martes, 5 de febrero de 2013

EL RELOJ DE LA TORRE.



          Una joven corre por los jardines de la casa solariega del comendador del lugar, con sus enaguas en las manos y lágrimas en sus ojos, que muestran en suspiros la congoja de su alma que supera el miedo. Las veredas se hacen mas angostas y congestionadas, en la agonía de escaparse de su pecado, mientras a lo lejos se escuchan los perros conducidos por los lacayos, aúllan de carrera, tras la víctima, guiados por su agudo olfato.
          La insospechada fuga se prolonga, desde los montes hasta los bordes del desfiladero que corona en el monte del barranco, desde allí, donde el río se retoza entre las piedras, se enseña una caída sin fin de agua brava. Por allí agitada pasa, pidiendo clemencia a su conciencia. Las aves del paraíso se hacen presentes en el rocío del acontecer del final de la tarde, que saltan de rama en rama, enseñándole a los pericos a comentar en bulla, los trinos inherentes del bosque de lluvia primaveral.
          La distancia se acorta verdaderamente y ella con pequeñas zancadas obliga a los helechos y las hojas de quequeshque, a que oculten sus huellas en las laderas de musgo, que rodean el lecho donde salpica el agua de la cascada.
          Con la fatiga en la mano, por la angustia de su correteo, se ve de pronto sorprendida y copada por los sirvientes de la casa, quienes le acosan, truncándole el paso. Toma un último aliento y opta por lanzarse al fondo del abismo, dirigida hacia el recodo de una poza. Nunca mas apareció en la superficie, mientras las burbujas se multiplicaban en las corrientes, que se deslizaban en forma de olas hacia el cause en descenso, el silencio del desfiladero se la tragó, solo el fluido del líquido se arremangó en el instante en que dictaminó su pérdida. Un tiempo después el cuerpo fue levantado kilómetros mas abajo, abandonado a su suerte y sin espíritu.
          En el velorio, un ataúd cubierto de flores blancas reposa en el salón entre cuatro candelas, un grupo de rezadoras de letanías, la encomiendan al buen Dios. Como es costumbre, una pintura a los pies del féretro, muestra la singular belleza de la difunta.
--- Que linda ella era... --- Comentaba uno de los asistentes ---
--- La niña recibió su castigo, se ahogó junto a su pecado.--- insistió otro
--- Pero tendremos pronto al culpable, Señor comendador, ¡pronto sabremos quien fue el infame que se aprovechó de ella! ---
---  Si… muerte al desgraciado.---
--- Procedan a su captura, lo haremos confesar…---
          Por orden del Comendador, el sepelio se realizó acabo en secreto, el ataúd fue trasladado lejos de lugar, nunca se llegó a saber donde había sido  enterrada, se borró Margarita de la memoria de su familia.
          En un cuarto tenuemente alumbrado por un cabo de candela, sentado semi desnudo permanece Ignacio, sacerdote religioso de la Orden que administra el convento de la región. Junto a él los vasallos que obran como jueces y jurado, le interrogan, mientras  el verdugo despiadadamente le somete a suplicio, golpes inmisericordes que le revientan el cuerpo, con el fin de obtener una confesión del crimen. La acusación basada en elucubraciones que lo incriminaron por ser el consejero de la joven y permanecía mucho tiempo a su lado y por supuesto enterado de sus secretos a través de la confesión.
          Los moretones y heridas infringidas se multiplicaban, debido al mutismo del religioso, que se refugiaba en el rezo de su camándula que colgaba de su cordón de los tres nudos. Los golpes habían afectado su cuerpo, los brazos y piernas, los cuales fueron arremetidos con toda clase de instrumentos, los ecos de sus gemidos, se esparcían en el interior de las cámaras de tortura, en ningún momento ablandaban a su agresor, quien golpeaba en alma y cuerpo hasta hacen llegar al clímax del dolor, en múltiples ocasiones le habían hecho perder el sentido.
          Pasaron varias días, ya poco respondía, el cuerpo de Ignacio se consumía entre la sangre de las heridas, los malos olores de las cloacas, la falta de agua y alimento. De consuelo, los despojos del fraile fueron colocados engrilletado en una mazmorra, donde ya pérdida la poca esperanza de sobrevivencia, se dedicó a clamar en oración al ser supremo en espera del fatídico final,  con el voto de silencio en su memoria.
          Las ruedas metálicas, engranajes milimétricos que caminan pausadamente en el exacto tic tac, de un reloj, cuya marca del tiempo se acompaña de un péndulo que se mueve a sus costados para significar el tránsito de una vida, el sonido que se hace visible con el sobresalto de las agujas, que deambula circularmente como segundera sobre una carátula de números romanos que muestra su fisonomía hacia el frontispicio del edificio. Los brazos de la minutera que corre mas lenta y luego la horaria, se disfruta al concluir su paso por el XII, con el repique de varias campanas que señalan las en punto.
          El sonido se hace evidente dentro de la cúpula de la torre donde se contiene y hace su vivienda la máquina del tiempo. Las tapaderas metálicas cerradas en las paredes exteriores, se abren para permitir la entrada a la cúpula donde se le hace mantenimiento, donde en ocasiones manos expertas ingresaban a engrasan ruedas, movilizan cadenas, limpiar las pérgolas  y adecuar los pesos para que el funcionamiento se mantuviese exacto, los sonidos permanecieran afinados  de las campanas de tres toques.
          Amador, encargado del mantenimiento de la máquina, se había influenciado por las historias que derredor de los antiguos dueños del lugar y cargado de curiosidad en pos de una leyenda que se cernía en dicho palacio, se aventuró a conocer las interioridades del lugar, penetrado por una rendija que lo llevaba de la terraza del cabildo, hasta la torre. A escondidas, accionó sobre la pequeña puerta, penetrando al interior la cúpula donde ya en ocasiones anteriores había husmeado cuando trabajaba con el reloj. Su primera impresión fue por la curiosidad que en la cúpula en un ambiente cerrado había estructuras y pasadizos que nadie había explorado. Por lo que tomó valor y se hizo presente al interno.
          El poco espacio le obligaba a permanecer en cuclillas, mientras encontraba los rescoldos de ladrillos cubiertos de moho, lo antiguo hacía que levantara polvo al limpiar el espacio, la polilla se desprendía de los maderos del techo, las innumerables telas de araña, que como cortinas se estampan desde las esquinas, hacían del lugar un lúgubre espacio. La base también de troncos, crujía y rechinaba a la presencia de su peso. Con escaso movimiento trataba de disminuir la presión, mientras observaba a través de los agujeros donde el péndulo se bamboleaba. Abajo donde estaba oscuro se dejaba ver una escalinata  en forma de caracol, que termina en el vacío del fondo.
          Al movilizarse produjo una nube de polvo, los tablones sonaron cediendo en pequeños espacios que se doblaron, haciendo que se desprendieran de su base poniéndole en peligro. Previendo un accidente se movió al mínimo, intentando retornar al inicio, gateando para atrás, un fuerte trueno se dejó escuchar y los maderos abruptamente cedieron al peso, en caída libre se deslizó  rebotando en los peldaños de la escalinata, donde logró asirse, mientras la caja de herramientas, topó contra el péndulo y  luego cayó sonoramente, el desplome provocó el eco de un golpe en el fondo del pozo.
          El muchacho quedó güindado de una de las gradas, sin perder la cordura se enderezó logrando colocarse en el sentido de las gradas, con esfuerzos desciende las restantes gradas hasta alcanzar en fondo, a tientas busca dentro de la caja, de donde saca una lámpara de mano, al prenderla lo hace ver con mas seguridad el espacio que le rodea, a su diestra hay una entrada, un pasadizo franqueado por una puerta de barrotes metálicos oxidados, un candado antiguo, de aquellos de cinco lados, que frente al agujero donde se introduce la llave tiene una tapadera, este cuelga del picaporte. Intenta hacerle presión pero no cede, por lo que toma un machuelo y lo golpea, hasta romperlo, la puerta rechina y se arrastra cuando es movilizada.
          Una vez por dentro, agachado, penetra por el túnel que lo llevó a un espacio mas grande, esto le permitió ponerse de pie; la sensación de soledad adornada con una tenue luz se dibuja en la parte superior, donde unos vitrales dentro de pequeños respiraderos dejan pasar a cuenta gotas, las insinuaciones de los rayos de sol.
          Adelante el salón se hace mayor, al fondo donde las paredes sudan humedad termina en dos puertas, a la derecha un portón de madera con una tranca horizontal, engarzada en dos ganchos metálicos. Con sus manos levantó la tranca cuya madera se encuentra podrida y de un empellón la hizo ceder.
          Vaya sorpresa  en su interior, se encontró un macabro hallazgo, se era un cuerpo, un esqueleto semi sentado, cubierto con un hábito de monje, los brazos permanecían engargolados en grilletes colocados en cruz por encima de su cabeza, la calavera que apenas se sostenía, se recostada en la capucha del hábito, el cordón que en alguna vez fue blanco alrededor de la cintura sostenía un crucifijo, que formaba parte de un rosario, cuyas cuentas se desparramaron  sobre la loza. Los huesos de las piernas ya desorganizados se mostraban entre los restos de la manta, junto a las sandalias que carcomidas por el tiempo, se habían desarmado con los calcáneos deformes; los grupos de cucarachas salían despavoridas al ser señaladas por la luz de la lámpara.       Entonces pensó para sus adentros:
“oo Como lo imaginé, este debe de ser el cura que fue torturado y luego dejaron morir abandonado. Según la historia  era el que sabía que había pasado con la niña Margarita, hija del Comendador de la época. Quien, la había seducido y embarazado, nunca lograron que él confesara, simplemente fue brutalmente torturado y hecho desaparecido. Lo que nunca se supo, fue donde sepultaron el cadáver de la joven oo”
          Se agachó frente al cadáver y tomó el crucifijo, previo a examinarlo, lo limpió, la luz de la linterna le permitió leer la inscripción. “Para ti, de Margarita 1874.”
          Con el pensamiento puesto en la inscripción y con un tanto de miedo abandonó el lugar, donde al toparse con el fondo del pasadizo, donde encuentra la otra puerta, esta sostenida por una viga la que se encuentra atorada y caída por su propio peso, al presionarla la empuja, la mitad se destroza y se parte en pedazos, dejando expedita la entrada a un espacio pequeño, perteneciente a una catacumba. Un chiflón recorre el espacio de adentro hacia fuera, que hace que el joven le tiemblen las canillas, no tanto de frío como de miedo, después de tropieza en el piso de la entrada. En búsqueda de una pronta salida, se interna, hasta toparse con una pared a medio construir, una cripta, donde los ladrillos superiores se encuentran sueltos, haciéndole arrestos procede a quitarlos provocando una ventana hacia el interior, que le permiten meter la cabeza y parte del cuerpo. Con la presencia de la luz de la lámpara, visualiza un féretro.
          El espectro de una dama vestida de velos blancos, se materializa frente a sus ojos, con un bebe en brazos, que emerge del interior de el ataúd……
          Un grito se dejó escuchar hasta los confines de la torre, que hizo estremecer, los pasadizos y las paredes de las catacumbas del lugar, el eco de las vientos de la presencia sobrenatural, hace estremecer dentro de la cúpula, mientras tanto, los segunderos del reloj continúan su eterno tic tac, con el constante e impávido movimiento de los engranajes de cobre, que hacen recorrer las agujas sobre la hora en punto, para que anuncien fuertes los sonidos afinados de las campanas de tres toques y en inexorable paso del tiempo.            

  

viernes, 1 de febrero de 2013

LEYENDAS ARABES



          Leyendas que respiran perfumes de jazmín, que pintan pastel las rosas de Babilonia, engalanadas con el aroma de los besos morenos, de bellas odaliscas, de velos de sutil seda, que se muestran en sus delicados cuerpos con exuberante movimiento en el baile de ombligo. Sonidos arabescos de cítaras que traen a la mente los califas, magnates de las mezquitas de innumerable tesoros, capullos de sensibilidad y de inmensa elegancia.
          Cuentos de vasallos, jinetes vestidos de caballeros, con sables de tres puntas. Magos de verde apariencia, investidos de poder, cubiertos de pociones maravillosas; cuentos bravos de espectaculares esclavas que roban suspiros envueltas en telas de sedalina y habitan palacios donde se encuentran junto a los sueños, los tesoros que se enmarcan en salones de fantasía con enormes vitrales que dan vida a la luna en cuarto menguante, coronada con la estrella. Las cortinas que se iluminan de dorados atuendos, dando una sensación de lujuria, a los tronos de madera, incrustados con metales preciosos. Los enormes abanicos  resoplan sobre las alfombras bordadas en Persia, como el símbolo de un harem de multicolores oleos derretidos en la oscura piel, donde sobresalen las bellas odaliscas moras. Los innumerables manjares resaltan en las mesas y los taburetes redondos de cuero milenario son ocupados por los aprendices de caballeros que se  acompañan de las bebidas embriagantes, que corren entre los almohadones de sus lechos.
          El ojo de los campeones de la lucha, gigantescos soldados que inspiran temor, que arrastran las pieles de indómitos animales salvajes, con brazaletes de bronce que acomodan las lanzas adornadas con circulares escudos reivindicando el coraje plasmado en el acero pulido iluminando el pecho prominente, estos seres inmutables cuidan el espectáculo de la orgía de príncipes y consejeros del reino.
          Mas allá en las infinitas arenas del desierto, las caravanas de mercaderes se hacen a la vista de las dunas y el ardiente sol que les obliga a envolver los turbantes sobre sus cabezas, mientras los sedientos camellos arrastran sus cascos partidos, al avanzar a paso parsimonioso a las ciudadelas  prendidas en el horizonte, en medio de un oasis, donde se remoza la expectativa de un refrescante descanso. Son los vendedores de artículos de cobre, las pieles de feroces felinos atrapados por los cazadores, en las sabanas del continente, expendedores  de telas tejidas en el oriente, aceites de gracia, esencia de perfumes, pájaros exóticos de las tierras allende del mar.
          En la plaza se organiza el mercado con su dosis de entretenimiento, para mostrar los artículos que hacen de las delicias de los ciudadanos Las féminas bañadas en leche de cabra, que ofrecen sus cuerpos mientras danzan sus exquisitos atributos, golpeando las panderetas sobre sus caderas para llamar la atención de los no tan incautos mirones que se solazan del espectáculo de su venta.
          Los gentiles se aglomeran frente a la subasta, para gozar de la comedia en dos actos, durante la puja de brazos levantados donde se incita y se hace interesante, mientras una a una las esclavas son vendidas o empeñadas a sus compradores que invierten sus piezas de oro, para complementar su séquito de diversión.
          El canto al omnipotente Alah, se deja escuchar en las inducciones de la oración en la cúpula de la mezquita, los fieles obedientes se hincan, cubriendo sus cuerpos, agachándose sobre sus manos, haciendo su saludo, acomodando su vista en  dirección a la Mecca, para dejarse escuchar por su dios, es la hora vespertina, antes de que el sol busque refugio en las incandescentes arenas del poniente.
          Las caminatas de extraños, desfile de califas y mendigos, de verdugos, que deambulan con los cortesanos bandoleros, filas de santos, de elegantes sultanes con turbantes color crema incrustado de piedras, rubís adornados de presías de oro,  que viajan cabalgando en dromedarios ariscos, atravesando las puertas de acápite de trébol colocadas en las entradas de la ciudad dirigiendo su camino a las rutas asoleadas, los paseantes cubierto de trapos de mil colores, haciendo gestos de emociones como los que producen los sueños de opio. Cuando en la carrera alcanzan el éxito de la llegada, ofrecen a los príncipes aventureros, cargados de polvos de magia, pergaminos de la ciudad perdida o la imaginería de talismanes de algún tesoro escondido.
          Las noches del desierto, que invierten la temperatura, en desolado frío. Conjunto de Historias, que sentados alrededor del fuego, envuelven en las Narrativas Arabes de las Mil y una noches. De furtiva odalisca, contadora de cuentos, Sherezade, enamorada de la vida o del marinero famoso como Simbad, los 40 ladrones de Ali baba. El genio de la lámpara de Aladino, que hicieron las delicias de jóvenes en los siglos precedentes, con el toque mágico de la ancestral Persia.
          Y muchos mas…

viernes, 25 de enero de 2013

DE LOS JUEGOS A LA FANTASÍA



          Plasmado en los lienzos de las ideas, los mágicos pinceles se hacen cargo de instalar de frases armoniosas como la historia de una vida, el campo, las acciones mas brillantes de personajes, únicos, que lejos de permanecer inmóvil, se vuelve activos con la danza de las letras.
          Responsos y letanías que empujan los sentimientos, tiernos suspiros que cantan, hacen volar la imaginación de las flores, paisajes traen junto a la memoria, campos de verde textura, donde pastan desperdigados los unicornios, donde los pavos reales imitan las sinfonías, mientras caminan sobre  las veredas de los versos, produciendo éxtasis y fantasía.
          La casita de chocolate, con ventanas de galleta, donde las abejas sesean en su entorno, depositando el néctar recogido sabiamente del polen de los pétalos, cubriendo con sus fábulas, las historias de sus héroes.
          Los niños juegan en caracoles a resbaladeros de madera que huelen a canela y se muestran orgullosos frente a la fuente de piedra que emerge como una planta, suelta agua desde la cabeza y se acumula en la pileta donde los pajarillos, se bañan salpicando de sus plumas los rayos ámbar por el reflejo del astro rey.
          Los que corren y juegan Tenta. Los resbaladeros que hacen la delicia, un viaje estelar, cuando en caída libre se emocionan,  sueltan los chicos, de golpe y porrazo rebotan sus pequeños traseros en el final de la tarima. Las escobas que asemejan corceles, que en viajes de movimiento, recorren con una espada de palo, como guerreros en plena batalla. Los maderos del sube y baja, que marean a los participantes cuando mas alto se equilibran en su orilla. Las niñas que juegan de mamá, arrastran por los pasadizos del parque al oso de peluche,  se niega a trotar junto a su compañera que retiene un biberón en la otra mano, los carros porta bebe, color rosa que deambulan plácidamente, transportando las muñecas y cuelgan sus chinchines,  suenan al compás de canciones de cuna. Estandarte y pelotas que unido a los marcos de metal que extienden con redes, para la acción del deporte de patear la esférica, un gol de la muchachada. Un par de rodillas raspadas, con lágrimas en los ojos, como corolario de fantástica tarea, en un encuentro de chiquitines  disfrutando al aire libre, en el estadio de la mente.
          Las bancas de madera que sirven de descanso, de refacción escolar con algodones de colores o conos de helado, que aceptan en sus sentaderos a los que hacen reposo o simplemente de vestidores donde se dejan desordenados los suéteres y las gorras. Quizás un tren de vagones de ilusión
          Los parques de paseo que se adornan con pequeñas piscinas, con mariposas de luces de colores, rodeadas de plantas ornamentales, donde reposan parejas de patos, que bañan sus picos y sacuden sus  alas cuando aterrizan en la pista, de la dulce plazoleta.        
          Una caña de la cual pende un hilo, que forma en el agua círculos esta se extiende como bellas historietas encendidas a la distancia, un gusano se ducha agarrado de un anzuelo, haciendo malabares para atraer a los peces. En la otra punta un niño sostiene la vara, sentado en la grama, con sus pensamientos en el aire, imagina en tener éxito al atrapar un incauto besugo, junto a él un canasto, contiene una botella de gaseosa, una manzana y varios panes de  refacción, eso si atento, se dispone al percibir un pequeño jalón, él hace movilizar la caña, mientras se enreda con el hilo y deja caer la galleta que come. Acción fallida, la destreza de la víctima es mas rápida que el tacto del pescador.
          Los diligentes Pica flor, que chupan atareados las mieles de las flores, guardando un extraordinario equilibrio, mientras se saborean del agradable  polen, compitiendo en algunas ocasiones con las abejas  también se dedican a recoger su alimento e imagina la sorpresa de las mieles y chocolates se saborean en las estancias.
          En la orilla de la poza, un amigable batracio, salta alegremente, entre las hojas y los lirio de agua, cantando en tono de DO, su gutural Croa, Croa, como abriéndose paso entre los charcos, en búsqueda de algún grillo que haya amanecido desvelado, para convertirlo en su apetecido desayuno. Algunos caracoles en fila india se trasladan sobre las piedras, para saludar a los zancudos de larvas han evolucionado a adultos y se disponen a rondar sobre los visitantes para provocarles mediante piquetazos, rasquiñas y ronchas, que abultan la piel.
          Las elegantes churrasqueras que desprenden humo desde sus adentros, mientras el carbón se consume en rojo, para aderezar los filetes y los manojos de cebolla, el cocinero que con espada en mano se ensaña con los trozos de carne, sacudiéndolos para que el dorado se instale en toda su cuerpo y despida ese olor característico del asado. Las típicas tortillas se hacen saltarinas cuando depositan su lomo en las varillas ardientes de la parrilla. La fantasía, como en un teatro, se incrementa cuando en coro un grupo se hace musical al compás de una guitarra que hábilmente, se hace al unísono de las tonadas populares.
          Un salud, como grito de batalla se entona mientras los vasos chocan para hacerse de consuelo, el elixir en su interior se torna en risa y algarabía. La maleta de frijol, el trasto de guacamol complementan el banquete del almuerzo, recuerda por momentos el onomástico de un menor que ya no está de quebrar piñata.
          Las arboledas se mecen por el aire, hace respirar lo fresco del ambiente, los cenzontles se santiguan entre las ramas, de cuyos vuelos hacen piruetas, las urracas se atreven a silbar, con toda alharaca para mostrar sus bellas plumas. Las ardillas eléctricas recorren los troncos de arriba hacia abajo, se sientan en los agujeros para limpiarse los bigotes con sus patas delanteras, enseñando sus marcados dientes.
          La fantasía se hace distinguida cuando los rayos del sol se quieren esconder  detrás de los cerros, donde la bulla de los pericos y las aves pasajeras se dirigen a sus nidos enclavados en la montaña. El viento se hace frío, mientras se escurre por los llanos, los habitantes del campo se buscan en familia para iniciar el retorno, la quietud del estanque se hace solemne y los bichos encienden sus llamados a dormir.
          Los adultos se proponen a levantar sus manteles y recoger sus instrumentos, mientras los niños no muy de buena gana se disponen a abandonar sus juegos, corretean de última hora para depositar los juguetes en los vehículos, las chamarras y las gorras de lana hacen su aparición previo a la despedida, cada quien cuenta a su tropa y se dispone a abandonar en lugar.
          Muchos suspiros se escuchan, de agradecimiento, de cansancio, de alegría, mientras las caritas de los niños que se pegan y hacen vaho en las ventanas, para hacer prolongar la fantasía del día de campo. Cada quien se despide a su manera, con lágrimas de tristeza o con un ¡Hasta la próxima escenario de los sueños!

A DONDE VIAJAN LOS SUEÑOS



          A donde viajan los sueños, cuando los sentimientos se apagan, joviales historias que se buscan en el fondo de una alforja cargada de cosas interesantes que se muestran jubilosas en las solapas de la inspiración.
          Cuentos que cabalgan en el orgullo de jinetes de verde armadura, de princesas de largas cabelleras y corona de jazmines, que en la cumbre de una torre, reposan solitarias, huyendo de los dragones místicos que las encierran en el embrujo de la magia, las embeleza como divas en búsqueda de un galán que las consagre.
          Castillos encantados de cúpulas encendidas, de puentes levadizos que nos transportan hasta donde albergan los juglares, príncipes y vasallos que asombran con banquetes de cítara y baile. Derroche de ostentación donde viajan los bebidas espirituosas del triturado vino, manjares de alta cocina que llevan al clímax a los obesos monarcas, que estampan sus voluminosos cuerpos en las butacas de elegante mármol, vistiendo atuendos olorosos, hilos de filigrana de oro que muestran su extravagante presencia. Asisten a sensuales espectáculos donde disfrutan de las exóticas bailarinas que son las delicias visuales con sus morenos cuerpos semi desnudos.
          Mientras en el exterior allí donde los Pegazos multicolores pastan en el arco iris de los campos, los riachuelos se muestran plácidos en su transitar. Los puentes de piedra que adornan las veredas, donde los aldeanos se refrescan en sus tareas cotidianas, allí donde la naturaleza se hace simple y la música se torna angelical, las cortesanas danzan como las mariposas de primavera que revolotean entre los murmullos de la campiña.
          Poesía lírica que contempla en tonos pastel de la mano de los querubines,  se hacen piruetas al sol, los restos de las gotas de rocío, se evaporan en el coloquio de una mañana llena de  encantos, cuando los botones se vuelven rosas y los mitos se tornan realidades. La vida se torna mágica cuando los  patos, en formación de saeta se dirigen a los pórticos del sur, con ansias de los nidos de reproducción en las lagunetas  acompañadas de los senderos del mar.
          Las zorras se escapan en desbandada, al escuchar a la distancia las jaurías, que de olfato las talonean en cacería,  Arcos y flechas asumen la responsabilidad de alcance a las doradas víctimas,  buscando en los agujeros de los troncos la salvación de su pena, donde los perros Beagle se hacen héroes en su captura, para posteriormente aparecer como trofeo en la sala de armas en el acápite de la chimenea.
          Damas dulces, de vestidos largos, con fustanería de hadas con un doblés de rodilla se hacen reverencia con los caballeros gendarmes, con planchados trajes, aletean en forma estética mostrando sus elegantes espadines, se cubren con birretes adornados con una mullida pluma en el frontal y colección de botones dorados en el pecho. Los cortejos son indiferentes, de tomar con delicadeza la mano, a ofrecer el brazo en jarra para incitar a un paseo Las cortesanas ruborosas, aprovechan a sacudir sus abanicos para restar importancia a los piropos en forma de poemas se lanzan al aire, para rubricar la conquista, otras corren de no querer irse y se tantean negativas al estirar sus brazos sin soltar la mano, caen y ruedan en el engramillado, esperando que el galán se aproxime y les ruegue oficioso para levantarla, pedir por lo menos un abrazo o quizás un furtivo beso.
          La tarde se hace antigua y la luz tenue empieza a tornarse gris, la aventura se disimula y vuela por las rendijas, las parejas se reposan en los pechos y las cuitas de amor se vuelven fantasía, cuando los candiles del palacio se encienden para anunciar la noche.
Los sueños son el epitafio de una aventura que se proyecta en la imaginaria del espíritu, son las palabras en orden y sonido, son los ideales, producto de un artista que tras deambular por la celestial inspiración, se convierte en la invocación de un sentimiento, es la idea, el hechizo que plasmado en blanco y negro se vuele un torrente de fantasías vertidas en un pedazo de papel, discute a través del tiempo el brebaje  de la creación en el cáliz del pensamiento   



miércoles, 16 de enero de 2013

CABALLO DE MADERA



          Naciste dentro del taller de los muñecos, del corazón de pino, cortado y cepillado con arte, el diligente carpintero forjó tu estilizado cuerpo instalando una tapadera como asiento en tu lomo plano, los pedales eran palos como de escoba, cortitos que sobresalían de tus patas delanteras, bien decoradas con sus cascos; tu pintada cara se enlistaban, agarradas de la nariz, dos correas pasando sobre las orejas, asemejaban los frenos. Los estribos aunque dibujados se enseñaban en los lados de la panza. La prolongación de tu cuerpo finalizaba con la cola hecha de tuza rayada y pintada de negro, eras todo un corcel de fantasía.
          Te llevaron a casa con un moño en el pescuezo, como el regalo de cumpleaños del yo infante.  Cuando desperté ese día fue como la respuesta a mis inquietudes de jinete. El primer intento fue de salir de paseo, aunque únicamente se balanceaba de atrás para delante, pero mi cándida imaginación hacía verme en las praderas de aventura o en las carreras de la ilusión.
--- Paca, Paca…--- gritaba. Mis padres me hacían eco de las porras lanzadas.
          Detrás de mis hermanos, los vecinos se acordonaban para darle paso a un alegre colaso en mi corcel, mi caballo pinto, que me hacía sentir celos cuando alguien lo montaba y lo trotaba con desgano, después de una rabieta lo tomaba de las riendas y lo escondía bajo mi cama.
          Grandes proezas promovía con él, de vaqueros y de indios, soldados de caballería e hipódromos de velocidad. Junto a mi sombrero de paja, mi pistola de fulminantes, me imaginaba un de esos héroes  de las películas de oeste gringo.
--- Arre, arre, caballo bayo….
          Así fui creciendo, cada vez te vi. mas pequeño, los pies me quedaban mas largos que los pedales, principiaba a aburrirme de los bamboleos de mecedora en el pasado me fascinaba. Mis intereses variaron y el caballo llegó a formar parte de los muebles escondídos en una esquina de mi habitación, a veces de perchero donde lanzaba mi gorra o tiraba algún pantalón para la lavandería, así fue como se vio en el abandono, empolvado viejo y olvidado.
          El que nunca se detiene el tiempo y la edad, pasaron a tener otros propósitos en mi persona, de pronto cuando regresaba por las noches de mis estudios universitarios, te miraba allí triste y abandonado, despintado de muchos lugares, lo que era tu cola casi había desaparecido y las mecedoras a sus patas les faltaban partes. Imaginaba los tiempos de felicidad mas grande había gozado, pero bueno eso no impidió que fuera enviado por desuso al cuarto de chunches viejos, sustituido por la bicicleta, si mi rocinante de acero. Con ella viajaba por las calles y me llevaba a mi centro de estudio, hasta para ir a darle unas vistas a las muchachas.
          Con el transcurso de la vida, cuando me gradué de padre, recordé de mi niñez, regresando al pasado fui a buscarte en la bodega, allí estabas, ahora eras un vetusto conjunto de tablas y pinturas, mi caballo de madera, desconchinflado y parcialmente roto, te tomé cordialmente y te hice reparar con el antiguo carpintero, él lleno de pasiencia y alegría, te remendó la cola, te cambió las partes destruidas hasta convertirte en el bello corcel de mis recuerdos.
          Te coloqué en el centro de la sala y como antes con una moña ensortijada en la cabeza te hice entrega a mi hijo.
          El niño se te quedaba viendo, no se atrevía a montarte, luego me retornaba la mirada sin ofrecerme una aprobación.
--- Oye papá, ¿Qué se supone que es esto?---
---Es un caballo…---
---Parece un caballo…. Y dime, que hace?---
--- Pues, se mece, una vez tu te subes a él, le mueves para adelante y para atrás, y…!
--- Donde lo enciendes?.--- subió entonces a tu lomo y trató de movilizarte como habían sido las instrucciones.
          Lo desmontó colocándose frente él, moviendo su cabeza hacia los lados y con sus manos en la cintura, presto en cólera le propinó una fuerte patada, lo hizo caer estrepitosamente.
--- AY…! Papá, este es caballo, pero ya debe de estar viejo, tanto como tú…, a lo mejor ya  no sirve, no quiere caminar, no sería mejor si lo dejas simplemente de adorno.---
          El niño se alejó. Recogí el pedazo de madera y te coloque de nuevo en la esquina del cuarto, era mi querido caballo de madera, condenado estaba a pasar a formar parte de la leña. Te abrace como cuando era pequeño, el me había dado tantas alegrías, al tener tu hocico junto a mi cara, vi. aparecer una lágrima que brotaba de su ojo.
          Quizás mi caballito también tenía corazón.


viernes, 11 de enero de 2013

OYEME TATITA !



--- Te recordás Tatita.--- Una vez me pasó el susto, cuando con la chilca me enseñaste a no creer en babosadas.---
---Ni modo cuando se es patojo todo lo mira bonito, es una aventura, un juego, pero tarde se da uno cuenta---
--- Los amigos te la pintan bonito y te tocan la hombría.---
--- ¿Qué no vas a dejar que te manden?... decían mientras me enseñaban a darle el jalón al cigarro, empinate el octavo, pues!---
--- Y si es que les decía yo…, bruto, que a los que no debería haberles hecho caso era a esta partida de truanes, de verdad, que les podría a ellos importar, uno era el que se hacía mierda...---
--- Bien me dijiste, ese día que enterramos a la abuela, dejá esas juntas, que no te llevan a nada bueno, no Yo necio, me sentía gallo, que nada me impedía hacer lo que me venía en gana, destrozar mi vida y sin pensar en el futuro, era joven,  no miraba malo lo que hacía.---
--- Y poco a poco me fui metiendo en el vicio, sin ver para atrás, la mota, el alcohol, luego la piedra y tanto así con el polvo blanco que me hacía cosquillas en la nariz al respirar. Me hacía volar y llenarme de sueños líricos, a lo mejor pesadillas. Pero yo me sentía súper macho, que tenía el mundo en mis manos, eso me ponía en honda.--- Y que?, yo era el rey!---
--- Siempre había alguien que me aconsejaba al oído, el que hacer, para mantenerme en ese rumbo, acciones reñidas, siempre y cuando tomaba el camino fácil para obtener dinero. Porque yo trabajar?... mamolas. Eso era para los tontos.---
---Me cayó en las manos una 38 y me sentí poderoso, mas cuando con la pistola al cinto, me encasquetaba mi chumpa de cuero y nos encaramábamos junto a los chavos, a las camionetas, las llamadas tomates, a limpiar a los pasajeros, celulares, joyitas pinches y un poco de lana.---
--- Luego nos juntábamos en la casa de las chavas del grupo, donde hacíamos las grandes orgías, nos hartábamos de guaro, le poníamos a la droga y hacíamos de los placeres del amor, digo amor..!, Sexo a diestra y siniestra, una bacanal sin límites, Ischocas de 13 a 15 años, que con tal de pertenecer al grupo se dejaban humillar y abusar, las que se elevaban con la droga, como juguetes de segunda mano, nos pertenecían!.---
--- No hubo quien se nos pusiera al brinco, se iban shuco, los  que se ponían brincones o  se negaba a entregar botín, los hacíamos entender con un filetazo de navaja.---
--- Me vi marcado, eso si, cuando el piloto del Tuc-Tuc, me hizo frente y le hice el honor con el revólver, poniéndole con saña y con rabia, balas en la cabeza,  manchado en sangre le vi caer inerte delante a mi. Me tragué el arrepentimiento, para aparentar frente a los demás, lo desalmado que era... --- 
---Luego en otros episodios, abusábamos de todo el mundo, sobretodo las patojas, las pasábamos de uno al otro, después de tashtulearlas. Besuquearlas  y sobigiarlas, La impunidad y  con el total desprecio por ser tan solo mujeres.---
---Y saben nadie se metía. Nos tenían miedo.---
--- Ves Tatita te estoy confesando las barbaridades que hacía, no pensaba o no quería imaginar, que la  misma suerte podían sufrir,  mi madre y mis hermanas, o cualquier mujer decente.---
--- Y te digo… porque ahora me agarró el arrepentimiento, tenía zampado el diablo en la carne, mas aún en el cerebro, no razonaba. No me importaba el abismo en que estaba cayendo a pasos acelerados.---
--- A veces por las noches me sentaba a la orilla del colchón, en medio de la podredumbre de mujeres que dormían la mona junto a mi. En ocaciones odiaba esto, me sacudía la cabeza, me inquietaba por no poder ordenar mis pensamientos. Que me estaba sucediendo, donde estaban mis reflexiones, donde había perdido el alma .---
--- Todo empezó a tomar forma cuando en uno de los asaltos a los buses, uno de mis compañeros cayó abatido de un disparo de escopeta, a la Madre…, iba dirigido a mi, él estaba al frente y me salvó, una que otra esquirla me lastimó en cuero, salté por la puerta trasera y corrí a mas no poder.---
--- Ya no me sentí tan seguro, al final de la carrera jadeaba de miedo, cuando me refugié en un lote baldío para tomar aliento, sangraba del perdigón que me había alcanzado en el brazo.--- Había visto ante mi la sombra de la muerte y no me sentía a gusto, me apreté el brazo con un pañuelo.---
--- No eran tan poderoso como pensaba, eran mis pensamientos, que dentro de la resaca del miedo, me sacaban a la superficie, lo poco de humano que me quedaba. Los tatuajes me estorbaban, solo me habían marcado, dentro de un círculo de delincuentes, que aún para ocultarme,  de  mi mismo, se hacía difícil.---
--- Opté por buscar refugio, pero donde?, si todos estaba contaminados por mi comportamiento y mis tribulaciones. Quize cambiar y entonces se me acabaron los cuates, los chicos de la mara se echaron para atrás, me creyeron cobarde y me dejaron solo.---
--- Tan pronto recuperé el valor, me refugié en los mis culpas y los remordimientos de mi vida, lo que me hacía participe de la ignorancia, el pánico que no me dejaba resolver mis pensamientos y enfrentar en forma cuerda el asunto, pero bueno aquí iba, rumbo a no se donde, a buscar consuelo y para eso necesitaba despojarme de esa imagen de poderoso e hipocresía que me caracterizaba.---
--- Sabes, mi primer chispazo, fue ir en busca cura de la iglesia del barrio y de plano con la figura que representaba. Me lo impidieron los allegados  y no pude tener tan siquiera un cruce de palabras con él. Vaya que tal si hubiera sido un asunto de vida o muerte..! o solo quizás atendía a los de traje de primera comunión.  La verdad me fue mal con los de la iglesia.---
 --- Vaya pues, lección aprendida, Reinicié el cambio, tiré el disfraz y los aretes, reemplace la playera negra de la calavera atravesada por un rayo y los colgantes con la esvástica, por ropa de campechano. Eso lo del exterior, pero y lo de adentro que?... ni el pellejo que me manche con tatuajes, podía borrar…---
--- El espíritu seguía marcado y el alma peor, pero esperaba no fuese tan evidente para poder buscar consuelo y perdón de mis pecados, esos desahogos de conciencia que me hacían mucha falta.---
---Pensé, entonces, así como te veo te trato, contradicciones que de todo verdad, me empezaron a dejar estar cerca de las personas, las cuales ya no me demostraban temor, en fin era un principio.---
---Y por eso es que me encuentro aquí, buscando consuelo, con la persona que quizás fue la única que me puso atención, Si Abuelo. Tatita como aprendí a decirte. Aquí, al costado del mausoleo frente a la lápida que reza tu nombre, que imprime las fechas de nacimiento y de muerte, donde hace uno par de años, con lágrimas en mis ojos vine a hacerte la despedida.---
--- Si tatita, vengo a decirte. Me arrepiento. No te hice caso, oídos sordos. Maldito orgullo de adulto, tu sabías que andaba en malos pasos y tu…, tu te fuiste pronto, a hacerle compañía de la Abuela.---
--- Por eso hoy te he venido a confesar mis pecados, mis andanzas, decirte que una vez mas me he quedado solo, como cuando me recogiste del abandono de mis padres, rescatándome del Hospicio. Y ahora Tatita con mas pesar que nunca, te digo que no supe aprovechar la oportunidad, que desperdicié mi vida, por minutos de placer.---
--- Soy un mal agradecido, ahora me acerco y te pido consejo. Mientras que yo, ni una flor en estos dos años, en ese tiempo te mentiría en decir que me recordé de ti, .---

---Si…!, ya se abuelo, me vas a decir, como tantas veces, que es tarde para arrepentirse…, Si, que el único que me puede perdonar es mi Dios, y yo hace ratos que dejé de creer en él, que lo dejé de ver, que le ignoré, que me revelé por mi paso por la maldad y la droga. ---
--- Bien Tatita, sigue descansando en Paz, que los desahogos de este fulano, no son mas lloriqueos de alguien que no supo afrontar su responsabilidad para con la vida.---
--- Tu que siempre intervienes por mi. Dile a Jesús, que de pronto él me perdona.---

--- Cuando rompa el secreto, estaré contigo……



martes, 8 de enero de 2013

LA VASIJA DE BARRO.



          El niño permanecía sentado a la orilla de su cama, con los brazos cruzados sobre su panza, sudaba copiosamente, mientras gesticulaba con muecas de dolor de los retortijones que experimentaba.
--- Vos Guelano, que te pasa, hasta pálido te ves, porque no vas al baño? --- le dijo su hermano, que además tapaba su nariz con la mano.---con los aires que te mandas, es como que se te pudrió algo… dejá de aguantarte y corré.---
---Ugggg!!. Ya me hago. Me acompañás al escusado.---
--- A poco tenés miedo.---
--- Pos si, vas conmigo….
--- Con tal de que ese tufo se vaya con vos te llevo.---
          Miguel el mayor de 12 años, se hizo a la salida de atrás de la casucha, que llevaba al sitio, donde se encontraban los corrales de las aves, que ya para la hora reposaban en las ramas  del almendro. Al fondo sobre la izquierda había una casuchita de lepa que era donde se encontraba la letrina.
          La luna había tardado en salir y la oscuridad se manifestaba acompañada de pequeñas ráfagas de viento. Aureliano con un par de hojas de papel periódico entró al cuarto, temblando y asustado, por lo que dejó abierta la puerta. La lámina se movía y producía ruidos en el techo.
--- Ayy!.... Huyyyy…!--- gritó a todo pulmón el chico. Salió con los calzones en la mano y se fue a refugiar a la par de su hermano, que le esperaba a corta distancia--- Viste Miguel…. viste!!---
--- Vi que?..., ah!, yo no vi nada.---Solo miedos sos vos, quien te ha metido en la cabeza eso de los fantasmas?---
--- De verdad… te juro que vi algo….---
          Abrazados se retiraron hacia el rancho, de donde por la bendita curiosidad miraban hacia el fondo del lugar. Una sombra cruzó  a la distancia frente a sus ojos, esto espantó a las gallinas y sacudió las hojas del plátano a la vecindad del cerco.
          Ambos quedaron estáticos, los perros latían a todo vapor como avisando de alguien extraño, detrás del Jocote de Corona, justo en el tronco donde se desprende de la raíz, se mostró una luz de candil, que se inclinaba por el viento y manchaba con su luz la corteza del árbol. Eso hizo que entraran corriendo a la casa, el espectáculo había sido evidente. Llegaron hasta donde se encontraba la madre que con la poca luz que producía la fogata de la cocina, aprovechaba para desgranar el maíz que serviría para la masa del día siguiente.
--- Hay Mamá…. Hoy si nos espantaron --- dijo Miguel a quien le temblaban las canillas
--- Si, nos espantaron, si nos espantaron.--- repitió Aureliano, que son sus ojos grandes desorbitados, mostraba su temor.
          La señora tomo su trenza que le caía en el regazo y la lanzó hacia la espalda, tranquilamente terminó su labor con la mazorca, colocó los granos en una pana...
--- Hay patojos, no me digan que están viendo aparecidos y bultos en este lugar.--- Esas tan solo son leyendas, historias de aparecidos, de entierros por los antepasados.---
--- Si eso es!...--- aseguró Miguel.
          Ya en una ocasión la vecina había insistido que en los linderos del terreno, se veía un bulto que representaba un espíritu, que rondaba el lugar. Se decía que cuidaba el lugar donde algún secreto o tesoro, permanecía enterrada en las cercanías y que como alma en pena, se presentaba cuando la luna se escondía del miedo y las lechuzas paseaban en lo alto en su viaje a los barrancos.
          Entonces, los perros se enroscaban debajo de las camas, se sacudían temerosos, esperando la salida del sol de la mañana para asomar sus narices en el patio. Las gallinas algunas veces amanecían desplumadas de la cola, mientras las milpas con todo y elotes recién cortados se les encontraban desordenados tirados en el suelo.
          Los niños amanecieron sin mucho dormir, a pesar de escuchar los escobazos en el corredor, que indicaban que la madre ya había madrugado a poner el fuego, no quisieron abandonar su lecho. Ya los animalitos del corral correteaban, buscando su alimento, mientras los gallos cantaban el advenimiento del nuevo día.  Al buen rato se dejó escuchar el arribo de un caballo, cuyo jinete desmontó en la puerta trasera y se acercó.
--- Manuel!, no me vas a creer que estos patojos, no durmieron, a causa de que dicen que los espantaron anoche….--- dijo la madre.
--- Ja…. no sería el espanto del palo de jocote… ja, ja, ja…. Ha patojos mas miedosos.---
--- Patojos, levántense y le viene a dar el mento a su papa.---
--- Buenos días Papa.--- se presentaron frente, para que el padre les tocara la cabeza.---
--- Conque los asustaron…..---- si yo les contara que no es la primera vez, que eso pasa…. En alguna ocasión, me pasó que después de haber ido a la cama se dejó escuchar un espaviento, de las gallinas y chillidos del coche, me levanté de carrera y efectivamente, la mula estaba inquieta y relinchando, logré entonces ver una luz que se movía por el escusado, me acerqué, pero nada, imagínense, al volver la mula había entrado a la cocina y cuando la arrié, me percaté que alguien le había hecho una trenza en la cola.
--- Y que pasó con la bestia. ---preguntó uno de los chicos.
--- Nadie pudo deshacerla y la terminamos cortando, la dejamos muca!…---
          Ya los celajes estaban anunciando que la tarde se dejaba venir, el sol cerraba los ojos mientras se escapaba por los cerros, la quietud acompañada de las chicharras amenizaba el concierto que jugaba con el ambiente y el compás de la torteada en el comal de la casa.
          El café humeaba frente al fuego, las candelas se chorreaban sobre las panas que se sostenían en el centro de la mesa, los platos de peltre que rebosaban de frijol parado y un medio cuarterón de queso que mostraba un pellizco. El muñeco de tortillas, en forma de torre se bamboleaba cuando una mano tras la otra descontaban los pishtones, que se convertían en bocados untados de negro.
          La noche se venía encima y el temorcito se hizo presa de los chicos que junto a su padre, no se despegaban.
--- Ya muchachos, ni que fuera para tanto, o acaso no son machitos pué…---
          Dieron paso a las horas, la oscuridad se hacía grande, viento volaba golpeando las ramas, había una sensación de intranquilidad con los animales. La mula se movía constantemente, dejando escuchar sus estornudos, y el somatar de sus cascos el cacareo de las aves se hacía cada vez mas frecuente.
          Manuel tomó su linterna y con machete en mano se aventuró al sitio, los chicos junto a su madre permanecieron en el dintel de la puerta, con el fin de no perderse el momento. Con paso firme el hombre se condujo por el camino al baño, donde divisó una pequeña mecha encendida, como de candela al pie del jocote, cuando estuvo lo suficientemente cerca prendió la lámpara. En ese momento una sombra se atravesó a su paso que le hizo perder la linterna y todo volvió a la oscuridad.
--- Quien putas… anda allí? --- vociferó mientras alzaba amenazante su  machete.
          El frío le recorrió el cuerpo y la piel de gallina le invadió hasta el tuétano, todo era silencio, al pie del árbol donde había visto la señal, colocó una estaca dentro de la tierra y volvió de carrera hacia la casa. Entró tan pálido como un papel, tomó un banco y se sentó junto al fuego. El viento aulló una vez mas, somatando las ramas de los árboles, mientras las láminas se levantaban como quien quiere huir de los tejados.
          La mañana se presentó como de costumbre, el ambiente cálido a la salida del sol,  el episodio nocturno no alteró la vida del corral. Curiosamente la estaca señalaba un lugar bajo la raíz del árbol, donde al efectuar una excavación fue encontrada una vasija de barro, en cuyo interior se encontró un pedazo de papel que envolvía un anillo de metal amarillo, colgado de un dedo anular, mas bien restos de los huesos y polvo, todo daba la impresión de tratarse de un entierro. La inscripción en la nota decía:
“quien me quitó el dedo, sufrirá terror, el que me lo devuelva  le daré un tesoro”
          Varias monedas de ORO, de las llamadas BAMBAS, aparecieron dentro de la vasija de barro, lugar donde se había dejado el requerimiento del aparecido, cerca del lugar del hallazgo, el trueque se había realizado.
          En las profundidades de la noche mientras el follaje de las ramas de los árboles se agita con el viento del norte y la luna cuarto creciente se enseña en el firmamento, una sombra se escapa a la distancia, mostrando el anillo que con la tenue luz se hace destellos en las manos del espíritu.


 
 

sábado, 5 de enero de 2013

EL GRAN SOL




          Las máscaras danzan en equilibrio, entre el sol nuevo y la pálida luna. Juegan como fantasmas en la cúspide de la peña, mientras los celajes se sonrojan en el firmamento al esconderse de los trinos de las aves, que vuelan jubilosas al rastreo de sus nidos. Las copas del chico zapote que se mueven adormecidos por las ráfagas del viento que recorren el lecho del río.
          Los pasos del jaguar se hacen silenciosos, al caminar por las veredas, adornadas de quequeshque y Jacaranda, poniendo la sigilosa mirada en el afán de la cacería. Los monos aulladores, que recorren entre lianas, columpiándose para escapar del depredador, escandalizan la selva con sus gritos que con  llevan miedo.
          La hora del reposo se ha alargado, las lechuzas precavidas, continúan sus vuelos, alargando sus pescuesos, en búsqueda de una rama desnuda de los altos, altos matilisguates, donde depositan sus largas patas para establecer su dormitorio. El resto de los animales, buscan en sus madrigueras la plenitud del reposo y el cuidado de las hembras recién paridas y el amamantamiento de las crías 
          En el principio se hace la fantasía que nos lleva a los confines de la tierra, detrás de las aguadas que nos comunican a las majestuosas pirámides a través de las anchas calzadas que resaltan por su arquitectura, estas señalan los conductos que los pueblos de nuestros ancestros utilizaban para dirigirse en comunicación con las milenarias ciudades, que muestran su construcción  y señorío a lo largo de la selva tropical.
          Las procesiones que viajaban de un lado al otro son encabezadas por los guerreros emblemáticos. Los Kej, que mostrando sus cuernos, bailan en vaivén abriendo el desfile, cubiertos en sus atuendos de la preciosa piel del Venado.
          Detrás se enfilaban los A´kram, que cubiertos con su piel de pelambre áspero y negro, cuyas garras cuelgan en sus espaldas, se movilizan como todos los tepezcuintles.
          Con sus clásicos movimientos de un lado hacia el otro con una máscara que representa a los loros, con sus picos entre abiertos y sus elegantes plumas verdes, el grupo de los Chequen. Que emulan el movimiento de los mas grandes pericos
          De último pero no menos importantes el escuadrón de los Mash, donde debajo de la piel oscura que portan se muestra una cola negra enroscada en la espalda como los Monos saraguates, los que emiten sus chillidos característicos, al abrirse paso en la sabana.
          Después de la fuerza de los guerreros se dejan llevar las damiselas con túnicas blancas, acompasado de los sonesitos que las hacen aumentar la gracia de las féminas. Transportan las vasijas de barro que humeantes, sueltan el espíritu del POM, que asciende perpendicular al cielo como oraciones para el GRAN AJAU.
          El monarca encima de un anda, muestra todo su señorío, su penacho de plumas de Quetzal,   las máscaras de oxidiana que representan su poder y los dijes de Jade que dicen de su alcurnia. Grupos de hombres de piel cobriza cargan en hombros al soberano.
          El gran KINICH AJAU, descendiente de los dioses, el supremo, conduce a su pueblo a través de los caminos de la eternidad,  a los lados del pináculo se hace acompañar de sus sacerdotes, que invitan a los hombres a vitorear con las hojas de XATE,  a su monarca, en su trayecto….
          La princesa IX NAAH EK, rodeada de sus damas de compañía y los maestros del templo, cierran el desfile, llevan la luz de las peticiones, en las piezas en forma de  comal. Calendarios de piedra en forma de glifos y el fuego de la pureza en sus cántaros de sabiduría, pidiendo al todo poderoso, humildad y fortaleza, para que el año sea bueno en fruto y cosecha.
          La romería significa una petición para la convivencia, bienestar  y subsistencia de los pueblos. Es la visita a los campos donde surgen las grandes ciudades, con sus templos piramidales. Es la gran calzada la que se hace extensa mientras el cortejo se dirige al gran templo de la DANTA, en el centro ceremonial mas grande de los reinos altos, donde se localiza la morada del GRAN AJAU, sitio donde el sol reposa por las noches y las cuatro lunas atienden su descanso, velando su sueño de fantasía.
          En la plaza principal se han fincado pueblo y guerreros, que se disponen a entablar en convite los bailes tradicionales de los animales bajados de los cielos representando la mitología de los antepasados. La chirimía sagrada y el regio TUM, evocan las voces de los dioses que prestos resuenan en oraciones de petición. En las escalinatas, se forman los guardianes, que hacen valla hasta el trono del rey.
          Las fumarolas que se forman en las esquinas de la plaza y las gigantescas fogatas, al centro, donde se quema las hierbas y las cáscaras de los árboles que dan aroma, formando un círculo donde LOS CHAMANES oran. En el sitio se abren los espacios donde se prepara a la muchedumbre que de rodilla en tierra anhelan el despunte del alba.
          En la corona de la pirámide hacen su aparición los primeros rayos del Gran sol, AJAU, con su calor de bendición que baña las estructuras de piedra, desplegando un manto de luz, que resurge en la silbatina de las aves, acompañan el amanecer.
          KINICH AJAU, le recibe con sus brazos en alto, mientras agacha el rostro, en el sublime momento del solemne baño del bendito rayo de luz que atraviesa el punto exacto del pináculo de la pirámide, por el centro del Glifo mayor en lo mas alto del templo, que implica la bendición del dios al Monarca y a su vez al pueblo... En unos cuantos segundos el esplendor del astro se hace presente en el campo y la algarabía se deja escuchar en todos los rincones.
          Música y bailes se desencadenan como agradecimiento del advenimiento del milagro, el toque mágico de bendiciones se esparce por toda la comarca que da inicio a la época de la preparación y el cultivo de la madre tierra.
          A lo largo del tiempo, se desarrollan las plantas que buscan al cielo e indican que la tierra ha dado su contribución al milagro. La planta es entonces calzada, los baños de sol y la invasión del líquido de vida recorre las entrañas de los surcos, le fortalecen su crecimiento, ya pronto la flor en su mayor extensión se desarrollará, fecunda y luego dará paso a la aparición de las muestras del fruto, el elote.
          Se sacude el paso de las lunas cuando a través de la punta del elote trasciende el pelo, color amarillo, que empieza a dar su sazón para la cosecha, se torna café oscuro, se marchitan y se secan las hojas que hasta el momento eran verdes, para dar paso a la mazorca, que se quiebra sobre si misma para indicar que está de corte.
          La fiesta entonces se reinicia, para dar gracias al GRAN AJAU por los milagros de la naturaleza. Los labriegos se hacen presentes con la actividad de tapiscar la planta y obtener el mágico grano en mazorca, que en grandes redes se transporta a los lugares públicos y las plazas para ser desgranado, allí los habitantes contribuyen a la extracción del grano, que se convierte mediante su cocimiento con cal, en la sustancia que pasa por la molienda en piedra, para extraer la sabia del maíz,  masa transformada en el alimento y la vida.
          Y así se completa el ciclo y el ritual de la cosecha, que por generaciones se mantiene. Mantiosh, Hombres de Maíz.