miércoles, 27 de junio de 2012

BAJO EL ALTAR


          Un ruido extraño círculo por los campos, un primer remezón se dejó sentir durante unos 40 segundos, las paredes crujieron mientras transformaban gritas en el entorno de las paredes, el repello desprendido revoloteaba cayendo en los  enseres del interior de las casas. El compás de la sacudida que se hizo en extremo de pánico, se acompaño de la rotura de cristales, los trastos caídos, los traqueteos de los objetos  que caían estrepitosamente chocaban en contra del suelo. Un reloj de péndulo se desplomó mostrando con sus agujas la hora del terrible suceso. Las 5 y 23 de la mañana.
          En las afueras, sobre las aceras del pueblo, el pánico de los transeúntes, se reflejaba en agonía de gritos, desgarradores llantos y voces de auxilio que se asomaban a lo largo de calles, avenidas que circulaban el miedo por doquier, en la  plaza central, agazapados los indigentes temblaban junto a  los arriates, las bancas de piedra se desmoronaban junto a los árboles que se sacudían, botando frutos, ramas y hojas, los monumentos se movían en todas direcciones, descomponiendo las figuras y botando las estatuas que formaban parte los ornamentos de su estética.
          Las campanas de la iglesia se habían desprendido de lo alto del frontispicio, impactando en el atrio, causando un gran estruendo, lo que causó escenas de miedo reflejadas en las correderas de los feligreses, otros se aglomeraban curiosos en las afueras de sus casas, lamentándose, mientras  otros permanecían hincados santiguándose y clamado a Dios, por su salvaguarda.
          Tras una calma relativa, acompañada de pequeñas réplicas, que hacía recordar de inmediato el susto inicial, mas personas empezaron a deambular como almas en pena en búsqueda de familiares y heridos en los alrededores de las viviendas y sitios públicos. En las callejuelas se habían acumulado pedazos de ladrillo y adobes de todos tamaños que obstruían las aceras, donde restos de las cornisas que se convirtieron en polvo al desprenderse, restos de madera se encontraban desparramado en las zaguanes de las casas.
          Se dejaban escuchar los pedidos de auxilio, mientras otros avisaban sobre posibles víctimas y realizaban esfuerzos desde el interior de sus moradas pretendiendo salir  empujando las puertas atrancadas por los volcanes de ripio acumulado.
          En búsqueda de víctimas vecinos se acercaron a la Iglesia a través de la entrada de la sacristía, derribaron la puerta, penetraron al interior del templo, con el fin de auxiliar a las rezadoras que madrugaban, los acólitos, el sacristán y el sacerdote que allí pernoctaban. Todo se encontraba revuelto, parte del techo descansaba sobre los reclinatorios, una de las vigas principales había echo impacto al costado del confesionario junto a la entrada del saloncito utilizado de vestidor, pasadizo que conducía hacia la nave central de la iglesia, cuyas pinturas de relieve se habían desprendido de lo alto impactando en el retablo, el vidrio que protegía la  urna que resguardaba la  Virgen del tránsito, rota por los costados, pero allí permanecía intacta la imagen. A inmediaciones del altar mayor, donde justamente se guardaban los dorados candelabros y los copones de oro. En la vecindad de la mesa se había producido una grieta de grandes dimensiones.
          A unos metros de distancia fue encontrado el señor cura quien vestía los respectivos atuendos para efectuar el acto religioso de la mañana, estaba boca abajo con una herida sangrante en la cabeza y en estado inconciente, la atención se le brindó inmediatamente,  utilizando los restos de madera de una puerta, fue improvisada una camilla para sacarle hasta la calle. Justo antes que una réplica se hiciera presente, que tambaleó todo y terminó de derrumbar gran parte de la cúpula y el techo de la casa parroquial.
          Los cuerpos de socorro se habían hecho presentes para prestar los primeros auxilios luego de estabilizarlo le condujeron al viejo hospital, que también había sufrido los embates del terremoto. Debido a la caótica situación y la sobrepoblación de heridos que acudían a pedir consuelo y en búsqueda de alivio. La atención fue tardía y escasa, pero en fin se logró
          Los patios del viejo edificio se convirtieron en salas de emergencia habiendo improvisado mantas como tiendas de campaña, donde los médicos hacían denodados esfuerzos para atender a los heridos.

          El sol había hecho su ingreso en medio de la tragedia, los equipos de salud correteaban conduciendo las camillas por los pasadizos, salones que a medio derrumbarse, producían una escena de desolación, de los que por azares del destino habían sucumbido tan solo por encontrarse en vías de curación y no había encontrado la salida que les resguardara la vida.  Muertos y heridos era el saldo de catástrofe.
          Las noticias circulaban por todo el mundo y junto a las autoridades se hacían esfuerzos para apoyar a toda la población. El panorama general era triste, cientos de fallecidos, otro montó de golpeados, con tan pocas medicinas y recursos que en fin el agua potable escaseaba así como los alimentos, para ajuste de penas como vendaval no dejaban llegar heridos provenientes de las todos lados y de las aldeas cercanas.  
          Ya hoy, ocho días después, amaneció mas tranquilo, las réplicas se tornaron infrecuentes, solamente las nubes de polvo, que por acción de los vientos se levantaban en todas direcciones, cubriendo como ceniza todos los tejados que aun permanecían en pie. La población había iniciado su labor de descombramiento, en búsqueda de desaparecidos o de inocentes que no tuvieron tiempo de escapar y yacían soterrados en sus propias casas.

          El padre Meme, ya en franca recuperación, pintado de mercuro cromo en los raspones de la cara y el incomodo yeso que le cubría el brazo izquierdo, se presentó junto a un grupo de feligreses y autoridades del municipio con el fin de establecer el estado en que había quedado la parroquia. Con la ayuda de equipo de demolición se abrieron paso a través de una de las puertas laterales de la iglesia, removiendo escombros y efectuando labores de limpieza.
          La nave central de la parroquia, bastante deteriorada permanecía en algunas secciones detenida por las columnas, grandes fragmentos que habían caído dejaban desnudas las paredes y el azul del cielo como techo. La cúpula había cedido en muchas áreas que apenas descansaban pálidamente sobre las vigas y columnas laterales que se recostaban en el altar mayor, que parecía estar intacto, por efecto del viento el polvillo que soltaban las rajaduras daban la sensación de estar a punto de desmoronarse. El resto del techo se había desplomado, destruyendo altares auxiliares, santos, púlpito, cortinaje que se había desgarrado parcialmente, mientras otros permanecían aún colgadas de las cornisas, donde las palomas habían tenido sus nidos, estas revoloteaban  alrededor a la presencia de ruido.
          Con grandes esfuerzos y abriendo brecha llegaron hasta altar, donde se sorprendieron por la magnitud del agujero que se había formado a un costado, apoyados con lámparas de gas, ubicaron el sitio sin poder estimar el fondo de la fosa, que representaba un peligro por su tamaño. La exploración les hizo  continuar hacia la sacristía, donde sorprendentemente con el descubrimiento de algunos textos antiguos que se encontraban tirados junto  a las estanterías de la biblioteca, junto a ellos algunos tomos que servían para asentar los bautizos y demás actos litúrgicos del lugar.
          El proceso de descombramiento continuó a paso de tortuga, las cuadrillas de peones enviados por el gobierno, permanecía en sus labores a medio vapor que de pronto se veían suspendidas con la presencia de pequeños movimientos telúricos que sacudía la enorme construcción. La imagen de la Virgen había sido rescatada y llevada a un lugar seguro para su conservación, pues la urna de vidrio se había roto por completo.
          Rodeado de la curiosidad del caso el Padre Manuel, después de haber investigado uno de los libros de historia encontrado en la biblioteca de la sacristía, donde descubrió unos escritos que hablaban del inicio de la construcción del edificio, narrando que allá por los años previos a la llegada de los Españoles, existió en ese lugar una ciudadela Maya, donde efectuaban sacrificios, era morada de sacerdotes y altos jefes indígenas del lugar, cuyo reinado se extendía a lo largo y ancho de ese valle, tenía una alta jerarquía, y mucho poder que les permitía mantener sojuzgado a todo un pueblo. Debido a esto  existían en estos templos innumerables tesoros, por lo que los reyes, del lugar se había ganado enemigos en las comarcas vecinas esto había provocado enfrentamientos entre las clases sociales y las jefaturas de otros reinos, guerras que les llevaron casi a su extinción por lo que el Gran Tzultacá dios de los vientos  nombró a dos caudillos, sus hijos, cuidadores del sitio sagrado del supremo creador.
          Los habitantes desaparecieron, por múltiples razones, pero el lugar que se consideraba sagrado, era conocido como un paso intermedio entre lo mundano y el cielo, morada de los  dioses. Según  referían  los escritos, en ese lugar era donde reposaba  el espíritu y el alma de la serpiente con plumas, donde anidaba y resguardaba los grandes secretos del pasado de los ancestros mayas.
          Por tanto enfrentamiento, por la avaricia y envidia de los pueblos circunvecinos, en castigo los dioses habían provocado cataclismos para ocultar la ciudadela y que permaneciera soterrada y vedada para las generaciones futuras, por ser un lugar solo digno de los sacerdotes iluminados, proscrito para los humanos comunes, se le dio la connotación de centro del mal, para que los plebeyos, no osaran visitarlo.
          Ya en la colonia a instancias de los frailes, que se establecieron el lugar quienes escribieron la historia, basada en relatos de comunicación oral de los ancianos indígenas, e influenciado por el misticismo y el temor reflejado en las historias, se propusieron construir la iglesia sobre este sitio, sin dejar rastros de la ciudadela Maya fincada en el lugar. Allí se desarrollo la comunidad y floreció el pueblo, conocido como Estancia de la Virgen.
          El cura contactó a través de las autoridades de la curia, a un personaje, aventurero un arqueólogo, con el fin de que investigara los orígenes de los relatos, contenidos en el libro que hablaba sobre el origen de la leyenda, y la presencia de la caverna dentro de la iglesia, que además incentivó la curiosidad de investigar mas a fondo. Los trabajadores en el sitio, se escapaban por la generación temor por la presencia de algo malo, debido a los rumores de la gente y sobre todo de los ancianos del pueblo, quienes conocían de las leyendas del pasado.
          Cierta mañana, en compañía de Andrés, el arqueólogo, un anciano chamán  y un  asistente indígena, iniciaron la expedición, en búsqueda de la verdad del origen de las leyendas. Descendieron en la caverna, a través de escalinatas fabricadas de lazos, con sendas mochilas y lámparas de gasolina. El descenso de unos cuantos metros, fue en principio sencillo, hasta llegar a un fondo que parecía ser de roca masisa, cuyo espacio de unos 5 metros de diámetro, apuntaba a un recinto de mucha humedad, con tierra barrosa. Se trazaron un punto de referencia y siguiendo una línea recta de exploración llegaron hasta una de las paredes lateral donde guiados por la luz, observaron una piedra, incrustada en el barro, un monolito con señales de haber sido esculpida, de buen tamaño, con esfuerzo fue movilizada escarbando a sus alrededores, hasta que el paredón cedió, dejando una abertura que comunicaba a con otro recinto. La roca, cayó a los pies de los exploradores, quienes la revisaron descubriendo que tenía las características una cabeza humana labrada, de ojos grandes, la boca entreabierta, cuyas orejas formaban las asas como de una vasija.
---Interesante.--- exclamó Andrés --- colóquenla en la mochila  la estudiaremos después.---
--- Tiene similitud a las cabezas gigantes de los Olmecas.--- indicó Manuel.
          En fila india los cuatro penetraron el espacio, hasta llegar a una cámara, donde muchas de las formaciones de piedra, monolitos y vasijas, se encontraban tirados por los alrededores, por los efectos del tiempo y de los temblores. Las luces de las lámparas se reflejaban en las paredes, ayudaban a que la exploración fuera no muy adecuada, cada objeto era minuciosamente revisado.
          La humedad se había hecho la protagonista, produciendo frío en el grupo, mientras deambulaban en búsqueda de mas objetos. El asistente del Chamán, tropezó con una laja de dos y medio metros de largo, que mostraba glifos y figuras, disponía de asas que dejaba ver como las entradas que servían para levantar la loza, habían muescas en su costado, que asemejaban intentos de querer penetrar al catafalco. Andrés apostando las lámparas sobre la laja, limpió la cubierta, e invitó al Chamán a interpretar las inscripciones.
--- Este es una catafalco…..hummm...!, la tumba de un guardián muy importante, un príncipe, o un guerrero de alta jerarquía.-- indicó
          Tomando una barra de acero y con la ayuda de todos hizo palanca para levantar la pesada plancha, la que apenas se movió, la consistencia de la tierra no dejaba que la palanca hiciera apoyo en su costado, insistieron en otro lugar cerca de la esquina de la laja, apenas se levantó colocaron una cuña, que les permitió meter la barra y movilizar poco a poco la piedra, después de un arduo esfuerzo el catafalco fue descubierto, un extraño sonido, como lamento, se dejó escuchar que provenía del fondo de la caverna.
          Un esqueleto humano fue el hallazgo, engalanado con múltiples piezas de jade en forma de collar y alrededor de las muñecas. Un instrumento de oxidiana que se encontraba  en los huesos de una mano.
--- Es una llave, el símbolo de  guardianía del tesoro del jade. Vaya sorpresa ---indicó el chamán.   
          El miedo les invadió, que se manifestó con piel de gallina y sensación de calofríos hacia a lo desconocido, pero optaron por alejarse de la tumba, mientras Andrés valientemente,  revisaba  el cadáver y los atuendos que se encontraban a su alrededor. Recogió el instrumento de oxidiana, justo por el consejo de  guardarlo para después.
          Los indígenas sentados a lo lejos, hablaban en voz baja,  expresando algo de  temor, mientras Manuel juntaba fuego para calentar el ambiente, Una pequeña llama que se inclinaba hacia la entrada, como empujada por el viento que circulaba desde fondo, indicando la dirección del aire, lo que se formaba imágenes espectrales que se alongaban hacia el cielo, por el movimiento de la llama. Eso le recordó e hizo memoria de las lecturas del libro sagrado, allí se relataba sobre el hallazgo de dos portales, cada uno guardado por los hijos del dios Tzultaká,  que representaban  los secretos enterrados en ese sitio en el pasado. El primero el guardián del jade, era el que rompía el hechizo para penetrar al inframundo.
                    La luz se hizo mas brillante, un formación de piedra en forma de escalón se dejó ver a los pies de la tumba, era el introito al portal. La curiosidad se hizo presente, con las manos y algunos instrumentos cavaron hasta encontrar el inicio de un camino de una cueva que descendía a un espacio, el agujero de la entrada era muy reducido, por lo que a gatas y arrastrándose de pecho en tierra penetraron guiados por las gradas. Penetraron a un espacio siempre estrecho donde varios monumentos de piedra de figuras de hombres encuclillados, sentados y de rodillas les franqueaban la entrada a otros túneles, como catacumbas.
--- Si el espacio se hace mas pequeño, pero debo encontrar el significado de la instrumento de oxidiana---dijo Andrés.
---Es la llave del inframundo de los espíritus.--- el asistente del chamán
--- Observa la figura que tienes enfrente cuyo vientre está inflado, en el ombligo tiene una formación anular de jade, allí un agujero que da cabida  a la llave, el instrumento de oxidiana que tomaste de la tumba, colócala en ese lugar y observa lo que sucede.---
          Dicho y hecho, la figura se movió en retroceso, mientras los otros monolitos se echaron a los lados hasta dejar libre el paso. El portal se había abierto, junto a los secretos que en el se guardaban.
--- Con mucho cuidado, las entradas no son tan sencillas, sobretodo los ingresos a estas cámaras están custodiadas por maleficios, tienen trampas que hacen difícil su paso, si no se aprende a descubrir y a esquivar.---
          Era la primera prueba  a vencer antes de penetrar al pabellón  donde se escurría en medio de un pasadizo formado de diferentes monumentos de piedra y que contenía incrustaciones de piedras mágicas, grifos y otras estructuras esculpidas  de alto valor, que describían el camino del paso de humanos a dioses.
          Al reiniciar la caminata, Manuel pisó la saliente de una roca lo que produjo un gran estruendo.
--- Al suelo….! --- gritó alguien.
          Un enorme péndulo bajó de una de las gárgolas, raspando con alta precisión el costado de los monolítos obligando a los caminantes a detenerse e incluso echarse para atrás, para impedir ser impactado por la monumental laja, que bamboleaba de un lado a otro con toda fuerza. El susto no fue para menos, quedando fríos de espanto por el espacio de unos minutos mientras la base del péndulo se detuvo al centro de una fosa que interrumpía el camino. Eso les permitió cruzar, como un puente, hacia una cámara de regular tamaño que se reflejaba en azul verde de la cúpula de múltiples piedras de jade que eran sostenidas en el espacio por las ramas de cuatro ceibas petrificadas, que ascendían desde el suelo, donde cada uno brotaba de los brazos de cuatro hachas que surgían de la tierra, que simbolizaban el agua.
          La belleza era grande, tras las estructuras de piedra de la bases encontraron esculpidas en cada una, los animales de la creación, el venado al norte, el mono al oeste, el tepezcuintle al sur y el quetzal en el pedestal del oriente.
---  Todo aquel que ingresó a este lugar, por lujuria, en búsqueda de tesoros terrenales, la soberbia por el poder que corrompe, por envidia de posesión de tesoros y avaricia por acaparamientos, fue y será condenado a las tinieblas --- habló el chamán.---
--- Si, hemos llegado lejos, sin embargo no hemos podido dar respuesta a nuestras dudas de investigación…! ¿Qué hay mas allá de la sorprendente belleza? ---
--- El tesoro mágico no es de piedras preciosas, ni de ORO, es algo mas, que habremos de descubrir, con la protección de los dioses. --- Volveré a la entraña de la tierra donde se recrea la creación en búsqueda de la clave que nos permita ingresar al segundo portal.---

SEGUNDO PORTAL.

          El tiempo había transcurrido, mas la expedición a pesar del cansancio continuaba, buscaron acomodo en las entrañas de la estructura que representaba el cosmos, admirando la sin par majestuosidad. El Chamán, se quedó acurrucado frente a las esculturas de los animales, meditando, haciendo sus exclamaciones en forma de oración, levantando sus brazos al cielo, pidiendo los favores de los dioses en su trance de inspiración para lograr bienestar para los exploradores. Las horas corrieron velozmente, hasta que después de un sueño reparador el grupo estaba listo a continuar.
--- Debemos buscar el sepulcro del segundo hijo de Tzultaká, quien es el guardián del mayor tesoro de este lugar, será el punto de partida para poder encontrar el gran secreto de esta expedición.---
          Los grifos que representaban las grandes hazañas y los mascarones de distintos tamaños fabricados de material de piedra caliza, que se repetían ordenadamente en  el zócalo de las paredes de la cueva, indicando un trazo continuo hacia el fondo de las raíces de una de las ceibas, allí se encontró  una formación circular, como un asa de piedra pómez.
          Andrés tomó la iniciativa de moverlo, halo con toda fuerza, sin lograr ningún efecto, tomó una vez mas el asa y en lugar de jalarla, le dio vuelta a la izquierda, sin resultado, luego lo hizo a la derecha y la piedra mayor que la sostenía, se movió, descubriendo un espacio donde se observó una laja, similar a la de la entrada anterior. Con el apoyo del grupo removieron varias piedras en forma de dado hasta dejar al descubierto la plancha del catafalco.
          Se sacudió la parte superior de la tumba, donde los jeroglíficos indicaban que se trataba del cofre del guardián del segundo portal, esta permanecía sellada, sin evidencia de haber sido violada. Varios retumbos se dejaron escuchar dentro de la bóveda, que estremecieron a los expedicionarios, que optaron por refugiarse en las concavidades del lugar.
           El sacerdote Maya, levantó sus manos al cielo y pronunció algunas palabras en su lengua, las arenillas llovían de la cúpula del cielo, haciendo que el grupo experimentara temor de ser soterrados. Por debajo de la laja del catafalco, se produjo una grita, que se terminó en desmoronar con los movimientos. Un túnel se avistó, hecho de ladrillo cocido, una catacumba que terminaba en una alcantarilla de drenaje.
-- Podría ser la entrada a la cámara dos……
--- O podría ser una vía de escape al exterior…..--- indicó Manuel.
--- Sin embargo no podemos dejar inconclusa la visita, si no somos capaces de encontrar, la otra cámara y el origen de la magia…..---
---Y el tesoro….?---
          Con el ánimo renovado volvieron hasta donde estaba la tumba del guardián con la intención de abrirla. Este esfuerzo fue vano, en la cabecera de la misma se encontró restos de una vasija de barro, que contenía una pintura que mostraba la figura de un ser, que podía ser un dios o un ser muy importante que soltaba de sus manos gotas de agua, que al caer al suelo se tornaban en vida, haciendo renacer los campos.
--- El agua milagrosa de los dioses.--- exclamó en sacerdote chamán --- el agua que da vida y fortaleza ---
--- Si…, dice la leyenda que en las entrañas de la tierra, la fuente de la vida eterna… ese es el tesoro --- comentó Andrés --- hay que volver al principio y buscar la puerta de ingreso.---
          No había terminado de decirlo, cuando otro retumbo les hizo caer al suelo, las piedras se movieron de lugar y la laja de la tumba se movilizó. En uno de los costados se dejó ver un halo de humo que salió del catafalco, transformándose en una figura fantasmagórica, que se presentó ante los 4 hombres.
          El chamán fue poseído, se puso de pie y con toda su indumentaria de gran guerrero, a los ojos de los expedicionarios, se mostró con todo su poder. Y les mostró en sus mentes.
“… En las tierras de mi padre, Cival y Hulmul eran comunidades llena de paz y santidad, grandes estudiosos de los cielos que había descubierto en sus tierras la maravillosa fuente del jade azul, que les daba vida y de salud, haciéndoles sanos y sabios, sumisos ante los dioses y apartados de las guerras. Todo esto había sido un milagro proporcionado del dios mayor Tzultaká. Debido a las envidias y a los rumores se regó como pólvora el secreto de las aguas mágicas, esto llegó a los confines del reino donde los demás clanes que vivían de la guerra y la depredación, decidieron conquistar y destruir nuestras ciudades, con el fin de apoderarse del tesoro.
          Grandes ejércitos cayeron sobre las ciudades y las destruyeron  acabando con todos sus habitantes. Algunos sacerdotes y hombres de bien se ocultaron en las catacumbas, para poner a salvo el tesoro, pero sucumbieron con el tiempo al encontrarse sitiados por los enemigos.
          Mi padre el gran Tzultaká, envió de los confines del cielo un castigo para los invasores, las plagas de insectos que chupaban la sangre de las orejas de los hombres y les causaban la muerte. Además un gran terremoto que soterró ambas ciudades con todo su arte y los secretos. Infieles de la tierra, abandonen el lugar sino quieren ser castigados como los demás.”
          El sacerdote cayó al suelo, luego del trance, mientras el espíritu del guerrero reposó nuevamente en el catafalco. El grupo se encontraba desconcertado de la visión que había recibido, que decidieron tomar conciencia, abandonando la búsqueda de las gotas del agua mágica, por lo que decidieron volver hasta el túnel recién abierto, penetraron hasta el fondo donde siguiendo el trayecto del agua, que les hizo caminar un largo trecho hasta llegar hasta el lecho de un río que corría en las afueras de la comunidad.
          Un nuevo temblor de tierra se produjo que además de sellar la cueva, desmoronó todo el interior de la iglesia y dejó totalmente oculto nuevamente la ciudadela y los tesoros en ella.
          El secreto se quedó allí abajo en las catacumbas, junta a la gruta de la iglesia que desapareció por arte de magia, como lo advirtió el espíritu del guardián. Ahora es una leyenda.

viernes, 1 de junio de 2012

EL MESTIZO.


          El golpe de la olas hacía trastrabillar el barco, los restos de las velas se extendía con la fuerza del viento, mientras en su interior las olas escupía agua al puñado de esclavos que hacinados en una de las bodegas, se manifestaban con gritos y gemidos, horrorizados llenos de temor.
          La mayoría semi desnudos, con sendos grilletes en manos y piernas, que se aferraban al deseo de seguir vivos, los naufragios en la costa atlántica de las Américas era frecuente y de consecuencias fatales.
          En el fondo, cubiertas hasta la cabeza las féminas imploraban a sus creencias, para que se apiadaran de ellas y les permitiera llegar a puerto con vida.
          Pasadas unas cuantas horas de miedo, llegó la tranquilidad,  después ceder la fuerza de la tormenta les permitió respirar con mayor desasosiego, mientras se acercaban lentamente al puerto predestinado. Amontonados junto a sacos de trigo, barriles que había rodado por los movimientos, en tan poco espacio, se ponían de pie para estirar las piernas esperando que la calma fuera para bien. Habían llegado vivos y eso era como una bendición en medio de tanta desgracia.
          Los gritos de los carceleros se dejaron escuchar mientras a punta de látigo, los conminaban a salir después de soltar los grilletes, a duras penas, arrastrando las cadenas, uno a uno abandonó el recinto, para de pronto recibir después de tantos días, la luz del sol.
          En el improvisado muelle varios hombres con sendos mosquetes hacían valla sobre los maderos a fin de que una fila se condujera hasta un carretón que les hacía espera en un malecón de la playa. Entregada la carga se enfilaron por un camino, que se hacía paso entre platanares, rumbo a las casuchas del casco de la finca.
--- Señor caporal….!, Señor Caporal…! ---
---Llegó el cargamento de esclavos.--- indicaron --- son dos… cuatro --- mientras hacía el recuento ---- veinte y tres…!,---
--- ¿Y el resto?... ofrecieron 40…..---
--- el resto murió en el viaje y los botaron al mar.---
--- Acomódelos en el granero… después veremos que hacer con ellos.---
Sumisos y en silencio fueron hacinados en un local que se utilizaba para animales, sus cuerpos famélicos, con múltiples escaras producidas por los grilletes, que con el contacto del agua salada habían cicatrizado a medias.
          Todo el cargamento había sido vendido por encargo del  Hacendado de TACTIC, en el norte de la provincia de Carlos V., en las fértiles tierras de los Indios Kek´chi, requeridos para sembrar la tierra, cultivar la uva, la caña y hacer mover las moliendas de la panela, para elaborar la azúcar.
          Ya ubicados en las tierras de San Cristóbal Verapaz, fueron separados los 18 hombres, que por sus características, de fortaleza, negros africanos, se incorporaron a las labores del corte de la caña, otros no tan afortunados a mover a puro pulmón, las ruecas que trituraban la varas para producir el jugo de guarapo que luego se transformaba en el dulce de panela.
          Las mujeres fueron llevadas a las labores de cortar leña, unas ayudaban en la cocina, otras se encargaban de los labores de limpieza y de recoger en tinajas el agua del río que vecino recorría la pradera. Había una de las mujeres que se distinguía de las otras, por permanecer siempre con el rostro cubierto, mostrando únicamente sus grandes ojos negros, profundos y misteriosos. Silenciosa, AISHA permaneciendo alejada del grupo cuando este se daba a la tarea de cantar sus cánticos de lamento de su origen africano, especialmente cuando caía la noche. mientras se acompasaban junto al fuego a llorar sus desgracias, mientras mordisqueaban un pequeño trozo de su alimento. 
          Ella, se acurrucaba en una esquina del caserón a divagar en sus pensamientos, siempre a la caída del sol buscaba un lugar oculto para dedicar un tiempo a orar a su Dios, reconfortarse con sus ideas. Morena de la piel pero de origen musulmán, odalisca mora descendiente de árabes, atrapada en las redes de los comerciantes de esclavos en los puertos españoles del Mediterráneo.
          Como todos los esclavos se hizo a las labores que les eran ordenadas, en sumisión hacía sus arduas labores del campo, además de participar en la elaboración de los alimentos en las cocinas de la hacienda., con el poco aprendizaje del idioma hispano, lograba en mas de una oportunidad de hacerse entender y comprender los mandatos. Sumisa y callada, observaba como las cocineras maestres, elaboraban los alimentos para el Comendador y su familia, poco a poco se fue ganando la confianza de los mayordomos, quienes le hicieron vestir adecuadamente para que atendiera la mesa durante las comidas. Como parte de su atuendo nunca dejó de ponerse un pañuelo que le ocultara el rostro como era su tradición.
          Un día fue llamada al despacho del Comendador, quien preso de curiosidad inquirió sobre el ocultamiento del rostro de la mucama.
--- Aisha es tu nombre?.—le dijo.
--- Si mi señor….--- dirigiendo su mirada al suelo en signo de obediencia,  detrás de su pañuelo que le dejaba ver únicamente sus ojos.---
--- Y a que se debe que ocultar el rostro en mi presencia…?---
--- Mi señor…. Soy musulmana, no debo dejar ver mi rostro de extraños e infieles---
--- Ja, Ja, entonces ahora somos infieles….---
Ella permaneció en silencio.
--- Aquí el amo y señor soy yo… nada de infieles, ni extraños --- Haber alguien que le quite ese trapo de la cara.---
          Uno de los asistentes se acercó y con lujo de fuerza le arrebato el pañuelo, instintivamente la joven cubrió con sus manos el rostro y se volteo de espaldas.
          Fue tomada por dos hombres y llevada frente a frente al Comendador, con las manos retenidas a su espalda.
--- Ajaa..!, con que eres una descendiente de Moros, bello rostro, ojos grandes hermosos, --- suéltenla!....---
          La chica se retiró unos metros atrás y con la manga y la hombrera se cubrió nuevamente, mientras caía sentada en el suelo.
--- De hoy en delante cuando estés en mi presencia, NO USARAS NADA PARA CUBRIR ESO LINDO ROSTRO...— sentenció el amo.
          Ella se incorporó y salió corriendo, una lágrima en sus ojos se hizo presente mientras abandonaba el recinto.
          Las invitaciones a visitar al Comendador se hicieron mas frecuentes, para atenderle en su estudio y cuando se encontraba en la biblioteca, ha veces la hacía llamar para que le atendiera en la toma de los alimentos, cuando le servían el Té por las tardes. Para lo cual la joven no ponía resistencia y aunque no le agradaba, mostraba su actitud de resistencia con la inexpresión del rostro. El tiempo transcurría y las lunas pasaban, ni una sola palabra era emitida, solo asentía con un movimiento de la cabeza, se apegaba a las ordenes pero en un total mutismo.
          En cierta oportunidad fue sacada a la fuerza de su lecho y llevada por órdenes del Amo a sus habitaciones, donde le encontró sentado en una butaca con un vaso de vino rojo en la mano.
--- Mi fierecilla mora, he buscado la manera de hacer menos infeliz tu estancia en esta casa, para lo cual te he tenido a mis servicios, pero no he dejado que tu te muestres agradecida conmigo. Por lo que no espero tener que ordenarte que compartas mi lecho….
          A pesar de mostrar su resistencia y con todo el valor de una mujer, entró en combate con su propia conciencia, después de haber sido amenazada con una espada, con la fuerza del opresor, el caballero se mostró bestia, vilmente la mancilló a pesar de sus negativa.

          Oculta permaneció un tiempo, mientras su congoja hacía frente a su tortura, no encontraba lágrimas ni quejas que le reconfortaran su pecado, acompañada de molestias estomacales, le llenaba de coraje al imaginarse embarazada, la ignorancia sobre su estado de sentirse incomoda con el crecimiento de su vientre. Sus compañeras del alojamiento, le reconfortaban para seguir adelante con su misión.
          Ya no se le veía asomarse a la cocina y menos a atender en el servicio de la mesa en la cena, junto a los rumores que corría por pasadizos de la hacienda que daban cuenta de advenimiento pronto de un nacimiento.
          Con toda premura fue sacada mediante un carruaje y acompañada de varias sirvientas, siendo llevada al convento de las Hermanas Clarisas, asentadas en el valle de la Asunción. Por ordenes del Comendador fue entregada a la Madre superiora con el fin de que fuese atendida en su parto, con toda la secretividad del mundo.
          Nadie supo que fue lo que pasó, pero un niño vio la luz en los recintos del monasterio, bautizada por la hermanas como JUAN, hijo de AISHA, quien en su tránsito de dar a luz, pasó a formar parte de los muertos y enterrada con todo sus recuerdos en los campos del convento. Lejos de su origen, de su casa, si  allá lejos de la Hacienda, que en algún momento la cobijó.
          Juan, le decían El Mestizo, un muchachito simpático, vivaracho, que se hizo a la vida de las religiosas, ausente de malos recuerdos, de su origen, aprendió a leer y escribir, haciéndose a fé cristiana, donde se le inició con los sacramentos como el de la comunión.
          Llegado a cierta edad fue enviado a vivir en las afueras del convento, en casa del jornalero que trabajaba para las monjas, quien le enseñó, la carpintería, las labores de labriego. Siempre manifestó su aptitud hacía las letras, leía cuanto libro caía en sus manos, aprendiendo a través de esto muchos secretos de diario acontecer. La curiosidad en cuanto a su vida, fue una de sus cosas que le inquietaba, pero nadie le supo dar una explicación razonable. Su piel morena, sus ojos negros, grandes como los de su madre, eran signos que marcaban diferencia en cuanto a las otras personas que allí vivían por el lugar.
          Cuando llegó a los doce años, se embarcó con la bendición de su tutor, en una caravana de Gitanos que transitaban por la comarca, visitando pueblos en toda su trayecto del viaje hacía a la capital del Reino.
          El Mestizo, aprendió de sus compañeros, se hizo conocer por su habilidad con los trucos de la magia, facilidad para la oratoria, su palabra impresionaba a cuantas personas e incautos pobladores de las aldeas a su paso que se ponían a escucharle. El don del convencimiento era su mayor gracia.
          Así llegó a la ciudad, Capitanía General y capital del Reino, mas que en búsqueda de fortuna, de cultura. Gracias a las recomendaciones del convento de las Clarisas de la Ciudad de Carlos V, se logró incorporar a la escuela pública de ciudad.
          En un principio fue poco aceptado por los demás alumnos, especialmente los criollos, quienes le menospreciaban por su color, sin embargo se hizo respetar por su capacidad y su don de gente, aunque se sentaba en las bancas posteriores, reservadas a los mestizos e indios, con quienes entablo una buena amistad.
          Emplazado infinidad de veces por sus escritos y discursos en defensa de los indígenas, en defensa de los derechos, apelando por un mejor trato e igualdad de condiciones de vida como todos los demás, lo que le llevó frente al Rector, quien le reprendía por su actitud de opositor a los cánones monárquicos de igualdad. Hasta recibir amenazas de ser expulsado de las aulas, si sus pensamientos en contra de la corona no cesaban. Así fue creciendo su fama, hasta llegar a oídos de los grupos de nacionalistas que en secreto se reunían con ideas independentistas.
          La capitanía general, presa de muchas tensiones locales y debido a las noticias de convulsión en el Virreinato, se encontraba intrigada por los rumores de los posibles alzamientos en toda la Nueva España.

          La luna campeaba sobre las lomas y tecolotes cantaban al unísono, mientras en el camino de terracería se movilizaban un grupo de jinetes a medio trote que buscaban alcanzar los llanos de la villa de Totonocapán.
          El Caudillo Atanasio Tzul, al comando de un puñado de  indígenas y mestizos, se encontraba parapetado cerca Montesano, en espera del grupo que llegaría de las provincias que apoyaban el movimiento. En las afueras del pueblo, el nerviosismo se hacía presente de los hombres quienes armados de un par de mosquetes, machetes y palos, trataban de darse valor con la firme convicción de iniciar la refriega contra el gobierno de la corona española.
          Los cañones se hicieron presentes y sorprendieron a los alzados, los regimientos de los Altos cayeron sobre los insurgentes y los destrozaron sin misericordia, los pocos que quedaron con vida fueron capturados y llevados a la gobernación del municipio, engrilletados y puestos prisioneros en las cárceles del lugar.
          Después de un largo viaje varios representantes y defensores provenientes de la Capitanía General se hicieron presentes en la villa de Totonicapán, con el fin de salvaguardar la vida del caudillo, exigiendo su inmediata liberación. Estos se encontraban al mando de Juan, El Mestizo, quien había trabajado en Pro de la justicia y de los ideales de independencia, junto a varios lideres criollos e indígenas, inculcando las nociones de derechos humanos y de un nacionalismo puro, a favor de la comunidad. El se plantó al frente de las autoridades militares, arriesgando su pellejo abogó por los prisioneros, que injustamente habían sido masacrados y hechos prisioneros.
--- Imposible su liberación.--- fue la respuesta de la gendarmería.--- son presos políticos, acusados de sedición.---
          Y fueron amenazados.
--- Mas vale que Uds. Se marchen antes que sean acusados de cómplices y corran la misma suerte que los alzados.---
---¡MUERTE O LIBERTAD…! ---fueron los estribillos de consigna.
          Después de varias discusiones en el seno del salón, so pena de ser capturados o muertos, optaron por una retirada de cordura. Tras empujones y resistencia abandonaron el recinto, temerosos de alguna represalia. Después de la infructuosa reunión, contrariados y cabizbajos, retomaron sus consignas y abandonaron el lugar sin esperanza. El viaje había sido infructuoso, además les había puesto al descubierto, como señalados de pertenecer a los movimientos que se gestaban en toda la Provincia,  Los compañeros marcharon de noche y bajo medidas de seguridad hasta alcanzar la Capital.
          La noche se había hecho presente y las calles acompañadas de los grillos, se adornaban de las pequeñas luces del candil de las esquinas. Juan, después de abandonar el grupo, se dirigió a casa, caminaba presuroso, bajo una leve llovizna. Cerca del Callejón Manchén, justo al llegar a la esquina de la Avenida, le sorprendió un ruido extraño, cuando volteó, dirigió la mirada hacia el fondo, tres hombres le cayeron encima.
--- ¡ Insurgente…! los forajidos como este hay que darles muerte.!!!.
          La lucha no se hizo esperar, pero al ser superado en número, cayó al suelo donde además de darle una golpiza, lo sujetaron con grilletes, le colocaron un trapo en la boca, a rastras y a empellones lo llevaron hasta un coche, que desapareció en la oscuridad de la noche.
          La noticia no se hizo esperar, la desaparición de El Mestizo, corrió por las calles como quien riega pólvora, sus amigos y compañeros, se abocaron al resto de los líderes con el fin de hacer causa común, en la búsqueda. La gendarmería de la capitanía, se vio asediada por diferentes grupos con el fin de saber del paradero del extraviado. Los militares negaban su captura, mientras los colaboradores de la causa, presionaban a las autoridades con el fin de dar con el paradero del sujeto.
          Al poco tiempo, también fueron alertados que Atanasio y sus compañeros habían sido muertos, durante un intento de fuga de la cárcel, que coincidentemente se asociaba a los actos de desaparición de los líderes en la Capitanía. El nerviosismo y el miedo se apoderaron de los insurgentes que en algún momento pensaron que esto daba por concluido el episodio de los independentistas no solo en Totonicapán.
          Los tabloides de noticias destacaban en la primera plana la desaparición del Criollo y la muerte de los mártires de Totonicapán. El grupo solidario independentista de Pedro Molina, incitaba a la población y a los demás lideres a tomar acciones en contra del gobierno. Esto les obligó a convocar una reunión urgente en el despacho del General Gainza, con el fin de pedir se aclarara las circunstancias de la desaparición de Juan y los demás eventos.
          Sin embargo, esto fue la mecha, los grupos de nacionalistas se reunían en las calle, en las iglesias y en los sitios públicos de la plaza Central.  En el despacho de la capitanía general, hicieron presencia encabezados por José C. Del Valle, Pedro Molina y otros, exigiendo a la autoridad, la inmediata convocatoria de una conferencia con el fin de hacer claros los planteamientos de los grupos independentistas. A todo esto, Juan el Mestizo permanecía desaparecido, las cárceles se encontraban con doble vigilancia y se desconocía su paradero.
          El grupo liderado por las damas, Doña Dolores Bedolla, se dedicaba a la elaboración de consignas y marchas pacíficas, convocando al grueso de la población para la consecución espacio de presión popular, necesario para el momento que estaba por llegar. Provocaron disturbios en los alrededores de la capitanía general, que alertaron a los soldados a cargo de las cárceles, quienes previniendo un levantamiento huyeron, dejando abandonada la custodia de los presos políticos.
          Los allegados al Mestizo, buscaban a toda costa establecer su sobrevivencia, incursionaron en el cuarteles busca de su amigo. Transcurrían las horas y el desasosiego se apoderaba de los libertarios, quienes temerosos que los secuestrados corrieran la suerte de ser ejecutados,. Las cárceles se encontraban atiborradas de muchos altruistas simpatizantes de los movimientos de independencia, que permanecía a la expectativa de lo que fuera a acontecer. En las puertas del Cuartel de la gendarmería, le encontraron, aun encadenado. Les liberaron. Allí estaba el Moreno de ojos grandes y negros, el de sangre árabe, apoyando el movimiento, fue llevado junto a otros líderes a los salones del edificio de la capitanía.

          La reunión se llevó a cabo en el despacho de Don Gabino Gainza, quien al verse presionado por los Independentista abdicó y se vió forzado a la firma, lectura y compromiso de un Acta, elaborada por los Próceres donde impulsaban la separación de las provincias de Centro America de la Vieja España.  
          Las campanas sonaban ruidosamente, cantando la libertad y ensartas de cohetillos salpicaban en alegría junto a cada esquina, mientras en el parque las marimbas revoloteaban con júbilo. Las mujeres cantaban  emocionadas el grito de la Libertad
          Si era el 15 de Septiembre, el año 1821. El día que el acta de emancipación fue firmada.