lunes, 10 de diciembre de 2012

SOLSTICIO.



          El sol continúa con su ascenso dirigiéndose al Cenit, cada uno de sus movimientos se deja escapar ante la cúpula de las montañas, hasta asomarse a los campos donde las estructuras de piedra marcan su camino, mostrando el milagro del Solsticio de Primavera.
          El POM arde en el interior de la vasijas de barro, que evocan la cara de los dioses, soltando incesantemente el humo aromático, producto de la sabia granulada y seca del árbol del pino, que entrelazan  el ambiente con los rezos, las oraciones de armonización de los agricultores con el cosmos, para recibir los esperados mensajes del inicio de la siembra.
          Tiempo y sangre de la futura cosecha del grano blanco, mítica alimentación básica del pueblo indiano. La saeta de luz que parte entre las dos estructuras, que el calendario indica, señalando la exacta ubicación en el tiempo, la matemática y la astronomía legada por los ancestros se deja ver en la experiencia a través de la aparición de los sucesos.
          Los penachos ungidos de plumas sobre las cabezas, que coronan los cobrizos rostros de guerreros con sus lanzas de punta de oxidiana, que se apostan ordenadamente en las escalinatas de piedra, en las faldas que descienden de las pirámides, que señalan hacia el cielo.
          La pareja real que alza los brazos en señal de petición, junto al gran sacerdote que forman uniendo sus manos un círculo como de aureola, que deja atravesar los rayos del astro rey, que se proyectan en los altares de la marquesina del templo, luego se prolongan perpendicularmente hacia el suelo, mostrando el camino de la calzada principal, que se dirige al sitial de honor, del GRAN JAGUAR, aposento de los magníficos dioses.
          El trayecto del camino bellamente engalanada con las hojas de XATE, se rodea de los pobladores que en señal de sumisión se arrodillan al paso de los guerreros que abren el desfile dando paso a las andas llenas de guirnaldas que transportan a los soberanos, en su peregrinación a la plaza mayor donde la fiesta del cambio de temporada, se hace imponente.
          Los celajes se han pintado en el cielo y el sol ya se dirige a sus aposentos a su obligado retorno, para dar continuidad al tiempo de pasado a presente, en un futuro día siguiente.
          Las aves de corte vespertino, revolotean en el viento, asustando las copas de los árboles, iniciando la silbatina, cuyo movimiento empuja con sus trinos a la tímida luna que se resiste a aparecer hermosa, donde jugando a las escondidas se asoma quisquillosa entre las nubes.
          El bullicio de todo un día de emprendedora emoción, ha bajado, entrando en el reposado músculo de los Kaibiles, que arrastrando sus atuendos de guerra se retiran en lenta marcha. Los cantos de las Ixten, damiselas casi niñas, se vuelven remembranza, cuando los sacerdotes entran en meditación, cuando viajan a sus apartados dando fin a la efeméride.
          Los mecheros que ahora iluminan los monumentos que engalanan con ocotes, que arden para mostrar la magnificencia de las rocas esculpidas, que señalan la gran plaza, como un escenario especial donde KINICH AJAU, pasea su señorío deambulando a lo largo y lo ancho con los miembros de su corte y en compañía de la sin par, la princesa consorte  IX NAAH EK. El día acaba.
          El pueblo representa el nervio de sus habitantes, esperan con ansias el nacimiento del nuevo día para reiniciar labores. Despuntando el alba se agrupan para dirigirse a los campos a inducirlos con el arado, luego depositar los granos en las tierras fértiles, que para su crecer a través del tiempo, llevándoles al siguiente cambio de solsticio, época de levantar la cosecha, que les proveerá el sustento.
          Los artesanos y arquitectos se instalan en los campos cerca de los templos, donde grandes masas de piedra esperan a ser esculpidas, las ya modeladas son orquestadamente agrupadas una sobre otras, en la formación de edificios que darán vida a nuevos templos. Los grandes bloques que son conducidos, rodados sobre troncos de madera, los hacen circular hasta las alturas, a través de planos inclinados que los depositan hasta en la cúpula de las construcciones.
          Piedra contra piedra que se revientan dando forma a las figuras de los dioses, a los grifos que relatan fechas del calendario que dan vida a una vasta efemérides de vertiginoso ascenso, guerras y conquistas. Que daba muestras de una civilización inteligente, estudiosa de los fenómenos de la naturaleza, de los secreto de los cielos, al movimientos de la astronomía.
          Los pequeños lagos, las aguadas, formaciones de agua de lluvia, como el sustento del vital líquido, que durante la época de verano se veía mermado. La conformaciones de conductos, en la construcción de canales subterráneos una de las proezas arquitectónicas que permitían que los templos y los pueblos subsistieran. Agua que se hace penetrar en los palacios para la limpieza del alma y el cuerpo, con los baños de piedras calentadas con leña, pequeños cubículos, temascales llamados CHU´J,  donde la realeza purificaba el espíritu  con el vapor y hierbas medicinales.
          Los jardines exuberantes y los campos rectangulares donde se practica el juego de la pelota, ceremonia particular que evoca las grandes luchas entre los pueblos antiguos y sus gobernantes, por el ansia de poder. Antorchas luminescentes que abren el camino hacia los pasadizos y las catacumbas interiores de los palacios, donde se guardan los tesoros junto a las vasijas que contienen los féretros de los anteriores monarcas, que permanecen en las  tumbas, colmados de jade, oro y oxidiana. La señal es donde los pequeños altares que señalan cada una de los entierros poseen un recipiente de barro donde se instilan los fermentos de la caña de azúcar, que sirven de alimento a los que pasaron al otro lado de la cortina de la muerte rumbo al mar de la inmortalidad.
          Nombrados por jerarquía y signos de su estirpe, se consagran como los semi dioses del espectro terrenal, que funcionan como parte de la bendición de vida, en la abundancia de las cosechas, consignan el coraje en las batallas y puntos importantes de la cosmogonía Maya. Todas estas enseñanzas para la posteridad sobre la numerología, bases exactas en las mediciones del tiempo, arquitectura sobresaliente con conocimientos esotéricos y del mas allá.
          El astro recorre la bóveda celeste agitadamente para coronarse y formar la alineación de sus hermanos los circunvecinos planetas, el tiempo de la cosecha y  la recogida del grano, aún en mazorca, se acerca, el tiempo a transcurrido, muchas lunas se han dejado de ver y nuevamente el Solsticio se hace presente en el campo, caminando triunfalmente entre los edificios de conformación rectangular que dan paso a la luz, que se proyecta en las cúpulas de las pirámides mayores, con lo que dan fin a la nueva temporada.
          El ciclo de la vida se deja ver nuevamente, se corona con la nueva celebración de la llegada de nuevo maíz, tributo de tierra que hace que la subsistencia sea plausible y la descendencia retransforme de padres a hijos.
          Los pueblos no cambian, tradiciones ancestrales que hacen que el recuerdo de los ancianos se perpetúe en todo sentido, incluso plasmado en los monumentos de piedra que recorrerán la nueva ERA.

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