viernes, 26 de octubre de 2012

LAS SOMBRAS DE LA NOCHE.



            Asomaba la punta de la nariz, en la arista de la orilla de la chamarra, con los ojos abiertos enfocando la mirada en las sombras que se proyectaban en el techo de la habitación. La mente le jugaba un malabarismo con los pensamientos oscuros manchados de miedo, imaginando espíritus que deambulaban en su alrededor.  Los pies que se mantenía fríos, que hacían responder a las rodillas que tiritaban una contra la otra, trotando juntas cuando lo helado se colaba por debajo de las cobijas para recorrer desde la rabadilla hasta la parte posterior de la cabeza.
          El sauce llorón, que se mueve sacudiéndose en la parte exterior de la casa, somata sus ramas al acompañarse de las ráfagas de viento sobre la ventana, que se parece al rastrillo de una garra, que resoba los vidrios. El vapor que circunda da la impresión de formas fantasmagóricas, imágenes que caen de arriba a bajo al desprenderse las hojas de las retorcidas ramas.
          El sentimiento de no encontrarse solo, hace que se escurra bajo las sábanas, al escuchar dentro del silencio el típico rumbo de pasos, que se estampan sigilosos en la oscuridad, dejando una estela de rechinidos en los pisos de madera, que provienen del corredor, que pasa frente a la puerta del dormitorio.
          Se cubre la cabeza, interiormente se santigua una infinidad de veces, se encomienda a Dios y cierra los ojos con el fin de no darse por enterado de lo pasa, mientras balbucea una oración, con frases entrecortadas.
          Entra la calma y el silencio se hace escuchar con las tonadas de un grillo que se moviliza por debajo de la cama. El picaporte de la puerta se mueve y muestra un sonido extraño, mientras un leve empujón intenta mover el madero que se reciente cuando se abre. Asomándose tímido por un agujero de la cobija, logra visualizar la espectral figura de una mujer, totalmente vestida de blanco, múltiples anillos en sus manos, que se acerca hasta la cama. Aprieta los ojos y reza un Padre nuestro…
          El músculo se sosiega y el sueño le vence, al cabo del tiempo vuelve todo a la calma hasta convertirse en la llegada de la mañana, precedida de una madrugada anunciada por cantos de gallo y esperpentos de aves voladoras que revolotean en los árboles cercanos. El sol se despereza a su costado, mostrando su cálida sonrisa, al encumbrarse por el horizonte, dejando una estela de luz sobre los campos.
          Sentado en la orilla del camastrón, hace remembranza de los acontecimientos la noche anterior que desordenaron sus pensamientos. Alguien estuvo allí…!. El vaso de agua recostado, caído sobre en la mesita de noche empapó el tapete tejido en sedalina, cuyas gotas cayeron hasta el suelo donde se muestra una huella marcada en el pequeño charco, mas adelante una réplica que se desvanece en la humedad.
          Se levanta de un salto, busca sus anteojos, se coloca ambas manos bajo los brazos en cruz,  investiga que cosas han variado en el contorno, la habitación parece intacta, recoge su pantalón de lona, se coloca su camisa de cuadros y en un decir amen, abandona el cuarto, con la piel de gallina que aparece como alergia por todo su cuerpo.
          En salón contiguo, la abuela sentada en una butaca de mimbre, se entretiene tejiendo, con sus madejas de lana.
--- Buenos días abue…--- aun afectado del miedo
--- Buenos días, Armandito, querés tomar algo….?.  Vete a la cocina encontrarás café y champurradas ---
          Se asoma en el dintel de la entrada de la cocina, baja una grada y penetra, donde se ve el comal, con algunos leños a medio encender, brazas y entre las cenizas el recipiente de barro donde se mantiene caliente la bebida, sobre el comal un par de tortillas tostadas, que se retuercen sobre si mismas, mostrando lo negro de su tueste, pero que huelen a sabroso. El canasto que muestra una servilleta de color blanco con pascuas, contiene unas cuantas champurradas. Se arrima a la mesa cubierta con un plástico roto por las orillas. Hala un taburete y se sienta a consumir el pan.
          A los pies del “pollo” de leña y fuego, se termina de cocer el perol de maíz, que con su mezcla de cal, reposa previo a que se le transforme en masa para la fabricación de las tortillas del almuerzo. Una gallina cacarea en el fondo, saliendo alborotada después de poner un huevo.
          El chico regresa a la sala de la casa, se planta frente a la abuela, le mira fijamente sobre sus espejuelos. Toma valor y dice:
--- Mama Chagua…..esas historias que Ud. Cuenta, no me dejaron dormir anoche….
--- Jajay, miedosín, con que no dormiste.---
--- Lo peor del caso es que con los ruidos y las sombras me metí en miedo me costó conciliar el sueño…--- insiste --- sabe cual es lo peor del caso, que alguien anduvo en el cuarto.---
--- Ya te lo voy a creer, los únicos que espantan son los vivos, los muerto están en sus tumbas y descansando en paz.---
--- Pero le voy a mostrar que alguien entró a mi cuarto, allí encontré que dejaron huellas a la par de mi cama…., venga le voy a mostrar --- le toma de la mano, casi jalándola le lleva a su habitación y le enseña --- Ve lo que le digo, mire, alguien botó el vaso, aquí cayó el agua que llegó al suelo y aquí….--- señalándole con sus mano, donde las manchas que han empezado a secarse  --- Aquí !, mire son huellas de pies.---
La abuela observa, se toma la barbilla, frunce el seño y se le queda viendo.
--- NO será que tu  botaste el vaso y luego te paraste sobre el charco?---
--- Ay…! Abuela usted si que…. Ni que yo tuviera tan grande la pata, esta es huella de gente grande.---
---En eso tenés razón….. Me extraña !!!---
---Y sabe era una mujer…! ---   yo la vi en medio de la oscuridad---
--- De pronto viste a un espanto…? --- luego dice --- Te contaré una historia de aparecidos.---
El jovencito se sienta a los pies de la anciana y sostiene su cabeza con las manos, mientras le pone atención.
---Hace algún tiempo, cuando yo era joven --- dijo la abuela
--- Uuuuuuuuuuh, hace como un siglo, jajajaja.--- respondió el nieto.
---Con cuidado, jovencito, con mas respeto a mis canas…..
          En los albores del siglo, en esta casa vivió, una bella dama a quien nombraban “La Gitana”, la señora tenía habilidad para leer la cartas y decían que podía predecir el futuro, era de noble corazón y ayudaba a los indigentes, les daba cobijo y de comer cuando en sus romería pasaban cerca de aquí. Poseía mucho dinero, junto a su dote contaba con muchos tesoros, que según se mencionaba mantenía oculto en algún lugar de la casa.
          En cierta ocasión fue visitada por un grupo de pasantes, que resultaron ser forajidos, que con conocimiento de causa, durante la noche, penetraron a la casa, la tomaron por sorpresa, la ataron de pies y manos, la torturaron con el fin de que les dijera donde guardaba su fortuna, fue tan cruel su mal trato que le causaron la muerte. Desesperados por no poder obtener el legado, destruyeron la vivienda y desaparecieron, quien sabe si con las manos vacías.
Días después fue encontrada, el portal de la entrada, su cadáver fue enterrado en los linderos de la finca y con ella se perdió el secreto de su tesoro.
--- de pronto ella fue la visión que tuviste.---
          Los perros aullaban, las chicharras se sentaban en los rincones a repasar sus tonadas, las muestras del viento de la época se encendió colándose por las rendijas y por debajo de las puertas. La oscuridad de la noche invitó al reposo e ir a la cama. La abuela después de santiguarle, le cubre con la chamarra y le conmina a dormir, se despiden y cierra la puerta del cuarto. Armandito, permanece con un ojo abierto, los oídos prestos en atención a los ruidos, ha colocado un rosario en la cabecera y bajo las sábanas se apoya con una linterna de mano.
          El cansancio le hace cerrar pausadamente sus párpados, hasta entrar a la fase inicial de sueño.
--- Armando….! --- se escucha una voz suave como del mas allá --- Armandito…!---
          Abre sus ojos, no sabe si es sueño o no, se sienta y con la linterna en la mano, señala hacia el lugar de donde proviene la voz. En el sofá donde dejó su ropa, se materializa una etérea imagen vestida de blanco, igual a la de la noche anterior, que al apuntar con la lámpara, desaparece. Haciéndose de valor la apaga y logra visualizar a la dama, que sentada en la butaca, que le dirige la palabra.
--- Armando, tu eres un ángel, por eso yo te diré un secreto, cuando tú seas grande,  tomarás el dinero de mi fortuna y convertirás esta casa en un Asilo, donde darás cabida a los romeristas, gente pobre y desamparadas. Te estoy haciendo acreedor de mi caridad---
          El niño con los ojos abiertos al máximo, no se atrevía a moverse y menos a hablar, pero la sensación de miedo desapareció, mientras escuchaba el mensaje de la “Gitana”.

Armando con su traje color crema, se acomoda los anteojos, se pone de pie en el pequeño escenario, improvisado frente al pórtico de la vivienda, han pasado unos veinte años de aquel día de la visión, por lo que con mucha fortaleza y madurez se dirige a los asistentes al acto.
--- Hoy tengo el agrado y con las bendiciones del buen Dios,  a quien doy infinitas gracias por haberme permitido cumplir una promesa hecha allá en el pasado de efectuar esta obra y hacer este acto de inauguración de este Asilo, que con el auspicio de nuestra benefactora, le he nombrado en su honor:  “ LA CASA DE LA GITANA”.
          A una corta distancia, a la sombra de un Sauce llorón, junto a la ventana de la casa, La imagen de una Dama vestida de blanco, aplaude el acto, mientras se desvanece en el aire…….

jueves, 25 de octubre de 2012

Y LOS ZAPATOS ?



           Colgados en un clavo a la vecindad del lugar donde duermo, están mis zapatos, de color blanco, algo despintados pero sirven, aunque la mayor parte del día me la paso sin ellos y es porque apenas me sacan de donde me mantienen, estoy en la edad que empiezo a ponerme de pie y a dar algunos pasos.
          Hoy será el día que me los ponen es fin de semana, aunque sea para dar una vuelta al parque, o cuando vamos a visitar a la familia también, allí alguien me carga, me chinchinean, las señoras grandes hasta me llenan de saliva cuando me besan, pero al final del aburrimiento me dejan acodado en una esquina o me ponen a dar caminatas en el corredor. Que vaina me oriné otra vez y no hay quien me limpie, debo aprender a ir al baño, cada vez que esto me pasa, me regañan por haber miado mis zapatitos y además me gano el andar desnudo por el lugar. Pero que rico me liberan de ellos, me sientan en un petate a pasar el día.
          Ya puedo salir a la puerta de la casa, me pusieron unos zapatos negros, prestados por supuesto, de mi hermano mayor, ya camino por todos lados y me siento en la banqueta a observar como mis hermanos mayores juegan a la pelota, me llama la atención a hacerlo, pero cada vez que lo intento alguno de ellos me agarra en zopilotillo y me regresa a la orilla. Siempre me dice:
--- Estas muy chiquito para jugar y te pueden golpear.---
          Cuando será el día que yo sea grande como ellos y me dejen patear la bola plástica?.
          Debe de ser un día especial, me levantaron temprano, mamá me vistió con un pantalón corto, de esos que tienen pechera, herencia de no se quien, entre todos los zapatos de los grandes me buscaron unos que estuvieran mas o menos, también me pusieron calcetines. Como de costumbre y con un dedo que me sacuden frente a la cara, recibo las instrucciones de la autoridad, Que tengo que avisar cuando tenga ganas de hacer pipí, bueno lección aprendido, me dejarán desnudo si me hago.
          De la mano de mis hermanos mayores, me llevan casi a jalones, que prisa tendrán estos si tan bonito que es ir viendo todas las cosas interesantes de la calle, ah! es porque yo casi no salgo. Me hacen subir unas gradas, que apenas el paso me alcanza, así es que me cuesta. Allí llegamos a un gran patio, donde un montón de niños grita, corren, revolcándose en el suelo, pero todo es risa y alegría. Entré a un salón, donde una señora alta como mi madre, me recibe, me hace que me siente en una de las sillas, escribe unos garabatos en un pedazo de cartulina y luego me lo pega con un gancho en el pecho.
--- Pablo…..--- me dice.
          Trato de descifrar lo escrito en el cartón, le doy vuelta para verlo… Como sabría mi nombre? Casi como pollo comprado me la paso a lo mudo viendo a mis alrededores. Suena una campana, todo el mundo a correr, salen como cuando a las gallinas se les tiran unos granos de maíz.
          A la que le dicen SEÑO, se me acerca y me indica que debo de salir a recreo, de su mano salgo al exterior, por allí veo a mi hermano Juan, que me llega saludar y me pregunta.
--- Como te fue Chapis?. Así es como me gusta que me digan, eso es mi nombre familiar. En cuanto a la respuesta de cómo me fue, aun no se que es lo que hago allí, encojo mis hombres y balbuceo.
--- Bien…!---
          De regreso a la casa, lo primero que hago es quitarme los zapatos que alivio, me mataban estas cosas.
          Los meses y los años han transcurrido, saben, mis hermanos siguen siendo mas grandes que yo, ya no me llevan, se van por su lado y yo tengo que transitarme solo hacia la escuela, con mi bolsón a la espalda. Hoy llevo por primera vez zapatos tenis, tengo educación física. Me recuerdo la sentencia de antes de salir de la casa:
--- No vayas a romper los tenis, pues no hay dinero para comprar otros…---
          Entonces tengo que cuidarlos, después de la clase me pongo a patear la pelota, pero prefiero hacerlo descalzo, no vaya ser la mala pata que les pase algo y al llegar a casa, me gane una penqueada.
          Hay una gran discusión en casa, los que están a favor y los que están en contra. Es por mí, debo seguir en la escuela en  la secundaria o no? Si tan bonito que es ir a disfrutar con un grupo de amigos, a repasar lo que los libros dicen, acumular aventuras dentro de las aulas y fuera de ellas.    
          Por fin tengo mis propios zapatos nuevos, gracias a mi hermano mayor, el ya trabaja por lo que me los obsequió, que de al pelo es aquel !. Aunque son de paca, están bien lustrados, les daré estreno aun que no estoy seguro cuando, pues no se ha definido si sigo estudiando o me uno a la fuerza laboral de la casa.
          Ganó el sentido común.
--- Este patojo es inteligente, démosle la oportunidad de estudiar.--- Determinó mi padre con el aval del resto.
---Vaya si no!.--- me dije a mi mismo.
          Junto a mi cama hay una caja de cartón que contiene unos zapatos, mocasines para ser exacto, de color negro, son mi estreno de la graduación, he pasado 5 años quemándome las pestañas, pero valió la pena, estoy a punto de salir del instituto con un cartón de Bachiller, se lo debo a todos, mis hermanos sobretodo, ellos me dieron el empuje para llegar hasta donde estoy. Hoy si Pablo, hasta elegante se escuchó cuando lo leyeron en el momento que me entregaron el Diploma.
          Es el último esfuerzo, voy a conseguir un trabajo, probaré que puedo entrar a la Universidad y como todos dicen:
--- Este patojo es sheca. —
          Lo voy a realizar. Ya en la facultad haciendo méritos.
          La puerta se abre, el joven aun duerme recostado sobre un libro, el ruido le sacude el sueño incorporándose.
 --- Mamá !, que haces aquí, tan temprano.---
--- En la limpieza, patojo dormilón…...--- Con tono grave interroga.--- Explicame Y LOS ZAPATOS ?, de quien es esta ropa y estos zapatos de mujer?
          Se encoge de brazos, mientras se cubre con las sábanas, dejándose caer sobre la almohada.
--- No sé!!!---
--- Como que no sabés --- insiste la madre, que se sostiene del palo de la escoba que porta.
          En la otra orilla del edredón se asoma temblorosa una chica, que muy inocentemente responde:
--- Son míos señora…!
Ella se sorprende.
--- hummm...! al menos, señorita, los zapatos parecen de cashé --- frunce el ceño mientras abandona el cuarto, una sonrisa de  picardía se dibuja en los labios de los chicos, al descubrir su pecado.
--- ¿Y LOS ZAPATOS….?.--- dice Pablo --- Ja, ja, ja, menos mal que no vió lo demás. Ja, Ja, ja.---  

domingo, 21 de octubre de 2012

EL TRANVIA.


          En la pasarela de la calle de los mercaderes, camina coquetamente una muchacha de ojos zarcos, así como dicen en oriente, con su largo vestido color crema estampado de flores, acolchado de fustanes, zapatitas blancas con  de tacón corto.
          En el punto de la estación, estira su brazo para llamar la atención del conductor del tranvía, tomando el pasamanos de la puerta, ingresa por la estrecha escalinata, cuelga su  sombrilla de color rosado sobre su brazo, y deposita un par de monedas en manos del asistente del cochero.
          Hombres vestidos elegantemente de saco largo, arrean al tronco de las mulas con las que traccionan la carroza, con pequeños topes jalones y bamboleos se dejan sentir mientras toma la velocidad requerida para rodar sobre los metálicos rieles, el recorrido inicial es de poniente a oriente, rumbo a la estación en las vecindades de la iglesia de San José, donde se ejecuta tradicionalmente el recambio de los caballos, movimiento que se produce sin mayores retrasos, los ocupantes pasajeros se acomodan  para continuar su viaje hacia la parte norte de la ciudad.
          En el trayecto de la Avenida de los árboles el tranvía se acelera por la inclinación de la calle, antes de pasar frente a la Casa del Tranvía, estación que guardaba a estos carros durante las noches, a su paso el asistente suena las campanitas para anunciarse y saludar al gendarme que cuida el portón metálico.
          El viaje sigue su curso pasando por la calle de los mesones, donde los paisanos mostraban las canastas pletóricas de verdura y fruta además de los cacastes con los productos que llevaban de venta para el mercado. El tranvía se desliza suavemente sobre la avenida, donde en cercanías a la iglesia se divide en dos, formando un parquecito triangular que termina en el entronque de la calle de Chinautla, frente a la Parroquia de la Santa Cruz, punto final de la estación de llegada.
          La joven dama desciende para finalizar su viaje, salta de la última grada muy graciosamente mientras con la mano levantaba sus enaguas.
          Allí se encuentra con una chica, que al pie del atrio le hacen el saludo, con redoble de rodilla.. Los saludos acompañados de cuchicheos y sonrisas juveniles se producen mientras se toman de la mano cubiertas de guantes de algodón. Avanzan luego hacia el interior de la iglesia, donde se ven sorprendidas por las santulonas de la última banca que insisten en pedirles de hagan silencio en la casa de Dios. Las mantillas que además de cubrirles la cabeza, las oculta de identidad, por lo que por momentos en silencio, caminan hacia el interior, los ojos y las miradas se posesionan de ambas, que se acomodan en una de las bancas cerca del altar. Un par de santiguadas, una mínima oración es toda su estancia, dan vuelta y salen por el costado de la Parroquia, dirigiéndose a la glorieta del pequeño parque.
          Presurosos dos jóvenes, se instalan frente a la muchachas, luego de quitarse sus sombreros, las saludan cordialmente.
--- Buen día hermosas, el fresco del día las hace ver muy bellas---
--- Margarita, este es el chico de quien te hablé.--- Le dice Amalia, luego dirigiéndose al joven ---¿Cómo es que te llamas?---
--- Bernardo…Señorita Amalia, a sus pies.---
--- Ah si..! Bernardo….---- Margarita te presento a……
---- Señorita Margarita, encantado de conocerla….Bernardo para servirle a Usted..---
          La joven le extiende la mano, él se inclina para depositar un beso,  mientras con un pañuelo oculta una sonrisa de picardía.---
--- Mucho gusto! ---
          El otro joven permanece a la saga, en espera que su amigo le haga la introducción.
--- Y el guapo de tu amigo, ¿Quién es?---
--- Señorita Amalia, el es mi primo José Miguel.---
--- Es algo tímido…---dirigiéndose a él --- haber preséntame tus respetos---
--- A sus ordenes….Amalia!---
--- Ahhh…!, con que con altanería. Ja, ja, ja……----
--- Perdón no fue mi intención, parecerle así, pero lo moderno es que se conozca uno por su nombre  No por su estado civil, o grado….
          Las dos parejas cruzan la calle y se dirigen a la pequeña cafetería.           Toman asiento en la  amplia acera donde, complementan la charla con un sorbete de las cremas, con barquillos, de los mas famosos de la “Morenita”, por alli se acerca un limpiabotas a promocionar su trabajo.
--- Lustre… Lustre…--- con su mano manchada de tinte negro, señala con un dedo las botas de uno de los muchachos. Que se hace el desentendido.
          La tarde se ha hecho antigua, los clarineros empiezan a revolotear sobre los centenarios árboles, en búsqueda de reposo, su graznido han hecho que Margarita, recuerde que debe de regresar a su casa.
---Se me hizo tarde, debo volver--- dice --- Adiós, amigos, hasta la vista
Se pone de pie, un tanto nerviosa, al despedirse, toma su sombrilla y en paso ligero se dirige hasta donde se encuentra el tranvía que reposa en la parada.
--- Margarita, te podré volver a ver --- le grita Bernardo, quien trata de alcanzarla en su loca carrera.---
--- Quizás!!!. Responde --- en otra oportunidad será, hasta la vista.
--- Donde es que tu vives --- insiste
--- Eso no te lo voy a decir --- le indica mientras se asoma por la ventana del carromato y le hace señas con su dedo índice en señal negativa.---
--- Un beso? ---
--- Eso no va a ser posible…. Por ahora! ---
          El carro inicia su movimiento, mientras el conductor, le sacude los arreos e incita a los caballos a caminar sobre su vía.
          El viaje se hace lento mientras el transito sobre los rieles retoma por la avenida central rumbo al poniente, donde la cuesta de la calle de los mercaderes, hace sudar a los jamelgos mientras su pesada carga se acerca a la iglesia de Santa Teresa, donde hace una parada de reposo.
          La niña va ilusionada piensa en sus adentros sobre su nuevo amigo, las emociones, como pajarillos que rondan su cabeza, le inquietan. La verdad es que su amiga le había comentado de él, pero no se imaginaba que le iba a impactar positivamente
          Las campanas de catedral le despiertan de su sueño, las seis, el carromato reinicia su trayecto rumbo al parque centenario.
Su nana la espera, se encuentra en la parada, angustiada por la tardanza, pescuecea para ver si esta dentro del Tranvía, le ayuda al descenso, tomándola del brazo, la obliga a caminar rápidamente hacia la siguiente avenida.
--- Mi niña, ya es demasiado tarde. Mira que tu padre te va a dar una gran reprimenda… y yo que le voy a decir de donde andabas? --- Moviendo su cabeza.---- yo, yo… ya no me vuelvo a meter en estas cosas y sobretodo para decir mentiras por Usted, Hoy si me cae! ---
--- Hay Nana, si tu supieras, hoy fue una tarde maravillosa.--- suspira --- fue un hermoso viaje en el Tranvía---

jueves, 18 de octubre de 2012

ENTREVISTA DE TRABAJO

          Deambulaba por la calle, con las manos entre las bolsa, bajo una pertinaz llovizna, que azotaba la ciudad desde las horas de la madrugada, acompañado con los celajes del frío que se hacían presentes, presagiando el final del año, lleno de sinsabores y peripecias de toda índole, que había hecho de esta aventura algo para recordar en el futuro.
          En este caminar pensaba, en medio de mi locura, que esto debería olvidarse o a lo mejor debería de transcurrir como un episodio de esta pálida vida que había escogido para no soñar.    La humedad me había penetrado hasta los huesos y mi cabellera estilaba en gotas que rodaban sobre el rostro, lo helado del ambiente se hacía evidente, sin otra cosa mas que la playera sin mangas que apenas me cubría hasta el hombro, no era suficiente para cobijarme. Los pocos pesos que llevaba en el bolsillo, el rosario, monedas y el gancho donde aseguraba la llave de la puerta del cuarto donde albergaba toda mi fortuna.
          Abrí la puerta el cuarto, desordenado y con olor a humedad, el catre con las sábanas amontonadas en un rincón, un par de chanclas haciendo bulto, las gavetas abiertas del mueble que dejaban ver un panty media, que colgaba en el jalador.
          Sacudí la silla de pino, me senté frente a la mesa, donde un plato con restos de comida, se hacía visitar por un trío de cucarachas en su merienda, lo empujé con violencia y lo estrellé en la pared.
          Lágrimas rodaron por mis mejillas, el agónico cargo de conciencia, de  pesar, de daño, de no te olvido, me atosigaban.
          Semanas antes presentí que la relación con mi pareja se había vuelto difícil, ya no existía el mas mínima interés tu parte, los agrios comentarios, las miradas de indiferencia se habían hecho constantes  en ese silencio que nos caracterizaba, una sombra de duda cursaba de sur a norte, sin palabras. Los reclamos verbales, desde un principio de nuestra relación eran monosílabos de no querer quedar mal, un encoger de hombros que se diluía, cuando compartíamos la cama, algo que últimamente se había convertido en un ejercicio rutinario que no llegaba a nada, mas que a la satisfacción machista.
          En ocasiones había visto lloriqueos, mientras utilizabas la mesa para planchar algunos trapos y aquel presentimiento de que las cosas rondaban en algo quese había perdido. Al no encontrarte a mi regreso y el denodado uso de lápiz labial, habían despertado en mí la curiosidad en cuanto a tus actividades.
--- Oye nena a donde vas?, vas bien arreglada…---
--- Voy…. Voy a una entrevista de trabajo.--- bajando la vista con la timidez que transpira una piadosa mentira.--- Bueno…. Es para… para dependiente en una abarrotería.---
          Metió una polvera en su pequeña cartera, unos cuantos billetes arrugados y se despidió con un abanicar de su mano.
--- Y mi beso….?
          Acercó su mano a los labios y tronó un beso en el aire y lo lanzó virtualmente, por el aire. Tras un golpe que cerró la puerta.
          Trate de no pensar, escogí el silencio o mejor dicho la terapia ocupacional para no sembrar de dudas mi pensamiento. Tomé unos trastes que quedaron en la mesa, los coloqué en la pileta, estaba dispuesto a lavarlos, pero me arrepentí, fui a buscar una playera. Husmeando una gran cantidad de ropa sobretodo mía que quizás permanecía desde largo tiempo acumulada, cuanto tiempo hacía que el lavado de la ropa había sido abandonado de las labores diarias. Abrí el ropero en búsqueda de algo que ponerme, lo planché con las manos para disimular las arrugas que había adquirido por permanecer amontonada en el cajón
          Tenía que salir, al menos para respirar el aire contaminado de las calles, sacudir de mi cerebro las ideas que se generaban en duda. Con las manos entre las piernas, con la mirada al suelo, dejé pasar el tiempo,
--- Hey… Usted ---alguien dijo, que me hizo volver del limbo.--- No quiere que echemos unas pataditas?---
Me puse de pie,  asentí con la cabeza --- démosle pues ---
          Un jovencito, casi un niño, con una pelota en sus manos, se puso frente a mí y me lanzó la esférica.
--- Póngase en la portería de allá, disparó el balón…grito de emoción --- Goooooll !!!!! --- Yo humildemente recogía el balón en el fondo de la red y se lo hacía llegar nuevamente. La verdad no estaba de ánimo.
          El chico se tomó de la cabeza y murmuro atrocidades en mi contra. Cuando lance el balón fuera de su alcance Con la congoja del caso salí corriendo, en búsqueda de la redonda, al recuperarla se la lancé a través de la malla haciéndola llegar al muchacho, me di vuelta y abandoné el lugar
          Me tumbé en la cama, me quedé dormido, ya entrada la tarde la escuché regresar, retozó en desordenar su ropa, después los palanganazas de agua en el patio trasero me indicaron un baño. Luego se acomodó a la par mía.
          Amaneció en la cama con la cabeza a mis pies y volteada hacia el rincón, la mayor parte de la noche me la había pasado en vela, ella ronroneaba de un buen dormir, hasta que una canción se activó en su celular, se sentó en la orilla, se restregó los ojos y compuso el cabello con sus manos, se dirigió a la pila a su aseo, permanecí recostado en espera de un hola o un buen día, pero no. En menos de lo que canta un gallo, se encontraba frente al espejo maquillándose, después se colocó una minifalda que le llegaba por encima de la rodilla. Esas lindas piernas que mostraba coquetamente, mientras deslizaba un pequeñito bikini hasta sus caderas.
--- Sabés, conseguí el trabajo ---me dijo --- debería de arreglartelas, pues ya no tendré tiempo para hacer tus cosas……---  
          Se fue sin despedirse.
          Salí del cuarto, las 9.32, terminé por asomarme a la parada del bus, para ir al centro de la ciudad. Era una de esas mañanas frías, nubladas donde el vaho asemeja fumarolas de cigarrillo y las gentes se cubren hasta las orejas para soportar el clima. Pasaron varios buses con clientes como sardinas.       
                    Seguí esperando, la marca del reloj me hace pensar que de pronto voy a llegar tarde, el resto de los usuarios desesperados, pescueceaban la llegada de algún otro transporte.
          Adelante en la esquina observé una chica conocida con mini falda que abordaba coquetamente un automóvil de vidrios polarizados. Era mi mujer!. La con ataque de rabia y la desilusión que imprime un dolor de cabeza me dejé llevar por un acompasado pum-pum del corazón acelerado al máximo, salí como loco en una carrera sin fin……

jueves, 11 de octubre de 2012

DOMINGO DE RAMOS.



          Es día de mercado, las vendedoras rodean el pequeño parque de la aldea, las ventas multicolores le dan un sabor de fiesta al lugar. Los jocotes de pascua  están en su tiempo, las verduras, el ejote y el ichíntal, son los mas requeridos  por los compradores que deambulan por los espacios que dejan los canastos, los manteles de nylon y las mesas cubiertas de hojas de plátano. Los bultos cargados de dulce de panela que se acompañan de las abejas en búsqueda del aroma de la miel, entre otros que soplan para limpiar el frijol, llenando los costales para encaramarlos a los camiones de los compradores.
            Las niñas acurrucadas, con sus cortes extendidos menesterosos se dedican al trabajo, de  pelar las vainas de la arbeja, bolitas verdes que depositan en pequeños volcancitos acomodados en las canastas.
Las de los oficios domésticos, se agachan para hacer el trato en su lengua natal, comprar, con la balanza en las manos despachan por libras los granos de maíz, para luego ir a preparar la masa que luego se vuelven tortillas para el almuerzo; en su tránsito de retorno se acomodan en una esquina mientras se comen un elote tierno asado, embadurnado de sal y jugo de limón, para disimular el hambre. Los adolescentes, peinados con moco de gorila, según la moda, permanecen en la plaza, junto al kiosco del centro, se ponen de vigilancia para observar a las jovencitas que ya están de merecer y que se balancean en sus cortes de mágicos estampados en los alrededores, mostrando sus atractivos para el vení acá.
El clásico sonido del mercado, se rompe de pronto por el estallido de un cohetillo, al fondo un grupo de paisanos irrumpe a través de la calle principal, abriéndose paso, con el torito en hombros empujando a quien se poner enfrente, los canastos de las ventas, son levantadas, amontonadas hacia las banquetas, para evitar los machuquen. Los cofrades han tomado posesión de la plaza, la fiesta se pone efervescente, los chicos, los patojos adolescentes corren haciéndoles círculos alrededor, dejando un espacio para la zarabanda. Los gritos de los presentes, las apretasones de lo compradores se hace evidente mientras los moros se dirigen en su baile al centro de la plaza.
          El cura interviene con sus buenos oficios en la fiesta costumbrista y a la vez religiosa. Saca su cubeta de agua bendita y baña a cuanto feligrés encuentra a su paso, prodiga bendiciones y cachetea a los muchachitos chorriados que se acercan.
          La marimba se deja escuchar a todo pulmón, las bombas estallan en todas direcciones, mientras las viejas santulonas hacen espacio para que el Santo de la fiesta salga en andas por la puerta de la iglesia, se han regado hojas de pino como alfombra, la manzanilla y las hojas de pacaya también adornan el cortejo. Es Jesús, el de la Burriquita, quien emerge del interior del templo, si es domingo de Ramos y estamos en los albores de la Semana Mayor, uno que otro cucurucho vestido de túnica de morado tradicional carga en los costados del desfile, llevan además los símbolos de la virgen y del patrono del pueblo. Los acólitos se multiplican con sus trajes rojo, sacudiendo los incensarios para que despidan cantidades de humo blanco que aromatiza el ambiente
La granadera, es la música que inunda el solar, la escuálida banda del pueblo compuesta por un saxo, un clarinete, trombón y redoblante se aposta atrás del anda como empujando la procesión, para hacer de las delicias de los feligreses que acompañan el cortejo religiosa en su trayecto por las empedradas calles del centro del poblado.  
          Aparecen entonces los viejos cantos mayas que dirigidos hacia el cosmos, en la mezcla que trasciende con el cristianismo y los dioses Khan, los sahumerios del Pom que se elevan al cielo junto a las plegarias del Padre nuestro
--- Bon.., Bon.., Bon bon. --- resuena el Tun, que se hace pasar de compañero sentado en el atrio, llamando a los fieles para el convite.
---Chirri.., chirri, chirri.—le responde la chirimía, con el saltito de son que le imprime, su compañero de música. Iniciando el acto.
          Los instrumentos autóctonos se prestan a engalanar el atrio de la iglesia que se dispone a escenificar la danza de los Moros, asemejando la conquista de los pueblos indígenas. El grupo de baile de máscaras de color rosado encendido y canelones canches como pelo de maíz tierno, representando a los caballerangos venidos de la vieja España. Los demás los de las caras negras de facciones arabescas, los conquistados con sus vestidos de dorados encendidos que reflejan su simpatía tras los pañuelos de colores que bailan al son de los machetes que raspan la loza del escenario, que rodeada de los ischocos, que brinca y gritan al paso de los danzarines, cuidando los pies para que el filo de las espadas no les barran el caite, corren, se aglomeran y se disipan según la música y el ritmo.
          Las banderitas de papel de china se mueven a favor del viento, mostrando su algarabía, en el tránsito de la calle que lleva a las tres gradas del atrio frontal de la iglesia.
--- Abran paso….. Abran paso.--- gritan los cofrades.--- La presesión anuncia su retorno.---
          Los cohetes de vara, se chiflan rumbo al cielo para hacer el estruendoso estallido en las nubes, las bombas de tubo escupen fuego para anunciar el próximo trueno.
          La banda en cansada armonía toca “El Mishito”, sonesito tradicional que recuerda la infancia de muchos y anima a los cargadores a terminar su faena junto al portal de la parroquia, las nubes de incienso se arremolinan frente al anda, como señal de despedida de la actividad, hasta el año entrante, hasta el otro domingo de ramos.

LOS MILICIANOS



          Oscuro el cielo con la luna escondida detrás de las montañas, el murmullo de las chicharras, se deja escuchar en lejanía, acompañado del viento que silva la tonada del aire cálido de la época.
            En el espacio que circundan los matorrales, un jamelgo estornuda, sacudiendo su cabeza, con su pata derecha delantera escarba el monte mientas zapatea con insistencia. En su lomo, sentado de espaldas un fulano, se sostiene apenas en las ancas, con la cabeza cubierta con una bolsa, las manos atadas a la cintura. Un lazo pende de la rama de un árbol y le aprisiona el cuello.
          Al momento en que un chicote espanta el caballo, que con paso veloz se aleja del sitio, dejando la carga, el cuerpo cae al vacío, precipitándolo a la muerte por ahorcamiento, el bulto se bambolea, mostrando los gruesos estertores mientras el cuello cede a la vida, hasta quedar inerte y en silencio. La rama del Guayacán, se mueve, truena sin romperse por el peso de la víctima.
          Ejecutado la acción, mas que deleznable, al momento alguien se acerca, corta la soga, el cuerpo de apariencia humana se desploma pesadamente, tan indiferente como un muñeco mordiendo la tierra.
          El grupo de milicianos que observó la ejecución, prepara sus petacas para retirarse  en filas de a pie, hasta dejar en solitario al muerto.

          En la casa de Fulgencio, rico hacendado de la región, se desarrolla una reunión, con asistencia de los  capataces empleados de la finca, el tema del día circunda alrededor de los robos del ganado, mas la destrucción de cultivos del café a manos de forajidos que deambulan por la región.
--- Hemos llegado al colmo que ya no se puede vivir en paz en este lugar --- indicó uno de los presentes.
--- El hato completo de la finca del Sur, fue robado y sacrificando reses de lechería.---
--- Estos cuatreros son los que se proclaman libertadores, protectores de los desposeídos y enemigos de los oligarcas adinerados! ---grito Fulgencio --- Criminales..!, Asesinos eso es lo que son  ---
---Imposible estar así y el gobierno no hace nunca nada---
--- Hay que darle cacería a estos forajidos, antes de que acaben con nosotros—
El grupo se manifestó en acuerdo de que había que realizar algunos estrategias con el fin de contrarrestar, la ola de violencia.

---Don Fulgencio!, Patrón…. Agarraron un ladrón!...., venga lo tienen en el cobertizo, cerca de la cocina.---
--- Tráiganme a ese Jue puta para acá, le voy a dar su merecido---
El chico vestido de campesino fue sometido y llevado casi a rastras ante la presencia del hacendado, quien de entradita le saludo mediante un fuetazo que lo hizo caer de bruces.
--- Levántenlo ---ordenó.
--- Y quien es este pedazo de……..
--- Es uno de los anda enrolado con los cuatreros… dicen que es uno de los cabecillas.---
--- Con que esas tenemos……
La chica de los ojos verdes como de mar hace su ingreso al salón, fatigada recogiendo sus enaguas.
--- Que sucede papá….! --- levanta su voz.--- Es mi amigo…! ---
--- Como que “es mi amigo!”…. este sinvergüenza, cuatrero, alguien así no es amigo de mi hija…--- insistió --- Llévenselo de mi vista, a ver enciérrenlo en el granero, mas tarde decidiremos que hacer con este….---dirigiéndose a la chica. --- Natalia, no se diga mas….!, Te espero en mi despacho…!.
Natalia era la única hija del hacendado, con apenas 17 años, de una belleza apreciable, la de los ojos verdes como de mar, de carácter decidido, fuerte, quien después de terminar sus estudios en la capital a su regreso a casa, se dio cuenta de los malos tratos a las personas, se convirtió en fiel defensora de los desposeídos, campesinos y sobretodo de sus propios empleados. Peleaba constantemente, con su  familia en especial de su padre, por esto.
          Ella había conocido en un jaripeo a este joven, Aníbal de veintitantos años de edad y estudiante de la Universidad nacional, con quien había fomentado mas que una amistad, la frecuentaba en  citas y en visitas, aunque a escondidas del padre, realizadas en diferentes sitio, siempre lejos de casa, el lugar predilecto era en un kiosco en la punta de un cerro donde se enarbolaba una cruz, esta se encontraba al oeste de la propiedad del padre de la chica, allí era su punto de encuentro, en ese lugar permanecían largas horas charlando como dos enamorados, un primaveral idilio que mas allá del tiempo se tornaba épico, en sus cuitas de amor y contemplación del paisaje.    Ella regresaba a casa, cada vez mas ilusionada, enamorada quizás del muchacho, tarareando sus dichas de realización.
          En esta ocasión Natalia había permanecido dos semanas encerrada por motivo de enfermedad por lo que no asistió a sus citas consuetudinarias, él al ver que su amada no se presentaba, en su desesperación decidió ir en su búsqueda para investigar la causa o explicación de su no asistencia, pero fue sorprendido por los guarda espaldas del padre, quienes le detuvieron.
          Ella penetró al salón donde su padre le hacía espera, con paso firme y decidido se le acercó.
--- Papá, no estoy dispuesta a aceptar que le hagas daño al joven!---
--- De pronto creí, que el que mandaba aquí era yo --- Manifestó cargado de ira – de cuando acá... TU eres la que da las órdenes?---
--- No son órdenes… papá, es una petición, como es eso de que te dejas llevar por los chismes de tus capataces y habladas del personal de la casa…. La verdad es que no escuchas a quien debes.---
--- Chismes y habladurías… pamplinas!, a este pollo lo agarraron con las manos en la masa, merodeando en la casa buscando que robar….
--- Merodeando tal vez, pero jamás robando ---insistió --- él vino a buscarme, a preguntar por mí ---
--- Como es que un delincuente como ese pedazo…. Viene a buscar a mi hija, que se yo de que pato puso ese huevo, con los antecedentes de presencia de forajidos en la región, agitadores sin oficio ni beneficio y sobretodo este, un desconocido!---
---Papá….¡ no me provoques !, estoy dispuesta a salir de casa para no volver, si insistes con este escándalo.---
---Natalia! Ya me cansaste con tus impertinencias, vete a tu cuarto, siempre en mi contra, sin atender razones, caracteres tan desgraciado el tuyo. VETE! No quiero saber mas.---
          En el umbral del granero, sobre unas pacas de zacate, permanecía maniatado Aníbal, le habían colocado un pañuelo para cubrirle la boca, a cierta distancia un hombre de los de confianza de Fulgencio, le cuidaba amenazante con una escopeta.
          Un golpe seco y un rechinido se dejaron escuchar cuando un grupo penetró al granero, encabezado por el hacendado. Un quinqué hizo su aparición, como fuente de luz,  la tarde se tornó oscura y el local no tenía ventanas.
          Con toda la altanería del caso, se acercó al joven, le tomo de las quijadas.
---Con que enamorando a mi hija….hummm...!, no sabes con quien te metes, pedazo de mierda.--- luego, dirigiéndose a sus empleados. --- O será que este pelagatos es como para pretender a mi Natalia... jajajajajaja!!!---
---Ja, Ja, Ja, ---el resto respondió en coro en tono de burla.---
--- Papá… te lo advierto.---sentencio la niña, quien había seguido los pasos del hombre---Eres un grosero!!!, como tratas al muchacho.---
--- Otra vez, tu aquí, o acaso no entiendes que te salgas de mi vista, estos son asuntos de hombres que sabré resolver a mi manera y con fuerza necesaria.---
---Asuntos de hombre…. De cobardes!, así como todos tus achichincles, que se ríen hasta de tus estúpidas y sarcásticas bromas…vamos enfréntalo de cara, le tienes amordazado, será que tienes miedo de lo que pueda hablar, que daño te podría hacer amarrado de pies u manos como está---
          Se avalancha hacia donde Aníbal se pone de pie, pero los asistentes la detienen y no permiten que lo abrace.
---Haber quítenle el trapo de la boca, de pronto este imbécil, quiere decir algo la defensa oficiosa de la dama, me conmueve, me llama la atención que quizás se resguarde en las enaguas de la mujer. Ja, Ja, Ja…---
 --- Con su venia Don Fulgencio, --- dijo con tono de amargura, después de haber recibido una paliza --- yo no soy delincuente!, vine a buscar a su hija, con quien tengo una linda amistad, pero me lamento que Ud. Sea un desalmado terrateniente sin conciencia, de los que tanto abundan en esta tierra, que masacran y esclavizan a nuestro pueblo….
--- Y ahora Comunista….Ja, Ja, ja, aquí se acabaron los defensores del pueblo, los que les gusta enfrentar a pobres y ricos, derechos humanos aaah !---
--- Comunistas o como nos quiera nombrar--- con la voz entrecortada--- somos la voz del pueblo oprimido, que vela porque esbirros como Ud. Sean freno del progreso del proletariado, del bienestar social, cuantas gentes habrán caído en sus manos, que ahora se cuentan entre los mártires, sangre de inocentes que corren por su conciencia…
          Tremendo bofetón, le propinó que le cortó el discurso y le hizo sangrar la nariz.
---Pónganle el trapo en al boca… Estoy cansado de oír tonteras---
---No, por favor déjelo en paz…---grito Natalia, que permanecía aprisionada por una de los caporales.
          Después de introducirle la mordaza, le propinan un golpe en el estómago, que le hace caer de rodillas. Ella se logra escabullir y se acercó, sostiene la cabeza junto a su regazo y le atiende por el sangrado.
---Malditos…..se escucha al fondo. Mientras abandonan el local, marchando tras el jefe.

          Es de madrugada, los gallos aun no han dado la alarma de la salida del sol, las vacas rumian en el potrero, el silencio como el tenue frío circula por las trancas de la talanquera En medio de las sombras y la zozobra, una pareja de hombres acarrea al herido y lo coloca en una carreta. La joven, que espera sentada en la banca, agita los aparejos y ordena, con un Aja! al caballo que se dispone a trotar en la vereda que sale de la hacienda, los candados han sido abiertos y las puertas son de paso libre hacia el destino.
          A cada paso el rocío de la madrugada se hace mas visible y la silbatina de las aves se hace presente, las nubes de polvo se hacen preceder del carromato que ágilmente se desplaza por los caminos de tierra.
          La madrugada se hizo temprana, en la hacienda un grupo de empleados capataces arman una pandilla, montados en caballos se disponen a ir de caza de los fugados, el nervio e hiperactividad de los animales es evidente cuando le lastiman los hijares, mientras dan vueltas alrededor y les sostienen con gran fuerza con los frenos de metal que les doblegan el hocico. En larga carrera se disipan después de recibir las órdenes del padre de la Joven.

          Natalia con su overol de hojarasca, fusil en la espalda,  se dispone a marchar al frente de la tropa, que la lleva hacia el campamento, fincado en el cerro, el cerro del kiosco, donde le hace encuentro, como en el pasado.  Aníbal el comandante Camilo, se le acerca y la abraza.
--- Ahora compañera de mi vida --- después de besarla --- las cosas son así de que bueno es volverte a ver. Mi amor, mi amada---
--- Tu pensaste que era fácil deshacerse de mi! --- Te esperé hasta el final, sabía que algún día volverías a mis brazos.---
--- Tengo que confesarte algo, tuve que tomar la decisión y asumo la responsabilidad. Un par de meses después de nuestra fuga, cuando permanecimos perdidos en la montaña, fui alertado de la persecución que se había desatado en mi contra, por lo que para salvaguardar tu vida me retiré y por eso y a pesar de estar en contra de tu voluntad te dejé a cargo de las hermanas del Convento, con las que habías estrechado amistad.---
          Se que por no someterte a la disciplina de esa casa de Dios, te fugaste y terminaste aquí buscándome, gracias a tu carácter, te hizo sobrevivir, y ahora estás aquí en mi casa….--- continuó
---Pues si…, tengo que contarte, hubo varios enfrentamientos y una de las columnas a mi mando tomó de rehén a Fulgencio, Tu padre…., en cumplimiento al juicio popular fue ejecutado, junto a todos sus sanguinarios asistentes.
Ella cayó envuelta en llanto a sus pies
--- Mi papá….! A pesar de cómo era…, yo le amaba --- con los puños le somató las piernas y le mostró su rabieta, luego le abrazó.
          El comandante la levantó, luego la cubrió con sus brazos, con un aroma de perdón se fundieron en uno solo.

miércoles, 10 de octubre de 2012

QUE DOMINGO!



          Bueno era un clásico domingo, así cualquiera, para la hora del almuerzo recibimos la visita de los hijos y nietos, encargados de hacernos la bulla.
 
          Prestos a degustar la comida, juntaban las manos para ofrecer una oración, los niños reciben un reprimenda por no mantener el silencio, que la ocasión requiere, aun así con una sonrisa en los labios, una manita se escurre, sobre el mantel, a través de los platos, para hacerse captor de un chicharrón, que luego truena en la boca del hechor.
--- ……Amen!!...---
Y era el banderazo de salida para que se abalanzaran en pro de las papas, la ensalada o los trozos de pollo.
----Pásenme la gaseosa….--- indicaba el pequeño.
--- A donde vas chiqui….--- indicaba su padre a la pequeñita.
--- Voy a servirme con la abuela YAYA.---
          Luego se queda anclada en las piernas de ella, incursionando en el plato para comerse los elotitos.
          Las bromas y los recuerdos de ocasiones anteriores era la base del postre al finalizar la comilona.
--- Ja, ja, ja, se recuerdan...