Envuelto
en una chamarra de cuadros amarillos con corinto, se encuentra acurrucado en la
banca que da de frente a la entrada del cuarto de cuidados intensivos, la
puerta se golpea cada vez que alguien pasa espantando los vientos, con
rechinido de la apertura de cada una de las hojas en el vaivén del movimiento,
del personal médico del santo hospital.
Adentro
un equipo de vestidos de celeste con sendas batas blancas, se embrocan sobre
una camilla donde intentan dar respiración artificial y apretar a mas no poder
el pecho del sujeto en una camilla, la que moviliza dentro de la unidad acercándola
al equipo de resucitación, una perilla de tamaño de balón de futbol americano es
constantemente apachada, con la que le inflaban el pecho. Las descargas eléctricas
cada vez mas intensas se intercalan con el 1, 2, 3, de la respiración asistida.
El
griterío del personal se deja escuchar con alarma y suspicacia, mientras el
aliento de vida se alejaba cada vez mas del cuerpo del paciente.
--- Ya no mas……imposible hay que
declararlo muerto….--- fue el grito del residente que se sacude el sudor de la
frente, antes de sentarse a meditar sus actuaciones.
Vaya
sobresalto, el sujeto de la chamarra se pone de pie y observa desde el vidrio
circular de la entrada, como el fin del espectáculo, sin saber que se trata de
un enfermo en particular, regresa al sitio donde permanece en la fatídica espera.
Un
par de horas mas tarde, se pone de pie, con el fin de estirase y descansar el
adolorido cuerpo, una persona aparece en el corredor que viene de la emergencia,
se le acerca, con paso acompasado.
--- Buenas noches--- saluda al
recién llegado.
Sin
mucho ánimo le devuelve el saludo levantando la mano. Se sienta en la banca sin
inmutarse.
Acto seguido, se toma y registra la
bolsa de pecho, saca un cigarrillo, cuando está a punto de encenderlo, recibe una alerta del recién
llegado. Le muestra apuntando con el dedo índice derecho, donde prende un
rótulo de letras rojas que dice NO FUMAR.
Guarda el tabaco, poniendole la mano
en el hombro, le dice:
--- Véngase amigo, en verdad aquí no
se puede fumar, acompáñeme le invito un café, afuera, en la cafetería, hasta un
pito nos podemos echar allí---
Casi
como empujado y con poco deseo de hacerlo le acompaña hasta la salita de la
cafetería, que se muestra desierta.
---Dígame viene a visitar algún
enfermo?---
Asiente
con la cabeza, la que cubre con un sombrero pequeño de fieltro, una bufanda de
color negro que le esconde gran parte del rostro que metido en las solapas
altas de un abrigo oscuro, que le vuelven un incógnito, el sobretodo empolvado,
que le llega hasta el suelo, le da un aspecto lúgubre..
--- No es mucho para hablar --- le
dijo --- le entiendo cuando uno esta acongojado y tiene algún familiar enfermo
lo que menos quiere es charlar. Hace una pausa.--- Un cafecito?... negro o con
leche, no se preocupe yo lo pago--- dirigiéndose a la camarera del lugar.---
Oiga…dos tasas se café negro, por favor---
La
chamarra de colores la colocó sobre el respaldo de la silla, luego le pone dos
cucharadas de azúcar a la tasa y se empina el brebaje, que humea de caliente.
--- Fíjese que tengo un par de días
de estar aquí velando a mi patojo, le zamparon un par de plomazos en un asalto
de un bus, lo trajeron grave, sabe lo operaron, allí está y bueno esperando la
voluntad de Dios, tan solo una vez me han dejado entrar a verlo y yo le pido al
Señor que me lo cuide, apenas tiene 15 años, está por salir de la secundaria ….---
varias lágrimas brotan de sus ojos, que las limpia con la orilla de la manga
del sudadero.
El
pálido e inexpresivo rostro del personaje, no emite palabra alguna, se conforma
con hacer leves movimientos de aceptación de lo que le cuentan. De pronto se
pone de pié, se encamina a la salida.
--- Óigame mister, a donde va..?, ni
probó el café.---
--- Discúlpeme tengo una CITA…..---le
balbucea cerca del oído y se dirige al corredor de entrada.
El
tinte de la vos, como expresada guturalmente, le repica dentro de la cabeza,
mientras un escalofrío le recorre hasta las entrañas. Salta de su asiento en
forma automática y le persigue, mientras se cubre con la chamarra.
En
el umbral y al fondo del corredor un joven se encamina al encuentro de ambos,
porta un camisón largo de color pálido, con la mirada fija, despulida, sus
facciones de un matiz ámbar, que contrastan con la contra luz que se proyecta a
sus espaldas, que transparenta la figura de su escuálido cuerpo.
--- Manuel..!, hijo, que haces
levantado…!.
--- Con él, es la CITA…--- le indica el
caballero del abrigo…
Pasan
a un costado y sin mediar palabra, ni saludo se alejan del encuentro. El padre
se toma el rostro, temiendo lo peor se hinca a medio pasadizo.
--- Oh…! Dios. Noooo!---
Ambos
desaparecen en la rampa de la entrada, mientras los primeros rayos del sol se
desperezan en el horizonte, un viento del norte le sacude el frío de la
madrugada, que desvanece las imágenes de la pareja….
En
un cuarto de la callecita de un asentamiento, donde una puerta se muestra con
una cortina blanca con una moña morada. Alrededor de una caja de pino, cuatro
candelas le señalan, unas cuantas coronas y flores le hacen guardia, las
mujeres sollozan apenadas mientras un grupo de muchachos, que cuentan historias,
permanecen silenciosos y se acongojan por lo ocurrido al compañero
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