Un
ruido extraño círculo por los campos, un primer remezón se dejó sentir durante
unos 40 segundos, las paredes crujieron mientras transformaban gritas en el
entorno de las paredes, el repello desprendido revoloteaba cayendo en los enseres del interior de las casas. El compás
de la sacudida que se hizo en extremo de pánico, se acompaño de la rotura de
cristales, los trastos caídos, los traqueteos de los objetos que caían estrepitosamente chocaban en contra
del suelo. Un reloj de péndulo se desplomó mostrando con sus agujas la hora del
terrible suceso. Las 5 y 23 de la mañana.
En
las afueras, sobre las aceras del pueblo, el pánico de los transeúntes, se reflejaba
en agonía de gritos, desgarradores llantos y voces de auxilio que se asomaban a
lo largo de calles, avenidas que circulaban el miedo por doquier, en la plaza central, agazapados los indigentes
temblaban junto a los arriates, las
bancas de piedra se desmoronaban junto a los árboles que se sacudían, botando
frutos, ramas y hojas, los monumentos se movían en todas direcciones,
descomponiendo las figuras y botando las estatuas que formaban parte los
ornamentos de su estética.
Las
campanas de la iglesia se habían desprendido de lo alto del frontispicio,
impactando en el atrio, causando un gran estruendo, lo que causó escenas de
miedo reflejadas en las correderas de los feligreses, otros se aglomeraban curiosos
en las afueras de sus casas, lamentándose, mientras otros permanecían hincados santiguándose y
clamado a Dios, por su salvaguarda.
Tras
una calma relativa, acompañada de pequeñas réplicas, que hacía recordar de
inmediato el susto inicial, mas personas empezaron a deambular como almas en
pena en búsqueda de familiares y heridos en los alrededores de las viviendas y
sitios públicos. En las callejuelas se habían acumulado pedazos de ladrillo y
adobes de todos tamaños que obstruían las aceras, donde restos de las cornisas que
se convirtieron en polvo al desprenderse, restos de madera se encontraban desparramado
en las zaguanes de las casas.
Se
dejaban escuchar los pedidos de auxilio, mientras otros avisaban sobre posibles
víctimas y realizaban esfuerzos desde el interior de sus moradas pretendiendo
salir empujando las puertas atrancadas
por los volcanes de ripio acumulado.
En
búsqueda de víctimas vecinos se acercaron a la Iglesia a través de la entrada
de la sacristía, derribaron la puerta, penetraron al interior del templo, con
el fin de auxiliar a las rezadoras que madrugaban, los acólitos, el sacristán y
el sacerdote que allí pernoctaban. Todo se encontraba revuelto, parte del techo
descansaba sobre los reclinatorios, una de las vigas principales había echo
impacto al costado del confesionario junto a la entrada del saloncito utilizado
de vestidor, pasadizo que conducía hacia la nave central de la iglesia, cuyas pinturas
de relieve se habían desprendido de lo alto impactando en el retablo, el vidrio
que protegía la urna que resguardaba la
Virgen del tránsito, rota por los costados, pero allí permanecía
intacta la imagen. A inmediaciones del altar mayor, donde justamente se guardaban
los dorados candelabros y los copones de oro. En la vecindad de la mesa se había
producido una grieta de grandes dimensiones.
A
unos metros de distancia fue encontrado el señor cura quien vestía los respectivos
atuendos para efectuar el acto religioso de la mañana, estaba boca abajo con
una herida sangrante en la cabeza y en estado inconciente, la atención se le
brindó inmediatamente, utilizando los
restos de madera de una puerta, fue improvisada una camilla para sacarle hasta
la calle. Justo antes que una réplica se hiciera presente, que tambaleó todo y terminó
de derrumbar gran parte de la cúpula y el techo de la casa parroquial.
Los
cuerpos de socorro se habían hecho presentes para prestar los primeros auxilios
luego de estabilizarlo le condujeron al viejo hospital, que también había
sufrido los embates del terremoto. Debido a la caótica situación y la
sobrepoblación de heridos que acudían a pedir consuelo y en búsqueda de alivio.
La atención fue tardía y escasa, pero en fin se logró
Los
patios del viejo edificio se convirtieron en salas de emergencia habiendo
improvisado mantas como tiendas de campaña, donde los médicos hacían denodados
esfuerzos para atender a los heridos.
El
sol había hecho su ingreso en medio de la tragedia, los equipos de salud
correteaban conduciendo las camillas por los pasadizos, salones que a medio
derrumbarse, producían una escena de desolación, de los que por azares del
destino habían sucumbido tan solo por encontrarse en vías de curación y no
había encontrado la salida que les resguardara la vida. Muertos y heridos era el saldo de catástrofe.
Las
noticias circulaban por todo el mundo y junto a las autoridades se hacían
esfuerzos para apoyar a toda la población. El panorama general era triste,
cientos de fallecidos, otro montó de golpeados, con tan pocas medicinas y
recursos que en fin el agua potable escaseaba así como los alimentos, para
ajuste de penas como vendaval no dejaban llegar heridos provenientes de las todos
lados y de las aldeas cercanas.
Ya
hoy, ocho días después, amaneció mas tranquilo, las réplicas se tornaron
infrecuentes, solamente las nubes de polvo, que por acción de los vientos se
levantaban en todas direcciones, cubriendo como ceniza todos los tejados que
aun permanecían en pie. La población había iniciado su labor de
descombramiento, en búsqueda de desaparecidos o de inocentes que no tuvieron
tiempo de escapar y yacían soterrados en sus propias casas.
El
padre Meme, ya en franca recuperación, pintado de mercuro cromo en los raspones
de la cara y el incomodo yeso que le cubría el brazo izquierdo, se presentó
junto a un grupo de feligreses y autoridades del municipio con el fin de
establecer el estado en que había quedado la parroquia. Con la ayuda de equipo
de demolición se abrieron paso a través de una de las puertas laterales de la
iglesia, removiendo escombros y efectuando labores de limpieza.
La
nave central de la parroquia, bastante deteriorada permanecía en algunas
secciones detenida por las columnas, grandes fragmentos que habían caído
dejaban desnudas las paredes y el azul del cielo como techo. La cúpula había
cedido en muchas áreas que apenas descansaban pálidamente sobre las vigas y
columnas laterales que se recostaban en el altar mayor, que parecía estar
intacto, por efecto del viento el polvillo que soltaban las rajaduras daban la
sensación de estar a punto de desmoronarse. El resto del techo se había
desplomado, destruyendo altares auxiliares, santos, púlpito, cortinaje que se
había desgarrado parcialmente, mientras otros permanecían aún colgadas de las cornisas,
donde las palomas habían tenido sus nidos, estas revoloteaban alrededor a la presencia de ruido.
Con
grandes esfuerzos y abriendo brecha llegaron hasta altar, donde se sorprendieron
por la magnitud del agujero que se había formado a un costado, apoyados con
lámparas de gas, ubicaron el sitio sin poder estimar el fondo de la fosa, que
representaba un peligro por su tamaño. La exploración les hizo continuar hacia la sacristía, donde sorprendentemente
con el descubrimiento de algunos textos antiguos que se encontraban tirados
junto a las estanterías de la
biblioteca, junto a ellos algunos tomos que servían para asentar los bautizos y
demás actos litúrgicos del lugar.
El
proceso de descombramiento continuó a paso de tortuga, las cuadrillas de peones
enviados por el gobierno, permanecía en sus labores a medio vapor que de pronto
se veían suspendidas con la presencia de pequeños movimientos telúricos que
sacudía la enorme construcción. La imagen de la Virgen había sido rescatada
y llevada a un lugar seguro para su conservación, pues la urna de vidrio se
había roto por completo.
Rodeado
de la curiosidad del caso el Padre Manuel, después de haber investigado uno de los
libros de historia encontrado en la biblioteca de la sacristía, donde descubrió
unos escritos que hablaban del inicio de la construcción del edificio, narrando
que allá por los años previos a la llegada de los Españoles, existió en ese
lugar una ciudadela Maya, donde efectuaban sacrificios, era morada de sacerdotes
y altos jefes indígenas del lugar, cuyo reinado se extendía a lo largo y ancho
de ese valle, tenía una alta jerarquía, y mucho poder que les permitía mantener
sojuzgado a todo un pueblo. Debido a esto
existían en estos templos innumerables tesoros, por lo que los reyes,
del lugar se había ganado enemigos en las comarcas vecinas esto había provocado
enfrentamientos entre las clases sociales y las jefaturas de otros reinos,
guerras que les llevaron casi a su extinción por lo que el Gran Tzultacá dios
de los vientos nombró a dos caudillos,
sus hijos, cuidadores del sitio sagrado del supremo creador.
Los
habitantes desaparecieron, por múltiples razones, pero el lugar que se
consideraba sagrado, era conocido como un paso intermedio entre lo mundano y el
cielo, morada de los dioses. Según referían los escritos, en ese lugar era donde reposaba el espíritu y el alma de la serpiente con
plumas, donde anidaba y resguardaba los grandes secretos del pasado de los ancestros
mayas.
Por
tanto enfrentamiento, por la avaricia y envidia de los pueblos circunvecinos,
en castigo los dioses habían provocado cataclismos para ocultar la ciudadela y
que permaneciera soterrada y vedada para las generaciones futuras, por ser un lugar
solo digno de los sacerdotes iluminados, proscrito para los humanos comunes, se
le dio la connotación de centro del mal, para que los plebeyos, no osaran
visitarlo.
Ya
en la colonia a instancias de los frailes, que se establecieron el lugar quienes
escribieron la historia, basada en relatos de comunicación oral de los ancianos
indígenas, e influenciado por el misticismo y el temor reflejado en las
historias, se propusieron construir la iglesia sobre este sitio, sin dejar
rastros de la ciudadela Maya fincada en el lugar. Allí se desarrollo la
comunidad y floreció el pueblo, conocido como Estancia de la Virgen.
El
cura contactó a través de las autoridades de la curia, a un personaje, aventurero
un arqueólogo, con el fin de que investigara los orígenes de los relatos,
contenidos en el libro que hablaba sobre el origen de la leyenda, y la
presencia de la caverna dentro de la iglesia, que además incentivó la
curiosidad de investigar mas a fondo. Los trabajadores en el sitio, se
escapaban por la generación temor por la presencia de algo malo, debido a los
rumores de la gente y sobre todo de los ancianos del pueblo, quienes conocían
de las leyendas del pasado.
Cierta
mañana, en compañía de Andrés, el arqueólogo, un anciano chamán y un asistente indígena, iniciaron la expedición, en
búsqueda de la verdad del origen de las leyendas. Descendieron en la caverna, a
través de escalinatas fabricadas de lazos, con sendas mochilas y lámparas de
gasolina. El descenso de unos cuantos metros, fue en principio sencillo, hasta
llegar a un fondo que parecía ser de roca masisa, cuyo espacio de unos 5 metros de diámetro, apuntaba
a un recinto de mucha humedad, con tierra barrosa. Se trazaron un punto de
referencia y siguiendo una línea recta de exploración llegaron hasta una de las
paredes lateral donde guiados por la luz, observaron una piedra, incrustada en
el barro, un monolito con señales de haber sido esculpida, de buen tamaño, con
esfuerzo fue movilizada escarbando a sus alrededores, hasta que el paredón
cedió, dejando una abertura que comunicaba a con otro recinto. La roca, cayó a
los pies de los exploradores, quienes la revisaron descubriendo que tenía las
características una cabeza humana labrada, de ojos grandes, la boca
entreabierta, cuyas orejas formaban las asas como de una vasija.
---Interesante.--- exclamó Andrés
--- colóquenla en la mochila la
estudiaremos después.---
--- Tiene similitud a las cabezas
gigantes de los Olmecas.--- indicó Manuel.
En
fila india los cuatro penetraron el espacio, hasta llegar a una cámara, donde
muchas de las formaciones de piedra, monolitos y vasijas, se encontraban
tirados por los alrededores, por los efectos del tiempo y de los temblores. Las
luces de las lámparas se reflejaban en las paredes, ayudaban a que la
exploración fuera no muy adecuada, cada objeto era minuciosamente revisado.
La
humedad se había hecho la protagonista, produciendo frío en el grupo, mientras
deambulaban en búsqueda de mas objetos. El asistente del Chamán, tropezó con
una laja de dos y medio metros de largo, que mostraba glifos y figuras,
disponía de asas que dejaba ver como las entradas que servían para levantar la
loza, habían muescas en su costado, que asemejaban intentos de querer penetrar
al catafalco. Andrés apostando las lámparas sobre la laja, limpió la cubierta, e
invitó al Chamán a interpretar las inscripciones.
--- Este es una catafalco…..hummm...!,
la tumba de un guardián muy importante, un príncipe, o un guerrero de alta jerarquía.--
indicó
Tomando
una barra de acero y con la ayuda de todos hizo palanca para levantar la pesada
plancha, la que apenas se movió, la consistencia de la tierra no dejaba que la
palanca hiciera apoyo en su costado, insistieron en otro lugar cerca de la
esquina de la laja, apenas se levantó colocaron una cuña, que les permitió
meter la barra y movilizar poco a poco la piedra, después de un arduo esfuerzo
el catafalco fue descubierto, un extraño sonido, como lamento, se dejó escuchar
que provenía del fondo de la caverna.
Un
esqueleto humano fue el hallazgo, engalanado con múltiples piezas de jade en
forma de collar y alrededor de las muñecas. Un instrumento de oxidiana que se
encontraba en los huesos de una mano.
--- Es una llave, el símbolo de guardianía del tesoro del jade. Vaya sorpresa
---indicó el chamán.
El
miedo les invadió, que se manifestó con piel de gallina y sensación de
calofríos hacia a lo desconocido, pero optaron por alejarse de la tumba,
mientras Andrés valientemente, revisaba
el cadáver y los atuendos que se encontraban a su alrededor. Recogió el instrumento
de oxidiana, justo por el consejo de
guardarlo para después.
Los
indígenas sentados a lo lejos, hablaban en voz baja, expresando algo de temor, mientras Manuel juntaba fuego para
calentar el ambiente, Una pequeña llama que se inclinaba hacia la entrada, como
empujada por el viento que circulaba desde fondo, indicando la dirección del
aire, lo que se formaba imágenes espectrales que se alongaban hacia el cielo,
por el movimiento de la llama. Eso le recordó e hizo memoria de las lecturas del
libro sagrado, allí se relataba sobre el hallazgo de dos portales, cada uno
guardado por los hijos del dios Tzultaká,
que representaban los secretos enterrados
en ese sitio en el pasado. El primero el guardián del jade, era el que rompía
el hechizo para penetrar al inframundo.
La luz se hizo mas brillante, un
formación de piedra en forma de escalón se dejó ver a los pies de la tumba, era
el introito al portal. La curiosidad se hizo presente, con las manos y algunos
instrumentos cavaron hasta encontrar el inicio de un camino de una cueva que
descendía a un espacio, el agujero de la entrada era muy reducido, por lo que a
gatas y arrastrándose de pecho en tierra penetraron guiados por las gradas.
Penetraron a un espacio siempre estrecho donde varios monumentos de piedra de
figuras de hombres encuclillados, sentados y de rodillas les franqueaban la
entrada a otros túneles, como catacumbas.
--- Si el espacio se hace mas
pequeño, pero debo encontrar el significado de la instrumento de oxidiana---dijo
Andrés.
---Es la llave del inframundo de los
espíritus.--- el asistente del chamán
--- Observa la figura que tienes
enfrente cuyo vientre está inflado, en el ombligo tiene una formación anular de
jade, allí un agujero que da cabida a la
llave, el instrumento de oxidiana que tomaste de la tumba, colócala en ese
lugar y observa lo que sucede.---
Dicho
y hecho, la figura se movió en retroceso, mientras los otros monolitos se
echaron a los lados hasta dejar libre el paso. El portal se había abierto,
junto a los secretos que en el se guardaban.
--- Con mucho cuidado, las entradas no
son tan sencillas, sobretodo los ingresos a estas cámaras están custodiadas por
maleficios, tienen trampas que hacen difícil su paso, si no se aprende a
descubrir y a esquivar.---
Era
la primera prueba a vencer antes de
penetrar al pabellón donde se escurría
en medio de un pasadizo formado de diferentes monumentos de piedra y que
contenía incrustaciones de piedras mágicas, grifos y otras estructuras
esculpidas de alto valor, que describían
el camino del paso de humanos a dioses.
Al
reiniciar la caminata, Manuel pisó la saliente de una roca lo que produjo un
gran estruendo.
--- Al suelo….! --- gritó alguien.
Un
enorme péndulo bajó de una de las gárgolas, raspando con alta precisión el costado
de los monolítos obligando a los caminantes a detenerse e incluso echarse para
atrás, para impedir ser impactado por la monumental laja, que bamboleaba de un
lado a otro con toda fuerza. El susto no fue para menos, quedando fríos de
espanto por el espacio de unos minutos mientras la base del péndulo se detuvo
al centro de una fosa que interrumpía el camino. Eso les permitió cruzar, como
un puente, hacia una cámara de regular tamaño que se reflejaba en azul verde de
la cúpula de múltiples piedras de jade que eran sostenidas en el espacio por
las ramas de cuatro ceibas petrificadas, que ascendían desde el suelo, donde
cada uno brotaba de los brazos de cuatro hachas que surgían de la tierra, que
simbolizaban el agua.
La
belleza era grande, tras las estructuras de piedra de la bases encontraron
esculpidas en cada una, los animales de la creación, el venado al norte, el
mono al oeste, el tepezcuintle al sur y el quetzal en el pedestal del oriente.
---
Todo aquel que ingresó a este lugar, por lujuria, en búsqueda de tesoros
terrenales, la soberbia por el poder que corrompe, por envidia de posesión de
tesoros y avaricia por acaparamientos, fue y será condenado a las tinieblas ---
habló el chamán.---
--- Si, hemos llegado lejos, sin
embargo no hemos podido dar respuesta a nuestras dudas de investigación…! ¿Qué
hay mas allá de la sorprendente belleza? ---
--- El tesoro mágico no es de
piedras preciosas, ni de ORO, es algo mas, que habremos de descubrir, con la
protección de los dioses. --- Volveré a la entraña de la tierra donde se recrea
la creación en búsqueda de la clave que nos permita ingresar al segundo
portal.---
SEGUNDO PORTAL.
El
tiempo había transcurrido, mas la expedición a pesar del cansancio continuaba,
buscaron acomodo en las entrañas de la estructura que representaba el cosmos,
admirando la sin par majestuosidad. El Chamán, se quedó acurrucado frente a las
esculturas de los animales, meditando, haciendo sus exclamaciones en forma de
oración, levantando sus brazos al cielo, pidiendo los favores de los dioses en
su trance de inspiración para lograr bienestar para los exploradores. Las horas
corrieron velozmente, hasta que después de un sueño reparador el grupo estaba
listo a continuar.
--- Debemos buscar el sepulcro del
segundo hijo de Tzultaká, quien es el guardián del mayor tesoro de este lugar,
será el punto de partida para poder encontrar el gran secreto de esta
expedición.---
Los
grifos que representaban las grandes hazañas y los mascarones de distintos
tamaños fabricados de material de piedra caliza, que se repetían ordenadamente
en el zócalo de las paredes de la cueva,
indicando un trazo continuo hacia el fondo de las raíces de una de las ceibas,
allí se encontró una formación circular,
como un asa de piedra pómez.
Andrés
tomó la iniciativa de moverlo, halo con toda fuerza, sin lograr ningún efecto,
tomó una vez mas el asa y en lugar de jalarla, le dio vuelta a la izquierda,
sin resultado, luego lo hizo a la derecha y la piedra mayor que la sostenía, se
movió, descubriendo un espacio donde se observó una laja, similar a la de la
entrada anterior. Con el apoyo del grupo removieron varias piedras en forma de
dado hasta dejar al descubierto la plancha del catafalco.
Se
sacudió la parte superior de la tumba, donde los jeroglíficos indicaban que se
trataba del cofre del guardián del segundo portal, esta permanecía sellada, sin
evidencia de haber sido violada. Varios retumbos se dejaron escuchar dentro de
la bóveda, que estremecieron a los expedicionarios, que optaron por refugiarse
en las concavidades del lugar.
El sacerdote Maya, levantó sus manos al cielo
y pronunció algunas palabras en su lengua, las arenillas llovían de la cúpula
del cielo, haciendo que el grupo experimentara temor de ser soterrados. Por
debajo de la laja del catafalco, se produjo una grita, que se terminó en
desmoronar con los movimientos. Un túnel se avistó, hecho de ladrillo cocido,
una catacumba que terminaba en una alcantarilla de drenaje.
-- Podría ser la entrada a la cámara
dos……
--- O podría ser una vía de escape
al exterior…..--- indicó Manuel.
--- Sin embargo no podemos dejar
inconclusa la visita, si no somos capaces de encontrar, la otra cámara y el
origen de la magia…..---
---Y el tesoro….?---
Con
el ánimo renovado volvieron hasta donde estaba la tumba del guardián con la
intención de abrirla. Este esfuerzo fue vano, en la cabecera de la misma se
encontró restos de una vasija de barro, que contenía una pintura que mostraba
la figura de un ser, que podía ser un dios o un ser muy importante que soltaba
de sus manos gotas de agua, que al caer al suelo se tornaban en vida, haciendo
renacer los campos.
--- El agua milagrosa de los
dioses.--- exclamó en sacerdote chamán --- el agua que da vida y fortaleza ---
--- Si…, dice la leyenda que en las
entrañas de la tierra, la fuente de la vida eterna… ese es el tesoro ---
comentó Andrés --- hay que volver al principio y buscar la puerta de
ingreso.---
No
había terminado de decirlo, cuando otro retumbo les hizo caer al suelo, las
piedras se movieron de lugar y la laja de la tumba se movilizó. En uno de los
costados se dejó ver un halo de humo que salió del catafalco, transformándose
en una figura fantasmagórica, que se presentó ante los 4 hombres.
El
chamán fue poseído, se puso de pie y con toda su indumentaria de gran guerrero,
a los ojos de los expedicionarios, se mostró con todo su poder. Y les mostró en
sus mentes.
“… En las tierras de mi padre, Cival
y Hulmul eran comunidades llena de paz y santidad, grandes estudiosos de los
cielos que había descubierto en sus tierras la maravillosa fuente del jade
azul, que les daba vida y de salud, haciéndoles sanos y sabios, sumisos ante
los dioses y apartados de las guerras. Todo esto había sido un milagro
proporcionado del dios mayor Tzultaká. Debido a las envidias y a los rumores se
regó como pólvora el secreto de las aguas mágicas, esto llegó a los confines
del reino donde los demás clanes que vivían de la guerra y la depredación, decidieron
conquistar y destruir nuestras ciudades, con el fin de apoderarse del tesoro.
Grandes
ejércitos cayeron sobre las ciudades y las destruyeron acabando con todos sus habitantes. Algunos sacerdotes
y hombres de bien se ocultaron en las catacumbas, para poner a salvo el tesoro,
pero sucumbieron con el tiempo al encontrarse sitiados por los enemigos.
Mi
padre el gran Tzultaká, envió de los confines del cielo un castigo para los
invasores, las plagas de insectos que chupaban la sangre de las orejas de los
hombres y les causaban la muerte. Además un gran terremoto que soterró ambas
ciudades con todo su arte y los secretos. Infieles de la tierra, abandonen el
lugar sino quieren ser castigados como los demás.”
El
sacerdote cayó al suelo, luego del trance, mientras el espíritu del guerrero
reposó nuevamente en el catafalco. El grupo se encontraba desconcertado de la
visión que había recibido, que decidieron tomar conciencia, abandonando la
búsqueda de las gotas del agua mágica, por lo que decidieron volver hasta el
túnel recién abierto, penetraron hasta el fondo donde siguiendo el trayecto del
agua, que les hizo caminar un largo trecho hasta llegar hasta el lecho de un
río que corría en las afueras de la comunidad.
Un
nuevo temblor de tierra se produjo que además de sellar la cueva, desmoronó
todo el interior de la iglesia y dejó totalmente oculto nuevamente la ciudadela
y los tesoros en ella.
El
secreto se quedó allí abajo en las catacumbas, junta a la gruta de la iglesia
que desapareció por arte de magia, como lo advirtió el espíritu del guardián.
Ahora es una leyenda.