jueves, 3 de enero de 2013

QUE FUE DEL PATOJO



         La última vez, me dejaron tirado sobre la loza de cemento, el resuello sobre el piso y los dolores que me invadían, hacían que permaneciera casi inmóvil, intentaba abrir los ojos pero lo hinchado de los párpados me lo impedían. La puerta de la bartolina se abrió pesadamente detrás del rechinido, que dio paso a un par de botas, que se plantaron como un gigante frente a mi humanidad, como  gato me encogí como pude, buscando refugio en una de las esquinas del calabozo, donde me arrastré, tratando de protegerme.
--- ¡SAQUENLO…! --- fue la orden.---
           Después de haber sufrido un baño a puro chorro de manguera, medio conciente y arrastrando los pies, fui llevado a la enfermería, me colocaron sobre una camilla, donde sin nada de delicadeza, limpiaron y vendaron, las heridas que ellos mismo me habían infringido. Los moretones diseminados en todo el cuerpo, reflejaba el inhumano trato a que me habían sometido, las heridas internas no se lograban ver, pero molestaban, sobre todo las del alma, que eran las que mas dolían.
          La ropa me fue arrancada literalmente en el momento de hacerme las curaciones, tortura sobre lesiones, al recibir los antisépticos que me hacían brincar del ardor. Una pijama de rayas celeste me fue puesta en su lugar. Ya en una cama, de la cual no había saboreado en los últimos años. Se me colocó un suero, apósitos en los ojos envueltos en una gasa que no me permitía ver mas allá de la mesa donde me despachaban los alimentos, todos líquidos que alguien me hacía el favor de depositar en la boca, la que tras las golpizas recibidas había acabado con los pocos diente que tenía.
          Todo era silencio, de pronto, me encontraba en solitario en la sala, solo percibía que alguien a la distancia se acercaba a verificar si no había pasado  otra novedad, con la mano que me quedaba libre, lograba levantar la gasa, con el fin de observar el panorama mas allá de mi cama. Con las urgencias urinarias traté de gritar para se atendido, pero la disfonía de mis cuerdas bucales que había sufrido por golpe, apenas un susurro se dejaba escuchar. Al cabo de un momento, alguien se acercó y con lujo de fuerza me apartó la sábana, sin mayor miramiento me zampó el cacho entre las piernas, era tanta la necesidad de evacuar que no le hice mucho coco al golpe que me encogió los testículos.
          Un par de días después, me levantaron y fui colocado en una silla de ruedas, despojado nuevamente de mi ropa fui colocado en una regadera de agua sumamente fría, los pellejos me colgaban, había perdido tanto peso, que apenas parecía un cadáver con restos de piel. El frío me recorrió todo mi esqueleto al salir del agua, el pelo era lo que mas me sobraba, tanto en la cabeza, la barba y bigote. Ropa limpia, que agradable, ya las humores se tornaban desagradables, especialmente en las heridas que empezaban a cicatrizar. Se me proporcionó una máquina de afeitar, con la que recuperé el recuerdo de cómo era mi cara, aunque los ojos permanecían aun hinchados que desfiguraban mi facies. Como necedad se me colocó nuevamente la curación en el rostro que me hacía permanecer parcialmente ciego.
          A todo esto las noticias rezaban llenas de propaganda de las autoridades tratando de minimizar las ofensivas guerrilleras en el interior de la república, se escuchaba que los grupos de derechos humanos continuaban abogando por los presos políticos y en la búsqueda de los desaparecidos quizás en combate en las montañas o en todo caso los secuestrados como YO, a los cuales querían mantener ocultos y en cárceles clandestinas para no crear mártires de la lucha armada.
          Pasados los días, me fui acostumbrando a la rutina y al silencio, jamás nadie me hablaba, no conocía mas que el espacio de mi cama y el cuarto contiguo donde estaba la enfermería y el baño, mis ojos había mejorado notablemente, la hinchazón había cedido, sin embargo las curaciones y las gasas permanecía en su lugar como garantía de seguridad para no ver mas allá de lo que me convenía. Lo que permanecía en total deterioro era mi garganta, no lograba articular palabras ni era capaz de que me escucharan mis lamentos.
          Una mañana mientras me encontraba sentado en mi camastrón un grupo de personas me rodearon, alguien me arrancó la curación de los ojos, donde logré ver a varios militares , dos damas elegantemente vestidas, con sendas libretas en las manos, un camarógrafo de la TV y un periodista, que conducía la actuación, con cámara fotográfica flashando a cada instante.
--- Como ustedes pueden ver este es uno de los guerrilleros rescatados de manos de los insurgentes, el cual ha recibido buen trato, curaciones, alimentación adecuada.---
          Los relámpagos de la cámara en manos de los asistentes me hacían taparme la vista, ocultándome de los presentes. El camarógrafo trataba a toda costa a encontrar el mejor ángulo para descifrar mi identidad.
--- Entrevistas en este caso serán del todo imposible, el hombre tiene un daño irreversible en las cuerdas bucales que no le permiten hablar, por lo que van a tener que confiar en las explicaciones de mi parte sobre su estado y evolución, información no tenemos mas que su afiliación y el nombre de batalla…. --- una breve pausa, que recortó la entrevista relámpago ---- Síganme por favor, continuamos en las otras salas con el fin de que observen, aquí ya no hay mas que ver, cumplimos con mostrar al Comandante REMIGIO, que se encuentra vivo y en perfecto estado aquí, por favor nada de preguntas! ---
--- Coronel cree usted que en el futuro podamos interrogar al paciente…--- indico una de las damas, mientras el grupo se alejaba.---
---Probablemente, probablemente… --- Les hago la exhortativa que se comunique a sus instituciones de derechos humanos con el fin de que se desvanezcan la desinformación respecto a las actuaciones del gobierno al respecto.---
          La duda cundió en mi pensamiento, esto era solamente para aparentar que se me había tratado bien, posiblemente el suplicio y la detención continuarían. Los comentarios me pararon el pelo por lo que si era cierto el show político, las agresiones quizás se endurecieran. Era tiempo de buscar otros aires y una frágil idea de escaparme cruzó por mi mente. El grillete que había permanecido en el tobillo se me había retirado. De lo poco que había podido observar era que los guardias de seguridad en la entrada a la sala ya no permanecían, quizás como invitándome a establecer un escape, que tenía el objetivo de acabar con mi vida.
          Me puse de pié y me escurrí hasta el salón donde guardaban los utensilios de limpieza, de donde salí transformado en un empleado con un pantalón de lona y un delantal. Corrí a través del pasadizo hasta llegar a las gradas, extraño no me tope con nadie, eso acrecentó mi miedo de que se trataba de una trampa, dispuesto a todo, salté al jardín posterior, arrastrándome hasta la pared posterior del edificio, cayendo como bulto al otro lado donde se acumulaba la basura del hospital.
---Alguien se escapa. Allá va…..--- grito el gendarme desde la cornisa del segundo nivel.---
--- Bang…. Bang…--- Los silbidos de las balas me rasuraban las orejas, mientras continuaba a todo correr, para ocultarme.
          Los soldados corrieron tras de mi en una loca estampida que me llevó hasta el riachuelo en el fondo del zanjón, este serpenteaba hacia los barrancos. Corrí sin parar por las areneras, que me llevaron hasta el afluente de Río Grande, donde por la vegetación y lo exuberante de la maleza me hizo sentir con mayor seguridad para ocultarme.
          Me metí en el agua la que me llegaba hasta la cintura, en un recodo me escondí entre las lechugas de tul y las raíces de manglar, que crecían en la extensión de la orilla, permanecí por largo rato en ese lugar, las patrullas del ejercito pasaron un par de veces por la otra orilla, pero no se percataron de mi presencia. Ya entrada la tarde, cuando la bullangueras bandadas de pájaros, regresan de sus paseos,  decidí abandonar mi escondite, deambulé por los pastos hasta que el sol desapareció en el poniente, dejando estelas de luz y de penumbra en el valle. Alcancé a llegar a un camino vecinal, donde me deshice de las botas de hule y el delantal que había robado en el hospital, caminé hasta encontrarme con la noche, los grillos alertaban con sus ruidos, anunciando su presencia en las copas de los árboles y a lo lejos los perros ladraban en advenimiento del frío que caí sobre el lugar, busqué acomodo entre los matorrales y cubierto de algunas hojas grandes me hice a la aventura de reposar, junto a las sombras de los varejones.
          El peligro parecía haber pasado, amanecí con el sol a mis espaldas, para continuar la travesía. De camino recogí algunos frutos para despegar mi estómago, que me hacía ruidos por la necesidad. Así caminé hacia la libertad, con la esperanza de encontrar el sendero, que me permitiera trasmitir mis experiencias. Había salido con vida. ¿Que me ayudaría, antes de entrar al olvido y con la deficiencia de la voz?, Con el uso de la pluma contaría mis vejámenes y mi paso por la ignominia.

          Cinco años antes había iniciaba mis primeros pasos en la escuela, no me costó aprender las letras, transcurriendo con buenas notas, en los grados que había aprobado. Iniciando el último grado de primaria, conocí y me enamoré de la Maritza, patoja de la escuela también cursaba el sexto grado.       Me levantaba temprano y sin comer bocado me iba a poner cerca de la puerta del establecimiento, con tal de verla, tan solo me alcanzaba para saludarla, ella ni alzaba la vista y no se dignaba verme. El maestro también se asomaba temprano, cuando me encontraba, me saludaba y con palmadas en la espalda me invitaba a charlar en el salón. Siempre andaba con un par de libros, en su morral Momosteco, yo quería saber de su experiencia para cantinear, para aplicarlo a mi necesidad de hablar con la chica mi compañera, El profe era pilas, tenía en la punta de la lengua las respuestas para todo, pero siempre terminaba por parlotear, lo relacionado a la igualdad, las necesidades de los pobladores y los derechos a la educación. A mis 14 años, me gustaba cuando se ponía a contar sobre las aventuras como estudiante de Ciencias sociales en la Universidad, donde asistía los fines de semana. Aunque yo le sacara cada vez que podía el tema de la Maritza, me decía un par de cosas como, enfrentala y decile que querés que sea tu amiga. Cosa difícil para mí.  Siempre me sacaba de onda prefería estar hablando del Che Guevara, del proletariado, de la revolución Cubana, etc.
          Ese principio de año le fui a buscar a la escuela, el maestro tenía nuevo look, dejándose la barba, estaba mas flaco que de costumbre, lo consideraba mi amigo por lo que fui  a buscarlo al inició de las inscripciones en el establecimiento donde nos habíamos conocido, siempre jovial, charlando de los viajes en sus vacaciones y las aventuras con los compas. Le saludé a la distancia.
--- Que tal vos José de los Santos, como te va…..ya cayó la Maritza --- lanzando una carcajada que me hizo sonrojar.---
--- Hummm...…!, todavía no.--- y le seguía la chanza --- jajajaja. --- como está  maestro, que bueno es verlo, como le va?.---
---Nada de maestro, compañero Horacio, acaso no somos cuates pues?.---
          Me sentí incómodo de momento, pero se acercó a mí y me dio un apretón de manos, como era su costumbre me instaló algunas palmadas en la espalda y me invitó a sentarme a charlar. Ese año me tocaba pasar al instituto de secundaria, iniciando otra etapa en mi vida.
--- Cuéntame que es de tu vida, te vas a la Prevocacional...
--- Si, le voy a hacer ganas….
--- Mirá manito, es lo mejor ya van a venir los socialistas y lo único que no te podrán quitar es lo que tenés en tu cabeza, el conocimiento….--- y luego me reinició el discurso de igualdad, de la lucha de clases, que se veía venir la insurgencia, que todos deberíamos estar del lado del proletariado.
          Ha veces me mareaba con sus pláticas, pero en el fondo tenía razón, mis padres jamás habían pasado de zope a gavilán, siempre los había explotado y todo porque nunca había asistido a la escuela, que sabía los viejos de derechos, les pagaban lo que se les venía en gana y sobrevivían con miseria y desigualdad. Cuando llegaba el punto que me hacía que se me subiera la sangre a la cabeza, me alteraba y me sacaba el apellido en contra de las autoridades. Allí era cuando me incitaba con el estribillo de “A lo mejor vos sos el llamado a levantar y guiar a tus compañeros, hermanos a un levantamiento armado por la Patria”?.
          En cierta ocasión me invitó a visitar, la capital y fuimos a su casa donde en una reunión de amigos fui presentado como un joven con amplio criterio y capaz de participar en la consecución de ideales. No estaba totalmente convencido de lo que me estaba metiendo, pero el gusano de la aventura me inclinó o, quizás no quedar mal con el amigo y maestro.
          Me percaté de la situación, en el momento en que me llevaron a un cuarto en la trastienda de la casa, donde impresionaba una fotografía gigante del Che Guevara, con un rótulo que rezaba en la Lucha armada, recortes que colgaban en la pared donde se hablaba de las actividades bélicas de las columnas guerrilleras de la ORPA. Los sitios de adoctrinamiento y la enseñanza del manejo de las armas, un mapa de la Isla de Cuba, un armario lleno de libros de tinte revolucionario y de pronto como chispado adolescente, me picaban las manos por aprender, el uso de armas, al menos tener en mis manos un fusil.
          Empecé a viajar con mayor constancia hacia el lugar y me retiré de los estudios, hasta en convertirme en una pieza de un rompecabezas, que me llevó a cambiar mi vida, cuando empecé la participación en los campamentos y  en acciones bélicas en pequeña escala en las montañas.
          Le perdí la pista a mi iniciador, que al moverse en otros círculos y en otras actividades, yo era como la fuerza de tarea en el monte, hasta me bautizaron con el nombre de Comandante Remigio, como jefe de una célula importante  de los batallones del Nor-oriente de la república. Buena fue la experiencia, aprendí a sobrevivir en la selva, a pasar hambre, a defenderme y a MATAR!
          Me entró frustración cuando después de una refriega, di muerte a un “enemigo” un ser humano, eso me conmovió, el cargo de conciencia, no pude abandonar la idea, aunque dentro de los mismos compañeros me daban soporte diciendo.
--- Es que si no lo haces, el muerto serías vos….
          Llegué a pensar si con las muertes de ambos frentes, resolverían los problemas estructurales de este país, me quedaba siempre con las dudas, me enfrentaba además al sentimiento que me producía el ver caer muertos a la par mía,  patojos que sin tanta experiencia eran masacrados por las huestes del ejercito.
          Con un motón de pensamientos encontrados, después de un tiempo, creo entré en la madures, ya no me encontraba tan afecto a las situaciones, aunque no lograba ver una luz al final del camino. Me había metido a esto, para bien o para mal, sabiendo que la mentada lucha armada era para largo, sin final feliz o supervivencia. En muchas ocasiones corrí con exagerada suerte, salvado como gato panza arriba de ser muerto o capturado en las acciones urbanas de la guerrilla.
          Vi llegar el día, cuando de manos del comandante Horacio, me fue encomendado el escuadrón, era un ascenso dentro de las filas. Lo que me comprometía mas de la cuenta.
--- Comandante Remigio, desde que te conocí yo sabía que vos eras el hombre para dirigir esta lucha, como tu amigo reconozco tu lealtad y las agallas que le has puesto a tu labor y ahora serás el comandante de esta fuerza… HASTA LA VICTORIA…!---
          Me fue comisionada, la tarea de levantar la lucha en las regiones del altiplano Occidental y el reclutamiento de personal, cosa bastante difícil por que ya no era por convicción, la juventud ya no tan fácilmente se dejaba llevar por los discursos y la doctrina, muchos fueron llevados a la fuerza, cosa que no fue la mas adecuada..
          Cometí un gran error, después de cinco años de mis aventuras, volví a mi casa, donde me entere que mi padre,  había sido apresado, por los escuadrones del ejército, quienes le habían, torturado, muerto y luego abandonado en el río Motagua, que culpa tenía el viejo de mis andanzas,  mi madre había ido a parar en casa de unos familiares, quienes la cuidaban, enferma y diabética, se encontraba confinada a una cama donde ya solo las oraciones a Dios, la mantenían con vida. Pueblo pequeño, infierno grande, alguien, me chilló, de allí surgió la mas implacable persecución, que me hizo saltar de pueblo en pueblo hasta estar de regreso a la montaña. Mi regreso a la actividad se vió interrumpida por los constantes asedios a que fui sometido. Mis correligionarios empezaron a sentir la presión de los grupos gubernamentales que me seguían la pista.
          Fuimos emboscados y perdí varios hombres en una escaramuza, que estaba dirigida a cortarme la cabeza, escape de milagro, el apoyo logístico del movimiento se vio disminuido cuando las acciones que se me encomendaron se vieron interrumpidas por los constantes golpes a mis columnas. Me tenían en la mira, los ojos tras mis espaldas y cada movimiento era vigilado, era medido por la inteligencia militar, hasta que se llegó el día.
          Comisionados a poner en activo un puesto de asalto junto a la carretera, en la cumbre de Santa Elena, camino a Cobán, nos vimos sorprendidos por un contingente de soldados, apoyados por artillería pesada y fuerzas de aire. Los helicópteros nos cayeron de la nada y se produjo un enfrentamiento, que diezmó mi grupo, se me capturó con unos de mis compañeros y el resto fueron masacrados inmisericordemente.
          Engrilletado de manos y piernas, con capuchas sobre la cabeza, fui trasladado a lo que yo creí era una zona militar, allí empezó el suplicio. Fui vapuleado, durante los interrogatorios los mancebos me introdujeron en una pileta hasta  provocarme asfixia por inmersión. Y que querrían saber, de mis actividades, de mis acciones, de mis ideales, no lo se la estructura de células no permitía tener el conocimiento de las actividades de otros grupos, ni mucho menos de los cabecillas.   
          Eso fue de diario y por largo tiempo, cuando se cansaban de golpearme y torturarme, me tiraban como bulto en las bartolinas mal olientes, rápidamente empecé a perder peso, hasta convertirme en un saco de huesos. Así fue como en una ocasión fui llevado a la sala de confesiones, donde recibí un golpe con una varilla de metal en el gaznate, perdí el conocimiento y la fui a tener a la enfermería, por lo que pude ver era que había perdido sangre, los sonidos guturales prevenientes de mi garganta hacía ver que algo me había roto algo y destruido las cuerdas bucales.   
          Durante mi estancia, escuche noticias que los cuerpos de Derechos humanos, Amnistía Internacional, buscaban denodadamente a los presos políticos y a los guerrilleros caídos en manos de los comandos militares. Yo era una celebridad, junto al Comandante Pancho, los hermanos Sosa, otros miembros de la elite de la insurgencia, a quienes se les buscaba con orden judicial en todos los cuarteles de la república.
          Me enteré además que por una supuesta confesión de los detenidos, había aprovechado la capturar a gran cantidad de personas, a quienes en juicios sumarios y en tribunales de fuero especial, les había pasado por las armas. Entendí entonces porque me había dejado vivo, para ser un chivo expiatorio y orientar a la opinión de que de alguna manera se me había señalado de soplón. Quizás por eso me quedé sin habla, para completar la estrategia de no poder emitir palabra para defenderme. Pero aún asi fui devuelto a las bartolinas a purgar mis ideales, las golpizas fueron cada vez menos frecuentes, me había vuelto un modelo de práctica de los esbirros, que gozaban con hacerme daño.     
          Asi fue como sobreviví por no se cuantos años, cada vez que se escuchaba algo relacionado a desaparecidos, se recordaban de mi me aporreaba, me golpeaban, lastimándome sin matarme, para no hacer de mi un mártir.
       


  



  


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