Los cascos de la mula resuenan en el
pórtico de la entrada, sueltan las trancas, mientras el picaporte se destraba,
la caravana la preceden tres perros, que laten a mas no poder para anunciar su
despedida, mientras se enfilan por la calle ancha con dirección hacia la
estación del ferrocarril, en treinta minutos se asoman y con paso largo
atraviesan los rieles, buscando la callejuela que les lleva al zanjón que da
entrada al potrero donde en mansedumbre un atajo de vacas rumian intranquilas
mientras los chivos sueltan sus mugidos de hambre, a la espera de su turno para
mamar.
El
jornalero que brilla por su ausencia, se despereza junto a su mujer en el catre
del cuartucho, donde se guardan las cubetas, los lazos, los aparejos y los tambos
de acarrear el blanco líquido.
--- Ya era tiempo que te
levantaras…. Mirá mas de las 4 de la mañana y vos montado, como que si no
tuvieras que hacer.--- dice el Abuelo.
--- Es que me agarró el tiempo…voy
volado.---
El
movimiento junto a la bulla de los animales se aumenta, mientras uno a uno los
becerros son liberados para buscar sus nanas….
Doña
Mariíta ya esta levantada, junto a la cocina dándole fuego a la leña por variar
se encuentra siempre rodeada de los animalitos de la casa, quienes le halan el
vestido insistiéndole que ya es hora de su comida. Los bodoques de masa para la Lora, que canta Ave maría,
algunos pedazos de pan embadurnado con un chorrito de chilate para los gatos. Ella
desgrana con su diestra una mazorca para liberar los granos de maíz para las
palomitas que revolotean por su cabeza.
La
fiesta de la mañana se ha iniciado, mientras se espera la llegada de los tambos
de leche, para poder desocupar la cola de vecinos que se acercan a comprar, las
muchachas han iniciado la torteada, pues el comal ya esta caliente, las tablas
de quesadilla y las butifarras han sido colocadas en la mesa del comedor.
Solamente en espera del abuelo que a su llegada. Desde su bestia hace el
toquido tradicional frente a las tablas del portón.
--- Ton, tontonton, ton ton.---
---Es Vicente…. --- grita y todo el
mundo se pone en movimiento --- Fulana, cuela con manta la leche en la olla
grande y despachen a las gentes que están esperando, desde la 6…. Como que le
agarró la tarde.---
Los perros se han incorporado en su
solicitud de comida y laten alrededor de la señora, le empujan con las pezuñas para que les ponga
atención.
Los chicos se acercan a los abuelos
para darles el mento, las jóvenes se apostan en el corredor con sus vestidos
largos de múltiples fustanes, para dar los buenos días, a papá.
Don
Vicente se acerca a la pileta del patio para lavar sus manos, desmonta de un
clavo una toalla que le sirve para secarse, se dirige pausadamente hacia el
interior del comedor mientras arrastra sus espuelas, toma su lugar en la
cabecera de la mesa, se quita el sombrero y lo coloca a su diestra colgado de
la silla, sus hijos y nietos, uno a uno
hacen presencia y toman asiento alredor de los viejos.
--- Callen esos chuchos, métanlos en
el granero, así dejan de chingar….---
--- Papá!....--- dice una hija.---
Por favor estamos en la mesa---
---Precisamente por que estamos en
la mesa, que no chinguen….Ah!---
Los
restantes litros del leche han sido colocados en la batea, junto al cuajo, lo
que mas tarde se van a convertir en los quesos frescos. La abuela introduce sus
manos firmes dentro del caldo para asentarlo, dejando que líquido amarillento
suelte, el sobrenadante se cuela con costal de manta para dejar el agua que se
pone al fuego para que se extraiga el requesón, parte final del proceso que
deja el chilate para los marranos.
La
masa se estruja dentro del costal y luego la ponen en la piedra de moler, para
el primer acto de amasijo. Que termina en la batea donde a mano se revuelve y
amasa agregándole la sal. Los moldes de
madera hacen de los cuadro donde se depositan las medias libras del quesito
fresco, que se envuelve en hoja de plátano para conservarlo suave.
Los
restos en la batea, la abuela los usa para mezclarlos con masa recién cocida
para fabricar los mamachos, una especie de taco de tortilla que envuelve y se
mezcla con el queso, manjar que digno de saborearse durante la hora de la
refacción, con el cafecito y el pan de yemas proveniente de Shusho, de la Juana Cacho.
Todo
está preparado, las tres hijas y la abuela, con sendos mantillones de color
blanco, libros de oración y alabanzas, se enfilan por la empedrada calle frente
al parque, y el atrio del calvario. Cuelgan las camándulas, mostrando su
crucifijo para las oraciones de hora santa vespertina. Las Girón se aprestan a
sentarse en la primera banca de la derecha donde se mantiene reservado el
espacio de la familia. María Teresa es la que conduce el rezo. Agustín el
sacristán acompaña los cantos con su organillo de fuelle, que a veces desentona
por su antigüedad. El Cura da las buenas tardes y procede al acto litúrgico.
El
murmullo de las oraciones se levanta
junto al humo del incienso, hasta llegar al punto culminante de la
consagración, donde las campanas se lanzan al vuelo para anunciar el final de
la hora de la santidad. Los chicos que
son los que primero abandonan la iglesia se congregan para jugar tenta en el
atrio, mientras las rezadoras se sientan en el pretil del rededor a platicar
cualquier cosa.
El
sonido del reloj de la gobernación se impone a las 6 PM. Anunciando que es hora
de volver a casa y prepararse para la cena. Aun en el zaguán de la casa se
acumulan las chicas, talvez para un decir adiós de algún amigo, despedirse de
doña Carlota la vecina o contar un chisme con alguna compañera del INSO.
Mariíta,
presurosa se dirige a la cocina a dar las ordenes de prepara la cena mientras
desgrana unas mazorcas para llevar a las gallinas del patio trasero, la Lora transita en su hombro,
haciendo la bulla de cómo llaman a los animales.
---Prrrrr, nic, nic nic….---
imita a la abuela cuando llama a los pollos.
El
motor de la energía se deja escuchar y las bracitas se encienden en cada
esquina, al igual que en la casa donde los bombillos resisten los bajones de
luz a cada cierto tiempo.
Ella
siempre está ocupada, se sienta en la butaca del patio para cocer algunos
trapos o zurcir unas calcetas. Mientras una de sus hijas la aborda y le dice:
--- Mamá… allí en el zaguán esta la Estelita, que dice que
usted le dijo que viniera a verla.---
--- Si ya se hija, sáquele una
libras de frijol y un pedazo de panela….sabés la pobre no tiene de que vivir,
pobre aunque sea con eso se le puede ayudar.---
---Hay mamá, usted siempre tan buena
gente, por eso es que se aprovechan de usted….---
--- Hija cuando a uno le llena de
satisfacción ayudar a los mas pobres. Dios lo bendice a uno.---
Detrás
de esos ojos pequeños color café, de unos espejuelos algo desvencijados, se
guarda una dama con alma llena de bondad, un corazón de oro que siente
compasión por sus semejantes. Acariciando con sus manos, la Chabelita le arregla sus
cabellos mitad canosos.
--- Mamá, no cabe duda que usted es
una Santa…..---
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