Leyendas
que respiran perfumes de jazmín, que pintan pastel las rosas de Babilonia,
engalanadas con el aroma de los besos morenos, de bellas odaliscas, de velos de
sutil seda, que se muestran en sus delicados cuerpos con exuberante movimiento en
el baile de ombligo. Sonidos arabescos de cítaras que traen a la mente los
califas, magnates de las mezquitas de innumerable tesoros, capullos de sensibilidad
y de inmensa elegancia.
Cuentos
de vasallos, jinetes vestidos de caballeros, con sables de tres puntas. Magos
de verde apariencia, investidos de poder, cubiertos de pociones maravillosas; cuentos
bravos de espectaculares esclavas que roban suspiros envueltas en telas de
sedalina y habitan palacios donde se encuentran junto a los sueños, los tesoros
que se enmarcan en salones de fantasía con enormes vitrales que dan vida a la
luna en cuarto menguante, coronada con la estrella. Las cortinas que se
iluminan de dorados atuendos, dando una sensación de lujuria, a los tronos de
madera, incrustados con metales preciosos. Los enormes abanicos resoplan sobre las alfombras bordadas en
Persia, como el símbolo de un harem de multicolores oleos derretidos en la
oscura piel, donde sobresalen las bellas odaliscas moras. Los innumerables manjares
resaltan en las mesas y los taburetes redondos de cuero milenario son ocupados
por los aprendices de caballeros que se acompañan de las bebidas embriagantes, que
corren entre los almohadones de sus lechos.
El
ojo de los campeones de la lucha, gigantescos soldados que inspiran temor, que
arrastran las pieles de indómitos animales salvajes, con brazaletes de bronce
que acomodan las lanzas adornadas con circulares escudos reivindicando el
coraje plasmado en el acero pulido iluminando el pecho prominente, estos seres inmutables
cuidan el espectáculo de la orgía de príncipes y consejeros del reino.
Mas
allá en las infinitas arenas del desierto, las caravanas de mercaderes se hacen
a la vista de las dunas y el ardiente sol que les obliga a envolver los
turbantes sobre sus cabezas, mientras los sedientos camellos arrastran sus
cascos partidos, al avanzar a paso parsimonioso a las ciudadelas prendidas en el horizonte, en medio de un
oasis, donde se remoza la expectativa de un refrescante descanso. Son los vendedores
de artículos de cobre, las pieles de feroces felinos atrapados por los
cazadores, en las sabanas del continente, expendedores de telas tejidas en el oriente, aceites de
gracia, esencia de perfumes, pájaros exóticos de las tierras allende del mar.
En
la plaza se organiza el mercado con su dosis de entretenimiento, para mostrar
los artículos que hacen de las delicias de los ciudadanos Las féminas bañadas
en leche de cabra, que ofrecen sus cuerpos mientras danzan sus exquisitos
atributos, golpeando las panderetas sobre sus caderas para llamar la atención
de los no tan incautos mirones que se solazan del espectáculo de su venta.
Los
gentiles se aglomeran frente a la subasta, para gozar de la comedia en dos
actos, durante la puja de brazos levantados donde se incita y se hace
interesante, mientras una a una las esclavas son vendidas o empeñadas a sus
compradores que invierten sus piezas de oro, para complementar su séquito de
diversión.
El
canto al omnipotente Alah, se deja escuchar en las inducciones de la oración en
la cúpula de la mezquita, los fieles obedientes se hincan, cubriendo sus
cuerpos, agachándose sobre sus manos, haciendo su saludo, acomodando su vista
en dirección a la Mecca, para dejarse escuchar
por su dios, es la hora vespertina, antes de que el sol busque refugio en las
incandescentes arenas del poniente.
Las
caminatas de extraños, desfile de califas y mendigos, de verdugos, que
deambulan con los cortesanos bandoleros, filas de santos, de elegantes sultanes
con turbantes color crema incrustado de piedras, rubís adornados de presías de
oro, que viajan cabalgando en
dromedarios ariscos, atravesando las puertas de acápite de trébol colocadas en
las entradas de la ciudad dirigiendo su camino a las rutas asoleadas, los
paseantes cubierto de trapos de mil colores, haciendo gestos de emociones como
los que producen los sueños de
opio. Cuando en la carrera alcanzan el éxito de la llegada, ofrecen a los príncipes
aventureros, cargados de polvos de magia, pergaminos de la ciudad perdida o la
imaginería de talismanes de algún tesoro escondido.
Las
noches del desierto, que invierten la temperatura, en desolado frío. Conjunto
de Historias, que sentados alrededor del fuego, envuelven en las Narrativas
Arabes de las Mil y una noches. De furtiva odalisca, contadora de cuentos,
Sherezade, enamorada de la vida o del marinero famoso como Simbad, los 40
ladrones de Ali baba. El genio de la lámpara de Aladino, que hicieron las
delicias de jóvenes en los siglos precedentes, con el toque mágico de la
ancestral Persia.
Y
muchos mas…
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