Locos
los vientos, invaden los rincones con su gélido manto, las láminas se sacuden y
rasgan con su tableteo el techo de la covacha, mientras en las rendijas se
escapa el humo de la fogata de chiriviscos que tuestan las arqueadas tortillas,
como no son del día la escarcha las hace tronar en el comal de lata que junto
al tarro de barro, calienta el aguaré. Sentada en el suelo la chica, se acerca
para que el calor le pegue en las canillas, mientras se soba las manos para
intentar obtener la energía necesaria para su cuerpo.
Ayer
fue el fin de mes y su papá llegó borracho, con toda clase de estocadas, sucio,
en calidad de bulto le dejaron sus amigotes en la entrada del cuarto, sin
zapatos y sin un quito entre la bolsa. Desde que murió su madre, es así todos
30, 31 del mes, es una agonía difícil de aguantar, pero así es otro resto de semana,
de pedir fiado o quizás regalado para poder aguantar el vacío del estómago de
ella y sus hermanos. Los dos mas
pequeños ajenos a la vida, se le va en salir a la calle y agarrar a patadas una
botella plástica, o una cabeza de muñeca que les inquieta por el mentado FUT.
La
jovencita está intrigada, hace días que nota cosas raras en su cuerpo, los
pechos le crecen, junto a su instinto maternal, ya no le gusta verse chorreada,
cuando se pasa frente a un pedazo de espejo recostado en un cajón, junto a su
cama. Con el pensamiento en el aire, se resigna mientras se pasa un escuálido
peine para arreglar sus greñas de pelo fino y dos colores, no por tinte sino
por su estado nutricional. Una lágrima recorre su mejilla, un tanto tostada por
el clima, haciendo remembranzas de cuando su mama le acuchuchada, por ser la
única hembrita de la familia. No comprende la tragedia de su vida y la
distancia de conocer el porque de la soledad desde la ausencia de su ser
querido.
Después
de haber conseguido unas hojas de macuy y un medio tomate, hierve en un trasto,
los menjurjes que de pronto le engañan el apetito a su hermanos, con las
tortillas que se quiebran de tueste que permanecen el fuego, se envalentona
para invitarles a comer “ALGO”, mientras su tata despierta.
---Marinaaa..!!--- rezonga el padre
que se tambalea semi sentado en el colchón de paja --- Marina..!, patoja
pendeja, vení pa´ca.
La niña temerosa, se acerca, le
encara.
--- Mirá vos patoja, andate a la
tienda de la esquina y le decís al señor ese, como es que se llama?. Que te
venda un octavo, que después se lo mando a pagar. —
Ella
da media vuelta, sale por la puerta, pero se queda recostada en la parte del
exterior, sin cumplir las órdenes del padre. Se hace de corajes apretando sus
manos y golpeando los trozos de lepa de la pared, se toma unos minutos y
regresa.
--- Que hoy no hay fiado, dice Don
Marcos.--- indica.
--- Que desgracia, viejo come
mierda, como que le debiera plata.---
--- Mire papá y no le da vergüenza
venir así a la casa, la verdad, después de haberse matado el pisto de la
quincena en puro guaro, que bárbaro.---
--- Aaaah.....!, y vos que sabes de
la vida, patoja enclenque…. Si estuviera tu madre ja!, ella ya me hubiese
arreglado un mi caldo quita goma y hasta mi trago me hubiera dado.---
--- Si…. Si mi madre era babosa y lo
aguantaba.---
---Que dijiste……!, igualada---
Temiendo
lo peor, toma a sus dos hermanos, que nada lentos ya terminaron con su sopa y los
lleva a la calle, donde alcanzan a escuchar las maldiciones y vulgaridades del
engomado, que de pronto lanza cuanta cosa le queda a la mano, para manifestar
su cólera y berrinche.
Mas
tarde, el hombre, medio arreglado, se
asoma al dintel de la puerta mientras trata de componerse el pelo alborotado,
con las manos. Se mete las manos a la bolsa, para registrar haber si le queda
algún rescoldo de monedas, extrae en la derecha un jocote verde a medio comer
untado de sal y una medallita de la virgen de Guadalupe, la que vuelve a colocar en la bolsa.
--- Hay vuelvo, voy a buscar que
comer y quitarme esta maldita goma, hay se entran….!---
La
tarde se hizo noche, en medio de los latidos de los perros y el recorrer de la
pálida luna de cuarto menguante, en las callecitas del asentamiento, el frío
rondaba y se hacía presente. Después de atrancar la puerta, Marina acomoda sus
hermanos y se sienta junto a ellos a esperar, el sueño la hace presa y se dobla
sobre su costado, lo helado la hace buscar acomodo y calor junto a ellos. Los
repiques de la iglesia cercana le hacen sobresalto y el paso de los transeúntes
le indica que el día ha comenzado. Un tanto adolorida por lo incomodo de la
dormida se levanta, se dirige hacia la puerta, suelta la tranca, la esperanza
se ve frustrada, el bulto que le acostumbra encontrar no está.
Tantas
veces así había pasado que sin más retorna con la pena, pero al ver a los
niños, se refunde en los pensamientos de preocupación y la responsabilidad de
su manutención. Los obliga a que se levante y como de costumbre sacude la cama
y envuelve los ponchos….
Los días han pasado y la ausencia del padre se
hace presente, mas cuando una vecina se le acerca a dejarle unas tortillas y un
traste con caldo para que se alimenten, los rumores no se hacen esperar, desde
que se fue con una mujer, hasta que lo metieron al bote por borracho.
La
puerta resuena con los toquidos que espantan, uno de los niños asoma su nariz
en el medio abrir.
--- Es el tío Alberto…. Marina, lo
dejo entrar?---
--- Abrile pues…..---
--- Patojos como están, me
informaron que Julián no aparece, haber como está eso?---
--- Si tío desde el lunes, hace tres
días que no se asoma por aquí.---
--- Denme chance, voy a ver donde se perdió este…..---
La
búsqueda se inicia, sin resultado alguno, ni en las comisaría, ni en los
hospitales se identifica ningún personaje con las características y nombre del
fulano, la tensión crece, mas por el estado de los tres niños, que abandonados
en su casa, que no tienen oficio, ni quien
los cuide ni les de comer, y la situación de violencia que se vive.
La
chica ya no sale, teme por si misma, los coyotes de las Maras le rondan en su
soledad, a sus trece años toma muchas precauciones, escondiéndose de cuanto
fulano se le acerca. Los niños no asisten a la escuela, las gentes de buen corazón
y los servicios sociales les ayudan a su subsistencia. La familia no existe. La
pastoral social de la capilla, le acompaña para que en el comedor Infantil, les
den alimento a cambio de pequeñas labores.
Una
ambulancia hace su parada, junto al cementerio de la población, el tío Alberto,
baja junto a Marina y se dirigen hacia un costado de las oficinas, varias
personas que se encuentran en las afueras, platican mientras les ven pasar al
interior. Un señor de particular les franquea el paso.
---Vamos a una identificación.---
indica Alberto.
El
gendarme les abre paso y les muestra donde
está el encargado quien los conduce hasta una camilla de cemento que se
encuentra ocupada por un cuerpo humano cubierto por una sábana de color gris.
--- Están preparados --- les indica
--- esto es harto desagradable, sobretodo este cuerpo que tiene muy desfigurada
la cara, difícil de reconocer.---
Descubren
el cuerpo. La impresión de ver el cadáver se hace evidente:
--- Augggg…! --- replica la niña,
mientras se tapa la boca y hace el intento de vomitar.--- que horrible.--- No
se si es él!---
--- Lo viste bien --- le pregunta el
tío.--- yo no lo pude reconocer.
La
niña se tapa la cara y con el corazón hecho pedazos, asiente que es posible no
sea su familiar, con la mano sobre el hombro la conducen hasta un escritorio,
donde le preguntan sus datos generales.
--- Siéntate aquí --- haber vamos a
ver tu nombre…?
--- Pobre este fulano, lo atropelló
un bus, no tenía identificación, lo único que andaba entre una de las bolsas
del pantalón, era esto.---
En
una bolsa plástica que se encuentra en el escritorio, se encuentra una medalla
de la Virgen
de Guadalupe. La niña se pone de pié y en un mar de llanto grita.
--- Si es mi papá…!, esa medalla yo
se la regalé para su cumpleaños y el día que salió de casa la cargaba…..