miércoles, 2 de mayo de 2012

EN LA ERMITA


          Los nubarrones se aglomeraban por arriba de la población. Una pertinaz lluvia se dejaba caer, mojando las empedradas calles y las pálidas cornisas que lloraban en goterones. Los transeúntes cansados por el tiempo, enfilaban pegados a las paredes de los frontispicios de las casas antañonas, rumbo a los largos corredores del edificio del cabildo. Los gendarmes regresaban de su ardua tarea de encender los candiles de las calles principales del poblado.
          La tarde había entrado, en el horizonte se dejaba escuchar los repiques de las campanas llamando a los feligreses de la hora santa, las mujeres se aprestaban con sus mantillones negros, a asistir a sus penitencias, el sacristán en el portón del Calvario hacía el recuento de las asistentes mientras bamboleaba el incensario, para avivar las brazas resaltando el humo de las trozos de incienso que invocaban a las oraciones tradicionales.
          En el campo de la feria, en el interior de uno de los carretones de  gitanos aparcados junto a los mangales que rodeaban los puestos del mercado de artesanías, se mojaban con la brisa, reposando en la caída de la tarde. Todo a media luz, una mengala acompañada de dos mujeres, en torno de una mesa redonda cubierta con un mantel de cuadros rojos y negros, apostado con un vaso de agua en el centro, procedía a hacer sus invocaciones espirituales, repitiendo estribillos de oraciones de manifestación, con la estampita del santo, ella  manejaba muy hábilmente un mazo de cartas de baraja española, el cual desplegaba en forma de abanico, sobre el tapete.
--- ¡El signo de la muerte! --- gritó --- quien se atreve a buscar en los adentros de la noche las muestras de su origen, de la ignorancia hacia el futuro….--- Ja, Ja, Ja, --- mientras mostraba con sus largas uñas, la carta que había descubierto.
          Todo un personaje, cubierto de un mantillón de seda de brillantes colores que le cubría la cabeza, varios colgantes de coral, que caían de su pescuezo, aros de plata engalanaban sus orejas. Sus manos de huesudos dedos calzados con múltiples anillos, le daban el aspecto tétrico de un esqueleto en vida. Junto a ella una de las damas que asustada, abría, cuan grandes eran sus ojos, mientras ponía escucha a lo que le informaban. Su vestido largo color celeste a la usanza de la época, con hombreras y la mantilla blanca con peineta, que se desprendía del pelo enrollado en la coronilla. Un medallón de marfil y plata que colgaban en el pecho, se encontraba sentada frente a la gitana. Con un tenue viento que soplaba sobre su rostro para disimular el rojo que le incendiaba sus tímidas mejillas o quizás el calor que le producían las insensateces que recibía, palabras profanas que le llegaban a romper en algún momento su buen juicio.
--- Escucha… por un momento niña Rica, esto no es un juego, si tu viniste fue por tu gusto y tu gana, ahora tendrás que esperar al final de la sesión, para sacar conclusiones, o tu mal augurio reventará en tu cabeza y enloquecerá tus sentidos.---
          Ella se quedó estática, mientras escuchaba la narración. El silencio hizo  posible que permaneciera por la fuerza, mientras incómodamente ponía atención el relato lleno de sinsabores y crueles desencantos.  Al final…
--- No puede ser, hay mi Dios como eso fue posible --- arremetió --- Es una maldición ---
--- Será tu consigna y tu congoja, el sacrificio de quienes te amaban tanto….
--- Mi corazón se llena de venganza y de coraje, me voy!---
--- Tú lo pediste y la suerte fue echada, ahora afronta la verdad---
          En un arranque de valentía se incorporó, con la idea de abandonar el lugar, La mano de los anillos le tomó fuertemente y la hizo volver a sentarse:
--- Mucho cuidado mi niña, esto es jugar con fuego, contrólate.---dijo su dama de compañía, poniéndole la mano sobre el hombro.
          Forcejando logró liberarse y haciendo caso omiso de las amenazas, se levantó abruptamente, y recogiéndose las enaguas corrió despavorida hasta desaparecer en el vaho de la tarde, escuchando a lo lejos las últimas palabras de la adivinadora, llena de conjuros y maldiciones en el ambiente.

Mucho tiempo antes.
          En el salón del palacio del comendador, eran conducidos una pareja de aldeanos, quienes prestos de miedo e ignorancia se movilizaban hasta el frente del escritorio del encargado del protocolo. El secretario sentado en una butaca de bordes dorados se hacía acompañar del ujier, los gendarmes presentaron a la pareja y se retiraron.
---… Manuel Campos  y María…. Bueno no importa, mismo apellido?, de la comunidad del Zarco….jornaleros de la comarca propiedad de Don Martín de Peña, se les ha ordenado comparecer en esta secretaría…..--- indicó el encargado. Luego sin esperar respuesta indicó.
--- Es mi deber hacerles de su conocimiento que el comendador, Don Martín, está sumamente interesado en que la niña Guirnalda, su hija, sea puesta al cuidado de esta secretaría para fungir como dama de honor y compañía de la familia del Procurador, alto honor que ustedes, no están dispuestos a rechazar….
--- So pena de forzarlos a través de la ley a cumplir con las demandas de vuestro Patrón.---
--- No, por favor, mi niña no…! --- dijo la madre.
--- Señor secretario, perdone las expresiones de mi mujer, pero nunca nos hemos separado de la niña, tiene tan solo 12 años y no queremos dejarla o que le pueda suceder algo….---
--- Las órdenes fueron emitidas y deberán darle cumplimiento en los siguientes 2 días. --- sentenció en voz alta --- Abandonen el recinto……
          Pasaron los días y los campesinos se negaron a entregar a su hija, una mañana mientras la jovencita se encontraba en su rancho en las actividades domésticas, fue sorprendida por los golpes exigentes en la puerta de la vivienda, varios hombre por orden del secretario Comarcal la llegaban a recocer, la introdujeron a la fuerza en un carruaje y la llevaron al Palacete. Ella quien lejos de estar enterada de los acontecimientos fue conducida, a la presencia del Comendador, quien con toda cortesía la llevó de la mano, al salón de la biblioteca.
--- Sabes niña que haces aquí? ---
--- No mi señor…--- Mientras se inclinaba, poniendo rodilla en tierra.---
--- Eres una niña educada por lo que se ve, con muchas dotes para ser dama en esta corte.----continuó.
--- Pero bueno a lo que vienes…. Te he de comunicar que por una desgracia sucedida en el campo, tus padres fueron encontrados muertos, a manos de Cuatreros que han venido asolando la región.----
--- OH…! --- mientras soltaba el llanto y se tomaba la cara para enjugar las lágrimas. --- NO, no puede ser mis padres, que nunca le han hecho nada malo a nadie…porque?---- se agachó hasta el suelo y se hizo elocuente su llanto y tristeza.
--- Tengo el deber como procurador de proteger a mis campesinos, sus familias, por lo cual desde este mismo instante te instalaras en este recinto y bajo mi cuidado, mientras se dilucido el asunto de tus padres.---
          La niña aun lloraba desconsolada, permanecía en el suelo y sin ánimo,  la tomó del brazo,  la incorporó, luego sacó un pañuelo de su manga se lo entregó:
--- Vamos Guirnalda, así es esto, de pronto te cambiará la vida, quizás un golpe de suerte….--- mientras se le dibujaba una sonrisa sarcástica en el rostro malévolo.
--- Yo estaré al tanto de lo sucedido y pondremos el remedio para capturar a los responsables y hacer justicia de esta infamia.---
--- ¡Ujier….! …
--- Si mi señor --- apareció el asistente
--- Lleven a la habitación que hemos preparado para la niña, que se le de todo lo necesario para vestir y de comer. Hay que guardarla y protegerla de los delincuentes, que permanezca encerrada bajo llave en su cuarto.---

          Pasaron los años y Guirnalda se transformó en una bella dama rodeada de lujos y granjerías que le eran proporcionadas  en el lugar, dentro de su soledad poco fue conocida por la sociedad, ya que el comendador no le dejaba participar en actos públicos, ni en los espectaculares bailes llevados a cabo en palacio. Fue colmada con tutores y meretrices quienes la instruyeron y le enseñaron, la lectura, escritura y como comportarse como dama.  
          Siendo la mujer mas linda de la corte, no gozaba de libertad, ni de pretendientes, ya que nadie se le podía acercar y menos hablar con ella, se le encontraba en muchas ocasiones, en la capilla, con un rosario en la mano y comunicándose con el buen Dios o pasaba largas horas en los jardines, acompañada de un libro donde reflejaba sus fantasías en medio de su imaginación.
          Caracterizada por su mutismo, procuraba hacer sus actividades en silencio, sin compañía y en raras ocasiones se veía en la necesidad de cruzar algunas palabras con el Comendador, quien siempre  mostraba un denodado interés en ella, aunque se mantenía en los asuntos de jurisdicción, negocios  de comercio.
          En una ocasión muy importante, le fue trasmitida una invitación a cenar, junto a personajes de muy alta jerarquía venidos de ultramar, de la corte de España, por lo que se vio obligada a participar en la celebración.
          Los grandes candeleros hacían gala, mientras colgaban de los techos, los frescos y las pinturas murales se hacían elegantes en los pasajes de los salones de fiesta, la suntuosa mesa que gozaba de las más exquisitas porcelanas y cubiertos de plata daban el marco de pomposidad del ágape.
          En un extremo de la mesa se encontraba Guirnalda luciendo un hermoso traje tejido de tricot, su cabello castaño en trenza, recogido con una peineta de fino carey en la parte superior de la cabeza, su radiante belleza hacía deslumbrar, cuanto había y las miradas en su totalidad estaban dirigidas hacia su persona. Las copas de vino fueron servidas, en su momento el Comendador, se puso de pie, al unísono los participantes hicieron lo mismo. Alzó su copa y dijo:
--- Señoras y Señores, distinguidos visitantes, amigos todos. Tengo el gusto y el placer de presentarles a la máxima belleza de esta comarca….Guirnalda --- ofreciéndole la copa --- la joven hermosa, con quien les anuncio, he decidido contraer nupcias durante la celebración de la Virgen del Tránsito, patrona de la cabecera departamental, en Agosto de este año…---
          Un sobresalto sacudió a la joven, quien ignorante sobre el anuncio había permanecido sentada. Se puso de pie.
--- ¿Como? --- gritó muy alterada --- ¡Jamás!... Señor comendador, le respeto y le estoy agradecido por lo que ha hecho por mi.  Pero desposarme…. NO! ---
          Un murmullo se corrió, alrededor de los comensales, que luego terminó en silencio. Un rápido giro hizo caer estrepitosamente la silla, mientras Guirnalda en febril carrera irrumpió en el final de los corredores hasta perderse en sus habitaciones.
          Ensimismada, mediante por enclaustro, se hizo frecuente en oraciones y visitas a la capilla. Donde en algunas ocasiones mantuvo algunas pláticas con su dama de compañía, quien le mostraba mucha confianza sobre su pasado, de cómo las circunstancias le llevaron al palacio del Comendador y del oscuro pasado de la desaparición de sus padres. Poco a poco desenmarañaba sus dudas, especialmente cuando su asistente le comentó sobre los rumores que se tejieron a raíz de su desgracia.
          Ella en compañía de su cochero, le incitaron a salir de su encierro y visitar a alguien que le podía contar la verdadera historia de su vida, lo que hizo que una fría tarde de otoño se tomara el valor de fugarse hacia el pueblo, con la idea de visitar a la Vieja Gitana, quien además de tirarle las cartas y le contara sobre las anécdotas de su familia y de su vida.
          El carruaje se deslizó en medio del viento que se escabullía por las empedradas calles, el acompasado trote del caballo que dejaba escuchar a la distancia, el vaho de la respiración del animal, empañaba el trayecto que lentamente se dirigía hacia una glorieta que a media luz acompañaba el anonimato de las visitantes.
          Ambas mujeres descendieron del coche y a paso ligero se introdujeron bajo la cornisa del edificio en búsqueda de las carretas aparcadas en el lado oriente. Con todo sigilo la dama de compañía se acercó a la puerta del carromato somató el portón, la puerta se abrió, produciendo un chirrido.
--- ¡Entren!....dijo una voz en su interior --- ya las estaba esperando.
          Mas que con pena, con miedo las dos mujeres se mostraron ante la vieja, quien con un ojo perdido por estrabismo, les dio cabida e hizo que Guirnalda se sentara, mientras a la otra chica la mandó al interior de la carreta.
--- Yo quiero hacerle unas preguntas --- Indicó la dama.
---- Yo se de que se trata, esta vieja lo sabe todo…JA,JA,JA…---continuó
---¡Niña Rica!, ja, ja, ja. ¡Nacida pobre! ---
          La joven tiritaba y su voz se hacía quebradiza, pero sus ansias le hacían mantenerse firme.
--- SI…..quiero saber de mis padres……---
--- La historia, pasada de boca en boca es macabra, te voy a contar, debes de ser fuerte…--- sonriendo y frotándose las manos le relató:
          Erase……
…. El hombre malo Don Martín de la Peña, amo y señor de la casa donde actualmente vives, te llevaba ganas, por tu belleza, pero quería transformarte en una señora educada, de alcurnia, para que cuando llegaras a cierta edad, casarse contigo, pero para que la sociedad y sobretodo la iglesia no le hiciera reparos de tu origen. Y aparentar de que habías llegado a este lugar de lejos y precedida de fama y fortuna.
          La historia cuenta que tus padres, so pena de castigo, se negaron a entregarte a él por las buenas, por lo que un grupo de sus lacayos les fue encomendado secuestrarte y ocultarte en su palacio. Las cosas se salieron de lo previsto, tu familia se enteró de la infamia, promoviendo reuniones con grupos de campesinos comarcales. El lugar previsto fue en la ermita de la colina, para planificar como evitar que las niñas como tú cayeran en manos de esta gente. Sin embargo como siempre hubo alguien que les traicionó, los testaferros les cayeron en el lugar de la reunión, hubo una revuelta donde corrió la sangre. Todos fueron muertos con saña, degollados algunos y ahorcados otros.
          Muertos todos, hicieron correr la historia de que un grupo de cuatreros, había incursionado en la comarca y  provocaron las muertes de las gentes. Ahora tu sabes que las manos de ese hombre, quien ordenó la masacre, están tintas en sangre, sangre de pobladores inocentes……



LA PACHANGA.


          Las risas se dejaban escuchar en la verde extensión del campo, el engramillado pintado de verde, se solazaba con las jugadas de los niños jóvenes, detrás de un balón. Mientras tanto otro grupo chapoteaba en la límpida agua del río, la temperatura se hacía a la alza mientras las nubes blancas que se deslizaban sobre el cielo ocultaban por ratos los cálidos destellos del sol.
---A la una, a las dos y a las tres.--- repetían los que participaban en el agua.
          Se columpiaban con un lazo, que desde una rígida rama hacían que se meciera hasta llegar a soltarse al encontrar el vacío y caer estrepitosamente en la parte mas profunda de la poza.
          La alegría manifiesta circulaba como coloquio de aventura, con los comensales que apostaban sus manteles y canastas adornadas de variadas comida para celebrar el día de campo.
          Las cañas de pescar se asomaban entre los matorrales junto a la orilla, jugueteando con pedazos de tortilla, para animar a los peces a compartir el festín de los vivarachos. En las hermosas caídas de agua, se arremolinaban mientras se desprendían del peñasco para ser impacto en los asistentes que respingaban al experimentar la caída del frío del caudal.
          Las sirenas calzadas con pequeños bikinis se lucían frente a los grupos de muchachos que se las comían con la vista, alguien que con seculares comentarios dio rienda suelta a su admiración de la escultural belleza.
--- Se dieron cuenta muchá…., que preciosidades…---
--- De chuparse los dedos. Ja, Ja, Ja. ---
--- Si, espero que estén presentes para el baile.---
          El jolgorio de los almuerzos, los brindis con la cerveza y el acompasado vuelo de la música se hizo presente con el ritmo merenguero de la marimba que sacudía de golpes los tablones de las teclas, el tunga, tunga, tunga del tololoche y el compás de los tambores de la batería.
--- Viste al chico moreno de camisa de cuadros? --- comentó una de las chicas.
--- Si…, esta bien guapo verdad?--- respondió --- alguien lo conoce? ---
--- Hummm...…., no se, creo que se llama Juan José.---
-- Y de donde salió, tan especial chavo? --- inquirió --- Quien me lo presenta?---
--- Ya vas….---
--- Pues si, para luego es tarde.---
          Al filo de la tarde, en un tablado improvisado, los pequeños grupos de adolescentes se acercaban como atraídos por la miel de los ritmos, para pescuecear, una posible pareja para sacudir el esqueleto, las miradas inductivas y receptivas que se cruzaban a lo largo y lo ancho hacían pensar en un vení acá, o una aceptación a la distancia.
          La competencia se iniciaba, con un equipo de sonido, se armó la pachanga la que hacía retumbas de música Pop, toda esa música moderna que hace a los chicos brincar, no bailar. Por otro lado la marimba a la que le daban muy poco espacio de participación, haciendo que las parejas de antañones ocuparan el espacio dejado por la juventud, para disfrutar un 6 X 8 o un buen vals, para el relax del entretiempo.
          Las colas, las filas y los círculos, que adornaban la bullanguera participación los bailarines, hacía que la participación en grupo fuera un agradable jolgorio de empujones, manos arriba en la búsqueda de espacio para dar una elíptica vuelta con el dedo sobre la cabeza. Ya de la mano algunas parejas se retiraban, con el objetivo de observar la naturaleza o percibir el aroma sentimental del enamoramiento. Mientras la tarde se anunciaba con los revoloteos de las aves que en grandes grupos sobrevolaban el sitio en búsqueda de un lugar para dormir, el cálido viento aumentaba de velocidad y cambiaba a ráfagas heladas del norte.
          La marimba ya había sido tapada, los músicos se aprestaban a abandonar el lugar, las cuatro, cinco parejas se recostaban sobre los hombros permanecía en pequeñas vueltas de cachetillo, con la suave música de las baladas románticas, como quien le da un requiescat a inolvidable parranda.
          Todos para hacer maletas, las canastas ya vacías, los manteles doblados y las ollas volteadas, le hacía compañía a las bolsas de envases de todo tipo,  los cartones de trozos de pastel, para ser evacuados en los toneles de reciclaje.
          Uno a uno los autos, camionetas 4 x 4,  Suvs, se enfilaban en caravana a la salida del balneario, las chicas sacaban su cabeza de las ventanillas para despedirse de los amigos, o le mostraban con la mano sobre la oreja, un te llamo, me llamás. Quizás un hasta pronto, nos volveremos a ver?, mientras sacudía las palmas de la mano con el tradicional hasta la vista, mientras recibía el último llamado de atención de los parientes de sentarse bien y meter la cabeza.
          El teléfono celular, suena con un simpático ring tone, ella contesta:
--- Hola chica linda ¿Te recuerdas de mi?---
--- Como no si nos vimos ayer… esperaba tu llamada ---
--- Te gustó la Pachanga ¡ahh!---
--- Estuvo chilera, verdad?, y como la pasaste.---
--- Bien nice, sobre todo por la compañía, ojalá nos podamos ver en el futuro… me encantaría salir contigo.---
A lo mejor fue el inicio de una linda amistad cargada de fantasías, encontrada con una dosis de aventura,  en un día de campo familiar.    
         
 

sábado, 10 de marzo de 2012

LA PATRONA DE LA FINCA




          Me encontraba sentado en el dintel de la casona vieja, con olor a campo, adornada de verdes ramas, flores y cantos de avecillas que deambulaban en círculos, entre los rayos del sol y el viento de la mañana. Buscaba en el costal de los sueños, uno de aquellos tesoros  que te hacen pensar en las cosas que te llevan a sobrevivir en esta campiña, historias de espíritus y aparecidos, que son la comidilla, la plática vespertina que entretiene en las fogatas, las fumadas de cigarrillo y reacciones sonrientes o bien morbosas, que se charlan en los corredores y permiten arar en las cúpulas de la inspiración, nacido de los cuentos que vienen de las narraciones, de boca en boca.
         Allí donde el paisaje de los potreros se enseñaban frente a la vista, donde jugueteaban los caballos, bayos, negros, tordillos, blancos, que se entretenían lanzado patadas, para mostrar el señorío, fortaleza sobre las yeguas recostadas en el pesebre de zacate.
          La pilona rebalsada de agua, con los lavaderos llenos de trapos enjabonados, listos para ser tendidos después del enjuague. Donde las mujeres se juntaban para cuchichear, a contar el chisme del día y ha mostrar su picardía, cuando después de lavar su cabello largo, negro, lo entorchan en su cuello, mientras la humedad recorría sus güipiles, donde mostraban jubilosas los senos al adherirse por el agua  fácilmente a su cuerpo.
          En uno de los ranchos, como parte del casco de la finca, se apreciaba a la distancia, que se envolvía en el humo, que escapaba por el techo, mientras en su interior, se escuchaban los aplausos que se volvían tortillas, que saltaban en el comal caliente de barro. El fuego que se escapaba entre los leños, era signo del caliente bucul de aromático café, que sonaba a desayuno.
          En la pequeña mesa de lepa, se acomodaban los pocillos y platos blancos de orilla azul de peltre, el muñeco de tortillas cubierto con hojas de tamal para mantenerlo caliente, se mostraba al centro invitando a la comilona matinal.
--- La comida está servida…..--- gritó la mujer, mientras con una paleta le daba golpes a la figura de triángulo de metal, usado de campana.--- El desayuno! --- Insistió a gritos.
          Sentado en el banco, con el sombrero de petate a la diestra, acudí  por el insistente llamado de las tripas. Al inicio levanté el pocillo, en señal de solicitar el elíxir del cafeto, que me levanta el espíritu y da fuerza para el trabajo. Las tortillas empezaron a desaparecen de una en una, mientras las embadurnaba con los frijoles en pepita que le da cuerpo al bocado.
          Manejaba el silencio, entretenido con el cuscum, los sonidos del golpe de las ollas peltre que bamboleaba junto al sonido de la leña que ardía tostando los pishtones grandes de masa. Junto a las chispas que brincaban hacia el suelo, como juego de luces, del fuegarón.

          Los chuchos se pasean alrededor del comedero, buscando captar alguna que otra sobra, que caiga desapercibida del consumo, latiendo para espantar los asomos de apetito del resto de los animales, con los pollos haciendo la competencia, además del pato y los chompipes.
---Provecho…!!!--- me levanté, después de la santiguada, recogí los atavíos, para iniciar el viaje de jornada diaria.
          Enfilándome con machete al cinto, me dirigí para internarme en los senderos que marcan las talanqueras del casco de la finca, coronados con las cercas hechas de piedra volcánica, adornadas de las mutas. Un burro a lo lejos se despereza y se deja escuchar para que le pongan atención, sacudiéndose con su clásico grito:
--Ji-jau, Ji-jau, Ji-jau---
          Mientras tanto el sol inicia su ascenso al Cenit, para apuntar con el máximo calor sobre las tierras donde come el ganado, pastizales crecidos y abundantes que ocultan a las crías que se hacen acompañar de amamantadoras vacas.
 

          Caminaba diligentemente al pie del peñasco, que se interpone en el camino, hasta los sembradíos que crecen junto al río, montaña de historias fantásticas, que contadas por los grupos de campesinos lugareños, rezaban con temor de la aparición de espíritus chocarreros que deambulaban a toda hora en el paso de la Piedra Partida, lugar que a todos hacía temer, tanto por lo escabroso del recorrido, como por la vivencia de aparición de fenómenos extraños en el lugar.
          Pisé unas piedras que se encontraban sueltas y en menos de un segundo, sin haber podido terminar el Padre nuestro, rodé como bulto hacia el fondo del desfiladero, pasando por cuanto chirivisco, rama, raíz, tronco, hasta desplomarme pesadamente hasta el fondo, donde perdí el conocimiento.
          Cuanto tiempo había pasado, cuando precedido de un fuerte dolor de cabeza logré abrir los ojos, Huy me encontraba molido, el cuerpo ensangrentado y cuando quise incorporarme mi pierna izquierda se encontraba amarrada con algunas ramas y hojas, sin embargo había sido acomodado en un petate de hojas grandes como de Xate,  
          Estaba en una caverna, como había llegado allí, no lo se, el olor a sangre ya reseca me incomodaba y la lengua de perico que me hacía duplicar el deseo de tragar líquidos, el ambiente estaba oscuro por lo que imaginé que ya era tarde. El silencio, la soledad me incomodaban, así como la imposibilidad de movilizarme, además el dolor me causaba ansiedad, esto me hizo perder nuevamente el conocimiento. Percibí que alguien se acercaba hacia mi, por medio de un tazón me vertió agua en la boca, que luego me provocó tos, estaba tan mal que ni siquiera pude abrir los ojos.
          Mas tarde al recuperar la conciencia, al traté de incorporarme, se hizo presente el dolor, ahora en la pierna izquierda, con ambas manos me levanté recostándome en los codos, que me daba una panorámica mejor del lugar, de paredes de loza sudada que goteaba constantemente haciendo formaciones raras en al suelo a mi alrededor. Alcancé la taza y tomé una buena cantidad de líquido, que me refrescó la garganta y me dio algunos ánimos:
--- Oiga!....hay alguien aquí….!---
          Solamente el eco producido por la concavidad de la caverna se dejó escuchar, mas el sonido del agua que salpicaba y se dejaba correr por los rincones.
--- Hola….!, alguien me escucha…!--- así como tratando de mantener semi sentado.
          Logré apreciar un escaso asomo de luz, que venía de la parte derecha de mi localización, de donde se dejaba sentir una pequeña ráfaga de viento que transitaba al interior de la cueva. El tiempo pasó, se escurrió en el tiempo, la luminosidad empezó a desaparecer hasta quedar en la más rotunda oscuridad, aunado al cambio de temperatura, que se tornó fría y un poco mas húmeda, por momentos me daba la impresión de que el olor a leña y hojas que se quemaban, se dejaba venir de algún lugar del sitio.
          Una cantidad de animales voladores, murciélagos, se movilizó hacia el interior de la cueva, lo que me hizo ponerme alerta, un pequeño haz de sol se enseño sobre mi derecha y se proyectó en una de las paredes, hice por levantarme pero no lo logré. Note además que junto al lecho, sobre unas hojas de sal, habían unos cuantos bananos manzanos, unas raíces de malanga y un hongo de los llamados Ocosh, los que devoré inmediatamente, cuantos días tendría de no probar alimento, agua había en el tazón, que hizo saciar mi sed.
          Conforme pasaba el tiempo, me había acostumbrado a la soledad, aunque cuando dormía, alguien se presentaba a dejar líquidos y alimento. No había logrado identificarle y en ocasiones presentía que se encontraba allí, en algún lugar cerca oculto en las sombras o en las formaciones de arena y roca de los pasadizos. Se llegó el día, hice el máximo esfuerzo y logré ponerme de pie, tambaleando, tomé de ayuda las salientes de las piedras, dí un par de pasos, trastrabié y caí sentado en una roca, con lo que la curación de la pierna se desató, dejando al descubierto, la herida parcialmente cicatrizada.
--- Agghhh!!!.---  Que dolor entonces opté por regresar arrastrado hasta el lecho de descanso. Si alcancé a escuchar  y ver un leve movimiento de una sombra que eclipsó por unos segundos la entrada de luz.
--- Quien anda allí --- grité, pero todo volvió a la normalidad, silencio, con la entrada de la oscuridad me quedé con la armonía, si había alguien, pero que era…. Un animal, alguna persona o un espanto, me persigné y cerré los ojos.
          Estaba tan entretenido y con la idea fija de ponerme a caminar y explorar mis alrededores, que cuando mas tiempo pasaba, lograba avances significativos en la curación, en agarrar fuerza y poner en orden mis ideas, pensamientos que en ocasiones me traicionaban cuando me entraba el frío del miedo, terminaba balbuceando algunas oraciones que había aprendido en la iglesia.
--- Salga lo malo de aquí, entre su gran Majestad, los ángeles me acompañan y al Santísima Trinidad!!!--- repetía y repetía el estribillo hasta encontrar consuelo con el sueño.
          Volví de un sueño tumultuoso de pesadilla, que me hizo despertar sudoroso y asustado, casi como por instinto, busqué el tazón del agua y no la encontré, me incorporé intrigado, para buscarlo, no estaba!, incluso la acostumbrada ración. Me puse de pie y con la escasa luz de la mañana, acomodé la vista, restregando los ojos para ver mejor. Poco a poco conforme la luz del sol se hacía presente, busque por los rincones sin lograr encontrar los restos, haciéndole ganas y con algún esfuerzo me dirigí hacia la entrada, que se conformaba por una pequeña caverna que terminaba en una abertura de unos metros de donde provenían los rayos solares, que conforme a la ascensión del astro se proyectaba hacia el piso hasta desaparecer, su calor era escaso, reconfortante si.
          Allí encontré unas cáscaras de plátano y algunas  de chico zapote, lo que me dio más armonía, encontré señas, trozos de leña que se habían vuelto tizones, ya apagados. Encontré unas rajas de ocote, que me dieron la idea de en algún momento iniciar una fogata que me proporcionara luz, calor y de pronto para cocinar algo. Siempre la sensación de no estar solo, de una mirada penetrante que me intrigaba, que la sentía como carisma en mi cuerpo dentro de aquel cubículo de tierra y piedra.
          Volví por donde vine, presto a investigar en los interiores, en las paredes de la cueva, incierto caminar por el fondo, donde a través de agujeros se lograba escuchar la corriente de agua, mas abajo o a los lados de los paredones, donde a tientas exploré orificios que dejaban pasar con cierta dificulta a una persona. Allí me tope en el suelo, con formaciones de piedra caliza que se habían formado por el goteo constante de la cúpula, haciendo gala de orientación, caminé en línea recta hasta llegar a la pared del oriente, donde aun se lograba visualizar el lugar donde pasaba la mayor parte del tiempo para dormir.
          El olfato me hacía presuponer de una entidad que permanecía oculta en las sombras, que se movía sigilosamente, escondiéndose. Usando algunas pequeñas pajas, el ocote y frotando unas piedras, inicie un pequeño fuego usando hojas y ramas semi secas, que produjeron mas humo que llama, pero en fin era un logro y en la oscurana interior me servía para ver mejor y tratar de localizar la presencia que me acompañaba. Como la danza de las llamas y tras haber escuchado un ruido, volteé y me dio la impresión de ver una sombra que se escabullía en el fondo. Me detuve por un instante y caminé hacia donde había observado el fenómeno si resultado.
          Mientras atizaba el fuego, me dio la impresión de ver una mancha que se estampaba en uno de los pilares de formaciones estalactititas, tal vez un cuerpo delgado, que se confundí con el color amarillento del reflejo de las llamas en el paredón. Al volver a dirigir la mirada después de un momento, la sombra desapareció. E armé de valor y me dirigí al lugar, con un leño en la mano, al bordear la columna sobre lado donde proyectaba la oscuridad, percibí el frote de algo que me hizo erizarme, alargué mi mano y alcance a palpar un bulto, tela o quizás pellejos de piel.
--- Oiga, regrese……!---
          Pero se dejó escuchar como una ráfaga de viento, que viajó rápidamente por el espacio. En ocasiones me producía, miedo, resaca y carne de gallina, pero me reconfortaba que no me hubiera confrontado, pues de pronto no tenía idea de cual sería mi reacción a eso. En otra ocasión, ya entrada la tarde, después haber prendido la fogata, para coser lo que iba a ingerir, escuchó un golpe, que le hizo voltear a ver. Allí estaba un ser con características femeninas, que se atravesaba de un punto a otro con un vestido blanco manchado. Se detuvo por un instante y se me quedó viendo, su cara aunque delgada de mujer de piel cobriza, cuya cabellera le caía abundantemente sobre los hombros, desapareció en la oscuridad del punto. Hice por seguirla pero fue en vano. Se la tragó la tierra. Deje la curiosidad por un lado y tomé asiento en lo mas cómodo del solar, que era lo que había visto?, ahora estaba mas que seguro que se trataba de una persona, una mujer….ya no era solo la idea, la había sentido y también visto..

          Bien era tiempo de buscar la salida de aquel cautiverio, me hice de coraje y tomando algunas cosas como recipiente para acarrear agua, me sacudí la melena y con un ímpetu muy grande busqué la salida, los rayos del sol se hacían imponentes y el olor del aire se refrescaba cuando llegué al fondo del zanjón, las urracas saltaban de rama en rama, con su característica gritos, la bulla que se trasladaba a la copa de los árboles, mientras avanzaba por una vereda hacía arriba, escalando por los desfiladeros de tierra barrosa, en uno de los descansos, alcancé a escuchar un lamento que venía del fondo de la caverna, pero no quise hacer caso, me había propuesto salir y en ese camino estaba.
          Haciendo un verdadero esfuerzo y tomado de las raíces salientes escale el último tramo hasta asomarme al pico de la vereda que me hizo desembocar en el camino viejo de la Piedra Partida, allí había empezado la trama, me relajé por un momento y después de tomar un segundo aire, crucé el estrecho. Que alivio, a pesar de que el sol apuntaba en el centro del cielo y el calor me hacía sofocar, me sentía caminar en tierra firme, rumbo a la Finca de donde saber cuanto tiempo antes había iniciado el trayecto.
          Por fin me encontraba de nuevo en la puerta de la casona, aun pensando en la aventura, me había recuperado plenamente después de unos meses de buen alimento y curación de heridas. Ya había hecho montón de las contadas de mi episodio, que ya nadie me hacía caso, pensando que eran fantasías, babosadas decía la muchachada, hasta se reían y se mofaban.
--- Contanos del espanto,.. vos…!---
-- Y lograste verlo?--- eran las socarronas preguntas que soportaba de diario.
Sin embargo, las domésticas en algún momento se cuchicheaban para mencionar un tanto en voz baja, sobre las historias antiguas que mencionaban muy en secreto la presencia de la leyenda de la Patrona
          Se hastió de las bromas y de las burlas que un día mientras almorzaban en cocina de la finca, se puso de pié y argumentó.
--- Miren muchá!--- dijo --- Si alguien no cree lo que conté, bueno, hagamos un grupo y bajamos ese zanjón y así todos, incluso yo salimos de la duda de quien se encuentra habitando el lugar.---
--- Ah!...--- fue la expresión de varios, que se miraban los unos a los otros.
--- No me vayan a decir que les da miedo…. o que? ---
--- Será como dice doña Chila, que se trata de la leyenda de la Patrona.---
--- Derepente, haber quien se anima pues?---
--- Machitos para molestar son. Quien se anima a bajar hasta allí?---

          Del grupo, tan solo dos compañeros aceptaron de iniciar la caravana, que muy de mañana penetraron a la montaña grande, la de la Piedra Partida, apenas conversando y en voz baja los compañeros se acompañaban unos cuantos pasos por detrás del protagonista. Utilizando los lazos y guindándose de las ramas iniciaron el descenso al fondo del zanjón, las chicharras chirreaban y los mosquitos le aguijoneaban las orejas, Hubo resbalones y caídas, acompañados del sentimiento de temor a lo desconocido, pero así continuaron no con muchas ganas. Uno de los jóvenes se pasó llevando a los otros dos y cayeron pesadamente hasta el fondo.
---Llegamos --- dijo --- aquí caminamos unos minutos y encontramos la Gruta---
          Justo en la entrada del agujero, se encontraba una caída de agua cristalina que venía de adentro y se escurría entre las piedras formando un abrevadero. Entre de rodillas, por el tamaño de la entrada seguido de los otros dos, hasta llegar donde la cúpula se hacía mayor y permitía la estancia de pie.
--- Saquen el candil y preparen la antorcha--- indiqué
          Escuchamos entonces, el constante goteo y el correr de las aguas en las profundidades de la caverna, a pesar de la hora del día la oscuridad era profunda e impedía ver a más de dos metros de distancia. Ya con la antorcha de guía se empezaron a ver las figuras fantasmagóricas que se reflejaban en las paredes, mientras avanzábamos al interior. Con forme se caminaba empezamos a experimentar el frío, que nos hacía tiritar y que nos juntáramos para darnos valor.
          Las formaciones de piedra y las formas espectrales que se proyectaban de la luz de la antorcha, nos conducía al fondo, área que nunca había explorado en mi anterior estancia, las grandes rocas a nuestro paso, permitían escasamente, el paso de una persona, entramos a un espacio de enormes dimensiones, donde en una de las paredes se observaban señas de hollín que marcaban en el cielo de la cúpula, por debajo se dejaba ver un altar que en alguna oportunidad se había poblado de flores, las que con la humedad y el tiempo quedaban solo restos, unos cabos de candela a medio quemar y unas vasijas de barro que adornaban la mesa.
          El aire se hacía mas fuerte y penetrante, que circundaba el lugar y los candiles amenazaban con apagarse, nos aculamos en la pared y el viento cumplió su cometido, se extinguió el fuego, lo que nos hizo ponernos mas nerviosos. Mientras uno se entretenía encendiendo los cerillos para devolvernos la luz, tope con una saliente del altar, que hizo que este se moviera, a tientas me acerqué al frente de la mesa. Y se hizo la luz nuevamente, la tapadera del altar que servía de mesa se había movido y dejaba ver un depósito, con la ayuda de los muchachos movimos la loza.
--- Ayyyyyy! --- Fue el grito ---
          Para sorpresa nuestra, al retir la loza había despojos humanos, era una tumba.  Con toda la curiosidad y a pesar del miedo me acerque con el mechero. Efectivamente se trataba de un esqueleto con rasgos de mujer, cubierto con un vestido blanco manchado.
--- Si ella es…..!, ella es la que ví. --- les dije
          Con un escalofrío que me sacudió en todo el espinazo, me alejé de espaldas al féretro. Un rosario de pétalos de rosa  con el crucifijo de plata, incrustado de piedras preciosas permanecía en la mano de la difunta.

Mucho tiempo antes.

--- JA!, JA!, JA! – Resonó en el gran salón. La sarcástica carcajada que rebotó en las paredes y se deslizó como en eco, por toda la finca.
---¡Tráiganme a la patrona!.--- exclamó el hacendado.
          Los candelabros empujaban las llamas danzantes, que se entorchaban, mientras doblaban la cintura con un hilo de humo que señalaba hacia el cielo. El cuarto se había congestionado con la presencia de campesinos, jornaleros, que acompañaban asustados y curiosos a los caporales que había conducido a dos aldeanos, cuerpos revolcados con múltiples golpes sangrantes.
          Una señora vestida de blanco elegante hizo su ingreso, todos le hicieron valla, sin decir palabra alguna se acercó a los heridos y ordenó colocarlos sobre la mesa.
-- Como te atrevés a poner este par de desgraciados sobre este valioso mueble.--- grito el patrón.
          Ella. La de los grandes ojos negros y piel morena, solamente le dirigió la mirada y haciendo caso omiso del reclamo, procedió entonces a examinar a los heridos.
          El filo de un machete había abierto un surco profundo en el pecho, que surcaba desde el hombro hasta la cadera. Los signos vitales ya se habían escapado, por lo que inmediatamente se dirigió al otro:
-- Este pobre está muerto --- dijo --- Si…--- insistió en ver signos de vida pero fue en vano.
--- Amortájenlo y se lo llevan….---
---Ya no podremos hacer nada por él.---
          El otro aun respiraba. Se arremango los brazuelos de su vestido e intervino. El agua caliente, los lienzos de manta, los ungüentos y las plantas medicinales se hicieron presentes. Con el procedimiento, e inmersa en su actividad, terminó de hacer la curación. Tomó asiento y se limpió la frente. Después y en ausencia de todo el público, oró y le ofreció su labor a Dios. Luego indicó:
-- Llévenle al cuarto de huéspedes y le dan el brebaje que preparamos, hasta que responda……

          Afuera los grupos de campesinos se aglomeraban inquietos en saber lo que había sucedido, mientras los caporales apostados en lugares estratégicos, disimuladamente hacían presencia con el fin de intimidarlos. Las ordenes eran si alguien protestaba, era pasado por las armas.
          La Patrona se hizo presente y con la templanza que la caracterizaba se dirigió al grupo para calmar los ánimos.
-- Esta noche se dió una tragedia… al menos uno de los heridos está vivo y ya está en mis manos, pronto sabremos como responde a los cuidados. No estamos en posición de discutir en este instante sobre lo sucedido, es tarde, todos estamos cansados y hay que averiguar el suceso. Les pido que se vayan a sus casas, boten su ira, relájense, mañana estaremos en mejor disposición de ver que fue lo que pasó…..---
          Con algunas voces de protesta y con la sumisión que les provocaba la personalidad de la dama, de uno en uno iniciaron la retirada mientras la procesión del amortajado se dio lugar para llevarle a la capilla de la finca. El sonido peculiar del filo de los machetes se dejó intuir en el cortejo, como muestra de inconformidad
          Ella se santiguó,  desapareciendo en el interior de la casona, mientras sus empleados se distribuían entre los asistentes, para acompañar el cadáver amortajado hacia su destino.
          La mañana se hizo presente con los matices naturales junto a la presencia del astro, que iluminaba el solar donde los hombres se hacía en pequeños grupos, frente al frontispicio de la capilla, algunos compartiendo tamales rojos envueltos en hojas verdes, pocillos de café, mientras comentaban en voz baja el acontecimiento.
          Llegó el cura. le dio los santos oleos y la bendición final al cadáver, encajonado en tablas de pino recién cortado, le rezaron unos cuantos rosarios, le dieron el pésame a la familia y luego fue llevado al camposanto, los retazos de papel de china y una corona de ciprés marcaron el agujero previamente preparado como sitio del entierro. El comentario generalizado era la no presencia de la señora, que acostumbraba a participar en los actos de la familia comunal.
          Con los días, el otro herido fue sacado sin haberse recuperando y aun sin tener la capacidad de caminar, fue obligado por los caporales a abandonar su lugar de curación. Como reguero de pólvora se dio a conocer la noticia que la Señora había desaparecido, sin dejar rastro.
          La noticia se hizo insistente, que la noche del día del entierro, La Patrona había sido secuestrada, prisionera y amordazada, se le había sacado en horas de la madrugada en un carruaje misterioso que se la había llevado a con rumbo desconocido. Los sirvientes presos de miedo había huido, quien sabe a donde, mientras su mucama personal, había sufrido flagelación y enviada a las cárceles del pueblo sindicada de varios delitos. Dijeron las malas lenguas que tras un intento de fuga se le había muerto en manos de los gendarmes de la capitanía del lugar.
          Esto provocó una revuelta de colonos y el rico hacendado fue muerto después de haber sido juzgado por la población, condenado en un juicio comunitario que terminó con él y los hombres a su mando, la escoria de ese lugar, fue exterminada.
          A pesar de los esfuerzos de la población y  los habitantes de la finca nunca mas se supo de La Patrona, mujer que por sus dotes de caridad y amor a su prójimo, se había ganado la venia de los pobladores de la finca sino también de los alrededores, a quienes había servido y ayudado en la medida de sus posibilidades.
          Se desvaneció en el aire la historia se hizo vieja y entró en el olvido. La vida en la comunidad siguió su curso y con el tiempo se convirtió en cuento y en leyenda con el paso de los   años.
          Sentado en el dintel de la casona, comentaba con los compañeros campesinos de la Finca, sobre final de las leyendas de la villa. La experiencia vivida dentro de la cueva, dió respuestas, al encontrar la tumba secreta de la Patrona entonces, no solo los recuerdos se tornaron en relidades, para representar esto se hicieron romerias de la población hacia el lugar, para pedir justicia para quien les había servido no solo en vida..
          La Dama se llevó a la tumba su vocación de servicio y su don de bondad desde el mas allá, lo había hecho una vez mas siempre habían sido verdaderas y que había en el fondo de la tierra una señal de un ángel de protección para toda la comunidad.
  
      

lunes, 27 de febrero de 2012

SE FUGO LA NENA


          Amaneció malhumorada, con el carácter alterado, pasa arrebatada y el patito amarillo que reposa en la mesa de noche, es lanzado sin misericordia contra la pared, en un acto de bravata por los hálitos del ambiente.
          Hoy todo ha sido difícil, sale de carrera al colegio y no quiere que nadie le dirija la palabra, se siente incómoda, la blusa blanca le aprieta y el botón del pecho parece que va a salirse de su lugar. El pantalón le costó un triunfo que ascendiera hasta la cintura, ya que en las caderas no quería dar de si.
          Se esconde del espejo, las greñas alborotadas las acomoda frente a la cara, pero en fin se enfrenta a él. Hay unos granos que relumbran en su frente que le molestan y que trata de destripar con sus pulgares, ah que lata, su bello rostro redondo, rosado de manzanita, ya no es el mismo, sus mejillas se han elongado y la imagen de su cara se ha tornado, quizás seria o a lo mejor madura. Revisa en su interior, algunas confusiones se han dado, ya no piensa en las muñecas, ni en los juegos de tazas de té, que han perdido significado, en su portafolio emergen corazones con flechas y muestras de cariño.
          La desaparición de la gordura de la cintura es notoria, ahora ya la disminución por arriba del ombligo, da forma agradable, que luego da pasa a lo ancho de las caderas. Las zapatitas de charol negro, ya se ven en sus pies fuera de moda y no parecen las adecuadas, sobretodo con calcetas. Los zapatos de tacón de mamá, le sientan mejor, le dan un aire de madures increíble.
          En el escritorio de paleta ya no se sienta con la pierna derecha bajo el muslo, mantiene sus piernas alineadas, uniendo las rodillas y los camotes, está erguida y de vez en cuando pasa su mano recogiendo el cabello y lo acomoda a los lados, el lapicero ya no lo pone entre sus dientes, en forma estilizadamente lo manipula entre sus dedos. Su mirada de atención va hacia el exterior donde los jóvenes del grado superior pasan en camino a su aula.
          Si, la atención es afuera, pues en su grado, los compañeros, todavía no sueltan la infancia, hablan de carritos y de súper héroes, en el recreo se acomodan para jugar pelota en los linderos del patio, sin inmutarse de los cambios ocurridos a su alrededor. Allí las miradas y los silbidos son de los mayores, que le observan cuando en un ir y venir, camina coquetamente en los anchos corredores, más de alguno le habla en piropos o le hace señas con las manos.
          Con un par de libros abrazados al frente, charla suavemente con sus compañeras, comentan con exceso de ademanes las historietas de las chicas enamoradas o el capítulo de la telenovela de moda. Los cambios se hacen cada vez más evidentes y su comportamiento va con la seriedad del caso.
          La niña regresa en el bus, su rostro se ve triste, con preocupación evidente, pálida y sin deseos de movilizarse, con las penas que le asisten se prende del tubo del asiento anterior, como orando para llegar pronto a casa, toma su pañuelo y lo hace restregar por la frente, con el fin de eliminar las gotas de sudor que le corren desde el cabello.
          Caminando muy despacio y con una de sus manos en el vientre, desciende del autobús, después de que le anuncian la parada en el redondel. No sabe si correr o caminar, los cólicos le han hecho detenerse, se sostiene de la pared donde suelta su bolsón, mientras agarra aire, fuerza que le permitan aproximarse a la vivienda.
          El ding dong se deja escuchar, mientras alguien asiste a abrir la puerta, penetra a la sala gritando como loca en búsqueda de consuelo:
--- Mamá…..! me voy a morir.
Cae desfallecida en uno de los sillones de la habitación, un hilo de sangre escurre por una de sus piernas, que alcanza manchar su calceta. La madre inmediatamente la toma en sus brazos.
---Que pasa mija, que tienes….---
---Mamá….--- y le muestra la pierna….--- y el dolor es inaguantable --- y se presiona el abdomen.
Ahhh…! --- dice la madre --- Como no te había contado….---mientras se toma la cara con ambas manos.
--- Ma… mamá y es malo….!---
--- Sabes hija, esto es normal, de hoy en delante y una vez al mes te va aparecer esto….---
---Con todo este dolor, porqué me pasa a mi.---
--- Tonto e ignorante que es uno, que por no tener confianza, no le cuenta a las hijas, que cuando tienen tu edad, dejan de ser niñas y se vuelven jovencitas y para eso te viene un sangrado de allá abajo y se acompaña de dolor.---
---Hay si… y yo que pensé que me había lastimado… como no había dicho nada antes…..---
--- Al igual que a mí, mi madre jamás me dijo nada y  unas amigas me dijeron qué era lo que pasaba y yo nunca pregunté en casa de esto.
Como yo ya tenia un poco mas de 15, incluso me dijeron que menos mal me había venido, sino a lo mejor estaba embarazada…..---
--- Ah! --- dijo la niña, mientras abría a más no poder sus ojos.
--- Tontera más grande y producto de la ignorancia. Siendo pues la Primera Menstruación.---
          La jovencita se recupera de la impresión, se ha vuelto mas delicada, después de la experiencia sufrida, montones de consejos y sobretodo de los  cuidados a tener de hoy en adelante Ahora ya se comporta deferente, se ha tornado pudorosa, el espejo ya no le hace alergia, se observa de cuerpo entero que le muestra el nacimiento de una mujercita hecha y derecha.
          Con los deseos incansables de los polvos y las pinturas, de cómo depilarse las cejas, colorearlas de sombras, como arreglarse el cabello, con ganchos y peinetas, el estreno en el uso del sostén, los aretitos de brillante que utilizaba desde recién nacida se torna en aretes de aros de figuras que cuelgan coquetamente de sus orejas. La falda semi apretada que se asoma hasta 1cm. Por arriba de la rodilla, los zapatos de tacón mediano y punta aguda. Donde descansa sus lindos pies, ya sin calcetas.
          Sale alegremente de su habitación, busca a su madre y la enfrenta:
--- Oye mami, como me veo. --- mientras se contornea con la rodilla enfrente, sostenida y parándose de puntillas.---
---LINDA, MI AMOR, LINDA…..
Ella da media vuelta y se lanza en brazos de su madre.
---Gracias, mamá….. gracias.---le hace un güiño
--- Si mi linda….. si, ahora SE FUGO LA NENA… y se mostró la Joven.  
  

jueves, 9 de febrero de 2012

EL SILENCIO DEL SOLDADO


          Los gallos hicieron presencia con sus cantos, la neblina apenas se levantaba como manto sobre las casuchas de lepa del pequeño poblado. El perro se levantó, se sacudió, se dio tres vueltas y se volvió a enroscar en el rincón. Como avisado volvió a ponerse en pie y ladró muchas veces, las gallinas corrían medio locas en el patio mientras los extraños ruidos de un grupo de hombres con gorras pasa montañas y vestidos de hojarasca, se apostaban en los alrededores.
          El espaviento de los animales hizo que los aldeanos salieran asustados, algunos se asomaran en las puertas del rancho, donde fueron recibidos a golpes y empujones, medio desnudos fueron llevados a formar filas, como ganado, cerca del pozo comunitario.
          Los invasores, con lujo de fuerza y prepotencia, les obligaron a guardar silencio, mientras otro grupo penetraba en las viviendas con el fin de violentar sacando a los que se había quedado, durmiendo o escondidos de miedo, estos  cargados de susto se trasladaban hacia punto que les habían indicado, a empellones, patada limpia, jalones de pelo las mujeres fueron arrastradas violentamente a su cadalso.
--- Ya están todos aquí?--- pregunto el líder.
--- Si mi comandante ---
--- Sabemos que esta aldea ha estado colaborando con los guerrilleros y además de darles de comer los han ocultado, tenemos órdenes de eliminarlos y así dar un escarmiento a todos y cada uno que ha participado, como ejemplo al resto de comunidades del lugar.---
          Dispuesto a dar la orden de masacrar, levantó su mano, mientras en intrigante ruido de choque de las armas, en el momento que eran cargadas para la acción del disparo.
--- Falta uno, mi Teniente….--- indicó el asistente  --- uno de los soldados, José Matías, señor, ese se me hace que aprovechó para irse a la chingada. ---
---  Ustedes tres, búsquenlo….--- señalo el jefe.
          Mientras tanto el grupo de los sentenciados, gritaban, lloraban y se hincaban en son de súplica para que les perdonaran la vida.
          La cacería se inició en los alrededores, destruyen cuanto se le ponía a su paso, los cántaros se volvía añicos, los camastrones eran triturados con machete, para descubrir al escondido.
          José Matías, temblaba acurrucado detrás del comal donde se juntaba fuego... Con los ojos desorbitados y la sudoración profusa bajo el casco se sacaba la gorra la que le restaba visibilidad, mientras suspiraba sus oraciones pidiéndole al buen Dios que superara el trance.
          Se escuchaba como los demás sacudían las redes de mazorca y los costales del frijol en vaina, mientras destrozaban trastes, cuanta cosa encontraban frente a si.  Cuando vió entrar a la habitación a sus compañeros, cerró los ojos, casi se le para el corazón, por torpeza se anunció cuando tratándose de incorporarse y se le cayó el arma. En ese momento y por instinto, uno de los soldados, acciono su galil, los disparos, le hicieron caer de bruces. Muerto?. El casco cayó a distancia del agresor, después de haber movilizado con el pie y el caliente cañón de su arma se convenció que el joven había fallecido. Luego lo tomó y como trofeo de guerra lo mostró, triunfalisticamente a sus compañeros.
--- Allí estaba mi comandante… me apuntó con su arma y me lo despaché… aquí esta la bacinica y el fusil de su equipo….jajá jajá.---
-- A lo que venimos……--- Dejalo, que se pudra con el resto, maldito traidor.---
          Ni bien había dicho eso y la orden fue ejecutada, la lluvia de cascabillos inundó el patio, mientras los pobladores se doblaban de mil y una formas, con sus salpicaduras de vida, cuando las balas impactaban en sus camisas de manta y sus güipiles. La sangre corrió, como charcos de lodo, junto a los lamentos de los mártires y como cuando un chaparrón se detiene, los gritos hicieron alarde, en la secuencia del silencio. .
          Todos quedaron allí, muertos, muertos con la cara enterrada o con la vista al firmamento, con los estertores de un final de masacre. Como en espera de  los zopes carroñeros, que buscaban desde el cielo armaran su festín. El sol se había hecho presente en el oriente y mostraba sigiloso la mortandad, con el acontecimiento de un combate sin razón, que anunciaba la nota luctuosa de  una nueva tierra arrasada.
          Como perros falderos huyeron sin dejar seña, en formación enfilaron sarcásticamente, por donde vinieron de la bruma y del mas allá.
          El silencio pernoctó en el sitio, dentro del rancho se iniciaron algunos movimientos, una joven mujer, se incorporó entre los leños, se encontraba bajo el cuerpo del soldado caído. Se levantó, asomándose en el borde de la leña justo frente a la puerta, donde se encaminó hasta encontrarse frente a frente, con el espectáculo macabro, que la hizo enjugar con lágrimas y sollozos, haciendo un postrer esfuerzo se acercó en búsqueda de sus padres. Los encontró, y no lo creía estaban muertos.
---  Mamá, que te hicieron --- mientras le somataba el pecho ---
          Siguió buscando, así en su desesperación encontró a su hermano pequeño, lo haló de las piernas, le limpió su cara y llamándolo por su nombre, le abría los ojos, lo que ya se encontraban perdidos. Nadie respondió, su padre y demás parientes, allí estaba Esteban, el cofrade, los hermanos Churumil, Francisca, la comadrona y todas las demás, sus conocidas.         
          Cayó de rodillas en un mar de llanto, mas que una congoja, la interpretación por la presencia de miedo, talvez pánico, del no saber el porqué y menos el destino que le deparaba por semejante catástrofe.  Revolviendo sus sentimientos se colmó de ira, manifestando con un hálito de amargura que mojó su güipil de bellas filigranas, con la sangre de su pueblo. Los restos de la enredada trenza se escurrió de lodo, que de demostraban sobre un tapete donde lucían todos los lívidos cadáveres, de los compañeros y vecinos de la aldea de raza Quiché, todos indígenas, aborígenes del altiplano.
          Cuando la joven salió del rancho, percibió un pequeño lamento y regresó al sitio, el soldado que estaba tirado, aun respiraba, embrocado emitía pequeños quejidos. Ella lo sacudió, para ver si respondía, hasta darle vuelta, la mancha de sangre sobre el uniforme le escurría del cuello, parte del pecho llegando hasta el abdomen, la respiración aunque superficial le delataba de que aun estaba con vida, la respiración muy rápida y con exhalaciones de queja.
          Le arrastró hasta donde la luz le permitía reconocer.
--- Agua…., agua.---dijo
          Ella encontró un tecomate que colgaba del techo, le sacó el olote y se lo empinó sobre la boca al muchacho.
--- Mirá pues y es que lo hago, porque me salvaste la vida!! ---
          Le tomó del brazo y la acercó hacia él.
--- Ayudame Ixten*, --- indicó --- debemos irnos de aquí, pronto volverán y nos van a echar en un hoyo, junto a todos los demás.
          La sangre fluía por el brazo, la patoja le rompió la camisa y le expuso la herida que atravesaba el hombro, haciéndole presión con un trapo, le hizo que  lo sostuviera, mientras ella llegó al comal donde ardía en braza un leño. Le vertió un poco de guaro.
--- Aguantate como macho, pues. ---
          Con toda la decisión tomó la punta del madero y le colocó la braza en la herida, el olor a carne asada y la coagulación de la sangre, junto al bramido que se dejó escuchar a varias tareas a la redonda. Esto le hizo perder el conocimiento, pero tancó la hemorragia, la herida se la cubrió con ceniza y con hojas de sal le apretó el área, después de haberle limpiado con lienzos y manteca de cerdo. Le dejó reposar después de haberle empinado con un guacal unos sorbos de agua.  Luego de unos minutos le despertó a puros empujones.
--- Vos, levantate, tenemos que irnos.---
          No muy animado se trató de incorporar, pero cayó nuevamente...
          Oraba y se santiguaba al cruzar el campo, mientras se despedía de los tantos asesinados que dejó atrás,  él, utilizando un palo en forma de bastón y el hombro de la joven, se ayudó a caminar arrastrándose en la maleza rumbo a la joya al pie de la montaña, a pesar de la hora el silencio se hizo perpetuo, ni un solo silbido, salvo el ruido del paso por las ramas y montes del sendero. El andar fue tortuoso, largo y fatigante, los moscos rondaban por las cabezas y el zumbido era como castigo, que les obligaba a sacudirse las orejas, los ardientes piquetes no se hacían esperar junto al sopapo para detener el ataque de los animalejos. El muchacho se tiró al suelo y sin mediar palabra hizo que ella también se sentara. Después de un corto tiempo:
--- No puedo mas --- indicó --- el dolor es grande y las canillas me tiemblan!---
--- La que ya no aguanta soy yo… pesas tu poquito…--- dijo --- Hacele yemas, si no llegamos a la cumbre del cerro… fácil nos van a encontrar, mejor si lo logramos antes de caiga la noche.---
          Como pudo, se tomo de las ramas de un árbol y se incorporó, después de unos minutos de reposo, reiniciando la jornada. Largo se hizo el tramo hasta llegar al nacimiento del río, donde después de hacer una breve pausa, se internaron en la selva que terminaba en un profundo zanjón. Allí se acomodaron en la entrada de un agujero donde en el pasado extraían arena rosada para restregar comales y trastes. La noche se dejaba caer sobre la montaña, a lo lejos los coyotes aullaban a la pálida luna que no se atrevía a salir de paseo por las penumbras del paraje.
          Titiritaba del frío, cuando se levanto el vaho de la madrugada, la calentura se había apoderado de él, a pesar de encontrase medio cubierto con hojas de kekeshque, la pasión de las pesadillas que circundaban su cabeza, le producían delirio, ya las hormigas hacían caravana sobre la herida del hombro y se acomodaban para recoger los restos.
          Candelaria, así se llamaba la chica, se limpió la hojarasca que le servía de nido, se le acercó y le puso la palma de la mano en la frente para medir su fiebre, a la vez sacudió el montón de bichos que le rondaban la herida, le abrió la boca presionándole las mejías, le introdujo unas yerbas e hizo que las mascara, después le inclinó un poco de agua del tecomate de color amarillo.
          El tiempo se hizo  a su paso, después de haber desaparecido, ella volvió con unas raíces y hongos para alimentarse. Le tocó, la cara, la fiebre empezaba a ceder y le hizo recobrar el sentido, por eso le encontró recostado en unas piedras donde se  acomodaba. Permanecían a corta distancia y lo curioso era que como extraños no se dirigían palabra alguna, simplemente se cruzaban miradas, ensimismados y hasta allí.
          Con el pasó de los días, empezó a movilizarse se levantaba, con la ayuda de un palo y daba sus rondas alrededor de la cueva, salía hasta la joya, donde una grandes rocas le servía de límite y protección, en ese lugar se sentaba a observar la naturaleza y las aves que se columpiaban en el cielo, piruetas que hacían de su observación para divagar su mente. Mientras la herida se encontraba en mejor estado de cicatrización eso le permitía utilizar el brazo izquierdo, con mayor facilidad. Ya se atrevía a caminar sin el bastón y alejarse poco a poco de la madriguera.
          Pasadas las lunas, en cierta ocasión, José Matías, se encontraba deambulando a unos cuantos metros fuera del escondite, cuando a la distancia, escucho el ruido de alguien que corría a toda prisa, que se acercaba hacia él, trató de acurrucarse en unos matochos, con el fin de observar de que se trataba, a poca distancia divisó a Candelaria que de grandes zancada, las que le permitía el corte, que había medio levantado, cuando pasó a su diestra la agarró de la cintura y la botó frente al monte.
--- Que onda. ---dijo le dijo.
--- ¡Que te buscan pendejo…. Una columna de soldados esta rastreando el lugar.---y le tapó la boca --- Silencio….---
          Efectivamente después de un breve tiempo, tras el tronido de los filazos del machete, se dejó escuchar:
--- ¡José…….José Matías! --- era el oír acompasado con el eco de la montaña --- ¡José Matías, mostrate patojo, sabemos que estas vivo!---
          Entrada la tarde, después de permanecer oculto en las hojas grandes, chiriviscos, troncos cubiertos de musgo, la pareja retomó el camino y se dirigió a la cueva, siempre en silencio y sin mediar mas palabras, cada uno se acomodó en el lugar que usaban de dormidero.         
          La muchacha siempre salía muy de mañana y le dejaba sobre unas hojas de plátano, algunas cosas para poder alimentarse.
          Ella se  prolongaba en sus excursiones hasta ya en el crepúsculo, donde reaparecía, cargando algunas cosas amarradas sobre su cabeza y alguna vez artículos varios, en una de esas llevó un cántaro. Comida al tiempo, al natural, nada de cocinar ya que por precaución no juntaban fuego, para no ser descubiertos, tanto por las fogatas como por las señales que producía el humo.
          Pasó un día mas, siempre  por la mañana, como tantos otros,  la joven salió, José estaba ya despierto y entró en curiosidad que era lo que hacía. Esperó una media hora y luego procedió a seguirla. Muy sigilosamente, tratando de no hacer el mas leve ruido, recorrió el sendero que lo conducía hacia la Joya, luego siguió su aventura hasta llegar a la quebrada del nacimiento del río, donde escuchó el chapoteo en la poza. Como pudo se coló entre unas rocas, donde crecían varas de zacate, y plantas de mano de león, se hizo espacio con los brazos, haciendo un vigiadero. Sorpresa la vió.
          Que espectacular, allí se encontraba, cerca de la orilla distal, con el agua hasta las rodillas, húmedo su cabello negro le descendía hasta la cintura, su cuerpo aunque delgado de un exquisito moreno claro. Con la ayuda de sus manos recogía el agua que la golpeaba sobre su cabeza, sus senos aun de jovencita, se mostraban turgente, que discurrían las gotas de líquido hacia las curvaturas de las caderas. Algo se movió y dejando un sonido de viento, como sabida e intrigada volteó su mirada hacía el lugar donde crecían las varas y con sus brazos instintivamente cubrió sus pechos, caminó hasta la orilla donde estaba la ropa que dejó para que se secara. La tomó en sus manos y en un decir amen se envolvió hábilmente en el corte, apretado con la faja y se colocó el güipil, mientras se retorcía el cabello, se dirigió hacia donde escucho el ruido. Sin embargo no encontró nada.       El sol caía casi perpendicularmente en la playita del abrevadero, pensativa se sentó en una de las piedras, elucubrando si alguien, la vigiaba.
          Ya en la cueva, José Matías, haciéndose el desentendido, tejía unas hojas de palma ya secas, para elaborar una cubrecama, trataba de separar de su mente la belleza que lo que observó. Lo  dejó nervioso, pero aun así, su temperamento no le permitía poder dirigirse a ella o conversar, su timidez le afectaba y en medio de la soledad, no hallaba la manera de comunicarse.
          Ya por la tarde, oyó cuando ella se asomó, sin mostrar el rostro, hizo de caso que no sintió su llegada, tan solo su presencia, le hacía sentir un leve temblor, en todo su cuerpo.
          Al igual que el, Candelaria no mencionó nada del incidente, hizo de caso que como era costumbre, cada quien por su lado. Se recostó después de envolverse en el pequeño perraje, dejando una abertura donde lograba visualizar, los movimientos del otro, hasta que la oscuridad se presentó acompañada de la luna, que socarrona iluminaba el recinto.

SEGUNDA PARTE.
          En varias ocasiones bajaron hasta donde se encontraban los restos del pueblo, allí los tractores dejaron seña de hondonada, donde como hábiles sepultureros  ocultaron a los cincuenta y tantos inocentes pobladores, ni cruz alguna se dejó, como muestra. Algunas casas permanecían en pie, maltrechas y semi destruidas, de donde recuperaron enseres y materiales que les servían para la subsistencia. La ropa era parte del saqueo que efectuaban, sin abandonar las cacerolas y trastes tiznados, que tenían algún uso. De pronto alguno se retrasaba, cortando alguna raíz, o fruto que encontraba a su paso.
El tránsito de gente extraña por las laderas era muy ocasional, que con el tiempo les hacía unos ermitaños desconocidos. José se llenó de barba, mientras el cabello le caía sobre las orejas. La chica también se miraba diferente, ya su corte formaba parte de los cambios, usaba en lugar de eso, los pantalones de manta, que encontró en una de las visitas a los poblados destruidos en la zona. Se enrollaba el cabello y lo escondía tras un sombrero de paja. Permanecía junto al ex soldado, quizás porque se sentía protegida o porque en algún momento se acostumbro a tenerlo ante su vista.
No había logrado que en algún momento tuviesen alguna plática, una charla que los acercará a fin de conocerse mejor, no solo por lo desagradable vivido en el Chagüite, nombre de la aldea de origen. Siempre permanecían alejados uno del otro.
La noche era oscura, José se armó de valor y salió del agujero, dispuesto a largarse, armo algunas cosas de su pertenencia, se zampó la gorra, en carrerita sigilosa abandonó el espacio, llegó a la joya, sin voltear a ver. Se encaminó al borde del desfiladero, donde se iba a desbarrancar para llegar al sendero principal, que lo sacaba de territorio que le servía desde hacía unos meses de escondite. De pronto una mano, le pescó la espalda y le hizo retroceder.
--- Y vos que crees, que me vas a dejar abandonada…..---
--- ¡Ah…! ---respondió.
--- Como que lo que hice por vos no cuenta, que te vas como ladrón sin voltear a ver? ---
--- Nooo…! ---
--- Vos crees que yo aguanto esta soledad, y lo peor es que ni hablás---
--- Tengo que saber de mi familia.--- dijo --- si están vivos.---
--- El que está de todas muerto sos vos, tenés muerta el alma, el espíritu, quien va querer saber si vivís o no, o acaso tenés mujer?, pues---
El se quedó callado, todas las preguntas le hicieron reflexionar, pero su boca permaneció muda. En un descuido se lanzó cuesta abajo, levantando nubes de polvo…..
---José!!! --- le gritó la muchacha --- No me dejés, ahora que ya  me haces falta.--- pero andate a la chingada, ya no te quiero.---
          La confesión le hizo detenerse, tiró a la droga la cachucha y haciendo una ronda a través de la palazón, se hizo al regreso, sosteniéndose de las raíces y buscando el apoyo de las piedras, para encaramarse otra vez al punto de donde había salido en la montaña.
          Candelaria, regresaba a paso lento sobre la vereda, unas lágrimas rodaron de sus ojos, manchando de tierra los cachetes, unos terrones fueron los paganos, ya que para sacar su ira, los pateo, hasta volverlos tierra.
          Pasaron un par de horas, el escenario no varió, en camino de retorno. Ya en el interior de la cueva, todos los enseres se encontraban en el suelo, el frío circulaba, haciendo incomoda la permanencia de Candelaria, ella limpiaba con el dorso de la mano los mocos, que le fluían a consecuencia del llanto. Se acurrucó en sus adentros cubriéndose con los trapos que encontró desordenados. Mientras en las afueras, a lo largo del horizonte se dejaba ver tímidamente los rayos naranja del sol, desperezándose en la montaña, la silbatina mañanera de las aves se dejaba escuchar en el rededor y las ramas se movían por el salto de las ardillas madrugadoras que se columpiaban alegremente.
--- Margarita!--- gritó el muchacho desde la entrada.--- Vení, repetime en mi cara lo dijiste allá abajo--- sin hacer el intento de entrar.
--- ¡NOOOO! --- respondió, mientras encogía los hombros y se volteaba al rincón, colocando las manos para ocultar el rostro.-- ¡Que NO! ---
--- Va pues, te arrepentiste…. Y yo que pensé……--- e hizo el ademán de alejarse.
Volteando la cara, mientras limpiaba su rostro, dirigió la mirada, el sol que ya calentaba le impidió ver adecuadamente, con la mano haciendo de visera, enfocó hacia donde escuchaba la voz, al no verlo hizo el intento de incorporarse. Se puso de pie y se dirigió al lugar.
--- Que haces allí….  No que te ibas --- replicó
--- No, es que yo…..
--- Yo que?.... que te ibas a buscar a tu familia o a tu mujer…..!---
--- Mujer!!!!. Yo no se de mujer, familia si, mi nana y mi tata están por allá en Comalapa.---
---Y entonces…..---
--- Yo quería saber que fue lo que gritaste allá en la joya…..
--- Que te fueras a la chingada?---
--- Noooo….. es de que como que te hago falta.---
--- ah! Eso, babosadas que uno habla.---
--- Yo pensé que hablabas en serio.--- insistió --- y eso que dijiste “ya no te quiero”, también fueron tonteras---
--. Quizás…..---
José tomó la bolsa de sus cosas , las acuñó en el peñón, desató su matate, sacó un rosario de una décima hecho a mano y se lo extendió.
--- Es para que no me olvidés, Ixten…..---
--- Pedazo de tonto…. SI!, me hacés falta y a lo mejor te quiero. O vos no sentís nada….---
--- Es que yo…… Yo no animé a decirte nada, pendejo que soy, sabés, me gustás desde que te vi en el río.---
La chica le tomó de la mano, que permanecía extendida con el obsequio en la mano y lo acercó  de un tirón para estamparle un tierno beso.

Cuentan los del poblado mas cercano, que por las noches una pareja, baja de la montaña a conseguir alimentos, se esconden en la oscuridad de los callejones, felices deambulan por los parajes y se desaparecen al salir el sol. Los ven siempre de la mano y en silencio….
(*).Ixten: joven mujer