Asomaba
la punta de la nariz, en la arista de la orilla de la chamarra, con los ojos
abiertos enfocando la mirada en las sombras que se proyectaban en el techo de
la habitación. La mente le jugaba un malabarismo con los pensamientos oscuros
manchados de miedo, imaginando espíritus que deambulaban en su alrededor. Los pies que se mantenía fríos, que hacían
responder a las rodillas que tiritaban una contra la otra, trotando juntas
cuando lo helado se colaba por debajo de las cobijas para recorrer desde la
rabadilla hasta la parte posterior de la cabeza.
El
sauce llorón, que se mueve sacudiéndose en la parte exterior de la casa, somata
sus ramas al acompañarse de las ráfagas de viento sobre la ventana, que se
parece al rastrillo de una garra, que resoba los vidrios. El vapor que circunda
da la impresión de formas fantasmagóricas, imágenes que caen de arriba a bajo
al desprenderse las hojas de las retorcidas ramas.
El
sentimiento de no encontrarse solo, hace que se escurra bajo las sábanas, al
escuchar dentro del silencio el típico rumbo de pasos, que se estampan
sigilosos en la oscuridad, dejando una estela de rechinidos en los pisos de
madera, que provienen del corredor, que pasa frente a la puerta del dormitorio.
Se
cubre la cabeza, interiormente se santigua una infinidad de veces, se
encomienda a Dios y cierra los ojos con el fin de no darse por enterado de lo
pasa, mientras balbucea una oración, con frases entrecortadas.
Entra
la calma y el silencio se hace escuchar con las tonadas de un grillo que se
moviliza por debajo de la cama. El picaporte de la puerta se mueve y muestra un
sonido extraño, mientras un leve empujón intenta mover el madero que se
reciente cuando se abre. Asomándose tímido por un agujero de la cobija, logra visualizar
la espectral figura de una mujer, totalmente vestida de blanco, múltiples
anillos en sus manos, que se acerca hasta la cama. Aprieta los ojos y reza un
Padre nuestro…
El
músculo se sosiega y el sueño le vence, al cabo del tiempo vuelve todo a la
calma hasta convertirse en la llegada de la mañana, precedida de una madrugada
anunciada por cantos de gallo y esperpentos de aves voladoras que revolotean en
los árboles cercanos. El sol se despereza a su costado, mostrando su cálida
sonrisa, al encumbrarse por el horizonte, dejando una estela de luz sobre los
campos.
Sentado
en la orilla del camastrón, hace remembranza de los acontecimientos la noche
anterior que desordenaron sus pensamientos. Alguien estuvo allí…!. El vaso de
agua recostado, caído sobre en la mesita de noche empapó el tapete tejido en
sedalina, cuyas gotas cayeron hasta el suelo donde se muestra una huella
marcada en el pequeño charco, mas adelante una réplica que se desvanece en la
humedad.
Se
levanta de un salto, busca sus anteojos, se coloca ambas manos bajo los brazos
en cruz, investiga que cosas han variado
en el contorno, la habitación parece intacta, recoge su pantalón de lona, se
coloca su camisa de cuadros y en un decir amen, abandona el cuarto, con la piel
de gallina que aparece como alergia por todo su cuerpo.
En
salón contiguo, la abuela sentada en una butaca de mimbre, se entretiene
tejiendo, con sus madejas de lana.
--- Buenos días abue…--- aun
afectado del miedo
--- Buenos días, Armandito, querés
tomar algo….?. Vete a la cocina
encontrarás café y champurradas ---
Se
asoma en el dintel de la entrada de la cocina, baja una grada y penetra, donde
se ve el comal, con algunos leños a medio encender, brazas y entre las cenizas
el recipiente de barro donde se mantiene caliente la bebida, sobre el comal un
par de tortillas tostadas, que se retuercen sobre si mismas, mostrando lo negro
de su tueste, pero que huelen a sabroso. El canasto que muestra una servilleta
de color blanco con pascuas, contiene unas cuantas champurradas. Se arrima a la
mesa cubierta con un plástico roto por las orillas. Hala un taburete y se
sienta a consumir el pan.
A
los pies del “pollo” de leña y fuego, se termina de cocer el perol de maíz, que
con su mezcla de cal, reposa previo a que se le transforme en masa para la
fabricación de las tortillas del almuerzo. Una gallina cacarea en el fondo,
saliendo alborotada después de poner un huevo.
El
chico regresa a la sala de la casa, se planta frente a la abuela, le mira
fijamente sobre sus espejuelos. Toma valor y dice:
--- Mama Chagua…..esas historias que
Ud. Cuenta, no me dejaron dormir anoche….
--- Jajay, miedosín, con que no
dormiste.---
--- Lo peor del caso es que con los
ruidos y las sombras me metí en miedo me costó conciliar el sueño…--- insiste
--- sabe cual es lo peor del caso, que alguien anduvo en el cuarto.---
--- Ya te lo voy a creer, los únicos
que espantan son los vivos, los muerto están en sus tumbas y descansando en
paz.---
--- Pero le voy a mostrar que
alguien entró a mi cuarto, allí encontré que dejaron huellas a la par de mi
cama…., venga le voy a mostrar --- le toma de la mano, casi jalándola le lleva
a su habitación y le enseña --- Ve lo que le digo, mire, alguien botó el vaso, aquí
cayó el agua que llegó al suelo y aquí….--- señalándole con sus mano, donde las
manchas que han empezado a secarse ---
Aquí !, mire son huellas de pies.---
La abuela observa, se toma la
barbilla, frunce el seño y se le queda viendo.
--- NO será que tu botaste el vaso y luego te paraste sobre el
charco?---
--- Ay…! Abuela usted si que…. Ni
que yo tuviera tan grande la pata, esta es huella de gente grande.---
---En eso tenés razón….. Me extraña
!!!---
---Y sabe era una mujer…! --- yo la vi en medio de la oscuridad---
--- De pronto viste a un espanto…?
--- luego dice --- Te contaré una historia de aparecidos.---
El jovencito se sienta a los pies de
la anciana y sostiene su cabeza con las manos, mientras le pone atención.
---Hace algún tiempo, cuando yo era
joven --- dijo la abuela
--- Uuuuuuuuuuh, hace como un siglo,
jajajaja.--- respondió el nieto.
---Con cuidado, jovencito, con mas
respeto a mis canas…..
En
los albores del siglo, en esta casa vivió, una bella dama a quien nombraban “La Gitana”, la señora tenía
habilidad para leer la cartas y decían que podía predecir el futuro, era de
noble corazón y ayudaba a los indigentes, les daba cobijo y de comer cuando en
sus romería pasaban cerca de aquí. Poseía mucho dinero, junto a su dote contaba
con muchos tesoros, que según se mencionaba mantenía oculto en algún lugar de
la casa.
En
cierta ocasión fue visitada por un grupo de pasantes, que resultaron ser
forajidos, que con conocimiento de causa, durante la noche, penetraron a la
casa, la tomaron por sorpresa, la ataron de pies y manos, la torturaron con el
fin de que les dijera donde guardaba su fortuna, fue tan cruel su mal trato que
le causaron la muerte. Desesperados por no poder obtener el legado, destruyeron
la vivienda y desaparecieron, quien sabe si con las manos vacías.
Días después fue encontrada, el
portal de la entrada, su cadáver fue enterrado en los linderos de la finca y
con ella se perdió el secreto de su tesoro.
--- de pronto ella fue la visión que
tuviste.---
Los
perros aullaban, las chicharras se sentaban en los rincones a repasar sus
tonadas, las muestras del viento de la época se encendió colándose por las
rendijas y por debajo de las puertas. La oscuridad de la noche invitó al reposo
e ir a la cama. La abuela después de santiguarle, le cubre con la chamarra y le
conmina a dormir, se despiden y cierra la puerta del cuarto. Armandito,
permanece con un ojo abierto, los oídos prestos en atención a los ruidos, ha
colocado un rosario en la cabecera y bajo las sábanas se apoya con una linterna
de mano.
El
cansancio le hace cerrar pausadamente sus párpados, hasta entrar a la fase
inicial de sueño.
--- Armando….! --- se escucha una
voz suave como del mas allá --- Armandito…!---
Abre
sus ojos, no sabe si es sueño o no, se sienta y con la linterna en la mano,
señala hacia el lugar de donde proviene la voz. En el sofá donde dejó su ropa,
se materializa una etérea imagen vestida de blanco, igual a la de la noche
anterior, que al apuntar con la lámpara, desaparece. Haciéndose de valor la
apaga y logra visualizar a la dama, que sentada en la butaca, que le dirige la
palabra.
--- Armando, tu eres un ángel, por
eso yo te diré un secreto, cuando tú seas grande, tomarás el dinero de mi fortuna y convertirás
esta casa en un Asilo, donde darás cabida a los romeristas, gente pobre y
desamparadas. Te estoy haciendo acreedor de mi caridad---
El
niño con los ojos abiertos al máximo, no se atrevía a moverse y menos a hablar,
pero la sensación de miedo desapareció, mientras escuchaba el mensaje de la
“Gitana”.
Armando con su traje color crema, se
acomoda los anteojos, se pone de pie en el pequeño escenario, improvisado
frente al pórtico de la vivienda, han pasado unos veinte años de aquel día de
la visión, por lo que con mucha fortaleza y madurez se dirige a los asistentes
al acto.
--- Hoy tengo el agrado y con las
bendiciones del buen Dios, a quien doy
infinitas gracias por haberme permitido cumplir una promesa hecha allá en el
pasado de efectuar esta obra y hacer este acto de inauguración de este Asilo,
que con el auspicio de nuestra benefactora, le he nombrado en su honor: “ LA CASA
DE LA GITANA”.
A
una corta distancia, a la sombra de un Sauce llorón, junto a la ventana de la
casa, La imagen de una Dama vestida de blanco, aplaude el acto, mientras se
desvanece en el aire…….