viernes, 25 de enero de 2013

DE LOS JUEGOS A LA FANTASÍA



          Plasmado en los lienzos de las ideas, los mágicos pinceles se hacen cargo de instalar de frases armoniosas como la historia de una vida, el campo, las acciones mas brillantes de personajes, únicos, que lejos de permanecer inmóvil, se vuelve activos con la danza de las letras.
          Responsos y letanías que empujan los sentimientos, tiernos suspiros que cantan, hacen volar la imaginación de las flores, paisajes traen junto a la memoria, campos de verde textura, donde pastan desperdigados los unicornios, donde los pavos reales imitan las sinfonías, mientras caminan sobre  las veredas de los versos, produciendo éxtasis y fantasía.
          La casita de chocolate, con ventanas de galleta, donde las abejas sesean en su entorno, depositando el néctar recogido sabiamente del polen de los pétalos, cubriendo con sus fábulas, las historias de sus héroes.
          Los niños juegan en caracoles a resbaladeros de madera que huelen a canela y se muestran orgullosos frente a la fuente de piedra que emerge como una planta, suelta agua desde la cabeza y se acumula en la pileta donde los pajarillos, se bañan salpicando de sus plumas los rayos ámbar por el reflejo del astro rey.
          Los que corren y juegan Tenta. Los resbaladeros que hacen la delicia, un viaje estelar, cuando en caída libre se emocionan,  sueltan los chicos, de golpe y porrazo rebotan sus pequeños traseros en el final de la tarima. Las escobas que asemejan corceles, que en viajes de movimiento, recorren con una espada de palo, como guerreros en plena batalla. Los maderos del sube y baja, que marean a los participantes cuando mas alto se equilibran en su orilla. Las niñas que juegan de mamá, arrastran por los pasadizos del parque al oso de peluche,  se niega a trotar junto a su compañera que retiene un biberón en la otra mano, los carros porta bebe, color rosa que deambulan plácidamente, transportando las muñecas y cuelgan sus chinchines,  suenan al compás de canciones de cuna. Estandarte y pelotas que unido a los marcos de metal que extienden con redes, para la acción del deporte de patear la esférica, un gol de la muchachada. Un par de rodillas raspadas, con lágrimas en los ojos, como corolario de fantástica tarea, en un encuentro de chiquitines  disfrutando al aire libre, en el estadio de la mente.
          Las bancas de madera que sirven de descanso, de refacción escolar con algodones de colores o conos de helado, que aceptan en sus sentaderos a los que hacen reposo o simplemente de vestidores donde se dejan desordenados los suéteres y las gorras. Quizás un tren de vagones de ilusión
          Los parques de paseo que se adornan con pequeñas piscinas, con mariposas de luces de colores, rodeadas de plantas ornamentales, donde reposan parejas de patos, que bañan sus picos y sacuden sus  alas cuando aterrizan en la pista, de la dulce plazoleta.        
          Una caña de la cual pende un hilo, que forma en el agua círculos esta se extiende como bellas historietas encendidas a la distancia, un gusano se ducha agarrado de un anzuelo, haciendo malabares para atraer a los peces. En la otra punta un niño sostiene la vara, sentado en la grama, con sus pensamientos en el aire, imagina en tener éxito al atrapar un incauto besugo, junto a él un canasto, contiene una botella de gaseosa, una manzana y varios panes de  refacción, eso si atento, se dispone al percibir un pequeño jalón, él hace movilizar la caña, mientras se enreda con el hilo y deja caer la galleta que come. Acción fallida, la destreza de la víctima es mas rápida que el tacto del pescador.
          Los diligentes Pica flor, que chupan atareados las mieles de las flores, guardando un extraordinario equilibrio, mientras se saborean del agradable  polen, compitiendo en algunas ocasiones con las abejas  también se dedican a recoger su alimento e imagina la sorpresa de las mieles y chocolates se saborean en las estancias.
          En la orilla de la poza, un amigable batracio, salta alegremente, entre las hojas y los lirio de agua, cantando en tono de DO, su gutural Croa, Croa, como abriéndose paso entre los charcos, en búsqueda de algún grillo que haya amanecido desvelado, para convertirlo en su apetecido desayuno. Algunos caracoles en fila india se trasladan sobre las piedras, para saludar a los zancudos de larvas han evolucionado a adultos y se disponen a rondar sobre los visitantes para provocarles mediante piquetazos, rasquiñas y ronchas, que abultan la piel.
          Las elegantes churrasqueras que desprenden humo desde sus adentros, mientras el carbón se consume en rojo, para aderezar los filetes y los manojos de cebolla, el cocinero que con espada en mano se ensaña con los trozos de carne, sacudiéndolos para que el dorado se instale en toda su cuerpo y despida ese olor característico del asado. Las típicas tortillas se hacen saltarinas cuando depositan su lomo en las varillas ardientes de la parrilla. La fantasía, como en un teatro, se incrementa cuando en coro un grupo se hace musical al compás de una guitarra que hábilmente, se hace al unísono de las tonadas populares.
          Un salud, como grito de batalla se entona mientras los vasos chocan para hacerse de consuelo, el elixir en su interior se torna en risa y algarabía. La maleta de frijol, el trasto de guacamol complementan el banquete del almuerzo, recuerda por momentos el onomástico de un menor que ya no está de quebrar piñata.
          Las arboledas se mecen por el aire, hace respirar lo fresco del ambiente, los cenzontles se santiguan entre las ramas, de cuyos vuelos hacen piruetas, las urracas se atreven a silbar, con toda alharaca para mostrar sus bellas plumas. Las ardillas eléctricas recorren los troncos de arriba hacia abajo, se sientan en los agujeros para limpiarse los bigotes con sus patas delanteras, enseñando sus marcados dientes.
          La fantasía se hace distinguida cuando los rayos del sol se quieren esconder  detrás de los cerros, donde la bulla de los pericos y las aves pasajeras se dirigen a sus nidos enclavados en la montaña. El viento se hace frío, mientras se escurre por los llanos, los habitantes del campo se buscan en familia para iniciar el retorno, la quietud del estanque se hace solemne y los bichos encienden sus llamados a dormir.
          Los adultos se proponen a levantar sus manteles y recoger sus instrumentos, mientras los niños no muy de buena gana se disponen a abandonar sus juegos, corretean de última hora para depositar los juguetes en los vehículos, las chamarras y las gorras de lana hacen su aparición previo a la despedida, cada quien cuenta a su tropa y se dispone a abandonar en lugar.
          Muchos suspiros se escuchan, de agradecimiento, de cansancio, de alegría, mientras las caritas de los niños que se pegan y hacen vaho en las ventanas, para hacer prolongar la fantasía del día de campo. Cada quien se despide a su manera, con lágrimas de tristeza o con un ¡Hasta la próxima escenario de los sueños!

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