A
donde viajan los sueños, cuando los sentimientos se apagan, joviales historias
que se buscan en el fondo de una alforja cargada de cosas interesantes que se
muestran jubilosas en las solapas de la inspiración.
Cuentos
que cabalgan en el orgullo de jinetes de verde armadura, de princesas de largas
cabelleras y corona de jazmines, que en la cumbre de una torre, reposan
solitarias, huyendo de los dragones místicos que las encierran en el embrujo de
la magia, las embeleza como divas en búsqueda de un galán que las consagre.
Castillos
encantados de cúpulas encendidas, de puentes levadizos que nos transportan
hasta donde albergan los juglares, príncipes y vasallos que asombran con
banquetes de cítara y baile. Derroche de ostentación donde viajan los bebidas
espirituosas del triturado vino, manjares de alta cocina que llevan al clímax a
los obesos monarcas, que estampan sus voluminosos cuerpos en las butacas de
elegante mármol, vistiendo atuendos olorosos, hilos de filigrana de oro que
muestran su extravagante presencia. Asisten a sensuales espectáculos donde
disfrutan de las exóticas bailarinas que son las delicias visuales con sus
morenos cuerpos semi desnudos.
Mientras
en el exterior allí donde los Pegazos multicolores pastan en el arco iris de
los campos, los riachuelos se muestran plácidos en su transitar. Los puentes de
piedra que adornan las veredas, donde los aldeanos se refrescan en sus tareas
cotidianas, allí donde la naturaleza se hace simple y la música se torna
angelical, las cortesanas danzan como las mariposas de primavera que revolotean
entre los murmullos de la campiña.
Poesía
lírica que contempla en tonos pastel de la mano de los querubines, se hacen
piruetas al sol, los restos de las gotas de rocío, se evaporan en el
coloquio de una mañana llena de
encantos, cuando los botones se vuelven rosas y los mitos se tornan
realidades. La vida se torna mágica cuando los patos, en formación de saeta se dirigen a los
pórticos del sur, con ansias de los nidos de reproducción en las lagunetas
acompañadas de los senderos del mar.
Las
zorras se escapan en desbandada, al escuchar a la distancia las jaurías, que de
olfato las talonean en cacería, Arcos y
flechas asumen la responsabilidad de alcance a las doradas víctimas,
buscando en los agujeros de los troncos la salvación de su pena, donde los perros
Beagle se hacen héroes en su captura, para posteriormente aparecer como trofeo
en la sala de armas en el acápite de la chimenea.
Damas
dulces, de vestidos largos, con fustanería de hadas con un doblés de
rodilla se hacen reverencia con los caballeros gendarmes, con planchados trajes,
aletean en forma estética mostrando sus elegantes espadines, se cubren con
birretes adornados con una mullida pluma en el frontal y colección de botones
dorados en el pecho. Los cortejos son indiferentes, de tomar con delicadeza la
mano, a ofrecer el brazo en jarra para incitar a un paseo Las cortesanas
ruborosas, aprovechan a sacudir sus abanicos para restar importancia a los piropos en forma de poemas se lanzan al aire, para rubricar la conquista, otras
corren de no querer irse y se tantean negativas al estirar sus brazos sin
soltar la mano, caen y ruedan en el engramillado, esperando que el galán se
aproxime y les ruegue oficioso para levantarla, pedir por lo menos un abrazo o
quizás un furtivo beso.
La
tarde se hace antigua y la luz tenue empieza a tornarse gris, la aventura se
disimula y vuela por las rendijas, las parejas se reposan en los pechos y las
cuitas de amor se vuelven fantasía, cuando los candiles del palacio se
encienden para anunciar la noche.
Los sueños son el epitafio de una
aventura que se proyecta en la imaginaria del espíritu, son las palabras en
orden y sonido, son los ideales, producto de un artista que tras deambular por
la celestial inspiración, se convierte en la invocación de un sentimiento, es
la idea, el hechizo que plasmado en blanco y negro se vuele un torrente de
fantasías vertidas en un pedazo de papel, discute a través del tiempo el
brebaje de la creación en el cáliz del
pensamiento
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