El
sol continúa con su ascenso dirigiéndose al Cenit, cada uno de sus movimientos
se deja escapar ante la cúpula de las montañas, hasta asomarse a los campos
donde las estructuras de piedra marcan su camino, mostrando el milagro del Solsticio
de Primavera.
El
POM arde en el interior de la vasijas de barro, que evocan la cara de los
dioses, soltando incesantemente el humo aromático, producto de la sabia
granulada y seca del árbol del pino, que entrelazan el ambiente con los rezos, las oraciones de
armonización de los agricultores con el cosmos, para recibir los esperados
mensajes del inicio de la siembra.
Tiempo
y sangre de la futura cosecha del grano blanco, mítica alimentación básica del
pueblo indiano. La saeta de luz que parte entre las dos estructuras, que el
calendario indica, señalando la exacta ubicación en el tiempo, la matemática y
la astronomía legada por los ancestros se deja ver en la experiencia a través
de la aparición de los sucesos.
Los
penachos ungidos de plumas sobre las cabezas, que coronan los cobrizos rostros
de guerreros con sus lanzas de punta de oxidiana, que se apostan ordenadamente
en las escalinatas de piedra, en las faldas que descienden de las pirámides,
que señalan hacia el cielo.
La
pareja real que alza los brazos en señal de petición, junto al gran sacerdote
que forman uniendo sus manos un círculo como de aureola, que deja atravesar los
rayos del astro rey, que se proyectan en los altares de la marquesina del templo,
luego se prolongan perpendicularmente hacia el suelo, mostrando el camino de la
calzada principal, que se dirige al sitial de honor, del GRAN JAGUAR, aposento
de los magníficos dioses.
El
trayecto del camino bellamente engalanada con las hojas de XATE, se rodea de
los pobladores que en señal de sumisión se arrodillan al paso de los guerreros
que abren el desfile dando paso a las andas llenas de guirnaldas que
transportan a los soberanos, en su peregrinación a la plaza mayor donde la
fiesta del cambio de temporada, se hace imponente.
Los
celajes se han pintado en el cielo y el sol ya se dirige a sus aposentos a su
obligado retorno, para dar continuidad al tiempo de pasado a presente, en un
futuro día siguiente.
Las
aves de corte vespertino, revolotean en el viento, asustando las copas de los
árboles, iniciando la silbatina, cuyo movimiento empuja con sus trinos a la
tímida luna que se resiste a aparecer hermosa, donde jugando a las escondidas
se asoma quisquillosa entre las nubes.
El
bullicio de todo un día de emprendedora emoción, ha bajado, entrando en el reposado
músculo de los Kaibiles, que arrastrando sus atuendos de guerra se retiran en
lenta marcha. Los cantos de las Ixten, damiselas casi niñas, se vuelven
remembranza, cuando los sacerdotes entran en meditación, cuando viajan a sus
apartados dando fin a la efeméride.
Los
mecheros que ahora iluminan los monumentos que engalanan con ocotes, que arden
para mostrar la magnificencia de las rocas esculpidas, que señalan la gran
plaza, como un escenario especial donde KINICH AJAU, pasea su señorío deambulando
a lo largo y lo ancho con los miembros de su corte y en compañía de la sin par,
la princesa consorte IX NAAH EK. El día
acaba.
El
pueblo representa el nervio de sus habitantes, esperan con ansias el nacimiento
del nuevo día para reiniciar labores. Despuntando el alba se agrupan para
dirigirse a los campos a inducirlos con el arado, luego depositar los granos en
las tierras fértiles, que para su crecer a través del tiempo, llevándoles al
siguiente cambio de solsticio, época de levantar la cosecha, que les proveerá
el sustento.
Los
artesanos y arquitectos se instalan en los campos cerca de los templos, donde
grandes masas de piedra esperan a ser esculpidas, las ya modeladas son
orquestadamente agrupadas una sobre otras, en la formación de edificios que
darán vida a nuevos templos. Los grandes bloques que son conducidos, rodados sobre
troncos de madera, los hacen circular hasta las alturas, a través de planos
inclinados que los depositan hasta en la cúpula de las construcciones.
Piedra
contra piedra que se revientan dando forma a las figuras de los dioses, a los
grifos que relatan fechas del calendario que dan vida a una vasta efemérides de
vertiginoso ascenso, guerras y conquistas. Que daba muestras de una
civilización inteligente, estudiosa de los fenómenos de la naturaleza, de los
secreto de los cielos, al movimientos de la astronomía.
Los
pequeños lagos, las aguadas, formaciones de agua de lluvia, como el sustento del
vital líquido, que durante la época de verano se veía mermado. La conformaciones
de conductos, en la construcción de canales subterráneos una de las proezas
arquitectónicas que permitían que los templos y los pueblos subsistieran. Agua
que se hace penetrar en los palacios para la limpieza del alma y el cuerpo, con
los baños de piedras calentadas con leña, pequeños cubículos, temascales
llamados CHU´J, donde la realeza
purificaba el espíritu con el vapor y
hierbas medicinales.
Los
jardines exuberantes y los campos rectangulares donde se practica el juego de
la pelota, ceremonia particular que evoca las grandes luchas entre los pueblos
antiguos y sus gobernantes, por el ansia de poder. Antorchas luminescentes que
abren el camino hacia los pasadizos y las catacumbas interiores de los
palacios, donde se guardan los tesoros junto a las vasijas que contienen los
féretros de los anteriores monarcas, que permanecen en las tumbas, colmados de jade, oro y oxidiana. La
señal es donde los pequeños altares que señalan cada una de los entierros
poseen un recipiente de barro donde se instilan los fermentos de la caña de
azúcar, que sirven de alimento a los que pasaron al otro lado de la cortina de
la muerte rumbo al mar de la inmortalidad.
Nombrados
por jerarquía y signos de su estirpe, se consagran como los semi dioses del
espectro terrenal, que funcionan como parte de la bendición de vida, en la abundancia
de las cosechas, consignan el coraje en las batallas y puntos importantes de la
cosmogonía Maya. Todas estas enseñanzas para la posteridad sobre la numerología,
bases exactas en las mediciones del tiempo, arquitectura sobresaliente con
conocimientos esotéricos y del mas allá.
El
astro recorre la bóveda celeste agitadamente para coronarse y formar la
alineación de sus hermanos los circunvecinos planetas, el tiempo de la cosecha
y la recogida del grano, aún en mazorca,
se acerca, el tiempo a transcurrido, muchas lunas se han dejado de ver y
nuevamente el Solsticio se hace presente en el campo, caminando triunfalmente
entre los edificios de conformación rectangular que dan paso a la luz, que se
proyecta en las cúpulas de las pirámides mayores, con lo que dan fin a la nueva
temporada.
El
ciclo de la vida se deja ver nuevamente, se corona con la nueva celebración de
la llegada de nuevo maíz, tributo de tierra que hace que la subsistencia sea plausible
y la descendencia retransforme de padres a hijos.
Los
pueblos no cambian, tradiciones ancestrales que hacen que el recuerdo de los
ancianos se perpetúe en todo sentido, incluso plasmado en los monumentos de
piedra que recorrerán la nueva ERA.
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