jueves, 29 de noviembre de 2012

LA MEDALLITA


          Locos los vientos, invaden los rincones con su gélido manto, las láminas se sacuden y rasgan con su tableteo el techo de la covacha, mientras en las rendijas se escapa el humo de la fogata de chiriviscos que tuestan las arqueadas tortillas, como no son del día la escarcha las hace tronar en el comal de lata que junto al tarro de barro, calienta el aguaré. Sentada en el suelo la chica, se acerca para que el calor le pegue en las canillas, mientras se soba las manos para intentar obtener la energía necesaria para su cuerpo.

          Ayer fue el fin de mes y su papá llegó borracho, con toda clase de estocadas, sucio, en calidad de bulto le dejaron sus amigotes en la entrada del cuarto, sin zapatos y sin un quito entre la bolsa. Desde que murió su madre, es así todos 30, 31 del mes, es una agonía difícil de aguantar, pero así es otro resto de semana, de pedir fiado o quizás regalado para poder aguantar el vacío del estómago de ella y sus hermanos.  Los dos mas pequeños ajenos a la vida, se le va en salir a la calle y agarrar a patadas una botella plástica, o una cabeza de muñeca que les inquieta por el mentado FUT.
          La jovencita está intrigada, hace días que nota cosas raras en su cuerpo, los pechos le crecen, junto a su instinto maternal, ya no le gusta verse chorreada, cuando se pasa frente a un pedazo de espejo recostado en un cajón, junto a su cama. Con el pensamiento en el aire, se resigna mientras se pasa un escuálido peine para arreglar sus greñas de pelo fino y dos colores, no por tinte sino por su estado nutricional. Una lágrima recorre su mejilla, un tanto tostada por el clima, haciendo remembranzas de cuando su mama le acuchuchada, por ser la única hembrita de la familia. No comprende la tragedia de su vida y la distancia de conocer el porque de la soledad desde la ausencia de su ser querido.
          Después de haber conseguido unas hojas de macuy y un medio tomate, hierve en un trasto, los menjurjes que de pronto le engañan el apetito a su hermanos, con las tortillas que se quiebran de tueste que permanecen el fuego, se envalentona para invitarles a comer “ALGO”, mientras su tata despierta.
---Marinaaa..!!--- rezonga el padre que se tambalea semi sentado en el colchón de paja --- Marina..!, patoja pendeja, vení pa´ca.
La niña temerosa, se acerca, le encara.
--- Mirá vos patoja, andate a la tienda de la esquina y le decís al señor ese, como es que se llama?. Que te venda un octavo, que después se lo mando a pagar. —
          Ella da media vuelta, sale por la puerta, pero se queda recostada en la parte del exterior, sin cumplir las órdenes del padre. Se hace de corajes apretando sus manos y golpeando los trozos de lepa de la pared, se toma unos minutos y regresa.
--- Que hoy no hay fiado, dice Don Marcos.--- indica.
--- Que desgracia, viejo come mierda, como que le debiera plata.---
--- Mire papá y no le da vergüenza venir así a la casa, la verdad, después de haberse matado el pisto de la quincena en puro guaro, que bárbaro.---
--- Aaaah.....!, y vos que sabes de la vida, patoja enclenque…. Si estuviera tu madre ja!, ella ya me hubiese arreglado un mi caldo quita goma y hasta mi trago me hubiera dado.---
--- Si…. Si mi madre era babosa y lo aguantaba.---
---Que dijiste……!, igualada---
          Temiendo lo peor, toma a sus dos hermanos, que nada lentos ya terminaron con su sopa y los lleva a la calle, donde alcanzan a escuchar las maldiciones y vulgaridades del engomado, que de pronto lanza cuanta cosa le queda a la mano, para manifestar su cólera y berrinche.
          Mas tarde,  el hombre, medio arreglado, se asoma al dintel de la puerta mientras trata de componerse el pelo alborotado, con las manos. Se mete las manos a la bolsa, para registrar haber si le queda algún rescoldo de monedas, extrae en la derecha un jocote verde a medio comer untado de sal y una medallita de la virgen de Guadalupe, la que vuelve a colocar en la bolsa.
--- Hay vuelvo, voy a buscar que comer y quitarme esta maldita goma, hay se entran….!---
          La tarde se hizo noche, en medio de los latidos de los perros y el recorrer de la pálida luna de cuarto menguante, en las callecitas del asentamiento, el frío rondaba y se hacía presente. Después de atrancar la puerta, Marina acomoda sus hermanos y se sienta junto a ellos a esperar, el sueño la hace presa y se dobla sobre su costado, lo helado la hace buscar acomodo y calor junto a ellos. Los repiques de la iglesia cercana le hacen sobresalto y el paso de los transeúntes le indica que el día ha comenzado. Un tanto adolorida por lo incomodo de la dormida se levanta, se dirige hacia la puerta, suelta la tranca, la esperanza se ve frustrada, el bulto que le acostumbra encontrar no está.
          Tantas veces así había pasado que sin más retorna con la pena, pero al ver a los niños, se refunde en los pensamientos de preocupación y la responsabilidad de su manutención. Los obliga a que se levante y como de costumbre sacude la cama y envuelve los ponchos….
           Los días han pasado y la ausencia del padre se hace presente, mas cuando una vecina se le acerca a dejarle unas tortillas y un traste con caldo para que se alimenten, los rumores no se hacen esperar, desde que se fue con una mujer, hasta que lo metieron al bote por borracho.
          La puerta resuena con los toquidos que espantan, uno de los niños asoma su nariz en el medio abrir.
--- Es el tío Alberto…. Marina, lo dejo entrar?---
--- Abrile pues…..---
--- Patojos como están, me informaron que Julián no aparece, haber como está eso?---
--- Si tío desde el lunes, hace tres días que no se asoma por aquí.---
--- Denme chance, voy a  ver donde se perdió este…..---
          La búsqueda se inicia, sin resultado alguno, ni en las comisaría, ni en los hospitales se identifica ningún personaje con las características y nombre del fulano, la tensión crece, mas por el estado de los tres niños, que abandonados en su casa, que no tienen  oficio, ni quien los cuide ni les de comer, y la situación de violencia que se vive.
          La chica ya no sale, teme por si misma, los coyotes de las Maras le rondan en su soledad, a sus trece años toma muchas precauciones, escondiéndose de cuanto fulano se le acerca. Los niños no asisten a la escuela, las gentes de buen corazón y los servicios sociales les ayudan a su subsistencia. La familia no existe. La pastoral social de la capilla, le acompaña para que en el comedor Infantil, les den alimento a cambio de pequeñas labores.
          Una ambulancia hace su parada, junto al cementerio de la población, el tío Alberto, baja junto a Marina y se dirigen hacia un costado de las oficinas, varias personas que se encuentran en las afueras, platican mientras les ven pasar al interior. Un señor de particular les franquea el paso.
---Vamos a una identificación.--- indica Alberto.
          El gendarme les abre paso y les muestra donde  está el encargado quien los conduce hasta una camilla de cemento que se encuentra ocupada por un cuerpo humano cubierto por una sábana de color gris.
--- Están preparados --- les indica --- esto es harto desagradable, sobretodo este cuerpo que tiene muy desfigurada la cara, difícil de reconocer.---
          Descubren el cuerpo. La impresión de ver el cadáver se hace evidente:
--- Augggg…! --- replica la niña, mientras se tapa la boca y hace el intento de vomitar.--- que horrible.--- No se si es él!---
--- Lo viste bien --- le pregunta el tío.--- yo no lo pude reconocer.
          La niña se tapa la cara y con el corazón hecho pedazos, asiente que es posible no sea su familiar, con la mano sobre el hombro la conducen hasta un escritorio, donde le preguntan sus datos generales.
--- Siéntate aquí --- haber vamos a ver tu nombre…?
--- Pobre este fulano, lo atropelló un bus, no tenía identificación, lo único que andaba entre una de las bolsas del pantalón, era esto.---
          En una bolsa plástica que se encuentra en el escritorio, se encuentra una medalla de la Virgen de Guadalupe. La niña se pone de pié y en un mar de llanto grita.
--- Si es mi papá…!, esa medalla yo se la regalé para su cumpleaños y el día que salió de casa la cargaba…..



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