Deambulaba
por la calle, con las manos entre las bolsa, bajo una pertinaz llovizna, que
azotaba la ciudad desde las horas de la madrugada, acompañado con los celajes
del frío que se hacían presentes, presagiando el final del año, lleno de
sinsabores y peripecias de toda índole, que había hecho de esta aventura algo
para recordar en el futuro.
En
este caminar pensaba, en medio de mi locura, que esto debería olvidarse o a lo
mejor debería de transcurrir como un episodio de esta pálida vida que había
escogido para no soñar. La humedad me
había penetrado hasta los huesos y mi cabellera estilaba en gotas que rodaban
sobre el rostro, lo helado del ambiente se hacía evidente, sin otra cosa mas
que la playera sin mangas que apenas me cubría hasta el hombro, no era
suficiente para cobijarme. Los pocos pesos que llevaba en el bolsillo, el
rosario, monedas y el gancho donde aseguraba la llave de la puerta del cuarto
donde albergaba toda mi fortuna.
Abrí
la puerta el cuarto, desordenado y con olor a humedad, el catre con las sábanas
amontonadas en un rincón, un par de chanclas haciendo bulto, las gavetas
abiertas del mueble que dejaban ver un panty media, que colgaba en el jalador.
Sacudí
la silla de pino, me senté frente a la mesa, donde un plato con restos de
comida, se hacía visitar por un trío de cucarachas en su merienda, lo empujé
con violencia y lo estrellé en la pared.
Lágrimas
rodaron por mis mejillas, el agónico cargo de conciencia, de pesar, de daño, de no te olvido, me
atosigaban.
Semanas
antes presentí que la relación con mi pareja se había vuelto difícil, ya no
existía el mas mínima interés tu parte, los agrios comentarios, las miradas de
indiferencia se habían hecho constantes
en ese silencio que nos caracterizaba, una sombra de duda cursaba de sur
a norte, sin palabras. Los reclamos verbales, desde un principio de nuestra
relación eran monosílabos de no querer quedar mal, un encoger de hombros que se
diluía, cuando compartíamos la cama, algo que últimamente se había convertido
en un ejercicio rutinario que no llegaba a nada, mas que a la satisfacción machista.
En
ocasiones había visto lloriqueos, mientras utilizabas la mesa para planchar
algunos trapos y aquel presentimiento de que las cosas rondaban en algo quese
había perdido. Al no encontrarte a mi regreso y el denodado uso de lápiz labial,
habían despertado en mí la curiosidad en cuanto a tus actividades.
--- Oye nena a donde vas?, vas bien arreglada…---
--- Voy…. Voy a una entrevista de trabajo.---
bajando la vista con la timidez que transpira una piadosa mentira.--- Bueno….
Es para… para dependiente en una abarrotería.---
Metió
una polvera en su pequeña cartera, unos cuantos billetes arrugados y se
despidió con un abanicar de su mano.
--- Y mi beso….?
Acercó
su mano a los labios y tronó un beso en el aire y lo lanzó virtualmente, por el
aire. Tras un golpe que cerró la puerta.
Trate
de no pensar, escogí el silencio o mejor dicho la terapia ocupacional para no sembrar
de dudas mi pensamiento. Tomé unos trastes que quedaron en la mesa, los coloqué
en la pileta, estaba dispuesto a lavarlos, pero me arrepentí, fui a buscar una
playera. Husmeando una gran cantidad de ropa sobretodo mía que quizás
permanecía desde largo tiempo acumulada, cuanto tiempo hacía que el lavado de
la ropa había sido abandonado de las labores diarias. Abrí el ropero en
búsqueda de algo que ponerme, lo planché con las manos para disimular las
arrugas que había adquirido por permanecer amontonada en el cajón
Tenía
que salir, al menos para respirar el aire contaminado de las calles, sacudir de
mi cerebro las ideas que se generaban en duda. Con las manos entre las piernas,
con la mirada al suelo, dejé pasar el tiempo,
--- Hey… Usted ---alguien dijo, que
me hizo volver del limbo.--- No quiere que echemos unas pataditas?---
Me puse de pie, asentí con la cabeza --- démosle pues ---
Un
jovencito, casi un niño, con una pelota en sus manos, se puso frente a mí y me
lanzó la esférica.
--- Póngase en la portería de allá, disparó
el balón…grito de emoción --- Goooooll !!!!! --- Yo humildemente recogía el
balón en el fondo de la red y se lo hacía llegar nuevamente. La verdad no
estaba de ánimo.
El
chico se tomó de la cabeza y murmuro atrocidades en mi contra. Cuando lance el
balón fuera de su alcance Con la congoja del caso salí corriendo, en búsqueda
de la redonda, al recuperarla se la lancé a través de la malla haciéndola
llegar al muchacho, me di vuelta y abandoné el lugar
Me
tumbé en la cama, me quedé dormido, ya entrada la tarde la escuché regresar, retozó
en desordenar su ropa, después los palanganazas de agua en el patio trasero me
indicaron un baño. Luego se acomodó a la par mía.
Amaneció
en la cama con la cabeza a mis pies y volteada hacia el rincón, la mayor parte
de la noche me la había pasado en vela, ella ronroneaba de un buen dormir,
hasta que una canción se activó en su celular, se sentó en la orilla, se
restregó los ojos y compuso el cabello con sus manos, se dirigió a la pila a su
aseo, permanecí recostado en espera de un hola o un buen día, pero no. En menos
de lo que canta un gallo, se encontraba frente al espejo maquillándose, después
se colocó una minifalda que le llegaba por encima de la rodilla. Esas lindas
piernas que mostraba coquetamente, mientras deslizaba un pequeñito bikini hasta
sus caderas.
--- Sabés, conseguí el trabajo ---me
dijo --- debería de arreglartelas, pues ya no tendré tiempo para hacer tus
cosas……---
Se
fue sin despedirse.
Salí
del cuarto, las 9.32, terminé por asomarme a la parada del bus, para ir al
centro de la ciudad. Era una de esas mañanas frías, nubladas donde el vaho asemeja
fumarolas de cigarrillo y las gentes se cubren hasta las orejas para soportar
el clima. Pasaron varios buses con clientes como sardinas.
Seguí esperando, la marca del reloj me
hace pensar que de pronto voy a llegar tarde, el resto de los usuarios
desesperados, pescueceaban la llegada de algún otro transporte.
Adelante
en la esquina observé una chica conocida con mini falda que abordaba
coquetamente un automóvil de vidrios polarizados. Era mi mujer!. La con ataque
de rabia y la desilusión que imprime un dolor de cabeza me dejé llevar por un
acompasado pum-pum del corazón acelerado al máximo, salí como loco en una
carrera sin fin……
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