miércoles, 27 de junio de 2012

BAJO EL ALTAR


          Un ruido extraño círculo por los campos, un primer remezón se dejó sentir durante unos 40 segundos, las paredes crujieron mientras transformaban gritas en el entorno de las paredes, el repello desprendido revoloteaba cayendo en los  enseres del interior de las casas. El compás de la sacudida que se hizo en extremo de pánico, se acompaño de la rotura de cristales, los trastos caídos, los traqueteos de los objetos  que caían estrepitosamente chocaban en contra del suelo. Un reloj de péndulo se desplomó mostrando con sus agujas la hora del terrible suceso. Las 5 y 23 de la mañana.
          En las afueras, sobre las aceras del pueblo, el pánico de los transeúntes, se reflejaba en agonía de gritos, desgarradores llantos y voces de auxilio que se asomaban a lo largo de calles, avenidas que circulaban el miedo por doquier, en la  plaza central, agazapados los indigentes temblaban junto a  los arriates, las bancas de piedra se desmoronaban junto a los árboles que se sacudían, botando frutos, ramas y hojas, los monumentos se movían en todas direcciones, descomponiendo las figuras y botando las estatuas que formaban parte los ornamentos de su estética.
          Las campanas de la iglesia se habían desprendido de lo alto del frontispicio, impactando en el atrio, causando un gran estruendo, lo que causó escenas de miedo reflejadas en las correderas de los feligreses, otros se aglomeraban curiosos en las afueras de sus casas, lamentándose, mientras  otros permanecían hincados santiguándose y clamado a Dios, por su salvaguarda.
          Tras una calma relativa, acompañada de pequeñas réplicas, que hacía recordar de inmediato el susto inicial, mas personas empezaron a deambular como almas en pena en búsqueda de familiares y heridos en los alrededores de las viviendas y sitios públicos. En las callejuelas se habían acumulado pedazos de ladrillo y adobes de todos tamaños que obstruían las aceras, donde restos de las cornisas que se convirtieron en polvo al desprenderse, restos de madera se encontraban desparramado en las zaguanes de las casas.
          Se dejaban escuchar los pedidos de auxilio, mientras otros avisaban sobre posibles víctimas y realizaban esfuerzos desde el interior de sus moradas pretendiendo salir  empujando las puertas atrancadas por los volcanes de ripio acumulado.
          En búsqueda de víctimas vecinos se acercaron a la Iglesia a través de la entrada de la sacristía, derribaron la puerta, penetraron al interior del templo, con el fin de auxiliar a las rezadoras que madrugaban, los acólitos, el sacristán y el sacerdote que allí pernoctaban. Todo se encontraba revuelto, parte del techo descansaba sobre los reclinatorios, una de las vigas principales había echo impacto al costado del confesionario junto a la entrada del saloncito utilizado de vestidor, pasadizo que conducía hacia la nave central de la iglesia, cuyas pinturas de relieve se habían desprendido de lo alto impactando en el retablo, el vidrio que protegía la  urna que resguardaba la  Virgen del tránsito, rota por los costados, pero allí permanecía intacta la imagen. A inmediaciones del altar mayor, donde justamente se guardaban los dorados candelabros y los copones de oro. En la vecindad de la mesa se había producido una grieta de grandes dimensiones.
          A unos metros de distancia fue encontrado el señor cura quien vestía los respectivos atuendos para efectuar el acto religioso de la mañana, estaba boca abajo con una herida sangrante en la cabeza y en estado inconciente, la atención se le brindó inmediatamente,  utilizando los restos de madera de una puerta, fue improvisada una camilla para sacarle hasta la calle. Justo antes que una réplica se hiciera presente, que tambaleó todo y terminó de derrumbar gran parte de la cúpula y el techo de la casa parroquial.
          Los cuerpos de socorro se habían hecho presentes para prestar los primeros auxilios luego de estabilizarlo le condujeron al viejo hospital, que también había sufrido los embates del terremoto. Debido a la caótica situación y la sobrepoblación de heridos que acudían a pedir consuelo y en búsqueda de alivio. La atención fue tardía y escasa, pero en fin se logró
          Los patios del viejo edificio se convirtieron en salas de emergencia habiendo improvisado mantas como tiendas de campaña, donde los médicos hacían denodados esfuerzos para atender a los heridos.

          El sol había hecho su ingreso en medio de la tragedia, los equipos de salud correteaban conduciendo las camillas por los pasadizos, salones que a medio derrumbarse, producían una escena de desolación, de los que por azares del destino habían sucumbido tan solo por encontrarse en vías de curación y no había encontrado la salida que les resguardara la vida.  Muertos y heridos era el saldo de catástrofe.
          Las noticias circulaban por todo el mundo y junto a las autoridades se hacían esfuerzos para apoyar a toda la población. El panorama general era triste, cientos de fallecidos, otro montó de golpeados, con tan pocas medicinas y recursos que en fin el agua potable escaseaba así como los alimentos, para ajuste de penas como vendaval no dejaban llegar heridos provenientes de las todos lados y de las aldeas cercanas.  
          Ya hoy, ocho días después, amaneció mas tranquilo, las réplicas se tornaron infrecuentes, solamente las nubes de polvo, que por acción de los vientos se levantaban en todas direcciones, cubriendo como ceniza todos los tejados que aun permanecían en pie. La población había iniciado su labor de descombramiento, en búsqueda de desaparecidos o de inocentes que no tuvieron tiempo de escapar y yacían soterrados en sus propias casas.

          El padre Meme, ya en franca recuperación, pintado de mercuro cromo en los raspones de la cara y el incomodo yeso que le cubría el brazo izquierdo, se presentó junto a un grupo de feligreses y autoridades del municipio con el fin de establecer el estado en que había quedado la parroquia. Con la ayuda de equipo de demolición se abrieron paso a través de una de las puertas laterales de la iglesia, removiendo escombros y efectuando labores de limpieza.
          La nave central de la parroquia, bastante deteriorada permanecía en algunas secciones detenida por las columnas, grandes fragmentos que habían caído dejaban desnudas las paredes y el azul del cielo como techo. La cúpula había cedido en muchas áreas que apenas descansaban pálidamente sobre las vigas y columnas laterales que se recostaban en el altar mayor, que parecía estar intacto, por efecto del viento el polvillo que soltaban las rajaduras daban la sensación de estar a punto de desmoronarse. El resto del techo se había desplomado, destruyendo altares auxiliares, santos, púlpito, cortinaje que se había desgarrado parcialmente, mientras otros permanecían aún colgadas de las cornisas, donde las palomas habían tenido sus nidos, estas revoloteaban  alrededor a la presencia de ruido.
          Con grandes esfuerzos y abriendo brecha llegaron hasta altar, donde se sorprendieron por la magnitud del agujero que se había formado a un costado, apoyados con lámparas de gas, ubicaron el sitio sin poder estimar el fondo de la fosa, que representaba un peligro por su tamaño. La exploración les hizo  continuar hacia la sacristía, donde sorprendentemente con el descubrimiento de algunos textos antiguos que se encontraban tirados junto  a las estanterías de la biblioteca, junto a ellos algunos tomos que servían para asentar los bautizos y demás actos litúrgicos del lugar.
          El proceso de descombramiento continuó a paso de tortuga, las cuadrillas de peones enviados por el gobierno, permanecía en sus labores a medio vapor que de pronto se veían suspendidas con la presencia de pequeños movimientos telúricos que sacudía la enorme construcción. La imagen de la Virgen había sido rescatada y llevada a un lugar seguro para su conservación, pues la urna de vidrio se había roto por completo.
          Rodeado de la curiosidad del caso el Padre Manuel, después de haber investigado uno de los libros de historia encontrado en la biblioteca de la sacristía, donde descubrió unos escritos que hablaban del inicio de la construcción del edificio, narrando que allá por los años previos a la llegada de los Españoles, existió en ese lugar una ciudadela Maya, donde efectuaban sacrificios, era morada de sacerdotes y altos jefes indígenas del lugar, cuyo reinado se extendía a lo largo y ancho de ese valle, tenía una alta jerarquía, y mucho poder que les permitía mantener sojuzgado a todo un pueblo. Debido a esto  existían en estos templos innumerables tesoros, por lo que los reyes, del lugar se había ganado enemigos en las comarcas vecinas esto había provocado enfrentamientos entre las clases sociales y las jefaturas de otros reinos, guerras que les llevaron casi a su extinción por lo que el Gran Tzultacá dios de los vientos  nombró a dos caudillos, sus hijos, cuidadores del sitio sagrado del supremo creador.
          Los habitantes desaparecieron, por múltiples razones, pero el lugar que se consideraba sagrado, era conocido como un paso intermedio entre lo mundano y el cielo, morada de los  dioses. Según  referían  los escritos, en ese lugar era donde reposaba  el espíritu y el alma de la serpiente con plumas, donde anidaba y resguardaba los grandes secretos del pasado de los ancestros mayas.
          Por tanto enfrentamiento, por la avaricia y envidia de los pueblos circunvecinos, en castigo los dioses habían provocado cataclismos para ocultar la ciudadela y que permaneciera soterrada y vedada para las generaciones futuras, por ser un lugar solo digno de los sacerdotes iluminados, proscrito para los humanos comunes, se le dio la connotación de centro del mal, para que los plebeyos, no osaran visitarlo.
          Ya en la colonia a instancias de los frailes, que se establecieron el lugar quienes escribieron la historia, basada en relatos de comunicación oral de los ancianos indígenas, e influenciado por el misticismo y el temor reflejado en las historias, se propusieron construir la iglesia sobre este sitio, sin dejar rastros de la ciudadela Maya fincada en el lugar. Allí se desarrollo la comunidad y floreció el pueblo, conocido como Estancia de la Virgen.
          El cura contactó a través de las autoridades de la curia, a un personaje, aventurero un arqueólogo, con el fin de que investigara los orígenes de los relatos, contenidos en el libro que hablaba sobre el origen de la leyenda, y la presencia de la caverna dentro de la iglesia, que además incentivó la curiosidad de investigar mas a fondo. Los trabajadores en el sitio, se escapaban por la generación temor por la presencia de algo malo, debido a los rumores de la gente y sobre todo de los ancianos del pueblo, quienes conocían de las leyendas del pasado.
          Cierta mañana, en compañía de Andrés, el arqueólogo, un anciano chamán  y un  asistente indígena, iniciaron la expedición, en búsqueda de la verdad del origen de las leyendas. Descendieron en la caverna, a través de escalinatas fabricadas de lazos, con sendas mochilas y lámparas de gasolina. El descenso de unos cuantos metros, fue en principio sencillo, hasta llegar a un fondo que parecía ser de roca masisa, cuyo espacio de unos 5 metros de diámetro, apuntaba a un recinto de mucha humedad, con tierra barrosa. Se trazaron un punto de referencia y siguiendo una línea recta de exploración llegaron hasta una de las paredes lateral donde guiados por la luz, observaron una piedra, incrustada en el barro, un monolito con señales de haber sido esculpida, de buen tamaño, con esfuerzo fue movilizada escarbando a sus alrededores, hasta que el paredón cedió, dejando una abertura que comunicaba a con otro recinto. La roca, cayó a los pies de los exploradores, quienes la revisaron descubriendo que tenía las características una cabeza humana labrada, de ojos grandes, la boca entreabierta, cuyas orejas formaban las asas como de una vasija.
---Interesante.--- exclamó Andrés --- colóquenla en la mochila  la estudiaremos después.---
--- Tiene similitud a las cabezas gigantes de los Olmecas.--- indicó Manuel.
          En fila india los cuatro penetraron el espacio, hasta llegar a una cámara, donde muchas de las formaciones de piedra, monolitos y vasijas, se encontraban tirados por los alrededores, por los efectos del tiempo y de los temblores. Las luces de las lámparas se reflejaban en las paredes, ayudaban a que la exploración fuera no muy adecuada, cada objeto era minuciosamente revisado.
          La humedad se había hecho la protagonista, produciendo frío en el grupo, mientras deambulaban en búsqueda de mas objetos. El asistente del Chamán, tropezó con una laja de dos y medio metros de largo, que mostraba glifos y figuras, disponía de asas que dejaba ver como las entradas que servían para levantar la loza, habían muescas en su costado, que asemejaban intentos de querer penetrar al catafalco. Andrés apostando las lámparas sobre la laja, limpió la cubierta, e invitó al Chamán a interpretar las inscripciones.
--- Este es una catafalco…..hummm...!, la tumba de un guardián muy importante, un príncipe, o un guerrero de alta jerarquía.-- indicó
          Tomando una barra de acero y con la ayuda de todos hizo palanca para levantar la pesada plancha, la que apenas se movió, la consistencia de la tierra no dejaba que la palanca hiciera apoyo en su costado, insistieron en otro lugar cerca de la esquina de la laja, apenas se levantó colocaron una cuña, que les permitió meter la barra y movilizar poco a poco la piedra, después de un arduo esfuerzo el catafalco fue descubierto, un extraño sonido, como lamento, se dejó escuchar que provenía del fondo de la caverna.
          Un esqueleto humano fue el hallazgo, engalanado con múltiples piezas de jade en forma de collar y alrededor de las muñecas. Un instrumento de oxidiana que se encontraba  en los huesos de una mano.
--- Es una llave, el símbolo de  guardianía del tesoro del jade. Vaya sorpresa ---indicó el chamán.   
          El miedo les invadió, que se manifestó con piel de gallina y sensación de calofríos hacia a lo desconocido, pero optaron por alejarse de la tumba, mientras Andrés valientemente,  revisaba  el cadáver y los atuendos que se encontraban a su alrededor. Recogió el instrumento de oxidiana, justo por el consejo de  guardarlo para después.
          Los indígenas sentados a lo lejos, hablaban en voz baja,  expresando algo de  temor, mientras Manuel juntaba fuego para calentar el ambiente, Una pequeña llama que se inclinaba hacia la entrada, como empujada por el viento que circulaba desde fondo, indicando la dirección del aire, lo que se formaba imágenes espectrales que se alongaban hacia el cielo, por el movimiento de la llama. Eso le recordó e hizo memoria de las lecturas del libro sagrado, allí se relataba sobre el hallazgo de dos portales, cada uno guardado por los hijos del dios Tzultaká,  que representaban  los secretos enterrados en ese sitio en el pasado. El primero el guardián del jade, era el que rompía el hechizo para penetrar al inframundo.
                    La luz se hizo mas brillante, un formación de piedra en forma de escalón se dejó ver a los pies de la tumba, era el introito al portal. La curiosidad se hizo presente, con las manos y algunos instrumentos cavaron hasta encontrar el inicio de un camino de una cueva que descendía a un espacio, el agujero de la entrada era muy reducido, por lo que a gatas y arrastrándose de pecho en tierra penetraron guiados por las gradas. Penetraron a un espacio siempre estrecho donde varios monumentos de piedra de figuras de hombres encuclillados, sentados y de rodillas les franqueaban la entrada a otros túneles, como catacumbas.
--- Si el espacio se hace mas pequeño, pero debo encontrar el significado de la instrumento de oxidiana---dijo Andrés.
---Es la llave del inframundo de los espíritus.--- el asistente del chamán
--- Observa la figura que tienes enfrente cuyo vientre está inflado, en el ombligo tiene una formación anular de jade, allí un agujero que da cabida  a la llave, el instrumento de oxidiana que tomaste de la tumba, colócala en ese lugar y observa lo que sucede.---
          Dicho y hecho, la figura se movió en retroceso, mientras los otros monolitos se echaron a los lados hasta dejar libre el paso. El portal se había abierto, junto a los secretos que en el se guardaban.
--- Con mucho cuidado, las entradas no son tan sencillas, sobretodo los ingresos a estas cámaras están custodiadas por maleficios, tienen trampas que hacen difícil su paso, si no se aprende a descubrir y a esquivar.---
          Era la primera prueba  a vencer antes de penetrar al pabellón  donde se escurría en medio de un pasadizo formado de diferentes monumentos de piedra y que contenía incrustaciones de piedras mágicas, grifos y otras estructuras esculpidas  de alto valor, que describían el camino del paso de humanos a dioses.
          Al reiniciar la caminata, Manuel pisó la saliente de una roca lo que produjo un gran estruendo.
--- Al suelo….! --- gritó alguien.
          Un enorme péndulo bajó de una de las gárgolas, raspando con alta precisión el costado de los monolítos obligando a los caminantes a detenerse e incluso echarse para atrás, para impedir ser impactado por la monumental laja, que bamboleaba de un lado a otro con toda fuerza. El susto no fue para menos, quedando fríos de espanto por el espacio de unos minutos mientras la base del péndulo se detuvo al centro de una fosa que interrumpía el camino. Eso les permitió cruzar, como un puente, hacia una cámara de regular tamaño que se reflejaba en azul verde de la cúpula de múltiples piedras de jade que eran sostenidas en el espacio por las ramas de cuatro ceibas petrificadas, que ascendían desde el suelo, donde cada uno brotaba de los brazos de cuatro hachas que surgían de la tierra, que simbolizaban el agua.
          La belleza era grande, tras las estructuras de piedra de la bases encontraron esculpidas en cada una, los animales de la creación, el venado al norte, el mono al oeste, el tepezcuintle al sur y el quetzal en el pedestal del oriente.
---  Todo aquel que ingresó a este lugar, por lujuria, en búsqueda de tesoros terrenales, la soberbia por el poder que corrompe, por envidia de posesión de tesoros y avaricia por acaparamientos, fue y será condenado a las tinieblas --- habló el chamán.---
--- Si, hemos llegado lejos, sin embargo no hemos podido dar respuesta a nuestras dudas de investigación…! ¿Qué hay mas allá de la sorprendente belleza? ---
--- El tesoro mágico no es de piedras preciosas, ni de ORO, es algo mas, que habremos de descubrir, con la protección de los dioses. --- Volveré a la entraña de la tierra donde se recrea la creación en búsqueda de la clave que nos permita ingresar al segundo portal.---

SEGUNDO PORTAL.

          El tiempo había transcurrido, mas la expedición a pesar del cansancio continuaba, buscaron acomodo en las entrañas de la estructura que representaba el cosmos, admirando la sin par majestuosidad. El Chamán, se quedó acurrucado frente a las esculturas de los animales, meditando, haciendo sus exclamaciones en forma de oración, levantando sus brazos al cielo, pidiendo los favores de los dioses en su trance de inspiración para lograr bienestar para los exploradores. Las horas corrieron velozmente, hasta que después de un sueño reparador el grupo estaba listo a continuar.
--- Debemos buscar el sepulcro del segundo hijo de Tzultaká, quien es el guardián del mayor tesoro de este lugar, será el punto de partida para poder encontrar el gran secreto de esta expedición.---
          Los grifos que representaban las grandes hazañas y los mascarones de distintos tamaños fabricados de material de piedra caliza, que se repetían ordenadamente en  el zócalo de las paredes de la cueva, indicando un trazo continuo hacia el fondo de las raíces de una de las ceibas, allí se encontró  una formación circular, como un asa de piedra pómez.
          Andrés tomó la iniciativa de moverlo, halo con toda fuerza, sin lograr ningún efecto, tomó una vez mas el asa y en lugar de jalarla, le dio vuelta a la izquierda, sin resultado, luego lo hizo a la derecha y la piedra mayor que la sostenía, se movió, descubriendo un espacio donde se observó una laja, similar a la de la entrada anterior. Con el apoyo del grupo removieron varias piedras en forma de dado hasta dejar al descubierto la plancha del catafalco.
          Se sacudió la parte superior de la tumba, donde los jeroglíficos indicaban que se trataba del cofre del guardián del segundo portal, esta permanecía sellada, sin evidencia de haber sido violada. Varios retumbos se dejaron escuchar dentro de la bóveda, que estremecieron a los expedicionarios, que optaron por refugiarse en las concavidades del lugar.
           El sacerdote Maya, levantó sus manos al cielo y pronunció algunas palabras en su lengua, las arenillas llovían de la cúpula del cielo, haciendo que el grupo experimentara temor de ser soterrados. Por debajo de la laja del catafalco, se produjo una grita, que se terminó en desmoronar con los movimientos. Un túnel se avistó, hecho de ladrillo cocido, una catacumba que terminaba en una alcantarilla de drenaje.
-- Podría ser la entrada a la cámara dos……
--- O podría ser una vía de escape al exterior…..--- indicó Manuel.
--- Sin embargo no podemos dejar inconclusa la visita, si no somos capaces de encontrar, la otra cámara y el origen de la magia…..---
---Y el tesoro….?---
          Con el ánimo renovado volvieron hasta donde estaba la tumba del guardián con la intención de abrirla. Este esfuerzo fue vano, en la cabecera de la misma se encontró restos de una vasija de barro, que contenía una pintura que mostraba la figura de un ser, que podía ser un dios o un ser muy importante que soltaba de sus manos gotas de agua, que al caer al suelo se tornaban en vida, haciendo renacer los campos.
--- El agua milagrosa de los dioses.--- exclamó en sacerdote chamán --- el agua que da vida y fortaleza ---
--- Si…, dice la leyenda que en las entrañas de la tierra, la fuente de la vida eterna… ese es el tesoro --- comentó Andrés --- hay que volver al principio y buscar la puerta de ingreso.---
          No había terminado de decirlo, cuando otro retumbo les hizo caer al suelo, las piedras se movieron de lugar y la laja de la tumba se movilizó. En uno de los costados se dejó ver un halo de humo que salió del catafalco, transformándose en una figura fantasmagórica, que se presentó ante los 4 hombres.
          El chamán fue poseído, se puso de pie y con toda su indumentaria de gran guerrero, a los ojos de los expedicionarios, se mostró con todo su poder. Y les mostró en sus mentes.
“… En las tierras de mi padre, Cival y Hulmul eran comunidades llena de paz y santidad, grandes estudiosos de los cielos que había descubierto en sus tierras la maravillosa fuente del jade azul, que les daba vida y de salud, haciéndoles sanos y sabios, sumisos ante los dioses y apartados de las guerras. Todo esto había sido un milagro proporcionado del dios mayor Tzultaká. Debido a las envidias y a los rumores se regó como pólvora el secreto de las aguas mágicas, esto llegó a los confines del reino donde los demás clanes que vivían de la guerra y la depredación, decidieron conquistar y destruir nuestras ciudades, con el fin de apoderarse del tesoro.
          Grandes ejércitos cayeron sobre las ciudades y las destruyeron  acabando con todos sus habitantes. Algunos sacerdotes y hombres de bien se ocultaron en las catacumbas, para poner a salvo el tesoro, pero sucumbieron con el tiempo al encontrarse sitiados por los enemigos.
          Mi padre el gran Tzultaká, envió de los confines del cielo un castigo para los invasores, las plagas de insectos que chupaban la sangre de las orejas de los hombres y les causaban la muerte. Además un gran terremoto que soterró ambas ciudades con todo su arte y los secretos. Infieles de la tierra, abandonen el lugar sino quieren ser castigados como los demás.”
          El sacerdote cayó al suelo, luego del trance, mientras el espíritu del guerrero reposó nuevamente en el catafalco. El grupo se encontraba desconcertado de la visión que había recibido, que decidieron tomar conciencia, abandonando la búsqueda de las gotas del agua mágica, por lo que decidieron volver hasta el túnel recién abierto, penetraron hasta el fondo donde siguiendo el trayecto del agua, que les hizo caminar un largo trecho hasta llegar hasta el lecho de un río que corría en las afueras de la comunidad.
          Un nuevo temblor de tierra se produjo que además de sellar la cueva, desmoronó todo el interior de la iglesia y dejó totalmente oculto nuevamente la ciudadela y los tesoros en ella.
          El secreto se quedó allí abajo en las catacumbas, junta a la gruta de la iglesia que desapareció por arte de magia, como lo advirtió el espíritu del guardián. Ahora es una leyenda.

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