jueves, 18 de octubre de 2012

ENTREVISTA DE TRABAJO

          Deambulaba por la calle, con las manos entre las bolsa, bajo una pertinaz llovizna, que azotaba la ciudad desde las horas de la madrugada, acompañado con los celajes del frío que se hacían presentes, presagiando el final del año, lleno de sinsabores y peripecias de toda índole, que había hecho de esta aventura algo para recordar en el futuro.
          En este caminar pensaba, en medio de mi locura, que esto debería olvidarse o a lo mejor debería de transcurrir como un episodio de esta pálida vida que había escogido para no soñar.    La humedad me había penetrado hasta los huesos y mi cabellera estilaba en gotas que rodaban sobre el rostro, lo helado del ambiente se hacía evidente, sin otra cosa mas que la playera sin mangas que apenas me cubría hasta el hombro, no era suficiente para cobijarme. Los pocos pesos que llevaba en el bolsillo, el rosario, monedas y el gancho donde aseguraba la llave de la puerta del cuarto donde albergaba toda mi fortuna.
          Abrí la puerta el cuarto, desordenado y con olor a humedad, el catre con las sábanas amontonadas en un rincón, un par de chanclas haciendo bulto, las gavetas abiertas del mueble que dejaban ver un panty media, que colgaba en el jalador.
          Sacudí la silla de pino, me senté frente a la mesa, donde un plato con restos de comida, se hacía visitar por un trío de cucarachas en su merienda, lo empujé con violencia y lo estrellé en la pared.
          Lágrimas rodaron por mis mejillas, el agónico cargo de conciencia, de  pesar, de daño, de no te olvido, me atosigaban.
          Semanas antes presentí que la relación con mi pareja se había vuelto difícil, ya no existía el mas mínima interés tu parte, los agrios comentarios, las miradas de indiferencia se habían hecho constantes  en ese silencio que nos caracterizaba, una sombra de duda cursaba de sur a norte, sin palabras. Los reclamos verbales, desde un principio de nuestra relación eran monosílabos de no querer quedar mal, un encoger de hombros que se diluía, cuando compartíamos la cama, algo que últimamente se había convertido en un ejercicio rutinario que no llegaba a nada, mas que a la satisfacción machista.
          En ocasiones había visto lloriqueos, mientras utilizabas la mesa para planchar algunos trapos y aquel presentimiento de que las cosas rondaban en algo quese había perdido. Al no encontrarte a mi regreso y el denodado uso de lápiz labial, habían despertado en mí la curiosidad en cuanto a tus actividades.
--- Oye nena a donde vas?, vas bien arreglada…---
--- Voy…. Voy a una entrevista de trabajo.--- bajando la vista con la timidez que transpira una piadosa mentira.--- Bueno…. Es para… para dependiente en una abarrotería.---
          Metió una polvera en su pequeña cartera, unos cuantos billetes arrugados y se despidió con un abanicar de su mano.
--- Y mi beso….?
          Acercó su mano a los labios y tronó un beso en el aire y lo lanzó virtualmente, por el aire. Tras un golpe que cerró la puerta.
          Trate de no pensar, escogí el silencio o mejor dicho la terapia ocupacional para no sembrar de dudas mi pensamiento. Tomé unos trastes que quedaron en la mesa, los coloqué en la pileta, estaba dispuesto a lavarlos, pero me arrepentí, fui a buscar una playera. Husmeando una gran cantidad de ropa sobretodo mía que quizás permanecía desde largo tiempo acumulada, cuanto tiempo hacía que el lavado de la ropa había sido abandonado de las labores diarias. Abrí el ropero en búsqueda de algo que ponerme, lo planché con las manos para disimular las arrugas que había adquirido por permanecer amontonada en el cajón
          Tenía que salir, al menos para respirar el aire contaminado de las calles, sacudir de mi cerebro las ideas que se generaban en duda. Con las manos entre las piernas, con la mirada al suelo, dejé pasar el tiempo,
--- Hey… Usted ---alguien dijo, que me hizo volver del limbo.--- No quiere que echemos unas pataditas?---
Me puse de pie,  asentí con la cabeza --- démosle pues ---
          Un jovencito, casi un niño, con una pelota en sus manos, se puso frente a mí y me lanzó la esférica.
--- Póngase en la portería de allá, disparó el balón…grito de emoción --- Goooooll !!!!! --- Yo humildemente recogía el balón en el fondo de la red y se lo hacía llegar nuevamente. La verdad no estaba de ánimo.
          El chico se tomó de la cabeza y murmuro atrocidades en mi contra. Cuando lance el balón fuera de su alcance Con la congoja del caso salí corriendo, en búsqueda de la redonda, al recuperarla se la lancé a través de la malla haciéndola llegar al muchacho, me di vuelta y abandoné el lugar
          Me tumbé en la cama, me quedé dormido, ya entrada la tarde la escuché regresar, retozó en desordenar su ropa, después los palanganazas de agua en el patio trasero me indicaron un baño. Luego se acomodó a la par mía.
          Amaneció en la cama con la cabeza a mis pies y volteada hacia el rincón, la mayor parte de la noche me la había pasado en vela, ella ronroneaba de un buen dormir, hasta que una canción se activó en su celular, se sentó en la orilla, se restregó los ojos y compuso el cabello con sus manos, se dirigió a la pila a su aseo, permanecí recostado en espera de un hola o un buen día, pero no. En menos de lo que canta un gallo, se encontraba frente al espejo maquillándose, después se colocó una minifalda que le llegaba por encima de la rodilla. Esas lindas piernas que mostraba coquetamente, mientras deslizaba un pequeñito bikini hasta sus caderas.
--- Sabés, conseguí el trabajo ---me dijo --- debería de arreglartelas, pues ya no tendré tiempo para hacer tus cosas……---  
          Se fue sin despedirse.
          Salí del cuarto, las 9.32, terminé por asomarme a la parada del bus, para ir al centro de la ciudad. Era una de esas mañanas frías, nubladas donde el vaho asemeja fumarolas de cigarrillo y las gentes se cubren hasta las orejas para soportar el clima. Pasaron varios buses con clientes como sardinas.       
                    Seguí esperando, la marca del reloj me hace pensar que de pronto voy a llegar tarde, el resto de los usuarios desesperados, pescueceaban la llegada de algún otro transporte.
          Adelante en la esquina observé una chica conocida con mini falda que abordaba coquetamente un automóvil de vidrios polarizados. Era mi mujer!. La con ataque de rabia y la desilusión que imprime un dolor de cabeza me dejé llevar por un acompasado pum-pum del corazón acelerado al máximo, salí como loco en una carrera sin fin……

No hay comentarios:

Publicar un comentario