martes, 27 de noviembre de 2012

LA CITA



          Envuelto en una chamarra de cuadros amarillos con corinto, se encuentra acurrucado en la banca que da de frente a la entrada del cuarto de cuidados intensivos, la puerta se golpea cada vez que alguien pasa espantando los vientos, con rechinido de la apertura de cada una de las hojas en el vaivén del movimiento, del personal médico del santo hospital.
 
          Adentro un equipo de vestidos de celeste con sendas batas blancas, se embrocan sobre una camilla donde intentan dar respiración artificial y apretar a mas no poder el pecho del sujeto en una camilla, la que moviliza dentro de la unidad acercándola al equipo de resucitación, una perilla de tamaño de balón de futbol americano es constantemente apachada, con la que le inflaban el pecho. Las descargas eléctricas cada vez mas intensas se intercalan con el 1, 2, 3, de la respiración asistida.
          El griterío del personal se deja escuchar con alarma y suspicacia, mientras el aliento de vida se alejaba cada vez mas del cuerpo del paciente.
--- Ya no mas……imposible hay que declararlo muerto….--- fue el grito del residente que se sacude el sudor de la frente, antes de sentarse a meditar sus actuaciones.
          Vaya sobresalto, el sujeto de la chamarra se pone de pie y observa desde el vidrio circular de la entrada, como el fin del espectáculo, sin saber que se trata de un enfermo en particular, regresa al sitio donde permanece en la fatídica espera.
          Un par de horas mas tarde, se pone de pie, con el fin de estirase y descansar el adolorido cuerpo, una persona aparece en el corredor que viene de la emergencia, se le acerca, con paso acompasado.
--- Buenas noches--- saluda al recién llegado.
          Sin mucho ánimo le devuelve el saludo levantando la mano. Se sienta en la banca sin inmutarse.
Acto seguido, se toma y registra la bolsa de pecho, saca un cigarrillo, cuando está a punto de  encenderlo, recibe una alerta del recién llegado. Le muestra apuntando con el dedo índice derecho, donde prende un rótulo de letras rojas que dice NO FUMAR.
Guarda el tabaco, poniendole la mano en el hombro, le dice:
--- Véngase amigo, en verdad aquí no se puede fumar, acompáñeme le invito un café, afuera, en la cafetería, hasta un pito nos podemos echar allí---
          Casi como empujado y con poco deseo de hacerlo le acompaña hasta la salita de la cafetería, que se muestra desierta.
---Dígame viene a visitar algún enfermo?---
          Asiente con la cabeza, la que cubre con un sombrero pequeño de fieltro, una bufanda de color negro que le esconde gran parte del rostro que metido en las solapas altas de un abrigo oscuro, que le vuelven un incógnito, el sobretodo empolvado, que le llega hasta el suelo, le da un aspecto lúgubre..
--- No es mucho para hablar --- le dijo --- le entiendo cuando uno esta acongojado y tiene algún familiar enfermo lo que menos quiere es charlar. Hace una pausa.--- Un cafecito?... negro o con leche, no se preocupe yo lo pago--- dirigiéndose a la camarera del lugar.--- Oiga…dos tasas se café negro, por favor---
          La chamarra de colores la colocó sobre el respaldo de la silla, luego le pone dos cucharadas de azúcar a la tasa y se empina el  brebaje, que humea de caliente.
--- Fíjese que tengo un par de días de estar aquí velando a mi patojo, le zamparon un par de plomazos en un asalto de un bus, lo trajeron grave, sabe lo operaron, allí está y bueno esperando la voluntad de Dios, tan solo una vez me han dejado entrar a verlo y yo le pido al Señor que me lo cuide, apenas tiene 15 años, está por salir de la secundaria ….--- varias lágrimas brotan de sus ojos, que las limpia con la orilla de la manga del sudadero.
          El pálido e inexpresivo rostro del personaje, no emite palabra alguna, se conforma con hacer leves movimientos de aceptación de lo que le cuentan. De pronto se pone de pié, se encamina a la salida.
--- Óigame mister, a donde va..?, ni probó el café.---
--- Discúlpeme tengo una CITA…..---le balbucea cerca del oído y se dirige al corredor de entrada.
          El tinte de la vos, como expresada guturalmente, le repica dentro de la cabeza, mientras un escalofrío le recorre hasta las entrañas. Salta de su asiento en forma automática y le persigue, mientras se cubre con la chamarra.
          En el umbral y al fondo del corredor un joven se encamina al encuentro de ambos, porta un camisón largo de color pálido, con la mirada fija, despulida, sus facciones de un matiz ámbar, que contrastan con la contra luz que se proyecta a sus espaldas, que transparenta la figura de su escuálido cuerpo.
--- Manuel..!, hijo, que haces levantado…!.
--- Con él, es la CITA…--- le indica el caballero del abrigo…
          Pasan a un costado y sin mediar palabra, ni saludo se alejan del encuentro. El padre se toma el rostro, temiendo lo peor se hinca a medio pasadizo.
--- Oh…! Dios. Noooo!--- 
          Ambos desaparecen en la rampa de la entrada, mientras los primeros rayos del sol se desperezan en el horizonte, un viento del norte le sacude el frío de la madrugada, que desvanece las imágenes de la pareja….

          En un cuarto de la callecita de un asentamiento, donde una puerta se muestra con una cortina blanca con una moña morada. Alrededor de una caja de pino, cuatro candelas le señalan, unas cuantas coronas y flores le hacen guardia, las mujeres sollozan apenadas mientras un grupo de muchachos, que cuentan historias, permanecen silenciosos y se acongojan por lo ocurrido al compañero





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