Plasmado
en los lienzos de las ideas, los mágicos pinceles se hacen cargo de instalar de
frases armoniosas como la historia de una vida, el campo, las acciones mas
brillantes de personajes, únicos, que lejos de permanecer inmóvil, se vuelve
activos con la danza de las letras.
Responsos
y letanías que empujan los sentimientos, tiernos suspiros que cantan, hacen
volar la imaginación de las flores, paisajes traen junto a la memoria,
campos de verde textura, donde pastan desperdigados los unicornios, donde los
pavos reales imitan las sinfonías, mientras caminan sobre las veredas de los versos, produciendo éxtasis
y fantasía.
La
casita de chocolate, con ventanas de galleta, donde las abejas sesean en su
entorno, depositando el néctar recogido sabiamente del polen de los pétalos,
cubriendo con sus fábulas, las historias de sus héroes.
Los
niños juegan en caracoles a resbaladeros de madera que huelen a canela y
se muestran orgullosos frente a la fuente de piedra que emerge como una planta, suelta agua desde la cabeza y se acumula en la pileta donde los pajarillos,
se bañan salpicando de sus plumas los rayos ámbar por el reflejo del astro rey.
Los
que corren y juegan Tenta. Los resbaladeros que hacen la delicia, un viaje
estelar, cuando en caída libre se emocionan, sueltan los chicos, de golpe y
porrazo rebotan sus pequeños traseros en el final de la tarima. Las escobas que
asemejan corceles, que en viajes de movimiento, recorren con una espada de
palo, como guerreros en plena batalla. Los maderos del sube y baja, que marean
a los participantes cuando mas alto se equilibran en su orilla. Las niñas que
juegan de mamá, arrastran por los pasadizos del parque al oso de peluche,
se niega a trotar junto a su compañera que retiene un biberón en la otra mano,
los carros porta bebe, color rosa que deambulan plácidamente, transportando las
muñecas y cuelgan sus chinchines, suenan al compás de canciones de cuna.
Estandarte y pelotas que unido a los marcos de metal que extienden con redes,
para la acción del deporte de patear la esférica, un gol de la muchachada. Un
par de rodillas raspadas, con lágrimas en los ojos, como corolario de
fantástica tarea, en un encuentro de chiquitines disfrutando al aire libre,
en el estadio de la mente.
Las
bancas de madera que sirven de descanso, de refacción escolar con algodones de
colores o conos de helado, que aceptan en sus sentaderos a los que hacen reposo
o simplemente de vestidores donde se dejan desordenados los suéteres y las
gorras. Quizás un tren de vagones de ilusión
Los
parques de paseo que se adornan con pequeñas piscinas, con mariposas de luces
de colores, rodeadas de plantas ornamentales, donde reposan parejas de patos,
que bañan sus picos y sacuden sus alas
cuando aterrizan en la pista, de la dulce plazoleta.
Una
caña de la cual pende un hilo, que forma en el agua círculos esta se extiende
como bellas historietas encendidas a la distancia, un gusano se ducha
agarrado de un anzuelo, haciendo malabares para atraer a los peces. En la otra
punta un niño sostiene la vara, sentado en la grama, con sus pensamientos en el
aire, imagina en tener éxito al atrapar un incauto besugo, junto a él un
canasto, contiene una botella de gaseosa, una manzana y varios panes
de refacción, eso si atento, se dispone
al percibir un pequeño jalón, él hace movilizar la caña, mientras se enreda
con el hilo y deja caer la galleta que come. Acción fallida, la destreza de la
víctima es mas rápida que el tacto del pescador.
Los
diligentes Pica flor, que chupan atareados las mieles de las flores, guardando
un extraordinario equilibrio, mientras se saborean del agradable polen, compitiendo en algunas ocasiones con
las abejas también se dedican a recoger su alimento e imagina la sorpresa
de las mieles y chocolates se saborean en las estancias.
En
la orilla de la poza, un amigable batracio, salta alegremente, entre las hojas
y los lirio de agua, cantando en tono de DO, su gutural Croa, Croa, como
abriéndose paso entre los charcos, en búsqueda de algún grillo que haya
amanecido desvelado, para convertirlo en su apetecido desayuno. Algunos
caracoles en fila india se trasladan sobre las piedras, para saludar a los zancudos de larvas han evolucionado a adultos y se disponen a rondar sobre los
visitantes para provocarles mediante piquetazos, rasquiñas y ronchas, que
abultan la piel.
Las
elegantes churrasqueras que desprenden humo desde sus adentros, mientras el
carbón se consume en rojo, para aderezar los filetes y los manojos de cebolla,
el cocinero que con espada en mano se ensaña con los trozos de carne,
sacudiéndolos para que el dorado se instale en toda su cuerpo y despida ese
olor característico del asado. Las típicas tortillas se hacen saltarinas cuando
depositan su lomo en las varillas ardientes de la parrilla. La fantasía, como
en un teatro, se incrementa cuando en coro un grupo se hace musical al compás
de una guitarra que hábilmente, se hace al unísono de las tonadas populares.
Un
salud, como grito de batalla se entona mientras los vasos chocan para hacerse
de consuelo, el elixir en su interior se torna en risa y algarabía. La
maleta de frijol, el trasto de guacamol complementan el banquete del almuerzo, recuerda por momentos el onomástico de un menor que ya no está de quebrar
piñata.
Las
arboledas se mecen por el aire, hace respirar lo fresco del
ambiente, los cenzontles se santiguan entre las ramas, de cuyos vuelos hacen
piruetas, las urracas se atreven a silbar, con toda alharaca para mostrar sus
bellas plumas. Las ardillas eléctricas recorren los troncos de arriba hacia
abajo, se sientan en los agujeros para limpiarse los bigotes con sus patas
delanteras, enseñando sus marcados dientes.
La
fantasía se hace distinguida cuando los rayos del sol se quieren esconder detrás de los cerros, donde la bulla de los
pericos y las aves pasajeras se dirigen a sus nidos enclavados en la montaña.
El viento se hace frío, mientras se escurre por los llanos, los habitantes del
campo se buscan en familia para iniciar el retorno, la quietud del estanque se
hace solemne y los bichos encienden sus llamados a dormir.
Los
adultos se proponen a levantar sus manteles y recoger sus instrumentos,
mientras los niños no muy de buena gana se disponen a abandonar sus juegos,
corretean de última hora para depositar los juguetes en los vehículos, las
chamarras y las gorras de lana hacen su aparición previo a la despedida, cada
quien cuenta a su tropa y se dispone a abandonar en lugar.
Muchos
suspiros se escuchan, de agradecimiento, de cansancio, de alegría, mientras las
caritas de los niños que se pegan y hacen vaho en las ventanas, para hacer
prolongar la fantasía del día de campo. Cada quien se despide a su manera, con
lágrimas de tristeza o con un ¡Hasta la próxima escenario de los sueños!
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