miércoles, 22 de agosto de 2012

¡ FUSILENLOS !


          Las once con treinta, mientras la luna se recostaba en las escasas nubes, con su pálido  reflejo se enseñaba en las húmedas calles empedradas, que resoplaban el vaho por las alcantarillas. Las lechuzas revoloteaban sobre las copas de los guayacanes, dejando correr el silencio de la noche, apenas alterado por los grillos.
          Después de la llovizna vespertina y el cierre de los conciertos de la concha acústica, los caballeros de sombrero de bombín regresaban a sus casas con las damas de vestido rosado y blanco de altas moñas y sombrillas de listones de tafetán, que mostraban la moda de la época. Los carruajes guiados por corceles de paso elegante se deslizaban en varias direcciones, en busca de los caserones de alcurnia que rodeaban el centro de la ciudad.
          Un tanto mas lejos, al norte, por la calle de Jocotenango, que termina en el Templo de Minerva, un piquete de soldados con mosquetes en mano conducían a rastras a un sujeto, atado de manos, vestido de manta y sombrero de petate.
--- Muerte a los Liberales.--- se dejó escuchar, después de la descarga de los fusiles.
          Y el silencio se mostró nuevamente. La arboleda se quedó inmóvil, como quien se olvida de acontecimiento, mientras los bellacos uniformados se escurrían como sombras hasta desaparecer en el vacío.
          Los acontecimientos se habían dado a luz, después del salvaje asesinato de uno de los líderes campesinos de por allá de los llanos de Palencia, sus compañeros cubiertos de miedo deambulaban como a escondidas de los zaguanes de las casuchas viejas del antiguo Barrio de San Sebastian. Adentro en una habitación con varias sillas de madera de pino artesanal, con mesa blanca donde se acomodaban varias hojas de periódicos, que mostraban la noticia de la masacre realizada en el grupos de alzados independentistas, que habían caído en las garras de los esbirros gubernamentales, que apoyaban a los conservadores de la Capitanía General.
          Una lámpara de kerosene se consumía en una de las esquinas del local, que reflejaba en amarillo las sombras de los asistentes a la reunión, campesinos, jóvenes estudiantes y uno que otro chabacano que hacía de gala su participación
--- Es impostergable, esta situación…. Ayer cayo abatido por las balas del enemigo nuestro compañero Francisco, de los principales cabecillas del movimiento en los Municipios del norte de la capital…. Tendremos una actitud pasiva otra vez?, sumando mártires.  Nuestro movimiento no se ve que avance?—
--- Si…, siempre lo mismo, todo el mundo critica, pero no se ve que actúe!...---
          Los murmullos y los comentarios en voz baja se recorrían por el salón sin dar una respuesta hacia los planteamientos del orador. Las publicaciones del periódico eran elocuentes, arengaban a la población a tomar las armas y pedirle a la autoridad un cabildo abierto con el fin de plantear las ideas independentistas, sin embargo esto no había dado resultado, el miedo y el temor a ser desaparecido o ejecutado hacía que la gran cantidad adeptos no se mostrara favorable a las manifestaciones públicas.
--- Hay que promover una reunión secreta, con los diferentes grupos, no solo de la capitanía, sino de los Municipios del país y forzar en todo caso un levantamiento general, que permita cantar el anhelo de Libertad e Independencia.---
          En mayor o menor grado muchos apoyaban pero muy tímidamente con reserva en sus adentros, por miedo y recelo. De pronto un gran escándalo de caballería se dejó escuchar en la calle, los cascos de muchos corceles tronaban en las afueras junto a las feroces órdenes de los gendarmes que se abalanzaban hacía zaguán de la pequeña vivienda, donde a fuertes empellones intentaban penetrar a su interior, con lujo de fuerza. El relajo se hizo mas evidente cuando los asistentes salieron a todo tropel saltando por las paredes y aun sobre los tejados de las vecindades. La autoridad encabezada por una veintena de soldados, penetró al recinto, pero sin resultados al no lograron identificar y menos capturar a los sediciosos, los que habían logrado escapar a través de los patios del caserón de un convento que hacía vecindad a la casa. Un piquete de soldados cabalgaron desesperadamente hacía el lado opuesto de la manzana con el fin de darles alcance, pero todo fue en vano, habían desaparecido en la oscuridad de la noche.
          En el arco inferior de un puente, se habían refugiado tres jóvenes que había logrado huir. Resollando y sosteniéndose de las rodillas, comentaban.
--- ¡Hemos sido traicionados! --- indico uno de ellos.
--- Yo he tengo mis sospechas que hay gente infiltrada, esta reunión se gestó de última hora y solo el grupo principal sabía de ella como saber incluso del lugar donde se iba a realizar.---
--- Hay que estar al tanto de muchas cosas, investigar mejor a los nuevos reclutados o las personas que se han incorporado últimamente.---
--- SI de pronto hemos caído en las garras de los conservadores, quienes han implantado espías. Estos no quieren un gobierno independentista, prefieren entonces, estar de acuerdo con la Capitanía, por sus intereses personales o de negocios.---
          El canto de los gallos despertó los rayos de sol sobre la comunidad, una que otra carreta de leña deambulaba por los caminos, así como los hatos de cabras que con sus balidos, anunciaban la llegada de la leche fresca, en las puertas de las humildes viviendas se respiraba el humo de la leña y el sonido clásico de elaboración de las tortillas, que salpicaban los comales. Las señoras con sus servilletas multicolores se hacían cola para recoger su alimento, mientras comentaban los acontecimientos.
--- ¿Quieren del canasto?--- expresó la tortillera --- o se espera?---
          Muy cerca de la plaza central, donde se mostraba la iglesia que muy de mañana invitaba a los feligreses con un tañido de campanas, haciendo correr los chicos que con cuadernos bajo el brazo, acudían de madrugada a escuela del convento de las monjitas que junto a la casa parroquial, donde enseñaban el catecismo, los números y letras de las primeras enseñanzas.
          Allí envuelto en un perraje, una señora armaba su venta de tostadas y fresco de súchiles para los paseantes del parque.
--- El atol de elote….---
          Un par de taburetes servían de lugar de comentarios mientras los granos de maíz revoloteaban en los vasos, con las tostadas de salsa colorada y de frijoles con queso, circulaban entre los comensales.
          Cubiertos con capas por lo frío del ambiente, conversaban unos jóvenes, que se acomodaban uno frente al otro mientras ingerían el alimento. Un niño se acerca, con un capirucho en la mano, que le empuja el hombro, a uno de los presentes.
--- Hey!… que pasa….---
--- Señor…--- indica el patojo, mientras señala con su mano hacía el atrio de la iglesia, allí donde un hombre aposta en las gradas.--- Dice: que les espera a los 2 de la tarde en el lugar acostumbrado.--- inmediato al mensaje sale corriendo, mientras finaliza un ciento de encestes en el juguete, entonces se pierde en la distancia.
          La mirada del interlocutor se dirige hacía la iglesia donde el hombre, saluda levantándose el sombrero, continuando su marcha.
          Las tuzas rebalsan el tonel de la basura, mientras un perro, hurga los restos caídos, buscando algo para engañar la panza. Todo los transeúntes, se detienen a degustar un café y el acontecimiento pasa desapercibido. Los limpiabotas ofrecen sus servicios mientras se realizar la refacción de media mañana.
          . Los jóvenes, habiendo recibido la señal, caminan hacia el centro del parque, se encaraman en las gradas del kiosco, lo transita y luego saltan para caer sobre la calle empedrada que lo lleva hacia la pilona. Allí donde las señoras revolotean, con palanganas de agua, arrastrando los trapos sucios. El escenario se completa con las ropas que permanecen asoleándose en la grama del patios, además de los tendederos multicolores que ondean al ritmo del viento.
          Pasamos ya la hora del medio día, dos tres pelones se han logrado reunir en casa del carpintero, que raspa la madera soltando la viruta de su labor. En el cuarto contiguo, cuya entrada se encuentra disimulada por un cancel, los presentes se secretean entre si, mientras esperan al líder que alguna noticia, debe de tener para expresar.
          El nerviosismo se hace presente mientras las agujas del reloj se acerca a mostrar las 14 horas, el grupo aunque minoritario, permanece mas que todo sentados en silencio, los otros de pie junto a la puerta, se sobresaltan al escuchar el ding dong del reloj de la capitanía, que se retumba como eco sobre las callecitas del poblado.
          Un individuo, con capa y cubierto de la cara, penetra a la carpintería, saluda, da en santo y seña, se introduce hasta al salón.
--- ¡SORPRESA.!—grita todo pulmón. Mientras que al quitarse la capa, muestra su uniforme de soldado.
          Y sin saber de donde aparecen un piquete de gendarmes, que con mosquetes en mano, les conminan a rendirse.
--- Cayeron en nuestras manos, sedicioso….!.---
--- Ya vieron mucha, sin son patojos tontos, que no saben lo que hacen, con este golpe acabamos con los cabecillas y apagamos el levantamiento.--- indico el jefe de la guardia.
--- ¡Patria y Libertad!--- alcanza a decir los capturados.
          Engrilletados y con los ojos cubiertos, son llevados a empellones a un carruaje cerrado, los 5 jóvenes y el carpintero, son conducidos a las cárceles del cabildo general.
          La bruma empieza a dar paso a la luz de la madrugada, el frío que circula por los pasadizos que forman en fila las tumbas y los mausoleos, las gotas de rocío se hacen presentes en las lápidas de mármol, que sirven de paredón, mientras el vaho circula alrededor de los montículos que muestran a los cristianos que no alcanzan mas para estar en  la pura tierra, Cruces ya apolilladas y uno que otro papel de china que en algún primero de noviembre los familiares adornaron su lecho.
--- Un, dos… Un dos.--- repiten los gendarmes mientras transitan con los condenados, quienes engrilletados y con los rostros cubiertos, son encaminados cual ganado, con un lazo alrededor del cuello, hasta hacerles el alto en el lugar designado.
          Los seis condenados en juicio sumario, por tribunales de fuero especial, son atados a postes, frente al pelotón.  El sol ya calcina frente a sus rostros aun cubiertos por capuchas de color negro, que apenas les dejan respirar.
          Los calofríos se hacen sentir en la gendarmería al encontrarse prestos a cumplir la orden, con sendos fusiles que se colocan en el hombro y horizontalizan el cañón dirigido hacia las víctimas.
          Mas allá de la orden, el silencio se hace presente dentro de las paredes del cementerio, como que cada uno de los residentes se hiciera presente al espectáculo, el escenario se hace pequeño, cuando la orden es emanada por el sargento de línea:
--- Listos…., Apunten….., ¡ FUEGO!...---
          Una descarga se deja escuchar, con los fogonazos de los cañones de las armas, y cada uno de los cuerpos se doblan sobre si mismos y caen sin halito ni aliento, acompañado de la estampida de los pájaros que permanecían en el recinto, que con toda alharaca alzan su vuelo para huir de la ignominia. Todo es silencio ahora, las almas deambulan por los corredores, después de implementar una oración.
          Los soldados se retiran impávidos, con los rostros encontrados, cargando una culpa que de justicia no tiene nada, luego se pierden en el olvido. Los familiares de los occisos, les es permitido entrar para darle sepultura a sus muertos, acompañarlos en su última morada, empaquetarlos en varias tablas de pino, con un rosario o con una estampa del santo del lugar, penitentes que se llenan de congoja y de desesperanza.
          Nadie dice nada son las lágrimas de las mujeres  las que  corren por el rostro, las líneas  marcadas en la cara de los deudos, mas los pensamientos de amargura del no poder hacer nada, la impotencia que dan las dictaduras:

---FUSILENLOS….!--- es lo que se deja escuchar en el vacío de los campos.



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