viernes, 1 de febrero de 2013

LEYENDAS ARABES



          Leyendas que respiran perfumes de jazmín, que pintan pastel las rosas de Babilonia, engalanadas con el aroma de los besos morenos, de bellas odaliscas, de velos de sutil seda, que se muestran en sus delicados cuerpos con exuberante movimiento en el baile de ombligo. Sonidos arabescos de cítaras que traen a la mente los califas, magnates de las mezquitas de innumerable tesoros, capullos de sensibilidad y de inmensa elegancia.
          Cuentos de vasallos, jinetes vestidos de caballeros, con sables de tres puntas. Magos de verde apariencia, investidos de poder, cubiertos de pociones maravillosas; cuentos bravos de espectaculares esclavas que roban suspiros envueltas en telas de sedalina y habitan palacios donde se encuentran junto a los sueños, los tesoros que se enmarcan en salones de fantasía con enormes vitrales que dan vida a la luna en cuarto menguante, coronada con la estrella. Las cortinas que se iluminan de dorados atuendos, dando una sensación de lujuria, a los tronos de madera, incrustados con metales preciosos. Los enormes abanicos  resoplan sobre las alfombras bordadas en Persia, como el símbolo de un harem de multicolores oleos derretidos en la oscura piel, donde sobresalen las bellas odaliscas moras. Los innumerables manjares resaltan en las mesas y los taburetes redondos de cuero milenario son ocupados por los aprendices de caballeros que se  acompañan de las bebidas embriagantes, que corren entre los almohadones de sus lechos.
          El ojo de los campeones de la lucha, gigantescos soldados que inspiran temor, que arrastran las pieles de indómitos animales salvajes, con brazaletes de bronce que acomodan las lanzas adornadas con circulares escudos reivindicando el coraje plasmado en el acero pulido iluminando el pecho prominente, estos seres inmutables cuidan el espectáculo de la orgía de príncipes y consejeros del reino.
          Mas allá en las infinitas arenas del desierto, las caravanas de mercaderes se hacen a la vista de las dunas y el ardiente sol que les obliga a envolver los turbantes sobre sus cabezas, mientras los sedientos camellos arrastran sus cascos partidos, al avanzar a paso parsimonioso a las ciudadelas  prendidas en el horizonte, en medio de un oasis, donde se remoza la expectativa de un refrescante descanso. Son los vendedores de artículos de cobre, las pieles de feroces felinos atrapados por los cazadores, en las sabanas del continente, expendedores  de telas tejidas en el oriente, aceites de gracia, esencia de perfumes, pájaros exóticos de las tierras allende del mar.
          En la plaza se organiza el mercado con su dosis de entretenimiento, para mostrar los artículos que hacen de las delicias de los ciudadanos Las féminas bañadas en leche de cabra, que ofrecen sus cuerpos mientras danzan sus exquisitos atributos, golpeando las panderetas sobre sus caderas para llamar la atención de los no tan incautos mirones que se solazan del espectáculo de su venta.
          Los gentiles se aglomeran frente a la subasta, para gozar de la comedia en dos actos, durante la puja de brazos levantados donde se incita y se hace interesante, mientras una a una las esclavas son vendidas o empeñadas a sus compradores que invierten sus piezas de oro, para complementar su séquito de diversión.
          El canto al omnipotente Alah, se deja escuchar en las inducciones de la oración en la cúpula de la mezquita, los fieles obedientes se hincan, cubriendo sus cuerpos, agachándose sobre sus manos, haciendo su saludo, acomodando su vista en  dirección a la Mecca, para dejarse escuchar por su dios, es la hora vespertina, antes de que el sol busque refugio en las incandescentes arenas del poniente.
          Las caminatas de extraños, desfile de califas y mendigos, de verdugos, que deambulan con los cortesanos bandoleros, filas de santos, de elegantes sultanes con turbantes color crema incrustado de piedras, rubís adornados de presías de oro,  que viajan cabalgando en dromedarios ariscos, atravesando las puertas de acápite de trébol colocadas en las entradas de la ciudad dirigiendo su camino a las rutas asoleadas, los paseantes cubierto de trapos de mil colores, haciendo gestos de emociones como los que producen los sueños de opio. Cuando en la carrera alcanzan el éxito de la llegada, ofrecen a los príncipes aventureros, cargados de polvos de magia, pergaminos de la ciudad perdida o la imaginería de talismanes de algún tesoro escondido.
          Las noches del desierto, que invierten la temperatura, en desolado frío. Conjunto de Historias, que sentados alrededor del fuego, envuelven en las Narrativas Arabes de las Mil y una noches. De furtiva odalisca, contadora de cuentos, Sherezade, enamorada de la vida o del marinero famoso como Simbad, los 40 ladrones de Ali baba. El genio de la lámpara de Aladino, que hicieron las delicias de jóvenes en los siglos precedentes, con el toque mágico de la ancestral Persia.
          Y muchos mas…

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