Las
máscaras danzan en equilibrio, entre el sol nuevo y la pálida luna. Juegan como
fantasmas en la cúspide de la peña, mientras los celajes se sonrojan en el
firmamento al esconderse de los trinos de las aves, que vuelan jubilosas al
rastreo de sus nidos. Las copas del chico zapote que se mueven adormecidos por
las ráfagas del viento que recorren el lecho del río.
Los
pasos del jaguar se hacen silenciosos, al caminar por las veredas, adornadas de
quequeshque y Jacaranda, poniendo la sigilosa mirada en el afán de la cacería.
Los monos aulladores, que recorren entre lianas, columpiándose para escapar del
depredador, escandalizan la selva con sus gritos que con llevan miedo.
La
hora del reposo se ha alargado, las lechuzas precavidas, continúan sus vuelos,
alargando sus pescuesos, en búsqueda de una rama desnuda de los altos, altos
matilisguates, donde depositan sus largas patas para establecer su dormitorio.
El resto de los animales, buscan en sus madrigueras la plenitud del reposo y el
cuidado de las hembras recién paridas y el amamantamiento de las crías
En
el principio se hace la fantasía que nos lleva a los confines de la tierra,
detrás de las aguadas que nos comunican a las majestuosas pirámides a través de
las anchas calzadas que resaltan por su arquitectura, estas señalan los
conductos que los pueblos de nuestros ancestros utilizaban para dirigirse en
comunicación con las milenarias ciudades, que muestran su construcción y señorío a lo largo de la selva tropical.
Las
procesiones que viajaban de un lado al otro son encabezadas por los guerreros
emblemáticos. Los Kej, que mostrando sus cuernos, bailan en vaivén abriendo el
desfile, cubiertos en sus atuendos de la preciosa piel del Venado.
Detrás
se enfilaban los A´kram, que cubiertos con su piel de pelambre áspero y negro,
cuyas garras cuelgan en sus espaldas, se movilizan como todos los
tepezcuintles.
Con
sus clásicos movimientos de un lado hacia el otro con una máscara que
representa a los loros, con sus picos entre abiertos y sus elegantes plumas
verdes, el grupo de los Chequen. Que emulan el movimiento de los mas grandes
pericos
De
último pero no menos importantes el escuadrón de los Mash, donde debajo de la
piel oscura que portan se muestra una cola negra enroscada en la espalda como
los Monos saraguates, los que emiten sus chillidos característicos, al abrirse
paso en la sabana.
Después
de la fuerza de los guerreros se dejan llevar las damiselas con túnicas
blancas, acompasado de los sonesitos que las hacen aumentar la gracia de las
féminas. Transportan las vasijas de barro que humeantes, sueltan el espíritu
del POM, que asciende perpendicular al cielo como oraciones para el GRAN AJAU.
El
monarca encima de un anda, muestra todo su señorío, su penacho de plumas de
Quetzal, las máscaras de oxidiana que
representan su poder y los dijes de Jade que dicen de su alcurnia. Grupos de
hombres de piel cobriza cargan en hombros al soberano.
El
gran KINICH AJAU, descendiente de los dioses, el supremo, conduce a su pueblo a
través de los caminos de la eternidad, a
los lados del pináculo se hace acompañar de sus sacerdotes, que invitan a los
hombres a vitorear con las hojas de XATE, a su monarca, en su trayecto….
La
princesa IX NAAH EK, rodeada de sus damas de compañía y los maestros del
templo, cierran el desfile, llevan la luz de las peticiones, en las piezas en
forma de comal. Calendarios de piedra en
forma de glifos y el fuego de la pureza en sus cántaros de sabiduría, pidiendo
al todo poderoso, humildad y fortaleza, para que el año sea bueno en fruto y
cosecha.
La
romería significa una petición para la convivencia, bienestar y subsistencia de los pueblos. Es la visita a
los campos donde surgen las grandes ciudades, con sus templos piramidales. Es la
gran calzada la que se hace extensa mientras el cortejo se dirige al gran
templo de la DANTA,
en el centro ceremonial mas grande de los reinos altos, donde se localiza la
morada del GRAN AJAU, sitio donde el sol reposa por las noches y las cuatro
lunas atienden su descanso, velando su sueño de fantasía.
En
la plaza principal se han fincado pueblo y guerreros, que se disponen a
entablar en convite los bailes tradicionales de los animales bajados de los
cielos representando la mitología de los antepasados. La chirimía sagrada y el
regio TUM, evocan las voces de los dioses que prestos resuenan en oraciones de
petición. En las escalinatas, se forman los guardianes, que hacen valla hasta
el trono del rey.
Las
fumarolas que se forman en las esquinas de la plaza y las gigantescas fogatas,
al centro, donde se quema las hierbas y las cáscaras de los árboles que dan
aroma, formando un círculo donde LOS CHAMANES oran. En el sitio se abren los
espacios donde se prepara a la muchedumbre que de rodilla en tierra anhelan el
despunte del alba.
En
la corona de la pirámide hacen su aparición los primeros rayos del Gran sol,
AJAU, con su calor de bendición que baña las estructuras de piedra, desplegando
un manto de luz, que resurge en la silbatina de las aves, acompañan el
amanecer.
KINICH
AJAU, le recibe con sus brazos en alto, mientras agacha el rostro, en el
sublime momento del solemne baño del bendito rayo de luz que atraviesa el punto
exacto del pináculo de la pirámide, por el centro del Glifo mayor en lo mas
alto del templo, que implica la bendición del dios al Monarca y a su vez al
pueblo... En unos cuantos segundos el esplendor del astro se hace presente en
el campo y la algarabía se deja escuchar en todos los rincones.
Música
y bailes se desencadenan como agradecimiento del advenimiento del milagro, el
toque mágico de bendiciones se esparce por toda la comarca que da inicio a la época
de la preparación y el cultivo de la madre tierra.
A
lo largo del tiempo, se desarrollan las plantas que buscan al cielo e indican
que la tierra ha dado su contribución al milagro. La planta es entonces
calzada, los baños de sol y la invasión del líquido de vida recorre las
entrañas de los surcos, le fortalecen su crecimiento, ya pronto la flor en su
mayor extensión se desarrollará, fecunda y luego dará paso a la aparición de
las muestras del fruto, el elote.
Se
sacude el paso de las lunas cuando a través de la punta del elote trasciende el
pelo, color amarillo, que empieza a dar su sazón para la cosecha, se torna café
oscuro, se marchitan y se secan las hojas que hasta el momento eran verdes,
para dar paso a la mazorca, que se quiebra sobre si misma para indicar que está
de corte.
La
fiesta entonces se reinicia, para dar gracias al GRAN AJAU por los milagros de
la naturaleza. Los labriegos se hacen presentes con la actividad de tapiscar la
planta y obtener el mágico grano en mazorca, que en grandes redes se transporta
a los lugares públicos y las plazas para ser desgranado, allí los habitantes
contribuyen a la extracción del grano, que se convierte mediante su cocimiento
con cal, en la sustancia que pasa por la molienda en piedra, para extraer la
sabia del maíz, masa transformada en el
alimento y la vida.
Y
así se completa el ciclo y el ritual de la cosecha, que por generaciones se
mantiene. Mantiosh, Hombres de Maíz.
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