domingo, 25 de noviembre de 2012

EL TESORO DE LA ABUELA



Los cascos de la mula resuenan en el pórtico de la entrada, sueltan las trancas, mientras el picaporte se destraba, la caravana la preceden tres perros, que laten a mas no poder para anunciar su despedida, mientras se enfilan por la calle ancha con dirección hacia la estación del ferrocarril, en treinta minutos se asoman y con paso largo atraviesan los rieles, buscando la callejuela que les lleva al zanjón que da entrada al potrero donde en mansedumbre un atajo de vacas rumian intranquilas mientras los chivos sueltan sus mugidos de hambre, a la espera de su turno para mamar.
            El jornalero que brilla por su ausencia, se despereza junto a su mujer en el catre del cuartucho, donde se guardan las cubetas, los lazos, los aparejos y los tambos de acarrear el blanco líquido.
--- Ya era tiempo que te levantaras…. Mirá mas de las 4 de la mañana y vos montado, como que si no tuvieras que hacer.--- dice el Abuelo.
--- Es que me agarró el tiempo…voy volado.---
          El movimiento junto a la bulla de los animales se aumenta, mientras uno a uno los becerros son liberados para buscar sus nanas….
          Doña Mariíta ya esta levantada, junto a la cocina dándole fuego a la leña por variar se encuentra siempre rodeada de los animalitos de la casa, quienes le halan el vestido insistiéndole que ya es hora de su comida. Los bodoques de masa para la Lora, que canta Ave maría, algunos pedazos de pan embadurnado con un chorrito de chilate para los gatos. Ella desgrana con su diestra una mazorca para liberar los granos de maíz para las palomitas que revolotean por su cabeza.
          La fiesta de la mañana se ha iniciado, mientras se espera la llegada de los tambos de leche, para poder desocupar la cola de vecinos que se acercan a comprar, las muchachas han iniciado la torteada, pues el comal ya esta caliente, las tablas de quesadilla y las butifarras han sido colocadas en la mesa del comedor. Solamente en espera del abuelo que a su llegada. Desde su bestia hace el toquido tradicional frente a las tablas del portón.
--- Ton, tontonton, ton ton.---
---Es Vicente…. --- grita y todo el mundo se pone en movimiento --- Fulana, cuela con manta la leche en la olla grande y despachen a las gentes que están esperando, desde la 6…. Como que le agarró la tarde.---

Los perros se han incorporado en su solicitud de comida y laten alrededor de la señora,  le empujan con las pezuñas para que les ponga atención.
Los chicos se acercan a los abuelos para darles el mento, las jóvenes se apostan en el corredor con sus vestidos largos de múltiples fustanes, para dar los buenos días, a papá.
          Don Vicente se acerca a la pileta del patio para lavar sus manos, desmonta de un clavo una toalla que le sirve para secarse, se dirige pausadamente hacia el interior del comedor mientras arrastra sus espuelas, toma su lugar en la cabecera de la mesa, se quita el sombrero y lo coloca a su diestra colgado de la silla, sus hijos  y nietos, uno a uno hacen presencia y toman asiento alredor de los viejos.
--- Callen esos chuchos, métanlos en el granero, así dejan de chingar….---
--- Papá!....--- dice una hija.--- Por favor estamos en la mesa---
---Precisamente por que estamos en la mesa, que no chinguen….Ah!---

          Los restantes litros del leche han sido colocados en la batea, junto al cuajo, lo que mas tarde se van a convertir en los quesos frescos. La abuela introduce sus manos firmes dentro del caldo para asentarlo, dejando que líquido amarillento suelte, el sobrenadante se cuela con costal de manta para dejar el agua que se pone al fuego para que se extraiga el requesón, parte final del proceso que deja el chilate para los marranos.
          La masa se estruja dentro del costal y luego la ponen en la piedra de moler, para el primer acto de amasijo. Que termina en la batea donde a mano se revuelve y amasa agregándole la sal. Los  moldes de madera hacen de los cuadro donde se depositan las medias libras del quesito fresco, que se envuelve en hoja de plátano para conservarlo suave.
          Los restos en la batea, la abuela los usa para mezclarlos con masa recién cocida para fabricar los mamachos, una especie de taco de tortilla que envuelve y se mezcla con el queso, manjar que digno de saborearse durante la hora de la refacción, con el cafecito y el pan de yemas proveniente de Shusho, de la Juana Cacho.
          Todo está preparado, las tres hijas y la abuela, con sendos mantillones de color blanco, libros de oración y alabanzas, se enfilan por la empedrada calle frente al parque, y el atrio del calvario. Cuelgan las camándulas, mostrando su crucifijo para las oraciones de hora santa vespertina. Las Girón se aprestan a sentarse en la primera banca de la derecha donde se mantiene reservado el espacio de la familia. María Teresa es la que conduce el rezo. Agustín el sacristán acompaña los cantos con su organillo de fuelle, que a veces desentona por su antigüedad. El Cura da las buenas tardes y procede al acto litúrgico.
          El murmullo de las oraciones  se levanta junto al humo del incienso, hasta llegar al punto culminante de la consagración, donde las campanas se lanzan al vuelo para anunciar el final de la hora de la santidad.   Los chicos que son los que primero abandonan la iglesia se congregan para jugar tenta en el atrio, mientras las rezadoras se sientan en el pretil del rededor a platicar cualquier cosa.
          El sonido del reloj de la gobernación se impone a las 6 PM. Anunciando que es hora de volver a casa y prepararse para la cena. Aun en el zaguán de la casa se acumulan las chicas, talvez para un decir adiós de algún amigo, despedirse de doña Carlota la vecina o contar un chisme con alguna compañera del INSO.
          Mariíta, presurosa se dirige a la cocina a dar las ordenes de prepara la cena mientras desgrana unas mazorcas para llevar a las gallinas del patio trasero, la Lora transita en su hombro, haciendo la bulla de cómo llaman a los animales.
---Prrrrr, nic, nic nic….--- imita  a la abuela cuando llama a  los pollos.
          El motor de la energía se deja escuchar y las bracitas se encienden en cada esquina, al igual que en la casa donde los bombillos resisten los bajones de luz a cada cierto tiempo.
          Ella siempre está ocupada, se sienta en la butaca del patio para cocer algunos trapos o zurcir unas calcetas. Mientras una de sus hijas la aborda y le dice:
--- Mamá… allí en el zaguán esta la Estelita, que dice que usted le dijo que viniera a verla.---
--- Si ya se hija, sáquele una libras de frijol y un pedazo de panela….sabés la pobre no tiene de que vivir, pobre aunque sea con eso se le puede ayudar.---
---Hay mamá, usted siempre tan buena gente, por eso es que se aprovechan de usted….---
--- Hija cuando a uno le llena de satisfacción ayudar a los mas pobres. Dios lo bendice a uno.---
          Detrás de esos ojos pequeños color café, de unos espejuelos algo desvencijados, se guarda una dama con alma llena de bondad, un corazón de oro que siente compasión por sus semejantes. Acariciando con sus manos, la Chabelita le arregla sus cabellos mitad canosos.
--- Mamá, no cabe duda que usted es una Santa…..--- 



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