jueves, 29 de noviembre de 2012

LA MEDALLITA


          Locos los vientos, invaden los rincones con su gélido manto, las láminas se sacuden y rasgan con su tableteo el techo de la covacha, mientras en las rendijas se escapa el humo de la fogata de chiriviscos que tuestan las arqueadas tortillas, como no son del día la escarcha las hace tronar en el comal de lata que junto al tarro de barro, calienta el aguaré. Sentada en el suelo la chica, se acerca para que el calor le pegue en las canillas, mientras se soba las manos para intentar obtener la energía necesaria para su cuerpo.

          Ayer fue el fin de mes y su papá llegó borracho, con toda clase de estocadas, sucio, en calidad de bulto le dejaron sus amigotes en la entrada del cuarto, sin zapatos y sin un quito entre la bolsa. Desde que murió su madre, es así todos 30, 31 del mes, es una agonía difícil de aguantar, pero así es otro resto de semana, de pedir fiado o quizás regalado para poder aguantar el vacío del estómago de ella y sus hermanos.  Los dos mas pequeños ajenos a la vida, se le va en salir a la calle y agarrar a patadas una botella plástica, o una cabeza de muñeca que les inquieta por el mentado FUT.
          La jovencita está intrigada, hace días que nota cosas raras en su cuerpo, los pechos le crecen, junto a su instinto maternal, ya no le gusta verse chorreada, cuando se pasa frente a un pedazo de espejo recostado en un cajón, junto a su cama. Con el pensamiento en el aire, se resigna mientras se pasa un escuálido peine para arreglar sus greñas de pelo fino y dos colores, no por tinte sino por su estado nutricional. Una lágrima recorre su mejilla, un tanto tostada por el clima, haciendo remembranzas de cuando su mama le acuchuchada, por ser la única hembrita de la familia. No comprende la tragedia de su vida y la distancia de conocer el porque de la soledad desde la ausencia de su ser querido.
          Después de haber conseguido unas hojas de macuy y un medio tomate, hierve en un trasto, los menjurjes que de pronto le engañan el apetito a su hermanos, con las tortillas que se quiebran de tueste que permanecen el fuego, se envalentona para invitarles a comer “ALGO”, mientras su tata despierta.
---Marinaaa..!!--- rezonga el padre que se tambalea semi sentado en el colchón de paja --- Marina..!, patoja pendeja, vení pa´ca.
La niña temerosa, se acerca, le encara.
--- Mirá vos patoja, andate a la tienda de la esquina y le decís al señor ese, como es que se llama?. Que te venda un octavo, que después se lo mando a pagar. —
          Ella da media vuelta, sale por la puerta, pero se queda recostada en la parte del exterior, sin cumplir las órdenes del padre. Se hace de corajes apretando sus manos y golpeando los trozos de lepa de la pared, se toma unos minutos y regresa.
--- Que hoy no hay fiado, dice Don Marcos.--- indica.
--- Que desgracia, viejo come mierda, como que le debiera plata.---
--- Mire papá y no le da vergüenza venir así a la casa, la verdad, después de haberse matado el pisto de la quincena en puro guaro, que bárbaro.---
--- Aaaah.....!, y vos que sabes de la vida, patoja enclenque…. Si estuviera tu madre ja!, ella ya me hubiese arreglado un mi caldo quita goma y hasta mi trago me hubiera dado.---
--- Si…. Si mi madre era babosa y lo aguantaba.---
---Que dijiste……!, igualada---
          Temiendo lo peor, toma a sus dos hermanos, que nada lentos ya terminaron con su sopa y los lleva a la calle, donde alcanzan a escuchar las maldiciones y vulgaridades del engomado, que de pronto lanza cuanta cosa le queda a la mano, para manifestar su cólera y berrinche.
          Mas tarde,  el hombre, medio arreglado, se asoma al dintel de la puerta mientras trata de componerse el pelo alborotado, con las manos. Se mete las manos a la bolsa, para registrar haber si le queda algún rescoldo de monedas, extrae en la derecha un jocote verde a medio comer untado de sal y una medallita de la virgen de Guadalupe, la que vuelve a colocar en la bolsa.
--- Hay vuelvo, voy a buscar que comer y quitarme esta maldita goma, hay se entran….!---
          La tarde se hizo noche, en medio de los latidos de los perros y el recorrer de la pálida luna de cuarto menguante, en las callecitas del asentamiento, el frío rondaba y se hacía presente. Después de atrancar la puerta, Marina acomoda sus hermanos y se sienta junto a ellos a esperar, el sueño la hace presa y se dobla sobre su costado, lo helado la hace buscar acomodo y calor junto a ellos. Los repiques de la iglesia cercana le hacen sobresalto y el paso de los transeúntes le indica que el día ha comenzado. Un tanto adolorida por lo incomodo de la dormida se levanta, se dirige hacia la puerta, suelta la tranca, la esperanza se ve frustrada, el bulto que le acostumbra encontrar no está.
          Tantas veces así había pasado que sin más retorna con la pena, pero al ver a los niños, se refunde en los pensamientos de preocupación y la responsabilidad de su manutención. Los obliga a que se levante y como de costumbre sacude la cama y envuelve los ponchos….
           Los días han pasado y la ausencia del padre se hace presente, mas cuando una vecina se le acerca a dejarle unas tortillas y un traste con caldo para que se alimenten, los rumores no se hacen esperar, desde que se fue con una mujer, hasta que lo metieron al bote por borracho.
          La puerta resuena con los toquidos que espantan, uno de los niños asoma su nariz en el medio abrir.
--- Es el tío Alberto…. Marina, lo dejo entrar?---
--- Abrile pues…..---
--- Patojos como están, me informaron que Julián no aparece, haber como está eso?---
--- Si tío desde el lunes, hace tres días que no se asoma por aquí.---
--- Denme chance, voy a  ver donde se perdió este…..---
          La búsqueda se inicia, sin resultado alguno, ni en las comisaría, ni en los hospitales se identifica ningún personaje con las características y nombre del fulano, la tensión crece, mas por el estado de los tres niños, que abandonados en su casa, que no tienen  oficio, ni quien los cuide ni les de comer, y la situación de violencia que se vive.
          La chica ya no sale, teme por si misma, los coyotes de las Maras le rondan en su soledad, a sus trece años toma muchas precauciones, escondiéndose de cuanto fulano se le acerca. Los niños no asisten a la escuela, las gentes de buen corazón y los servicios sociales les ayudan a su subsistencia. La familia no existe. La pastoral social de la capilla, le acompaña para que en el comedor Infantil, les den alimento a cambio de pequeñas labores.
          Una ambulancia hace su parada, junto al cementerio de la población, el tío Alberto, baja junto a Marina y se dirigen hacia un costado de las oficinas, varias personas que se encuentran en las afueras, platican mientras les ven pasar al interior. Un señor de particular les franquea el paso.
---Vamos a una identificación.--- indica Alberto.
          El gendarme les abre paso y les muestra donde  está el encargado quien los conduce hasta una camilla de cemento que se encuentra ocupada por un cuerpo humano cubierto por una sábana de color gris.
--- Están preparados --- les indica --- esto es harto desagradable, sobretodo este cuerpo que tiene muy desfigurada la cara, difícil de reconocer.---
          Descubren el cuerpo. La impresión de ver el cadáver se hace evidente:
--- Augggg…! --- replica la niña, mientras se tapa la boca y hace el intento de vomitar.--- que horrible.--- No se si es él!---
--- Lo viste bien --- le pregunta el tío.--- yo no lo pude reconocer.
          La niña se tapa la cara y con el corazón hecho pedazos, asiente que es posible no sea su familiar, con la mano sobre el hombro la conducen hasta un escritorio, donde le preguntan sus datos generales.
--- Siéntate aquí --- haber vamos a ver tu nombre…?
--- Pobre este fulano, lo atropelló un bus, no tenía identificación, lo único que andaba entre una de las bolsas del pantalón, era esto.---
          En una bolsa plástica que se encuentra en el escritorio, se encuentra una medalla de la Virgen de Guadalupe. La niña se pone de pié y en un mar de llanto grita.
--- Si es mi papá…!, esa medalla yo se la regalé para su cumpleaños y el día que salió de casa la cargaba…..



martes, 27 de noviembre de 2012

LA CITA



          Envuelto en una chamarra de cuadros amarillos con corinto, se encuentra acurrucado en la banca que da de frente a la entrada del cuarto de cuidados intensivos, la puerta se golpea cada vez que alguien pasa espantando los vientos, con rechinido de la apertura de cada una de las hojas en el vaivén del movimiento, del personal médico del santo hospital.
 
          Adentro un equipo de vestidos de celeste con sendas batas blancas, se embrocan sobre una camilla donde intentan dar respiración artificial y apretar a mas no poder el pecho del sujeto en una camilla, la que moviliza dentro de la unidad acercándola al equipo de resucitación, una perilla de tamaño de balón de futbol americano es constantemente apachada, con la que le inflaban el pecho. Las descargas eléctricas cada vez mas intensas se intercalan con el 1, 2, 3, de la respiración asistida.
          El griterío del personal se deja escuchar con alarma y suspicacia, mientras el aliento de vida se alejaba cada vez mas del cuerpo del paciente.
--- Ya no mas……imposible hay que declararlo muerto….--- fue el grito del residente que se sacude el sudor de la frente, antes de sentarse a meditar sus actuaciones.
          Vaya sobresalto, el sujeto de la chamarra se pone de pie y observa desde el vidrio circular de la entrada, como el fin del espectáculo, sin saber que se trata de un enfermo en particular, regresa al sitio donde permanece en la fatídica espera.
          Un par de horas mas tarde, se pone de pie, con el fin de estirase y descansar el adolorido cuerpo, una persona aparece en el corredor que viene de la emergencia, se le acerca, con paso acompasado.
--- Buenas noches--- saluda al recién llegado.
          Sin mucho ánimo le devuelve el saludo levantando la mano. Se sienta en la banca sin inmutarse.
Acto seguido, se toma y registra la bolsa de pecho, saca un cigarrillo, cuando está a punto de  encenderlo, recibe una alerta del recién llegado. Le muestra apuntando con el dedo índice derecho, donde prende un rótulo de letras rojas que dice NO FUMAR.
Guarda el tabaco, poniendole la mano en el hombro, le dice:
--- Véngase amigo, en verdad aquí no se puede fumar, acompáñeme le invito un café, afuera, en la cafetería, hasta un pito nos podemos echar allí---
          Casi como empujado y con poco deseo de hacerlo le acompaña hasta la salita de la cafetería, que se muestra desierta.
---Dígame viene a visitar algún enfermo?---
          Asiente con la cabeza, la que cubre con un sombrero pequeño de fieltro, una bufanda de color negro que le esconde gran parte del rostro que metido en las solapas altas de un abrigo oscuro, que le vuelven un incógnito, el sobretodo empolvado, que le llega hasta el suelo, le da un aspecto lúgubre..
--- No es mucho para hablar --- le dijo --- le entiendo cuando uno esta acongojado y tiene algún familiar enfermo lo que menos quiere es charlar. Hace una pausa.--- Un cafecito?... negro o con leche, no se preocupe yo lo pago--- dirigiéndose a la camarera del lugar.--- Oiga…dos tasas se café negro, por favor---
          La chamarra de colores la colocó sobre el respaldo de la silla, luego le pone dos cucharadas de azúcar a la tasa y se empina el  brebaje, que humea de caliente.
--- Fíjese que tengo un par de días de estar aquí velando a mi patojo, le zamparon un par de plomazos en un asalto de un bus, lo trajeron grave, sabe lo operaron, allí está y bueno esperando la voluntad de Dios, tan solo una vez me han dejado entrar a verlo y yo le pido al Señor que me lo cuide, apenas tiene 15 años, está por salir de la secundaria ….--- varias lágrimas brotan de sus ojos, que las limpia con la orilla de la manga del sudadero.
          El pálido e inexpresivo rostro del personaje, no emite palabra alguna, se conforma con hacer leves movimientos de aceptación de lo que le cuentan. De pronto se pone de pié, se encamina a la salida.
--- Óigame mister, a donde va..?, ni probó el café.---
--- Discúlpeme tengo una CITA…..---le balbucea cerca del oído y se dirige al corredor de entrada.
          El tinte de la vos, como expresada guturalmente, le repica dentro de la cabeza, mientras un escalofrío le recorre hasta las entrañas. Salta de su asiento en forma automática y le persigue, mientras se cubre con la chamarra.
          En el umbral y al fondo del corredor un joven se encamina al encuentro de ambos, porta un camisón largo de color pálido, con la mirada fija, despulida, sus facciones de un matiz ámbar, que contrastan con la contra luz que se proyecta a sus espaldas, que transparenta la figura de su escuálido cuerpo.
--- Manuel..!, hijo, que haces levantado…!.
--- Con él, es la CITA…--- le indica el caballero del abrigo…
          Pasan a un costado y sin mediar palabra, ni saludo se alejan del encuentro. El padre se toma el rostro, temiendo lo peor se hinca a medio pasadizo.
--- Oh…! Dios. Noooo!--- 
          Ambos desaparecen en la rampa de la entrada, mientras los primeros rayos del sol se desperezan en el horizonte, un viento del norte le sacude el frío de la madrugada, que desvanece las imágenes de la pareja….

          En un cuarto de la callecita de un asentamiento, donde una puerta se muestra con una cortina blanca con una moña morada. Alrededor de una caja de pino, cuatro candelas le señalan, unas cuantas coronas y flores le hacen guardia, las mujeres sollozan apenadas mientras un grupo de muchachos, que cuentan historias, permanecen silenciosos y se acongojan por lo ocurrido al compañero





domingo, 25 de noviembre de 2012

EL TESORO DE LA ABUELA



Los cascos de la mula resuenan en el pórtico de la entrada, sueltan las trancas, mientras el picaporte se destraba, la caravana la preceden tres perros, que laten a mas no poder para anunciar su despedida, mientras se enfilan por la calle ancha con dirección hacia la estación del ferrocarril, en treinta minutos se asoman y con paso largo atraviesan los rieles, buscando la callejuela que les lleva al zanjón que da entrada al potrero donde en mansedumbre un atajo de vacas rumian intranquilas mientras los chivos sueltan sus mugidos de hambre, a la espera de su turno para mamar.
            El jornalero que brilla por su ausencia, se despereza junto a su mujer en el catre del cuartucho, donde se guardan las cubetas, los lazos, los aparejos y los tambos de acarrear el blanco líquido.
--- Ya era tiempo que te levantaras…. Mirá mas de las 4 de la mañana y vos montado, como que si no tuvieras que hacer.--- dice el Abuelo.
--- Es que me agarró el tiempo…voy volado.---
          El movimiento junto a la bulla de los animales se aumenta, mientras uno a uno los becerros son liberados para buscar sus nanas….
          Doña Mariíta ya esta levantada, junto a la cocina dándole fuego a la leña por variar se encuentra siempre rodeada de los animalitos de la casa, quienes le halan el vestido insistiéndole que ya es hora de su comida. Los bodoques de masa para la Lora, que canta Ave maría, algunos pedazos de pan embadurnado con un chorrito de chilate para los gatos. Ella desgrana con su diestra una mazorca para liberar los granos de maíz para las palomitas que revolotean por su cabeza.
          La fiesta de la mañana se ha iniciado, mientras se espera la llegada de los tambos de leche, para poder desocupar la cola de vecinos que se acercan a comprar, las muchachas han iniciado la torteada, pues el comal ya esta caliente, las tablas de quesadilla y las butifarras han sido colocadas en la mesa del comedor. Solamente en espera del abuelo que a su llegada. Desde su bestia hace el toquido tradicional frente a las tablas del portón.
--- Ton, tontonton, ton ton.---
---Es Vicente…. --- grita y todo el mundo se pone en movimiento --- Fulana, cuela con manta la leche en la olla grande y despachen a las gentes que están esperando, desde la 6…. Como que le agarró la tarde.---

Los perros se han incorporado en su solicitud de comida y laten alrededor de la señora,  le empujan con las pezuñas para que les ponga atención.
Los chicos se acercan a los abuelos para darles el mento, las jóvenes se apostan en el corredor con sus vestidos largos de múltiples fustanes, para dar los buenos días, a papá.
          Don Vicente se acerca a la pileta del patio para lavar sus manos, desmonta de un clavo una toalla que le sirve para secarse, se dirige pausadamente hacia el interior del comedor mientras arrastra sus espuelas, toma su lugar en la cabecera de la mesa, se quita el sombrero y lo coloca a su diestra colgado de la silla, sus hijos  y nietos, uno a uno hacen presencia y toman asiento alredor de los viejos.
--- Callen esos chuchos, métanlos en el granero, así dejan de chingar….---
--- Papá!....--- dice una hija.--- Por favor estamos en la mesa---
---Precisamente por que estamos en la mesa, que no chinguen….Ah!---

          Los restantes litros del leche han sido colocados en la batea, junto al cuajo, lo que mas tarde se van a convertir en los quesos frescos. La abuela introduce sus manos firmes dentro del caldo para asentarlo, dejando que líquido amarillento suelte, el sobrenadante se cuela con costal de manta para dejar el agua que se pone al fuego para que se extraiga el requesón, parte final del proceso que deja el chilate para los marranos.
          La masa se estruja dentro del costal y luego la ponen en la piedra de moler, para el primer acto de amasijo. Que termina en la batea donde a mano se revuelve y amasa agregándole la sal. Los  moldes de madera hacen de los cuadro donde se depositan las medias libras del quesito fresco, que se envuelve en hoja de plátano para conservarlo suave.
          Los restos en la batea, la abuela los usa para mezclarlos con masa recién cocida para fabricar los mamachos, una especie de taco de tortilla que envuelve y se mezcla con el queso, manjar que digno de saborearse durante la hora de la refacción, con el cafecito y el pan de yemas proveniente de Shusho, de la Juana Cacho.
          Todo está preparado, las tres hijas y la abuela, con sendos mantillones de color blanco, libros de oración y alabanzas, se enfilan por la empedrada calle frente al parque, y el atrio del calvario. Cuelgan las camándulas, mostrando su crucifijo para las oraciones de hora santa vespertina. Las Girón se aprestan a sentarse en la primera banca de la derecha donde se mantiene reservado el espacio de la familia. María Teresa es la que conduce el rezo. Agustín el sacristán acompaña los cantos con su organillo de fuelle, que a veces desentona por su antigüedad. El Cura da las buenas tardes y procede al acto litúrgico.
          El murmullo de las oraciones  se levanta junto al humo del incienso, hasta llegar al punto culminante de la consagración, donde las campanas se lanzan al vuelo para anunciar el final de la hora de la santidad.   Los chicos que son los que primero abandonan la iglesia se congregan para jugar tenta en el atrio, mientras las rezadoras se sientan en el pretil del rededor a platicar cualquier cosa.
          El sonido del reloj de la gobernación se impone a las 6 PM. Anunciando que es hora de volver a casa y prepararse para la cena. Aun en el zaguán de la casa se acumulan las chicas, talvez para un decir adiós de algún amigo, despedirse de doña Carlota la vecina o contar un chisme con alguna compañera del INSO.
          Mariíta, presurosa se dirige a la cocina a dar las ordenes de prepara la cena mientras desgrana unas mazorcas para llevar a las gallinas del patio trasero, la Lora transita en su hombro, haciendo la bulla de cómo llaman a los animales.
---Prrrrr, nic, nic nic….--- imita  a la abuela cuando llama a  los pollos.
          El motor de la energía se deja escuchar y las bracitas se encienden en cada esquina, al igual que en la casa donde los bombillos resisten los bajones de luz a cada cierto tiempo.
          Ella siempre está ocupada, se sienta en la butaca del patio para cocer algunos trapos o zurcir unas calcetas. Mientras una de sus hijas la aborda y le dice:
--- Mamá… allí en el zaguán esta la Estelita, que dice que usted le dijo que viniera a verla.---
--- Si ya se hija, sáquele una libras de frijol y un pedazo de panela….sabés la pobre no tiene de que vivir, pobre aunque sea con eso se le puede ayudar.---
---Hay mamá, usted siempre tan buena gente, por eso es que se aprovechan de usted….---
--- Hija cuando a uno le llena de satisfacción ayudar a los mas pobres. Dios lo bendice a uno.---
          Detrás de esos ojos pequeños color café, de unos espejuelos algo desvencijados, se guarda una dama con alma llena de bondad, un corazón de oro que siente compasión por sus semejantes. Acariciando con sus manos, la Chabelita le arregla sus cabellos mitad canosos.
--- Mamá, no cabe duda que usted es una Santa…..--- 



sábado, 17 de noviembre de 2012

UN DIA EN EL MERCADO



          Los canastos suculentos de jocotes de corona se exhiben, como confeti de colores en las aceras del mercado, donde los paseantes se agachan para escoger los de tamaño grande o como diría los mas galanes, para hacer de su gusto un exquisito manjar.
  --- A cinco la mano…..ofrézcame --- es la cantaleta de la venta.
El regateo se hace evidente con las locatarias que proponen lo mejor de su producto.
          Mas adelante en la caseta hecha de lámina y nylon, cuelgan los collares de manzanilla, las hojas de pacaya, junto a los volcanes de musgo fresco, con olor a tierra mojada. Toda la artesanía, de pastores, varios animalitos, ángeles, sobretodo niños, niñitos Dios, desnudos, anunciando con sus manos las bendiciones de la época, junto a él, la boutique de su ropa donde se destacan los mantillones tejidos a mano, o el vestidito de tela típica.
          Las bolsas de papel de china, con pintados paisajes, las casitas de cartón decoradas humildemente, ángeles, pastorelas rodeados de arenas de colores que son la maravilla para la creatividad que lleva a producir los nacimientos tan tradicionales de nuestro terruño.
          La venta de buñuelos, donde el aceite hierve a mas no poder para chamuscar la masa blanca. Las mesas con manteles de linóleo, que se muestran con los grandes garrafones de los frescos, junto al especial de Súchiles, que hacen que la gente se ría mas de la cuenta, por el fermento de la panela. Las bancas siempre repletas con los comensales que disfrutan los molletes en dulce, los buñuelos en miel y las tiras de plátano verde refritas. No falta el atol de masa, con piquete de frijol negro, salpicado de chile.
           Al llegar a la esquina, se balancean las pencas de banano entre amarillo y verde, donde al por mayor se deslizan las cantidades de plátano, que provienen de la costa. Desde allí se observan las carretas de mano que se apilan en la cercanía, se movilizan cuando deambulan con las cajas de tomate maduro, rumbo a la plaza donde se extienden las ventas de verdura, frutas y tantas otras cosas que se resplandecen con la luz del sol.
Las amas de casa se movilizan con prontitud entre los canales que les permiten pasar y hacer una visita exploratoria de las gangas, con el canasto bajo el brazo, o con la bolsa de brin a medio llenar, gestionan las compras de los granos de frijol negro o colorado para la hora del almuerzo. Las marchantes con usual habilidad recogen su balanza donde el contrapeso de algunas piedras, hacen el equilibrio para marcar la libra o menos de la venta.
--- Con todo y su ganancia patroncita.--- mientras le muestra la pana con el objeto de soltar unos cuantos granos mas sobre el producto. Se le acerca al oído de la compradora.
--- Hay mamita, cuídese,  métase su monedero en el buche, mire andan unos rateros por allí, no vaya ser que se lo roben.---
          La señora voltea la cara a su lado para observar sobre su hombro la actitud extraña de los hombres que pescuecean frente a la parada del autobús, se hacen los indiferentes mientras holgazanes, señalan sus aviesas intenciones. Presto la señora se introduce la mano en el sostén, para esconder sus pocos pesos y sale rápidamente, alejándose del peligro.
--- El afilador……!, cuchillos, tijeras, machetes, para reparar. Afilo al instante…!--- y se deja escuchar el característico pito, de sonido descendente, que anuncia su paso
          La carreta con la lima circular, se mueve pausadamente hacia la boca calle, donde tropieza con el resto de las carretas que llevan los artesanos de reparación de calzado, venta de artículos de costura y la discoteca andante donde muestran los últimos éxitos de la música ranchera, los CD, DVD, de las pirateadas películas de moda.
          Ya el trajín ha disminuido, para la hora del medio día, el mundo reposa mientras degustan un tazón de caldo de pata de res, es día lunes, los comedores se esmeran en elaborarlo por que es día internacional del Caldo, causa de la resaca del fin de semana. Otros se contentan con saborear un plato de tiras, el Pepián de costilla, con ejotes cocidos. Total el comedorcito de doña Mela se multiplica para atender a la clientela, la barra y las mesas están atiborradas, hay quien grita de las meseras desde el fondo:
--- Páseme una poción de pacayas envueltas, agréguenle bastante chirmol,  una porción mas de guacamol.---
--- Sale y vale --- hace una pausa ---dígale al don que si va a querer postre, hoy tenemos Ayote en dulce, jocotes de pascua, también, están muy ricos y no es porque yo los haga, receta secreta de la Sampedrana….jajaja.---
          Rumbo al centro del edificio, las santulonas se acercan a la capilla donde se expone al santo patrono, el morenito de la escoba, San Martín de Porres, que es venerado por los inquilinos y parroquianos, quienes le adornan con flores de muchos colores, cirios y un mesón de veladoras le alumbran el escaparate que muestra lo ahumado por las velas Las figuras de cera se desplayan en la vianda donde la cera se ha derretido y forman figuras de caprichosas formas. La alcancía frente al santo, señala donde se deposita la limosna.
          Justo en la vecindad están las ventas de incienso, de barra y en grano, los vasos de las siete potencias, con la variedad de candelas de todos los colores, copas de gran tamaño justo llenas de esterina, con cálidos olores, aromas singulares, los incensarios de barro que cuelgan en las esquinas del puesto, que se mueven en zigzag, por efecto del viento que corre.
--- PERMISO…!, PERMISO…!,  el golpe avisa….., abran paso.--- es el movimiento continuo, la fila india del grupo de cargadores con pesados fardos de cebolla, se abren paso a empellones hacia el exterior del mercado, llevándose a cuanto obstáculo se les pone al frente, el olor les antecede, van dejando pequeños tallos en el trayecto, como vagones uno tras el otro se abalanzan al callejón, donde los revendedores de los camiones les esperan para encaramarlos en la carrocería para llevarlos a los mercados de mas allá de las fronteras.
--- Los huevos, por docena, por cartón o por caja,  acérquese aquí el huevo barato--- anuncian a través de un megáfono desde la palangana  de un pick up.--- Haber cuantos le despacho, es legítimo huevo de exportación, a quetzal el huevo…!---
          Vaya un día de Mercado, con sus travesuras y montones de basura, que le dan su característica fisonomía, tradicionalmente marcado por la abundancia de los productos de dieta diaria de los chapines