombros, desapareció en la oscuridad del punto. Hice por seguirla pero fue en vano. Se la tragó la tierra. Deje la curiosidad por un lado y tomé asiento en lo mas cómodo del solar, que era lo que había visto?, ahora estaba mas que seguro que se trataba de una persona, una mujer….ya no era solo la idea, la había sentido y también visto..

          Bien era tiempo de buscar la salida de aquel cautiverio, me hice de coraje y tomando algunas cosas como recipiente para acarrear agua, me sacudí la melena y con un ímpetu muy grande busqué la salida, los rayos del sol se hacían imponentes y el olor del aire se refrescaba cuando llegué al fondo del zanjón, las urracas saltaban de rama en rama, con su característica gritos, la bulla que se trasladaba a la copa de los árboles, mientras avanzaba por una vereda hacía arriba, escalando por los desfiladeros de tierra barrosa, en uno de los descansos, alcancé a escuchar un lamento que venía del fondo de la caverna, pero no quise hacer caso, me había propuesto salir y en ese camino estaba.
          Haciendo un verdadero esfuerzo y tomado de las raíces salientes escale el último tramo hasta asomarme al pico de la vereda que me hizo desembocar en el camino viejo de la Piedra Partida, allí había empezado la trama, me relajé por un momento y después de tomar un segundo aire, crucé el estrecho. Que alivio, a pesar de que el sol apuntaba en el centro del cielo y el calor me hacía sofocar, me sentía caminar en tierra firme, rumbo a la Finca de donde saber cuanto tiempo antes había iniciado el trayecto.
          Por fin me encontraba de nuevo en la puerta de la casona, aun pensando en la aventura, me había recuperado plenamente después de unos meses de buen alimento y curación de heridas. Ya había hecho montón de las contadas de mi episodio, que ya nadie me hacía caso, pensando que eran fantasías, babosadas decía la muchachada, hasta se reían y se mofaban.
--- Contanos del espanto,.. vos…!---
-- Y lograste verlo?--- eran las socarronas preguntas que soportaba de diario.
Sin embargo, las domésticas en algún momento se cuchicheaban para mencionar un tanto en voz baja, sobre las historias antiguas que mencionaban muy en secreto la presencia de la leyenda de la Patrona
          Se hastió de las bromas y de las burlas que un día mientras almorzaban en cocina de la finca, se puso de pié y argumentó.
--- Miren muchá!--- dijo --- Si alguien no cree lo que conté, bueno, hagamos un grupo y bajamos ese zanjón y así todos, incluso yo salimos de la duda de quien se encuentra habitando el lugar.---
--- Ah!...--- fue la expresión de varios, que se miraban los unos a los otros.
--- No me vayan a decir que les da miedo…. o que? ---
--- Será como dice doña Chila, que se trata de la leyenda de la Patrona.---
--- Derepente, haber quien se anima pues?---
--- Machitos para molestar son. Quien se anima a bajar hasta allí?---

          Del grupo, tan solo dos compañeros aceptaron de iniciar la caravana, que muy de mañana penetraron a la montaña grande, la de la Piedra Partida, apenas conversando y en voz baja los compañeros se acompañaban unos cuantos pasos por detrás del protagonista. Utilizando los lazos y guindándose de las ramas iniciaron el descenso al fondo del zanjón, las chicharras chirreaban y los mosquitos le aguijoneaban las orejas, Hubo resbalones y caídas, acompañados del sentimiento de temor a lo desconocido, pero así continuaron no con muchas ganas. Uno de los jóvenes se pasó llevando a los otros dos y cayeron pesadamente hasta el fondo.
---Llegamos --- dijo --- aquí caminamos unos minutos y encontramos la Gruta---
          Justo en la entrada del agujero, se encontraba una caída de agua cristalina que venía de adentro y se escurría entre las piedras formando un abrevadero. Entre de rodillas, por el tamaño de la entrada seguido de los otros dos, hasta llegar donde la cúpula se hacía mayor y permitía la estancia de pie.
--- Saquen el candil y preparen la antorcha--- indiqué
          Escuchamos entonces, el constante goteo y el correr de las aguas en las profundidades de la caverna, a pesar de la hora del día la oscuridad era profunda e impedía ver a más de dos metros de distancia. Ya con la antorcha de guía se empezaron a ver las figuras fantasmagóricas que se reflejaban en las paredes, mientras avanzábamos al interior. Con forme se caminaba empezamos a experimentar el frío, que nos hacía tiritar y que nos juntáramos para darnos valor.
          Las formaciones de piedra y las formas espectrales que se proyectaban de la luz de la antorcha, nos conducía al fondo, área que nunca había explorado en mi anterior estancia, las grandes rocas a nuestro paso, permitían escasamente, el paso de una persona, entramos a un espacio de enormes dimensiones, donde en una de las paredes se observaban señas de hollín que marcaban en el cielo de la cúpula, por debajo se dejaba ver un altar que en alguna oportunidad se había poblado de flores, las que con la humedad y el tiempo quedaban solo restos, unos cabos de candela a medio quemar y unas vasijas de barro que adornaban la mesa.
          El aire se hacía mas fuerte y penetrante, que circundaba el lugar y los candiles amenazaban con apagarse, nos aculamos en la pared y el viento cumplió su cometido, se extinguió el fuego, lo que nos hizo ponernos mas nerviosos. Mientras uno se entretenía encendiendo los cerillos para devolvernos la luz, tope con una saliente del altar, que hizo que este se moviera, a tientas me acerqué al frente de la mesa. Y se hizo la luz nuevamente, la tapadera del altar que servía de mesa se había movido y dejaba ver un depósito, con la ayuda de los muchachos movimos la loza.
--- Ayyyyyy! --- Fue el grito ---
          Para sorpresa nuestra, al retir la loza había despojos humanos, era una tumba.  Con toda la curiosidad y a pesar del miedo me acerque con el mechero. Efectivamente se trataba de un esqueleto con rasgos de mujer, cubierto con un vestido blanco manchado.
--- Si ella es…..!, ella es la que ví. --- les dije
          Con un escalofrío que me sacudió en todo el espinazo, me alejé de espaldas al féretro. Un rosario de pétalos de rosa  con el crucifijo de plata, incrustado de piedras preciosas permanecía en la mano de la difunta.

Mucho tiempo antes.

--- JA!, JA!, JA! – Resonó en el gran salón. La sarcástica carcajada que rebotó en las paredes y se deslizó como en eco, por toda la finca.
---¡Tráiganme a la patrona!.--- exclamó el hacendado.
          Los candelabros empujaban las llamas danzantes, que se entorchaban, mientras doblaban la cintura con un hilo de humo que señalaba hacia el cielo. El cuarto se había congestionado con la presencia de campesinos, jornaleros, que acompañaban asustados y curiosos a los caporales que había conducido a dos aldeanos, cuerpos revolcados con múltiples golpes sangrantes.
          Una señora vestida de blanco elegante hizo su ingreso, todos le hicieron valla, sin decir palabra alguna se acercó a los heridos y ordenó colocarlos sobre la mesa.
-- Como te atrevés a poner este par de desgraciados sobre este valioso mueble.--- grito el patrón.
          Ella. La de los grandes ojos negros y piel morena, solamente le dirigió la mirada y haciendo caso omiso del reclamo, procedió entonces a examinar a los heridos.
          El filo de un machete había abierto un surco profundo en el pecho, que surcaba desde el hombro hasta la cadera. Los signos vitales ya se habían escapado, por lo que inmediatamente se dirigió al otro:
-- Este pobre está muerto --- dijo --- Si…--- insistió en ver signos de vida pero fue en vano.
--- Amortájenlo y se lo llevan….---
---Ya no podremos hacer nada por él.---
          El otro aun respiraba. Se arremango los brazuelos de su vestido e intervino. El agua caliente, los lienzos de manta, los ungüentos y las plantas medicinales se hicieron presentes. Con el procedimiento, e inmersa en su actividad, terminó de hacer la curación. Tomó asiento y se limpió la frente. Después y en ausencia de todo el público, oró y le ofreció su labor a Dios. Luego indicó:
-- Llévenle al cuarto de huéspedes y le dan el brebaje que preparamos, hasta que responda……

          Afuera los grupos de campesinos se aglomeraban inquietos en saber lo que había sucedido, mientras los caporales apostados en lugares estratégicos, disimuladamente hacían presencia con el fin de intimidarlos. Las ordenes eran si alguien protestaba, era pasado por las armas.
          La Patrona se hizo presente y con la templanza que la caracterizaba se dirigió al grupo para calmar los ánimos.
-- Esta noche se dió una tragedia… al menos uno de los heridos está vivo y ya está en mis manos, pronto sabremos como responde a los cuidados. No estamos en posición de discutir en este instante sobre lo sucedido, es tarde, todos estamos cansados y hay que averiguar el suceso. Les pido que se vayan a sus casas, boten su ira, relájense, mañana estaremos en mejor disposición de ver que fue lo que pasó…..---
          Con algunas voces de protesta y con la sumisión que les provocaba la personalidad de la dama, de uno en uno iniciaron la retirada mientras la procesión del amortajado se dio lugar para llevarle a la capilla de la finca. El sonido peculiar del filo de los machetes se dejó intuir en el cortejo, como muestra de inconformidad
          Ella se santiguó,  desapareciendo en el interior de la casona, mientras sus empleados se distribuían entre los asistentes, para acompañar el cadáver amortajado hacia su destino.
          La mañana se hizo presente con los matices naturales junto a la presencia del astro, que iluminaba el solar donde los hombres se hacía en pequeños grupos, frente al frontispicio de la capilla, algunos compartiendo tamales rojos envueltos en hojas verdes, pocillos de café, mientras comentaban en voz baja el acontecimiento.
          Llegó el cura. le dio los santos oleos y la bendición final al cadáver, encajonado en tablas de pino recién cortado, le rezaron unos cuantos rosarios, le dieron el pésame a la familia y luego fue llevado al camposanto, los retazos de papel de china y una corona de ciprés marcaron el agujero previamente preparado como sitio del entierro. El comentario generalizado era la no presencia de la señora, que acostumbraba a participar en los actos de la familia comunal.
          Con los días, el otro herido fue sacado sin haberse recuperando y aun sin tener la capacidad de caminar, fue obligado por los caporales a abandonar su lugar de curación. Como reguero de pólvora se dio a conocer la noticia que la Señora había desaparecido, sin dejar rastro.
          La noticia se hizo insistente, que la noche del día del entierro, La Patrona había sido secuestrada, prisionera y amordazada, se le había sacado en horas de la madrugada en un carruaje misterioso que se la había llevado a con rumbo desconocido. Los sirvientes presos de miedo había huido, quien sabe a donde, mientras su mucama personal, había sufrido flagelación y enviada a las cárceles del pueblo sindicada de varios delitos. Dijeron las malas lenguas que tras un intento de fuga se le había muerto en manos de los gendarmes de la capitanía del lugar.
          Esto provocó una revuelta de colonos y el rico hacendado fue muerto después de haber sido juzgado por la población, condenado en un juicio comunitario que terminó con él y los hombres a su mando, la escoria de ese lugar, fue exterminada.
          A pesar de los esfuerzos de la población y  los habitantes de la finca nunca mas se supo de La Patrona, mujer que por sus dotes de caridad y amor a su prójimo, se había ganado la venia de los pobladores de la finca sino también de los alrededores, a quienes había servido y ayudado en la medida de sus posibilidades.
          Se desvaneció en el aire la historia se hizo vieja y entró en el olvido. La vida en la comunidad siguió su curso y con el tiempo se convirtió en cuento y en leyenda con el paso de los   años.
          Sentado en el dintel de la casona, comentaba con los compañeros campesinos de la Finca, sobre final de las leyendas de la villa. La experiencia vivida dentro de la cueva, dió respuestas, al encontrar la tumba secreta de la Patrona entonces, no solo los recuerdos se tornaron en relidades, para representar esto se hicieron romerias de la población hacia el lugar, para pedir justicia para quien les había servido no solo en vida..
          La Dama se llevó a la tumba su vocación de servicio y su don de bondad desde el mas allá, lo había hecho una vez mas siempre habían sido verdaderas y que había en el fondo de la tierra una señal de un ángel de protección para toda la comunidad.